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FRANCIA: PROPUESTAS PARA RECORRER LA CIUDAD LUZ EN UNOS POCOS DIAS

¿Cómo hacer para ganar tiempo y no perderse nada cuando se visita la capital francesa por primera vez? De la A –como el Arco del Triunfo– hasta la Z –como el recién inaugurado Museo Zola–, todo lo que hay que ver y saber para aprovechar mejor la fascinante Ciudad Luz. El Louvre, Champs Elysées, Notre Dame, Montmartre y mucho más.

Por Graciela Cutuli

¿Qué no se ha dicho de París? Es la ciudad más bella del mundo. Es la Ciudad Luz. Es la ciudad que recuerda la frívola y ligera alegría de la “Belle Epoque”. Es la ciudad del Louvre, de la Torre Eiffel, del Arco del Triunfo, del Moulin Rouge, del Sena y sus puentes, de los quartiers y Notre Dame. Es, también, una de las ciudades más armoniosas que puedan imaginarse. Por eso, el principal problema cuando se viaja para verla por primera vez es cómo aprovechar mejor el tiempo para no perderse nada de todo lo que hay en la fascinante París.

Museos y monumentos
Se podría decir, aun a riesgo de simplificar un poco las cosas, que los puntos insoslayables a la hora de planificar la primera visita son los que aparecen dibujados en cualquiera de los mapas que distribuye la Oficina de Turismo de París en los hoteles de toda la ciudad, o bien los que regalan las grandes tiendas como las Galerías Lafayette o Printemps. Estos mapas incluyen siempre planos del subterráneo, que es el medio de transporte más cómodo para desplazarse por todas partes: siempre, antes de ir a un lugar, conviene averiguar cuál es la estación que queda más próxima.
Empezando en el centro mismo de París está el Museo del Louvre, antiguo palacio de los reyes de Francia hasta que se construyó Versailles. Para visitarlo se ingresa por la archifamosa pirámide de vidrio del arquitecto Pei, inaugurada entre polémicas sin fin en 1989. Visitar el Louvre completo lleva mucho más de un día: sin embargo, los que tienen poco tiempo o sólo quieren ver algunas de las obras más famosas –como la Gioconda, la Venus de Milo o la Victoria de Samotracia– deben seguir el “recorrido express” indicado a partir del vestíbulo principal del subsuelo. Sin embargo, vale la pena tomarse un poco más de tiempo para ver las espléndidas colecciones de antigüedades egipcias, griegas y romanas, además de las salas de pintura europea. Enfrente del Louvre, el Museo d’Orsay es otro de los imperdibles, al menos para quienes quieran ver a pocos centímetros de distancia obras de Monet, Van Gogh, Degas, Toulouse Lautrec o Rodin. El Museo d’Orsay era una antigua estación de trenes; un impecable trabajo de restauración la convirtió en uno de los museos más hermosos de París, hecho a una escala más humana que el gigantesco Louvre.
La visita por París puede seguir con una caminata. Uno de los lugares ideales es por los Champs Elysées: desde el Louvre, se llega atravesando los Jardines de las Tullerías (muy bellos sobre todo en verano, cuando toda la capital está adornada con flores). La caminata puede seguir hasta el pie del Arco del Triunfo, en el centro de la “Place de l’Etoile”, o Plaza de la Estrella, desde donde parten doce avenidas dispuestas radialmente (las fotos aéreas permiten apreciar mejor esta disposición). A lo largo de los Champs Elysées es posible encontrar todo tipo de negocios atractivos para los turistas: desde los tradicionales dedicados a la venta de souvenirs, hasta tiendas refinadas de perfumería y ropa (algunas con exención de impuestos para extranjeros), además de librerías y disquerías. Desde el Arco del Triunfo, la vista es hermosa hacia ambos lados. Hacia atrás se ven los Champs Elysées, subiendo desde el obelisco de la Concordia y con la masa verde de las Tullerías detrás. Hacia adelante, la Avenida de la Grand Armée se pierde en el horizonte, prolongándose hasta el Gran Arco de la Defensa, ubicado en la misma línea del Arco del Triunfo. La Defensa es el barrio moderno de París, aunque técnicamente no está dentro de la ciudad. Es la única parte de París que tiene rascacielos, ya que una ley impide a los edificios superar la altura con que fueron construidos: por eso casi todos se conservan como en los tiempos del Barón de Haussman, que a mediados del siglo pasado emprendió las obras de modernización de la ciudad abriendo varias avenidas entre el dédalo de callecitas medievales. La única torre que se construyó en París intra muros es la Torre de Montparnasse, cerca de la estación del mismo nombre y del célebre cementerio. En lo alto de la torre, de 209 metros dealtura (la segunda más alta de Europa) hay restaurante y un mirador, que ofrece una vista imperdible sobre toda París.

