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En Campo de Mayo hubo una quema de registros en 1994

Apenas seis meses antes de la autocrítica del general Balza, e invocando un reglamento interno, se quemaron once libros de internaciones en el Hospital Militar del período 1974-1983.

El libro de nacimientos 1974-1978, que no fue quemado.

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Por Victoria Ginzberg

t.gif (862 bytes) Los funcionarios del Hospital Militar de Campo de Mayo entregaron a los familiares de Roberto Santucho y Benito Urteaga un acta en la que se ordena la incineración de documentación referida a los años 1974-1983. Lo sorpresivo es que no se trata de una disposición fechada en 1983 ni en 1984 sino diez años después, en septiembre de 1994, seis meses antes de la autocrítica del general Martín Balza. La familia de los líderes del PRTERP recibieron esa respuesta cuando fueron con sus abogados y miembros del juzgado a realizar una inspección al lugar y pidieron revisar los libros de registros pertenecientes a la época de la dictadura.
“En Campo de Mayo, asiento del Hospital General 602-Hospital Militar de Campo de Mayo ‘Cirujano Primero Doctor Juan Madera’, se procede a labrar la presente ‘ACTA’, autorizando la incineración de Once Libros Registros de Internaciones comprendidas entre los años 1974 al 1983 inclusive.” Este es el texto del acta Nº 032/94 que recibieron los abogados Miguel Gaggero y Elena Mendoza, Facundo Urteaga, Ana Santucho, la secretaria del juzgado de Alfredo Bustos, Martina Forns, y un miembro del Equipo Argentino de Antropología Forense, durante la inspección en el hospital. El documento da constancia del cumplimiento de la orden emanado del memorándum del Ejército de fecha 16 de septiembre de 1994.
“Evidentemente se trató de ocultar algo”, aseguró Gaggero. El abogado consideró que “hay una disposición legal que permite la destrucción de historias clínicas después de quince años, pero no hay nada sobre los registros. Si bien podrían haber usado el término de 15 años, habían pasado casi 20. Además, es sugestivo que se haya ordenado la incineración de lo que correspondía justamente a la época de la dictadura”.
Otras personas cercanas a la causa también consideraron singular la orden del Ejército, sobre todo porque durante la inspección en el hospital de Campo de Mayo la secretaria del juzgado recogió, de una pila de papeles abandonados, un libro de registros de nacimientos correspondiente a los años 1974-1978. Para los investigadores esto indica que no se quemaron todos los documentos. Y se preguntan cuál fue el criterio de selección.
El acta de incineración fue autorizada por el jefe de División, Jorge Francisco Jaralampakis. El suboficial mayor Miguel Luis Yedro le dio el visto bueno. El memorándum lleva la forma de quien era director del hospital en 1994, el coronel Juan Carlos Borkowski, y del teniente coronel Armando Humberto Olmos, de la División de Inteligencia.
De un estudio preliminar del libro encontrado, de tamaño oficio y forrado con papel araña verde, surge que allí constan los nacimientos legales producidos en el hospital entre 1974 y 1978. En el servicio de Ginecología y Obstetricia y en el Pabellón de Epidemiología del Hospital Militar de Campo de Mayo funcionó, entre los años 1976 a 1980, una maternidad clandestina. Pero, aparentemente, no se registraba a las mujeres que pasaban por allí. En el libro, sin embargo, se pueden ver con claridad las firmas de los médicos que atendían los partos regulares en el hospital, entre ellos la de Carlos Alberto Raffinetti, involucrado en la apropiación ilegal de dos menores, llevada a cabo por el represor Norberto Atilio Bianco.
Los familiares de Santucho y Urteaga están intentando averiguar cuál fue el destino de los líderes del PRT-ERP y dónde están sus cuerpos. Al declarar en esta causa, Eugenio Máximo Caputti, quien trabajó en la morgue del Hospital de Campo de Mayo durante diez años –desde 1966 hasta “1976 o 1977”, según dijo– afirmó “no recordar” si en el lugar había una cámara frigorífica. Por el contrario, Stella Maris Vidal, quien trabajó como médica ad honorem en el lugar, precisó que la morgue era una habitación de tres por cinco, con una mesa de autopsia y una cámara frigorífica de tres catres. Aseguró, también, que en una oportunidad no la dejaron entrar al cuarto porque “se encontraba el cuerpo de Santucho”. Se trata de la primera confirmación de este hecho. Otra persona ya había afirmado que elcadáver del líder guerrillero estuvo en el lugar, pero se trató de un testigo de identidad reservada. Los investigadores y familiares decidieron ir personalmente al hospital para reconocer la morgue y pedir los registros con la intención de constatar si existe algún indicio escrito del paso de Santucho por el lugar. Pero se encontraron con un acta de incineración.

 

Bussi, testigo en la causa

El ex dictador Antonio Bussi aceptó declarar en la causa donde se investiga el destino de los restos de los ex jefes guerrilleros del Ejército Revolucionario del Pueblo, Mario Santucho y Benito Urteaga, según informó el abogado de los familiares de los dirigentes asesinados, Manuel Gaggero. Sin embargo, el hijo del militar, Ricardo Bussi, aseguró no saber nada: “Mi papá no me dijo nada”, confesó sorprendido a Página/12 y advirtió que “puede tratarse de una maniobra política”. Pero Gaggero fue más preciso. Dijo que el militar se presentará el 15 de diciembre en el juzgado de San Martín. La presencia de Bussi es importante porque él habría estado presente en la inauguración del Museo de la Subversión, en Campo de Mayo, donde se supone fueron enterrados los dirigentes del ERP.

 

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