Que
llueva,
que llueva...
...
la bruja estaba en la cueva y generaciones enteras de chicos espantaban
el miedo, que supieron despertar o conjurar, según la interpretación
cuentos como Hansel y Gretel. Son esos temores ancestrales los que remueve
El proyecto Blair Witch, actualmente en cartel y éxito despampanante.
Por M. S.
La
escena será todo lo simbólica y terapéutica que
Bruno Bettelheim (Psicoanálisis de los cuentos de hadas) habrá
querido, pero también resulta una de las más tremebundas
de los clásicos relatos infantiles: Gretel, para salvar a su
hermanito Hansel, empuja a la bruja y la hace caer dentro del horno,
entre llamas que la achicharran prontamente (hay que reconocerlo: no
todas las heroínas de cuentos de hadas son complacientes y pasivas).
Otra brujita incinerada, pues, pero ésta en el territorio paralelo
de lo maravilloso, en algún país lejano e innominado,
sin fechar salvo el impreciso había una vez. La villana
principal de la historia -.el supporting rol está a cargo de
la madrastra de los chicos debe sufrir en carne propia el método
de cocción que había preparado para Hansel, a quien cebó
durante un tiempo para almorzárselo al asador. Los niños,
es bien sabido, no se comen a la bruja, pero se llevan, para solucionar
los problemas económicos familiares, las piedras preciosas y
las monedas de oro que la muy pérfida había acumulado.
Hansel y Gretel -.antepasados hasta cierto punto de los protagonistas
de la increíblemente exitosa El proyecto Blair Witch como
todas ustedes seguramente oyeron o leyeron alguna vez, eran hijos de
un pobre leñador viudo y vuelto a casar. La madrastra no quería
a los niños e incitó al padre a abandonarlos lejos del
hogar. Hansel escuchó la propuesta y se apresuró a llenar
sus bolsillos con piedritas blancas. El leñador y su mujer dejaron
entonces a los chicos en lo profundo del bosque, pero Hansel y Gretel
pudieron regresar a casa en la noche gracias al brillo de la luna sobre
las piedras que el primero había dejado caer en el camino. El
padre los recibió con alegría y, cuando a la mañana
siguiente los invitó a acompañarlos a otro paseo, los
niños no sospecharon nada malo. De nuevo abandonados y esta vez
completamente desorientados, siguieron a un ave blanca que los condujo
hasta una casita con techo de chocolate y paredes de turrón.
Ante semejante quiosco de golosinas al alcance, las hambrientas criaturas
se lanzaron al ataque. Apareció en ese momento una vieja que
los tranquilizó, les ofreció más comida y camitas
confortables donde dormir. Por la mañana, se desayunaron con
el siguiente cuadro de situación: Hansel (probablemente dopado
con un té de adormidera) había sido encerrado en una jaula
con el fin de engordarlo antes de convertirse en un plato con suficientes
proteínas para alimento de la vieja bruja, camino que luego seguiría
Gretel. Hansel intentó hacerse pasar por anoréxico mostrando
por una rendija un huesito de pollo en lugar de su brazo, pero la bruja
se avivó y preparó el fuego en el que terminó chamuscada
hasta morir.
El decorado
del miedo
Dicen los directores de El Proyecto Blair Witch que cuando andaban en
busca de una idea, se remontaron a aquello que los asustaba de niños
yrecordaron antiguos seudodocumentales de TV sobre leyendas ancestrales.
En los reportajes que se han reproducido hasta la saturación,
se abstienen de citar los cuentos de hadas, acaso para que no se vincule
a su film con alguna producción de Disney... Es evidente, sin
embargo, que El Proyecto... recurre al decorado y los personajes que
vienen alimentando los terrores (y los placeres) de los niños
desde hace muchos siglos: el bosque hostil y desconocido, los chicos
perdidos en ese espacio amenazador, la bruja mala dispuesta a las peores
crueldades, la cabaña en medio de la espesura... Hasta ahí
las semejanzas que remiten al universo de los cuentos y retrotraen al
público a los miedos de la infancia, que en esos relatos de hadas
siempre encontraban distensión y consuelo en el final feliz.
Con
gran astucia, la publicidad local -.amén de otros textos inquietantes
que confirman la idea de que se trata de un documental apeló
a frases como juguemos en el bosque mientras la bruja no está
o que llueva, que llueva, la bruja está en la cueva.
Líneas éstas con nítidas resonancias de clásicas
canciones infantiles que funcionan como exorcismos de aquello que despierta
a la vez temor y atracción. Y que en las/os posibles espectadoras/es
seguramente ha de evocar el incitante cosquilleo de un peligro que puede
ser superado (como en Caperucita, La Bella Durmiente, Pulgarcito, por
supuesto Hansel y Gretel...).
