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Cuarenta años de arte argentino en el MAM

Las vanguardias
son eternas

Esta flamante muestra del Museo de Arte Moderno tiene dos nombres: se llama Entorno a la acción �60-�70 y, también, Epígonos del arte acción �80-�90. La razón es que en ella se trata de recorrer los últimos cuarenta años de las artes plásticas argentinas con un ojo atento a las vanguardias y el otro a las propuestas actuales que siguen explorando el arte como acción política. Radar presenta la exposición recién inaugurada y discute sanamente con esa costumbre nostálgica de seguir calificando de dorada a la década del �60.

Por JORGE DORIO

No pasa un día sin que salpiquen los sesenta. O mejor dicho: el arrabal ruidoso y sus productos de lo que hubo en los sesenta. Gracias a cierto espíritu zumbón que definió lo más superficial de aquellos tiempos, creció la buena prensa de los tics estimulando la nostalgia. Hecha esa síntesis de sí, la década no había terminado cuando ya empezaban los revival.
Ahora no para de volver y, según vuelve, gana más peso su disfraz de edad dorada. Se hace difícil criticarla. Más: si uno no puede disfrutar de la charanga, basta ese dato como evidencia de aquello que uno es pero no dice.
Quizás se deba a eso el berretín en no ceder hasta volverse injusto. O tal vez haya un motivo en percibir aquellos tiempos como la usina de esos trastornos persistentes acuñados con fuerza de verdad. A saber: “aprender jugando”, “todo es cultura”, “lo digo desde mi verdad”, “nadie tiene derecho a decidir qué es arte bueno”, “para ser un artista no hace falta estudiar” y otras patrañas de distinto estilo pero igualmente cómodas en su reduccionismo y cerrazón.
Por eso aquí, tal vez, lo que se intenta es confundir los tantos ex profeso mostrando otra versión. Los rústicos, los prejuiciosos, los cerrados, tendemos a pensar en los ‘60 como un bizarro planeta juvenil. El variopinto escaparate sesentista alienta, inverecundo, en un carácter común llamado juventud, que en otros tiempos fue otra cosa.
Entiéndase: la juventud nombrada así, desnuda, unívoca, sin sombras, como las marcas registradas que rebautizan un objeto, es vista desde nuestra pobre perspectiva como un molesto límite, un argumento incontestable, un hábeas corpus eficaz para cualquier error. O traduciendo: la juventud, igual que la locura entre los griegos o un apellido poderoso en provincias, otorga impunidad al portador.
Ayuda a sostener cualquier capricho. Por ejemplo: los aburridos, los caretas, no conseguimos comprender la vecindad de ciertas cosas que aquel fervor de juventud supone unidas.
¿Vienen del mismo barrio lo que cargan la Segunda Declaración de La Habana (febrero 4 del ‘62), o bien la Oda escrita en el ‘66 por Borges que aquellas rebeldías nacionales en el campo del arte, las que estallaban fugaces, en las calles? Nos da perplejidad que esas formas del arte, deautodenominada vocación antielitista y revulsiva, víctimas de tanta represión, nunca llegaron a los sectores más humildes. Quizás la policía en los ‘60 fuera más culta o perspicaz que las legiones del trabajo.
Del mismo modo, en esos mismos días, si –supongamos– en un mercado o una escuela o en la calle Florida alguien gritaba así, de pronto, una frase cualquiera, supongamos ¡Viva Perón! ¡Y viva la Señora! ¿también era un artista? Y en ese caso, si esta misma persona repetía su frase un mes después en, supongamos, Manhattan o París ¿era lo mismo? Entiéndase que al escribir Perón aquí no se está hablando del general Perón.
Hay otra réplica, por fin, que nos explica: una cosa es contar lo que pasaba y otra es haber estado allí. Quizás sea eso. Lo raro es que eso no nos excluya en otros casos. Tomemos al azar otro paisaje. Los que pasamos a primero superior cuando subió Onganía somos capaces de entender lo que ocurría aun sin haber tomado el te jamás con Don Arturo.
¿Cómo explicar que años después, fines de los setenta-ochenta, la misma gente, los academicistas ortodoxos, los censores, hayamos podido disfrutar las obras de García (el de la tapa de Radar) y ver caer sus lienzos en escena y comentar sonrientes sus boutades sin pretender amontonar los trigos y las pajas? Menos aun, naturalmente, pudimos descubrir en los zaguanes del rocanroll local o en cientos de performances efímeras en serio alguna ligazón filial con los pioneros que construyeron los sesenta. A esta altura de un texto que previene sobre aserciones ulteriores que honestamente y sin dobleces han de exponerse ahora, puede ocurrir que alguien se indigne o cabecee con despectivo hartazgo y diga: todo este rollo es cosa suya y de esa gente que cree que eso es pensar. Y entonces sí, por fin, estaremos de acuerdo.

