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La edición en CD-Rom de la revista sabatina de Botana

El abuelo de Radar

Sólo duró un año, entre agosto de 1933 y octubre de 1934, pero la Revista Multicolor de los Sábados, que el diario Crítica puso en manos de dos jovencitos llamados Jorge Luis Borges y Ulyses Petit de Murat, fue el mejor y el más famoso suplemento cultural del periodismo argentino. La edición facsimilar en CD-Rom realizada por Nicolás Helft vuelve a poner en circulación un lujo que durante un año fue semanal y cotidiano.

Por Daniel Link

EL CIUDADANO BOTANA
Nació en Sarandí del Yi, departamento de Durazno, en la República Oriental del Uruguay, el 8 de septiembre de 1888. En enero de 1904, con sólo dieciséis años, participó en la guerra civil junto a las tropas blancas lideradas por el caudillo Aparicio Saravia. En 1911 está ya en Buenos Aires (llegó, cuenta la leyenda, con ropa de fajina, un sable y un libro de Horacio bajo el brazo), trabajando en la redacción del diario La Razón, donde se lo considera un redactor excepcional. Luego de un breve tránsito por Ultima Hora funda Crítica en 1913. El éxito de ese periódico sensacionalista es instantáneo y lo transforma, según Pablo Neruda, en “un millonario de esos que sólo la Argentina o los Estados Unidos podían producir”: tuvo un Rolls Royce y una casa rodeada por un inmenso parque poblado de faisanes de todos los colores y todos los países. El piso de su fabulosa biblioteca (que sólo tenía libros antiquísimos comprados en subastas europeas) estaba íntegramente alfombrado con pieles de pantera cosidas unas con otras. Usaba revólver al cinto y fumaba habanos. Como Randolph Hearst, de quien se decía amigo, detestaba la exposición de su vida privada, de la que poco se sabe. En 1915 se casó con una autora teatral anarquista, Salvadora Medina Onrubia, redactora del diario La Protesta. Entre su descendencia hay varias figuras notables de la cultura argentina, el más célebre de los cuales es Copi. En la tarde del 6 de agosto de 1941 sufrió un accidente automovilístico en las cercanías de la finca Guerreros, provincia de Jujuy. Dejó como herencia el diario vespertino de mayor tiraje en castellano, los estudios Baires Film, su quinta Los Granados en Don Torcuato y una estancia de 18.000 hectáreas en Río Negro.

TIEMPO DE SIEMBRA
Las 8 páginas de la primera edición de Crítica estuvieron en la calle el 15 de septiembre de 1913 a un precio de 8 centavos. Su divisa, escrita por el propio Botana, fue: “Dios me puso sobre vuestra ciudad como a un tábano sobre el noble caballo, para picarlo y tenerlo despierto”. Eran 5000 ejemplares editados con 5000 pesos que le prestó el político conservador Marcelino Ugarte a su director. El diario asumió explícitamente la oposición al gobierno de Yrigoyen (“Dios salve a la República”, tituló el día en que el Peludo asumía la presidencia en octubre de 1916). Recién en 1922 se convierte en un éxito arrollador, cuando saca su quinta edición y pasa a vender 75.000 ejemplares diarios, cifra que se multiplicaría con los años hasta alcanzar el fabuloso récord de 900.000 ejemplares el 26 de febrero de 1926 (cuando una aeronave cruzó por primera vez el Atlántico), superiores incluso a los 800.000 ejemplares del 6 de septiembre de 1930 (el golpe de Uriburu). En 1923, Crítica incorpora la producción deportiva con la cobertura de la pelea Dempsey-Firpo en Nueva York. El 15 de noviembre de 1926 se lanza Crítica Magazine, suplemento cultural en el que escriben Roberto Arlt, Raúl González Tuñón, Alfonsina Storni y Ulyses Petit de Murat. Es el antecedente de La Revista Multicolor de los Sábados. El diario, que celebró el golpe de Uriburu, se distancia de los militares en el poder en 1931. Durante los dos años siguientes permanece clausurado. Con el estreno del noticiero cinematográfico Crítica sonora el 17 de marzo de 1932 se constituye en el primer grupo multimedios del país (gráfica, radio, cine). En 1951 la familia Botana fue obligada a vender el periódico, al borde de la quiebra, al gobierno peronista (del cual Crítica era acérrimo opositor). El diario dejó de aparecer el 30 de marzo de 1962.

