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LA EMPRESA ASEGURA QUE EL MASIVO APAGON SE DEBIO A UN ATENTADO
Más fácil que sabotear una torre

La firma Transener denunció que el corte del martes en medio país ocurrió por la caída intencional de tres torres. Anoche quedó a oscuras el noroeste, al parecer también por sabotaje.

Oscar Dore, de Transener, explicó que la falla se produjo en el corredor Comahue-Buenos Aires.
“La caída de las torres fue intencional: cortaron las riendas que las sostienen con una sierra”.

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Por Eduardo Videla

t.gif (862 bytes)  La caída de tres torres de alta tensión, que el martes a la noche dejó sin luz a más de dos millones de usuarios de todo el país, fue producto de otros tantos atentados, cometidos en el lapso de 45 minutos, según denunció la empresa monopólica Transener, encargada del transporte de la energía eléctrica. La denuncia fue avalada por la propia Secretaría de Energía de la Nación. No es el primer hecho de este tipo, pero es el de mayor envergadura –estuvo a punto de provocar el colapso del sistema eléctrico nacional– y el primero desde 1996. Aunque entre las autoridades y en las empresas reina el desconcierto respecto de las motivaciones, fuentes del sector eléctrico atribuyen el hecho a la resistencia gremial a la privatización del servicio en algunas provincia. Anoche, la caída de otras tres torres en La Rioja, dejó a oscuras durante una hora a casi todo el noroeste del país. Según el gerente de Relaciones Institucionales de Transener, Oscar Dore, la falla se produjo en el denominado corredor Comahue-Buenos Aires, que transporta la energía generada en las centrales de El Chocón, Piedra del Aguila, Alicurá y otras, hacia el área metropolitana. Son dos líneas paralelas que vienen por la provincia de La Pampa y pasan por la localidad bonaerense de Henderson, a la que se suma una tercera que cubre el trayecto por Bahía Blanca y Olavarría. Las tres, que abastecen el 35 por ciento de la energía eléctrica del sistema nacional, salieron de servicio. “La caída de las torres fue producto de hechos intencionales: cortaron las riendas que las sostienen al suelo con una sierra”, explicó Dore a Página/12. Las torres son estructuras metálicas que pesan siete toneladas y están sujetadas por cuatro riendas, cables de acero de cuatro centímetros y medio de diámetro.El primer incidente se produjo a las 21.12, a unos 7 kilómetros de la localidad de Henderson, en el oeste de la provincia de Buenos Aires. Allí cayeron dos torres, en cada una de las líneas que corren paralelas. “La metodología usada por los autores fue igual en los dos casos: se cortaron dos de las cuatro riendas y las torres perdieron estabilidad”, dijo Dore.El otro episodio ocurrió a las 22, a 25 kilómetros de Olavarría, en el centro de la provincia, a unos 100 kilómetros del primer lugar. Con la caída de las torres, las tres líneas se cortaron en forma automática: “Salió de servicio el 35 por ciento de la oferta”, precisó Dore. Según el subsecretario de Energía de la Nación, Luis Sbértoli, “en ese corredor se registraron más de 25 hechos similares, entre 1993 y 1996”, curiosamente, durante la gestión de Domingo Cavallo en Economía y de Carlos Bastos en Energía. Desde entonces, no se habían registrado sabotajes, hasta el martes último.“No tenemos ninguna hipótesis –dijo Sbértoli a este diario–, pero podemos decir que se trató de un intento de afectación a la situación pública”. Ni las autoridades vinculadas a la seguridad ni los voceros de la empresa afectada arriesgaron hipótesis. “No es nuestra responsabilidad. Nuestra única preocupación es el restablecimiento del servicio”, dijo el gerente de Transener.Fuentes del sector eléctrico, sin embargo, vincularon los hechos con la oposición gremial a la privatización de la distribución eléctrica en las provincias de Santa Fe y Córdoba. “En Santa Fe, la privatización de la Empresa Provincial de Energía ya tiene media sanción del Senado de la provincia y generó mucha resistencia. Y en Córdoba hay una gran oposición gremial a la gestión de (Carlos) Bastos como presidente de EPEC”, argumentó una fuente del sector. “Los que cometieron el hecho –agregó– lo hicieron con premeditación, sabiendo que provocaban una desestabilización muy fuerte del sistema eléctrico nacional.”Para los usuarios, el servicio comenzó a restablecerse a la hora, y fue normal pasada la medianoche. No fue mérito de Transener ni de las distribuidoras, sino de la mayorista CAMESA, que en poco tiempo dispuso laentrada en servicio de las centrales térmicas en Buenos Aires, aumentó el suministro de energía de las centrales nucleares –fuentes de energía consideradas más caras–, e ingresó al sistema algunas centrales hidroeléctricas que no estaban conectadas. El sistema nacional cuenta con una oferta de 20 mil megavatios, mientras que la demanda máxima es de 12 mil. El martes por la noche, cuando ocurrió el incidente, la demanda nacional era de 9 mil megavatios.Transener, un consorcio integrado por el grupo local Pérez Companc y la inglesa National Grid, que monopoliza la distribución en el país desde 1992 –antes en manos de Hidronor y Agua y Energía– también aportó lo suyo: habilitó una cuarta línea –que aún no está terminada– para hacer un by pass con la tercera y restablecer parte del servicio. La empresa promete que en tres días las torres afectadas volverán a estar en pie.