MAMBO EN EL MAMBA En la sede del Mamba (Museo de Arte Moderno de Buenos Aires) se inauguró el pasado jueves una muestra bifronte: “Entorno a la acción 60/70” y “Epígonos del arte acción 80/90”.
La idea de sustento es una reflexión contemporánea sobre el papel jugado por la acción en la plástica argentina durante las últimas cuatro décadas.
La exposición fue presentada como “una aproximación a las realizaciones efímeras propuestas por los artistas vanguardistas del 60/70 incluyendo además las propuestas actuales que siguen esta línea conceptual”.
En ocasiones singulares como ésta, es menester dejar bien claro que son los méritos sólidos que carga en sí esta muestra los que permiten, al contarla, una mirada crítica sobre lo que se muestra. Lo cual tampoco evita algún conflicto. Por ejemplo, es todo un gesto la propuesta de recuperar desde un museo una corriente definida por su antagonismo militante contra esos preceptos que le permiten resucitar. La pregunta es si esta muestra se plantea como una reivindicación o como una desmentida del planteo de marras. En realidad, es ese juego constante, esa tensión, el rasgo más interesante de la apuesta.
Con estos elementos (lo antedicho) y sus trampas, con su trastornado orden y su carácter de fichas sumadas al planteo, se hace posible al fin dejar en paz al acosado espectador para invitarlo a descubrir lo que en San Juan casi Balcarce explica y recupera las búsquedas alternativas nacidas del ‘60 para barajar y dar de nuevo en la vieja partida de las artes.
Se recomienda, a esos efectos, saltar a voluntad de los fragmentos que pueblan el catálogo (un exhaustivo texto de Rodrigo Alonso aquí reproducido parcialmente) a la provocación inocua o cómplice que ahora renuncia a la sospecha.

Décadas de super acción

1“Uno de los elementos fundamentales en la superación de esas barreras (las que separan ficción de realidad, el arte de la vida) fue la irrupción de la acción en el terreno de las artes plásticas, que aparece primero como un gesto que se imprime sobre la tela y luego con autonomía propia en performances, happenings y otros tipos de propuestas activas o participativas”

2“La acción seduce inmediatamente a los artistas. No sólo por su indiferencia respecto de los academicismos y la tradición de las bellas artes, sino también por su exaltación de la experimentación y la libertad creadora en un estrecho contacto con la existencia”

3“La libertad creadora vivida como energía emancipadora, como canal de comunicación con el público, como vehículo para la expresión personal o como espacio de manifestación política, caracteriza a gran parte de las producciones artísticas de los años 60 y 70 y con un espíritu renovado también a parte de la producción posterior”

4“Movidos por las teorías de la `muerte del arte’, los artistas de los 60 buscan en la acción una alternativa a la pintura y la escultura, convencidos de que sólo a través de una actividad concreta sobre el entorno era posible superar las falencias de los lenguajes artísticos caducos”
5“Las primeras manifestaciones del arte de acción son lúdicas y se orientan hacia una progresiva integración del espectador en actividades participativas. Poco después, los acontecimientos históricos y culturales determinan un desplazamiento hacia el terreno político, que propicia la disolución del hecho artístico en el campo de la acción social”

6“El carácter efímero de las obras basadas en la acción cuestiona el estatuto del objeto artístico y la legitimidad de las instituciones que lo sustentan, desplazando el énfasis desde la materialidad del objeto hacia la temporalidad del acto. En esta transformación de la obra en acto se perpetúa el `paradigma enunciativo’ inaugurado por el ready made duchampiano que sustenta la productividad de la obra en su manifestación enunciativa y en su funcionamiento discursivo en el seno del campo estético, considerado en sentido amplio”

7“La muestra de `Arte destructivo’que Kennet Kemble organiza junto a Enrique Barilari, Jorge López Anaya, Jorge Roiger, Antonio Seguí, Silvia Torras y Luis Wells en 1961 signa una vía más hacia la desfetichización del objeto artístico”

8“Hacia finales de los ‘50 surge, desde una poética más cercana a la acción, el espíritu inquieto de Alberto Greco. El informalismo le había ofrecido un marco para desplegar su energía cuestionadora aunque en su obra de este período ya está latente el rechazo que le produciría posteriormente. Cuando decide exponer un tronco quemado y dos trapos de piso en el Sexto Salón del Arte Nuevo o cuando exhibe su camisa manchada de pintura con el título La Monja Asesinada (1961), desplaza el sentido delas obras desde los objetos expuestos hacia el acto por el cual decide el valor artístico de los mismos. Sólo un paso lo separa de sus Vivo Dito, acciones que transforman a cualquier persona u objeto en obra artística por el simple hecho de ser señaladas por el artista”

9El Instituto Di Tella de Buenos Aires, institución ligada a la vanguardia de las artes plásticas durante la década del 60, es el ámbito principal donde se desarrolla el arte de acción en sus diversas formas. Aun cuando es Marta Minujín quien lleva las propuestas participativas hasta el paroxismo, adjudicándose el rótulo de “creadora de acciones” por antonomasia, casi todos los artistas ligados al Instituto trascienden las preocupaciones pictóricas y objetuales a través de obras que involucran, de una u otra manera, la actividad del artista o del espectador.

10“En la vereda opuesta pero desde el corazón mismo del happening surge el arte de los `medios de comunicación de masas’, una propuesta impulsada por Roberto Jacoby, Eduardo Costa y Raúl Escari a través de un manifiesto que opera eludiendo la acción y privilegiando en su lugar la información que la comenta”

Extractos del catálogo de la muestra
Entorno a la acción ‘60/’70 y Epígonos del arte
acción ‘80/’90, de Rodrigo Alonso.


Los demonios de boudon, de Luis Pazos (CaYC, Buenos aIRES, 1973)


Alberto Greco en pleno Vivo Dito


del monton y en el angulo oscuro, un joven federico klemm ignora lo que aun le espera


presa de un rapto sesentista, marta minujin no recuerda a tupac amaru: kidnappening (museo de arte moderno, nueva york, 1973).


julio le parc crea un dia en la calle (paris en el 66)