EL VENDEDOR HONRADO
(23/09/1933) Por Raúl González Tuñón De una extraña manera se había hecho cocainómano. Era dueño de un boliche de cigarrería de la calle Lavalle, hace ya algunosaños, en la época en que todos, incluso los cocheros y el vigilante de parada frente al Julien, tomábamos cocaína. Lo llamaremos Don José. Un día, un traficante de drogas visitó a Don José en su boliche y le planteó el negocio: se trataba de vender cocaína, que aquél conseguiría al por mayor y que Don José debía fraccionar en paquetitos de a gramo. Don José rechazó, en principio, el ofrecimiento ilegal. Pero después transó. Su boliche se hizo famoso. Con el tiempo ocurrió algo desgraciado. Don José había sido vendedor de queso. Como todos los vendedores de queso, al ofrecer la mercadería probaba un pedacito, para hacer entrar en confianza al cliente. Lo mismo hizo con la cocaína, hasta que, sin darse cuenta, el vicio lo fue agarrando, mordiendo, convirtiéndolo en un pelele gesticulante. –¿Se lleva un gramito? Es de la buena, eh, de la pesada... Mire... Y aspiraba una prisse... Así toda la noche. La policía allanó el negocio. Don José pasó una temporada entre rejas. Al salir dedicóse a la venta de diarios, combinada con la de cocaína. En la esquina de Paraná y Corrientes escuchamos durante mucho tiempo los sorprendentes ofrecimientos de Don José: –Crítica, por tres pesos... ¿Quién me lleva Crítica? Es de la buena, de la buena... Y era que, dentro del diario, estaba el papelito de a gramo. El diario, naturalmente, tenía que costar tres pesos. Otra temporada entre rejas. Al salir, ensayó Don José otra manera de vender. Para que no lo pillaran con el cuerpo del delito encima, colocaba los paquetitos sobre algunas chapas de médico, en algún árbol, en el resquicio de una puerta, en balcones, etc., de las calles Rodríguez Peña, Sarmiento y Montevideo. Una noche lo vi correr despavorido a Don José. Acababa de descargarse una súbita tormenta. Los paquetitos se le perdieron esa noche. Después estuvo en el manicomio. Cuando le dieron de alta me dijo: –Aquello es muy divertido. Me pinté, solo, todo un pabellón. Hacíamos representaciones. ¿Por qué no va a pasarse una temporadita por allá?

¡QUÉ MODERNOS!
En El pintor de la vida moderna, Baudelaire alaba la pintura de costumbres por su capacidad de dar cuenta del presente de manera mucho más adecuada que las “grandes artes”. La modernidad, dice Baudelaire, es la mitad del arte. Como un relámpago de fuego, lo moderno se convierte en un juicio inapelable (y, por lo tanto, irracional). En 1933, Crítica anuncia: “Desde el 12 de Agosto Todos los Sábados 8 Págs. de Gran Formato Impresas a Todo Color. Una Publicación Moderna, Destinada a Todos los Hogares Argentinos. Se Repartirá con las Ediciones del Día. La Mejor Lectura para el Más Numeroso Público”. ¿En qué consiste la cacareada modernidad de Crítica y de su Revista Multicolor de los Sábados? En principio, Crítica adoptó un estilo sensacionalista –adecuado a una moderna concepción del público de masas– y, al mismo tiempo, sostuvo para sus suplementos la idea de públicos diferenciales (resulta evidente que los lectores de la Revista Multicolor no son los mismos que los del resto del diario). Dirigido por Petit de Murat y Borges, el suplemento semanal sorprende todavía hoy por su modernidad gráfica y la calidad de las ilustraciones que acompañan cada columna, nota o sección. Comparativamente, los textos son mucho más conservadores y apenas si dan cuenta del canon literario de finales de siglo, con contadísimas excepciones (un texto de Hemingway, otro de Onetti, un resumen de la vida de Proust). En lo que se refiere a la difusión del “arte nuevo”, la Revista Multicolor está muy por detrás de otras publicaciones de la época: ni Joyce, ni Kafka, ni Thomas Mann (sí Heinrich Mann), ni Faulkner, ni Musil encontraron espacio en las páginas sabatinas de Crítica. Pero es la mezcla de temáticas y autores lo que sigue resultando sorprendentemente actual: leída hoy de corrido, la Revista Multicolor apenas puede diferenciarse de los suplementos yrevistas dominicales de hoy (salvo por esas dos lacras del periodismo post-pop: la entrevista y la fotografía, que dominan ciegamente las producciones actuales y que la Revista Multicolor evitó de manera sistemática). Otro rasgo sorprendente (y que se extraña en las publicaciones actuales) es la atención brindada a la cultura y la literatura de Brasil, con textos de Machado de Asis, Euclides Da Cunha y reseñas de libros (Borges llega incluso a reproducir largos fragmentos de poesía en portugués, algo hoy impensable en la prensa especializada). La necesidad de una unidad cultural (que hoy llamamos Mercosur), quedaba clara en las páginas de los sábados de Crítica.