 

Sabotajes con antecedentes

Olavarría y Henderson, las dos localidades donde el martes pasado tres torres de alta tensión cayeron debido a presuntos atentados, habían pasado por la misma experiencia. Ocurrió en 1995. El 10 de abril se derrumbó una torre en Olavarría. El 3 de octubre, cayeron dos en Henderson. En ambos casos, alguien aserró los cables tensores de acero que sostienen a las torres. Según voceros de Transener, la empresa responsable de la transmisión de energía, el presunto atentado del martes pasado resultó un calco de aquellos antecedentes. Otras diez caídas de torres en la misma línea desde 1992, tuvieron que ver con la sierra. En 1993, el entonces ministro de Economía Domingo Cavallo denunció que se trataba de atentados carapintadas. En 1994, las autoridades culparon al gremio de Luz y Fuerza, un sector del cual estaba enfrentado a la política de privatizaciones. De cualquier forma que sea, nunca aparecieron los culpables. Antes del martes, otros 13 cortes intencionales de tensores tuvieron lugar en las dos líneas que alimentan Capital Federal y La Plata. Una de ellas, la que pasa por Bahía Blanca, fue objeto de tres roturas de tensores. La que cruza La Pampa sufrió 10 atentados similares, seis de ellos en La Pampa. El corte que tuvo lugar el 17 de marzo del ‘94, en Lihuel Calel, La Pampa, y que afectó a 2 millones de usuarios, fue el único en el que se encontraron sospechosos: un paisano vio cuatro sombras que pasaban en un auto cerca de la torre caída a la hora del atentado.


Un sistema vulnerable

La red nacional de alta tensión demostró ser un sistema vulnerable: Transener, la empresa que monopoliza la transmisión, cuenta con un tendido de 7500 kilómetros de cables que transportan 500 kilovoltios, sostenidas por 16.000 torres en todo el país. “La empresa tiene la obligación de adoptar los recaudos en materias de seguridad. Hace patrullajes permanentes, terrestres y por helicópteros”, afirmó el subsecretario de Energía, Luis Sbértoli. Pero la extensión de la red y la cantidad de torres hacen casi imposible garantizar la seguridad en toda la extensión, reconocen voceros de la empresa. La Secretaría de Energía, en tanto, pidió a la Policía Federal que investigue los tres hechos de sabotaje denunciados.

 

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