Montmartre y algo más
Por supuesto, hay otras bellísimas vistas sobre París, y mucho más famosas. Una de ellas es desde la Torre Eiffel, en el extremo oeste de París, que se construyó en 1889 para la Exposición Universal de París.
En el primer nivel hay un mirador y una oficina de correos, en el segundo se encuentra el restaurante Julio Verne, y en el tercero, a 274 metros del suelo, las terrazas ofrecen una vista realmente vertiginosa sobre París. En los días más despejados, se puede vislumbrar hasta la lejana Catedral de Chartres: sin embargo, pocos resisten las largas colas que se forman durante la alta temporada para subir a los ascensores, y se conforman con llegar a pie hasta el primer nivel.


La visita sigue, y para lograr otra vista sobre los techos de la ciudad, tal vez no tan espectacular pero sí más romántica, hay que subir al campanario del Sacre Coeur, la iglesia que preside Montmartre. Hasta fines del siglo pasado, Montmartre era un pueblo campestre, que luego fue integrado a París pero no perdió del todo su carácter: allí se cultivan todavía algunas viñas con que se fabrica el único vino auténticamente parisiense. Sus casas antiguas y calles intrincadas permiten revivir la vida bohemia de principios de siglo, cuando el barrio concentraba a los artistas de toda Francia. Ese carácter todavía permanece en la famosa Place du Tertre, aunque ahora concentra sobre todo a artistas aficionados y turistas en grandes cantidades. En Montmartre estaba el Bateau Lavoir, donde pintaron sus primeras obras Picasso, Delaunay y Modigliani, mientras se paseaban por la zona poetas como Apollinaire. En sus plazas y pasajes se puede rescatar también una época aún más antigua, la de los cabarets donde, como Toulouse-Lautrec, la gente de París iba a escuchar a los cantantes de moda a fines del siglo pasado, como Aristide Bruant en el famoso “Chat Noir”.
Para volver al corazón de París se puede pasar por el barrio de Pigalle, que ofrece un panorama muy diferente de la Ciudad Luz. Aquí la luz es más bien un conjunto de estridentes carteles de neón que recuerda sobre todo a los barrios rojos de Amsterdam o Hamburgo.

