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SECUESTRO EN PLENO EZEIZA
Las dos manos del Cóndor

Página/12 revela por primera vez el increíble caso Stoulman, un chileno vinculado a las finanzas comunistas desaparecido en Buenos Aires. Cómo colaboraban la inteligencia chilena y la argentina en la dictadura.

Jorge Rafael Videla, que en 1977 llevaba sólo un año como presidente de facto de la Argentina.

Augusto Pinochet Ugarte, ex presidente de Chile. Necesitaba que la operación fuera en Buenos Aires.


Por Lila Pastoriza

t.gif (862 bytes) Aeropuerto de Ezeiza, domingo 29 de mayo de 1977. El avión de Braniff procedente de Santiago de Chile detuvo sus motores en una pista lateral. Ante los agentes de seguridad que rodeaban la escalerilla, los pasajeros descendieron, documentos en mano. Por última vez en su vida, Jacobo y Matilde Stoulman sintieron el roce del viento que alborota el pelo en los aeropuertos. Abajo, cuando presentaron los pasaportes su suerte quedó sellada: en un movimiento casi imperceptible para los demás pasajeros, fueron conducidos a un automóvil que partió de inmediato. Comenzaba así el caso mas misterioso del Plan Cóndor, pieza clave de un operativo criminal a ambos lados de los Andes que compromete directamente a Pinochet y Videla. 

  A los 43 años Jacobo Stoulman Bortnik era, paradójicamente, el menos anónimo de los personajes. Sin militancia política, inteligente y seductor, en sólo ocho meses su empresa Cambios Andes había captado a los más codiciados inversores, en particular los de la comunidad judía. Estrella en alza del mundo financiero, Stoulman no podía ser secuestrado en su país sin que se armara un escándalo. La DINA chilena, la poderosa central de inteligencia de Manuel Contreras que asesinó a Orlando Letelier en Washington, buscó la captura por el golpe político y por el rédito económico. La policía secreta sabía que Stoulman manejaba los dineros de los grandes inversores locales, los suyos propios y los que el financista chileno-húngaro Klein pudiese haber enviado a través de Cambios Andes para el Partido Demócrata Cristiano y el ex presidente Eduardo Frei Montalva. Y, además, había detectado que el cambista  sería el intermediario de un operativo financiero del Partido Comunista chileno para ingresar al país fondos que rearmaran su estructura.

  Efectuar el secuestro en Chile podía arriesgarlo todo. Entonces entró en acción el Plan Cóndor que, como todos los de la conexión chilena de la coordinación represiva en el Cono Sur abundaba en misterios.

  En el caso Stoulman la inteligencia operó para demostrar que el matrimonio había proseguido tranquilamente viaje a Montevideo, versión que dio oficialmente a la cancillería chilena en un cable firmado por Videla y, después, inexplicablemente "extraviado". Junto con esto se desplegó una acción psicólogica exitosa. El boca a boca --y en especial el dirigido a la comunidad judía-- travistió a Stoulman en una suerte de demoníaco Graiver chileno, que traficaba fondos recolectados en secuestros subversivos en aras de la célebre "conspiración judeo-bolchevique apátrida" y que, por supuesto, estaba relacionado con el caso Graiver-Montoneros. Instalada esta versión, que "justificaba" así su secuestro por los militares argentinos y liberaba a la DINA de toda responsabilidad, nadie  --salvo sus hijas y un hermano de Matilde-- osó reclamar por su suerte. Menos aun los grandes financistas, cuyas inversiones habían sido prolijamente detectadas por la DINA.

Revelaciones

  En realidad, el cerco había comenzado a cerrarse sobre los Stoulman 13 días antes de su viaje. El 16 de mayo, al capturar en Buenos Aires al responsable de finanzas del PC chileno aquí, Ricardo Ramírez Herrera, el Cóndor lanzaba un operativo que incluyó el secuestro de diecinueve  personas, de las cuales sólo sobrevivieron tres. En la capital argentina fueron desaparecidos, además de los chilenos, nueve militantes del PC argentino. Recién ahora, al esclarecerse el caso Stoulman, aparece el vínculo entre todos estos crímenes.

  Según ha reconocido últimamente el Partido Comunista chileno, hacia fines de 1976 y con el objetivo de trasladar a Chile fondos provenientes del exterior había organizado un complejo mecanismo cuyo nexo sería, precisamente, Jacobo Stoulman. "El nunca supo el origen ni el destino que tendrían esos dineros", relató el dirigente comunista Carlos Toro, quien estimó en un millón de dólares la suma que aquél recibió. El plan incluía el viaje del joven economista suizo-chileno Alexei Jaccard, residente en Suiza, a quien Ramírez Herrera instruiría en Buenos Aires.

Pero sólo se cumplieron los pasos iniciales. Según Gladys Marín, secretaria del PC trasandino, el operativo había sido infiltrado por la DINA en Europa.

El Cóndor vuela

  Los movimientos de la inteligencia fueron precisos e implacables.

  * El 15 de mayo Alexis Jaccard desembarcó en Ezeiza y se alojó en el Hotel Brístol. Fue secuestrado.

  * El 16 por la noche, un grupo represivo que llevaba a Ricardo Ramírez Herrera irrumpió en el departamento de quien lo alojaba, el comerciante argentino Marcos Leder, de 70 años, a quien secuestraron, raptando luego a su hijo Mauricio. Los tres desaparecieron.

  * El 17, cerca de mediodía, Mario Clar, militante del PC, fue "levantado" por policías que lo liberaron luego. Pasada la medianoche, fue secuestrado junto con su hijo Sergio, en el departamento de éste. Nunca se supo de ellos. 