LO GUARANGO Y LO CURSI
(16/9/1933) Por Amparo Mom Antes de hablar de lo personal, es oportuno referirse al cúmulo de cursilería que aportaron los nuevos ricos –joyas, muebles, cuadros, adornos y, sobre todo, automóviles–. Los nuevos ricos, en el afán de demostrar lo que poseen, ponen en evidencia esa abrumadora cursilería de lo abundante. En los automóviles particulares se pueden ver a cada paso detalles como el del muñequito colgando en el vidrio, y lo detonante de su tapicería. Viene al caso recordar a un señor que tenía un aparato de radio en su automóvil y que, durante las noches de verano, atormentaba con su gangosa música a las tranquilas personas que iban al espigón del Puerto Nuevo, a gozar del aire y del silencio. (...) Una gran importancia tiene el cabello y el peinado de la mujer. Es increíble cómo el detalle de una onda puede cambiar su expresión. Muchas veces vemos una mujer vestida con elegancia, pero hay algo en ella que evidentemente nos choca y es que su cabello está teñido, ya sea de un negro tan profundo que parece azul o de un rubio tan amarillo que hiere la vista. Esto, como tantas otras cosas, aspira a una realidad, pero su resultado es artificioso. En el físico de las personas, como en su indumentaria, en sus predilecciones, en su cultura, en el clima de que se rodea, siempre que se salga de lo natural, se caerá inevitablemente en lo cursi.

PASADO PERFECTO
En su Historia del siglo XX, Eric Hobsbawm se quejaba de uno de los más desastrosos efectos de la cultura de masas: la pérdida de la historicidad de la cultura, la ausencia de una idea de pasado dando forma a la idea de presente. Leyendo las páginas de la Revista Multicolor de los Sábados, queda claro hasta qué punto hay un lazo (invisible, pero existente) entre el periodismo de la década del 30 y el actual. Gracias a Nicolás Helft (Buenos Aires, 1958), hoy contamos con una versión íntegra en CD-Rom de la Revista Multicolor, lo que permite la recuperación y el examen de ese hito que fue el diario Crítica. Helft es conocido por su “manía ordenadora” (que nunca será suficientemente agradecida): ha preparado el más completo repertorio bibliográfico de Jorge Luis Borges (también en formato CD-Rom) y, junto con Daniel Balderston y Gastón Gallo, una “enciclopedia” sobre las principales temáticas y autores que aparecen en su obra. La edición de Revista Multicolor de los Sábados fue financiada por el Fondo Nacional de las Artes y presenta una poderosa antología de artículos de la época, un muestrario de sus ilustraciones y textos introductorios de Horacio Salas y Sylvia Saítta. Su precio de venta al público es de $ 55, pero estudiantes y docentes podrán comprar el ejemplar a $ 30 en el Fondo Nacional de las Artes.