De la Opera a Notre Dame
La visita por París puede seguir por la Opera Garnier, la más antigua de París, ya que la nueva se conoce como Opera Bastille, y está situada en el este de la ciudad. Sus elegantes boulevards ofrecen vidrieras como las de la Galería Lafayette, pero para evitar toda tentación es mejor sentarse a descansar tomando un café en el Café de la Paix (sin olvidar que la fama del nombre se verá a la hora de la cuenta). Desde allí es posible tomar la avenida de la Opera, que lleva al Palais Royal y la Comédie Française, o bien internarse en el corazón histórico de París, hasta donde hoy se levanta el Centro Pompidou, con su infraestructura de caños pintados en colores vivos expuesta al aire libre. El tercer y cuarto piso del Pompidou alberga un museo con obras de Picasso, Chagall, Miró y Matisse, que ofrece un panorama sobre el arte moderno contrastante con el aire genuinamente medieval de las calles e iglesias que rodean a este centro cultural.
Cruzando el Sena, se llega a la Ile de la Cité, donde se levanta la más famosa iglesia de París: Notre Dame. Una visita a los campanarios y la cripta traerá de inmediato el recuerdo de Quasimodo y de un París que ya no fue, pero cuyo espíritu aún perdura en las gárgolas y vitrales de la iglesia. En la Ile de la Cité, la atmósfera medieval también resplandece en la Sainte-Chapelle, encerrada entre los muros del Palacio de Justicia y la Consiergerie, el edificio donde en tiempos de la Revolución Francesa, los condenados –entre los que estuvo María Antonieta– esperaban su turno para ir a la guillotina. Del otro lado del Sena, está el bullicioso Barrio Latino, el antiguo barrio de los estudiantes. De allí viene su nombre: los estudiantes de la Edad Media, llegados a la Sorbona desde toda Europa, usaban para comunicarse la “lengua franca” de la época: el latín. Por supuesto, haciendo honor a la tradición, habrá que pasar por la multitud de vendedores de libros nuevos y usados, los famosos “bouquinistes”, cuyos puestos sobre el Sena invaden hasta las veredas. Esta zona es también la del París romano, con el Museo de Cluny y las Arenas de Lutecia, pero la mayoría de los turistas prefieren recordar en esta zona al París de la postguerra, cuando la capital francesa irradiaba hacia el mundo el arte y la filosofía de Boris Vian o Jean-Paul Sartre. Los nostálgicos del existencialismo no se privan de un café en el Café de Flore o en el Deux Magots, verdaderos símbolos de su época, cuando Saint Germain des Prés era una de las capitales de la cultura mundial.

 

Datos útiles

• Los museos nacionales cierran los martes (excepto el Museo d’Orsay, que cierra el lunes). Los museos municipales cierran, en general, los lunes. Se puede comprar una tarjeta que permite entrar en los museos libremente durante una cantidad diferente de días según el pase elegido; la principal ventaja es que no hay que hacer cola para comprar la entrada, algo que puede llevar bastante tiempo en temporada alta.

• Para informarse sobre los espectáculos que ofrece París cada semana, además de los horarios y direcciones de todos los museos, exposiciones y restaurantes, se puede comprar en cualquier kiosco de revistas el Pariscope o el Officiel des Spectacles, que salen todos los miércoles.

• La Oficina Central de Turismo de París queda en la Avenida de los Champs Elysées 127. Abre todos los días de 9 a 20. Por las dudas, hay que recordar que en París, como en toda Europa, la numeración de las calles no sigue el sistema argentino: por eso, entre una casa situada al 100 de una calle, y otra situada al 200, puede haber muchas cuadras de distancia.

• Para moverse por la ciudad, se pueden comprar tarjetas que permiten combinar distintos medios de transporte, sin límites, durante un cierto período. Conviene informarse en la Oficina de Turismo o en lossubterráneos. No conviene alquilar un auto para moverse por el centro: como toda gran ciudad, París tiene problemas de circulación y estacionamiento.

 

Elegir un barrio


Una primera visita a París también requiere la elección cuidadosa de la “base de operaciones”. Tener un hotel bien ubicado es una de las claves para moverse con más comodidad, y para ello se pueden recomendar dos lugares. Claro está que todo depende del presupuesto: ¿acaso alguien se negaría a hospedarse en algunos de los hoteles en las callecitas detrás de los Champs Elysées? Allí quedan los más exclusivos de la ciudad, donde pasar una noche puede costar cifras con más ceros de los que permite cualquier bolsillo. Para visitas más modestas, entonces, se puede elegir el barrio de la Opera o el Barrio Latino, que son bastante céntricos y seguros. Para moverse con tranquilidad, es mejor evitar la zona del Forum des Halles o los barrios del noreste de París, los más difíciles de la ciudad. La zona de la Opera se destaca por sus teatros y salas de espectáculos: sobre el Boulevard des Italiens hay muchos cines y negocios abiertos las 24 horas. Algo más ruidoso, es el Barrio Latino, donde París nunca duerme. Las antiguas calles donde vivían los estudiantes medievales se convirtieron en restaurantes étnicos de moda, donde hay para todos los gustos.