  * También fueron "desaparecidos" en esas fechas el chileno Héctor Velázquez Mardones y su empleador, el argentino Rodolfo Sánchez Cabot.

  * El 20 de mayo por la tarde, un comando operativo que desde temprano vigilaba el local central del Partido Comunista de la Capital, ubicado en Callao y Sarmiento, secuestró a siete militantes que salían. Tres de ellos fueron liberados. Los otros cuatro  --Luis J. Cervera Novo, Ricardo Isidro Gómez, Carmen Candelaria Román y Juan Cesáreo Arano--  siguen desaparecidos.

  * En Santiago de Chile, a las orillas del río Mapocho, apareció el 28 de mayo el cadáver de Enrique Ruiter Correa Arce, del aparato financiero del PC. El día 29 fueron secuestrados los Stoulman en Ezeiza. El 7 de junio fue capturado en Santiago Hernán Soto Gálvez, encargado de finanzas del PC chileno.   

  En esta secuencia delictiva abundaron las acciones de ejecución compartida. Agentes de los dos países participaron en el secuestro de Ezeiza y los ministerios de Relaciones Exteriores encubrieron todo el operativo. El funcionario internacional enviado desde Suiza a investigar sobre Jaccard, perseguido y amenazado en Buenos Aires, debió ser escoltado hasta el avión por una diplomática helvética.

  Los chilenos Juan Pablo Moreno e Iván Cabezas relatan que en marzo de 1996 el rabino Angel Kreiman les dijo que un alto oficial militar de origen judío lo había instado a no seguir con el caso Stoulman ya que "el secuestro era un problema de seguridad nacional que había sido convenido directamente por teléfono por los generales Pinochet y Videla".

  Capturar a Stoulman, apoderarse del dinero de sus cuentas y golpear a la resistencia antipinochetista cobró siete víctimas chilenas y, por lo menos nueve entre los comunistas argentinos. Al unir las piezas de este rompecabezas queda expuesto un operativo de ejecución imposible sin la ingerencia directa de los jefes de gobierno de ambos países, un operativo concertado entre la DINA de Contreras y la inteligencia militar autóctona que dependía, según la cadena de mandos, de su par Carlos Alberto Martínez.

  Un trabajo decisivo de Augusto Pinochet y Jorge Videla, las dos caras del Cóndor.

 


 

LA VISION DEL PC ARGENTINO SOBRE LAS DESAPARICIONES
Ojo con el golpe pinochetista

Por L.P.

En cinco días de mayo de 1977 fueron secuestrados en Buenos Aires doce militantes del partido Comunista Argentino. Nueve jamás aparecieron. Hoy se sabe que su captura por los servicios de inteligencia nativos que operaban en el Plan Cóndor estuvo relacionada con la del matrimonio Stoulman, aunque el PC argentino siempre atribuyó la represión a la tarea solidaria con Chile, sin referencia alguna al operativo financiero internacional. Para el PC, las caídas de cuadros porteños como “Carmencita” Román y “César” Arano quedaron entre las que entonces se explicaron como “provocaciones de los sectores fascistas”. Es que la caracterización de la conducción partidaria sobre la Junta Militar chocaba con cualquier indagación racional. “¿Cómo íbamos a imaginar una coordinación internacional entre Pinochet y Videla, si éste era el ‘bueno’ del gobierno?”, reflexiona hoy irónicamente un ex activista. “Uno pensaba que si el Partido diferenciaba sectores entre las Fuerzas Armadas debía tener buena información para hacerlo. Yo trabajaba en denunciar cada uno de los casos y no me entraba que Videla era democrático, pero...”, dice una antigua militante, evocando aquella práctica esquizofrénica.“La acción de las bandas fascistas busca desestabilizar la ya complicada situación nacional con el propósito de crear condiciones propicias para un Golpe de Estado sangriento que instale un régimen autoritario antipopular”, precisaba la denuncia que el apoderado del PC hizo al ministro del Interior, Albano Harguindeguy el 30 de mayo de 1977 por la sucesión de secuestros de sus militantes. El golpe había sido mas de un año antes, el 24 de marzo de 1976.

 

La plata de Pinochet Jr

“Con los montos de las cuentas saqueadas, la DINA financió su red fuera de Chile a través de una empresa pantalla, Pedro Diet Lobos y Cía., que operaba en Santiago y en Buenos Aires y cuya constitución en noviembre de 1977 reveló la periodista Mónica González en 1989 en la revista Análisis”, señaló a Página/12 el analista chileno Juan Pablo Moreno, que investigó minuciosamente el caso Stoulman junto con el periodista Iván Cabezas. Y agregó : “Los papeles notariales de la sociedad estaban entre la documentación incautada al agente de la DINA en Buenos Aires Enrique Arancibia Clavel en 1978. En esta sociedad ejercía la presidencia el mayor Enrique Raúl Iturriaga Neumann, entonces a cargo de Inteligencia Económica de la DINA (y prófugo desde 1994 de la justicia italiana, al ser condenado a 18 años en Roma por el atentado a los Leighton-Fresno de octubre de 1975). Uno de los ‘directores’ era el hijo de Pinochet, el capitán (r) Augusto Pinochet Hiriart, que protagonizó luego varios escándalos y negocios extraños”.Moreno aporta otro indicio : “Precisamente Augusto Pinochet hijo un año y medio después de los secuestros compró cuantiosos bienes e invirtió en una empresa constructora (a través de su mujer de entonces, Verónica Molina) por cerca de 1,5 millones de U$S de 1978. A la fecha de los secuestros, ese ‘director’ era un capitán de Ejército adscrito a la DINA con U$S 600 dólares mensuales de salario”. 

 

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