Desde luego, son numerosos los films del género fantástico
y de terror que terminan con el triunfo del mal porque sus protagonistas
no consiguen superar las dificultades y pierden en el enfrentamiento
con las fuerzas siniestras. En todo caso, uno de los hallazgos de El
proyecto... es contar una historia que reenvía directamente a
los cuentos de hadas, pero traicionándolos hasta sus últimas
consecuencias, algo que se pone de manifiesto nada más empezar
la proyección, momento en que una leyenda nos informa que debemos
abandonar toda esperanza de final feliz: los chicos perdidos en el bosque
(y durante el rodaje aparentemente abandonados por los realizadores
en el rol de padres) no sólo no podrán huir sino que además
se esfumarán sin dejar más huella que el material filmado,
que es el que veremos a continuación. Más aún:
jamás aparecerá la ya célebre (vía Internet,
libros, discos, notas) bruja de Blair sino apenas signos de su presencia
y su accionar (haces de ramas, grupos de piedras, sonidos en la noche).
Daniel Myrick y Eduardo Sánchez parecen haber asimilado -.o intuido
bien aquella frase de H.P. Lovecraft (El horror en la literatura): La
emoción más antigua e intensa de la humanidad es el miedo,
y el miedo más antiguo e intenso es el miedo a lo desconocido.
Cuento para
no dormir
Así como otros cineastas y productores se apoyan en el merchandising
para el lanzamiento de sus films, los creadores de El Proyecto Blair
Witch, con la posterior colaboración de la distribuidora Artisan,
desarrollaron toda una mitología con visos de genuina respecto
de la bruja Elly Kedward, quien habría comenzado sus desmanes
en el siglo XVIII extrayendo sangre a niños y después
haciéndolos desaparecer. En este apasionante experimento, que
acaso superó a los propios realizadores, se produjo una fusión
de los antes mencionados elementos del cuento de hadas y de referencias
a las brujas históricas (es decir, a las mujeres perseguidas
y masacradas en el Medioevo y la Edad Media bajo acusación de
pactar con el diablo con el fin de, entre otros males, provocar impotencia
masculina, arruinar cosechas... y aniquilar niños), para contar
la aventura de tres estudiantes perdidos en el bosque tras las vagas
pistas de una bruja condenada a morirse de frío en esa misma
región. Todo bajo la forma de un documental precario, casi una
peli casera filmada con cámaras vacilantes, sin nada parecido
a un guión o a un mínimo retrato de los personajes. Carencias
que el film convierte en virtudes conducentes aconvencer al
público
de que está viendo un crudo y auténtico documental. No
es para nada casual que la productora de Myrick y Sánchez se
llame Háxan, nombre que homenajea a un film mudo del mismo título,
del danés Benjamin Christensen (conocido en castellano como La
brujería a través de los siglos), especie de documental
didáctico que reconstruye el funcionamiento del aparato judicial
eclesiástico (uso de la delación y la calumnia, confesiones
obtenidas por tormento, catálogo de instrumentos de tortura)
y también ofrece, con referencias pictóricas, representaciones
de las supersticiones populares sobre las brujas (en donde, mucho antes
de Blair, Linda Blair, se ven crucifijos pisoteados y hostias apuñaladas).
A su manera y por acaso aquello de que la necesidad tiene cara de hereje,
los directores de El Proyecto... subvirtieron códigos y leyes
del fantástico, y al mismo tiempo retomaron recursos de grandes
maestros como Jacques Tourneur que (cuando los productores no metían
la cuchara) preferían no exhibir al monstruo sino sugerir su
presencia. Sánchez y Myrick no muestran a Elly Kedward, pero
generan la vacilación con mínimos medios, manteniendo
latente hasta el último segundo la posibilidad de la visión
aterradora. Ahí sí sustentan eficazmente esa premisa básica
del género que sostiene que el verdadero miedo es el miedo al
miedo.
Así es que El Proyecto..., después de dar su propia versión
actualizada de personajes, situaciones y ámbitos del cuento de
hadas, rompe la tradición de aprendizaje, de rito de pasaje que
caracteriza a esos relatos. Los protagonistas del film no se pierden
en el bosque para encontrarse a sí mismos, no aprenden nada ni
se les otorga la posibilidad del salvarse. Según Chesterton (La
ética del país de las maravillas), el problema de
los cuentos de hadas es: ¿qué hará una persona
normal en un mundo fantástico? Después de superar las
pruebas, encontrar su centro de cordura. En el extremo opuesto,
El Proyecto... nos sugiere que llegó el momento de descreer de
los cuentos de hadas, que no hay cazador que nos auxilie y que lo más
probable es que esos peligros terminen con nosotras después de
pasar por la locura del espanto indecible e infilmable.
Mientras que Eduardo Sánchez y Daniel Myrick siguen aterrorizando
a cientos de miles de espectadores locales con una cámara tembleque
que manejaron tres actores asustados de verdad (pero con aviso), otras
brujas de origen norteamericano y aspecto contemporáneo continúan
haciendo uso de sus poderes con humor y sin maldad. En la tradición
de comedias encantadoras como Me casé con una bruja (1946) o
Las brujas de Eastwick (1987) y sin olvidar las travesuras de aquella
Hechizada que empezó a mediados de los 60, por Sony
se puede ver actualmente la serie Charmed, aventuras de
tres hermanas que asumen la herencia brujeril matrilineal y en lo posible
hacen el bien mirando a quien.
