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El departamento de Rocha, de playas bravías y antiguas estancias
Uruguay

Es un rincón del mundo que estamos comenzando a descubrir: campos del siglo XVIII, pueblos de pescadores, mares de dunas, viejos fortines.

Por Hernán Mariotti

Las playas del departamento uruguayo de Rocha, con sus formaciones de roca y arena, sus claras aguas y los pintorescos pueblitos costeros habitados por hombres de mar, la convierten en un oasis apartado donde encontrarse cara a cara con la naturaleza en estado puro. Dicho contacto con lo natural es posible también en las zonas ganaderas de la banda oriental, que abre las puertas de las estancias del siglo pasado a los viajeros ansiosos por adentrarse en los ritos y costumbres de la vida rural.

Quizás la observación sea tan ociosa como innecesaria pero está muy claro que de todas las naciones de Latinoamérica, ninguna tiene con respecto a nuestro país lazos tan fuertes como el Uruguay. No existe tampoco en todo el globo terráqueo un pueblo que se parezca tanto al nuestro, que se mimetice tan bien con nosotros como el charrúa. El Río de la Plata, el fútbol, el asado, el dulce de leche y el mate son algunas de las pasiones que nos hermanan con los uruguayos.

Esta razón, sumada a la proximidad geográfica, hace del territorio oriental el destino elegido por numerosos argentinos para disfrutar unas buenas vacaciones. Y si se habla de pasar allí unos días en plena temporada estival, los lugares favoritos del turista argento suelen ser los mismos. Aquellos cuyo poder adquisitivo se lo permite optan por Punta del Este, una especie de frívolo edén hacia el que corren presurosos buena parte de la farándula, el jet-set y la cada vez más snob clase dirigente nacional. José Ignacio es, en cambio, mucho más señorial y discreta que Punta, pero no menos elitista.

Otros clásicos son Piriápolis, ciudad que debe su nombre al compatriota Francisco Piria quien la diseño en tiempos de la “belle epoque”; Colonia, con toda su carga histórica, y la tradicional Montevideo. Pero Uruguay no se agota en esos puntos turísticos; por el contrario, hay infinidad de lugares que permanecen ignorados por la mayoría a pesar de poseer un encanto propio. A continuación haremos una breve recorrida por algunos de estos parajes que merecen ser descubiertos por el viajero avezado.

Al este del este

El departamento de Rocha es el distrito costero ubicado más al este de todo el territorio uruguayo. Sus 200 kilómetros de playa ofrecen un paisaje de una inmensidad casi rústica, que se diferencia de otras localidades costeras gracias a su fisonomía singular y se mantiene a salvo de las poluciones contaminantes del progreso, a tal punto que a los rochenses les gusta afirmar que en su tierra vive el mundo en estado puro. El principal de los balnearios de Rocha es La Paloma, que cuenta con la mejor infraestructura hotelera de la zona, además de campings bien equipados donde pasar un agradable día al aire libre en familia. Aún conserva su impactante faro, levantado en 1874 en el cabo Santa María debido a la gran cantidad de naufragios ocurridos en la región. El de aquí es el puerto pesquero más importante del país y cuenta con un lugar reservado para los yates de los visitantes, convirtiendo a La Paloma en el único punto realmente seguro para los navegantes a lo largo de muchos kilómetros.

Cerca de allí encontramos otra playa, La Pedrera, plagada de roquedales de formas exóticas y de pronunciados acantilados. La Pedrera es el balneario más antiguo de Rocha y sus pobladores son expertos a la hora de preparar pescados y mariscos. El camarón, por ejemplo, es la base de numerosos platos, igual que el lenguado, la merluza o la corvina. Hasta las tradicionales empanadas tienen a los frutos de mar como ingrediente. También se preparan buñuelos y tortillas hechos con algas marinas quecontentarán los paladares del visitante ansioso por degustar sabores nuevos en sus viajes.

Subiendo siempre por la costa hacia el norte aparece en el mapa Cabo Polonio, una pequeña aldea de trabajadores vinculados con la faena de los lobos marinos que pueblan toda la costa de Rocha. En el cabo hay un enemigo que debe ser rechazado como la peste: el motor. De hecho, los automóviles no pueden circular sobre las dunas, pero de todas formas su gente ha rechazado siempre de plano la posibilidad de que una carretera llegue hasta sus moradas. Anteriormente, las dos únicas formas de arribar hasta este páramo de arenas y rocas era a caballo o bien caminando por las dunas durante varias horas. Hoy la forma más rápida y cómoda de trasladarse al Polonio es contratando los servicios de una 4X4, que lo dejará en las cercanías del lugar. Como toda población preocupada por la protección de la ecología autóctona, impone a sus huéspedes una serie de normas que deben cumplirse indefectiblemente, como la prohibición de polucionar el entorno y la obligación de respetar a los lobos marinos que retozan sobre las arenas de sus playas.

Dejando atrás Cabo Polonio, hay que tomar la ruta 10 y luego la 9, la cual nos acercará a Punta del Diablo, un pequeño pueblo de pescadores dedicados a la pesca del tiburón. Los turistas pueden pernoctar en cabañas muy cómodas o, si se prefiere, alquilar un coqueto rancho. Las playas de Punta del Diablo son de una especial belleza y en su feria artesanal se pueden adquirir souvenirs de todo tipo como caracoles de mar, collares confeccionados con vértebras de tiburones o una botella de butiá, un licor de sabor dulce y áspero que se elabora con el fruto que da la palmera de idéntico nombre. Un paseo imperdible es contratar los servicios de un bote y dirigirse hasta la vecina Isla de la Coronilla, y pasar una jornada a puro sol y agua, matizada por la pesca, pues el pique en la isla es abundante.

También sobre la ruta 9 pero más al norte está el Parque Santa Teresa, cuyas 3000 hectáreas contienen más de 2 millones de árboles. El sitio es óptimo para acampar ya que cada detalle necesario para el confort del turista está contemplado. Desde puestos de asistencia médica, hasta una panadería donde comprar el pan para acompañar el asado. Dentro de los límites del predio, que cuenta con playa propia, se erige la Fortaleza homónima que fue escenario de las luchas durante en época de la colonia entre españoles y portugueses. Fueron estos últimos quienes la construyeron en 1762, pero luego las fuerzas reales de España tomaron posesión de la misma. Durante la Guerra Grande, una guerra civil que enfrentó a los uruguayos entre sí en el siglo pasado, sus muros sirvieron de refugio a la tropa del general Oribe. Hoy la fortaleza es Monumento Nacional, y la dirección del Parque Santa Teresa vela por su mantenimiento y conservación.

Turismo rural

Imaginemos ahora que súbitamente nos ha invadido una repentina fobia al agua salada. Si esto ocurriera en verdad y tuviéramos que huir apresuradamente de cualquier localidad cercana a la costa, Uruguay cuenta tierra adentro con numerosas propuestas atractivas como para disfrutar de un buen descanso. Una nueva modalidad de turismo que gana cada día más adeptos es el turismo rural. La república oriental ofrece una vasta red de estancias turísticas en las que se puede pasar unos días lejos del stress urbano. La mayoría de ellas conservan la arquitectura original del siglo XIX y guardan el testimonio de las tradiciones uruguayas.

El huésped convive con los dueños de estos asentamientos y comparte con ellos las actividades propias de la vida de campo. Allí se puede contemplar el amanecer en plena rueda de mate, ordeñar vacas, montar loscaballos de la estancia, compartir un asado con cuero con gauchos de carne y hueso, que entre vinos y achuras, transmiten a sus visitantes toda la idiosincrasia del hombre rural.

Lavalleja, un departamento de raigambre ganadera, se destaca en este rubro. Dentro de las muchas estancias que se pueden visitar sobresalen “Los Tocayos”, “Doña María”, “La Peña Grande” y “Monte Jabalí”, todas ellas rodeadas de una excepcional belleza bucólica que se presta para la realización de safaris fotográficos y todo tipo de excursiones.