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EL EX DICTADOR VUELVE A UN CHILE DONDE LA DERECHA TIENE LA MITAD DE LOS VOTOS Misión cumplida, mi Capitán General

La polarización entre la derecha y la Concertación en las elecciones del domingo pasado confirma el cumplimiento del trazado político imaginado por uno de los grandes ideólogos del régimen militar, Jaime Guzmán, y aplicado ahora por su mejor alumno, Joaquín Lavín.

Joaquín Lavín obtuvo casi el 49 por ciento de los votos en las elecciones presidenciales del domingo.Ahora la derecha parece convertirse en partido conservador popular, como lo imaginaba Jaime Guzmán.

Por Pablo Rodríguez

t.gif (862 bytes) La semana que viene, Augusto Pinochet seguramente estará de regreso en Chile. Todos auguran un final aciago para sus días. La derecha lo abandonó a su suerte para crecer electoralmente, la Concertación oficialista ya hizo lo que tenía que hacer para repatriarlo y la Justicia chilena, aguijoneada desde Londres a mostrarse capacitada para procesar al ex dictador, parece dispuesta a convertirlo en noticia hasta su último hálito de vida. Sin embargo, en el mismo momento en que se decreta la muerte política de Pinochet, aparece el triunfo político institucional mayor de su dictadura. Con el resultado de las dos vueltas electorales en la que Ricardo Lagos ganó y en la que la derecha arañó el 50 por ciento de los votos, se cumple el largo camino instituido por el régimen de Pinochet y trazado por su pata civil. Especialmente, por el mayor ideólogo de la dictadura, Jaime Guzmán Errázuriz.El 9 de julio de 1977 fue el día fundacional de esta historia. Era el Día de la Juventud y el presidente de la Junta Militar, general Augusto Pinochet, habló en un acto donde unos 1000 jóvenes debían subir al cerro Chacarillas con antorchas para homenajear a los caídos en la batalla de Concepción. El discurso lo redactó Jaime Guzmán, en ese entonces funcionario de una comisión gubernamental para la redacción de una nueva Constitución. Ese día, se definieron dos cuestiones esenciales. La primera, el camino hacia un nuevo tipo de democracia en Chile, �una democracia autoritaria, protegida, integradora, tecnificada y de auténtica participación social�, según las palabras de Pinochet-Guzmán. Y la segunda, el futuro de la derecha política encargada de actuar en esa nueva democracia. Entre los jóvenes presentes estaban Joaquín Lavín, que acaba de sacar casi el 49 por ciento de los votos el domingo pasado, Cristián Larroulet y Juan Antonio Coloma, los adláteres de Lavín en la campaña electoral.El proyecto de democracia �autoritaria y protegida� gatillado en Chacarillas debía ser plasmado en una nueva Constitución. La aspiración de buena parte de la derecha chilena era que no volviera a ocurrir jamás que un candidato con poco más del 36 por ciento de los votos fuera ungido presidente. Tal fue el caso de Salvador Allende, y la idea de la derecha era lograr que, a través de una segunda vuelta electoral, los candidatos tuvieran que negociar apoyo con alguno de los tercios que componían hasta los 70 a la política chilena: un polo izquierdista, uno derechista y uno centrista (la Democracia Cristiana). El proyecto de Guzmán era mucho más ambicioso y mucho más político. En realidad, según Guzmán, los tercios debían convertirse en mitades. Al margen de lo que ocurriera en las elecciones presidenciales, las mitades políticas debían ser constantes y, sobre todo, giradas claramente a la derecha. Los dos grandes polos aglutinantes debían ser coaliciones, una de derecha y otra de centro, y la izquierda debía ser definitivamente erradicada. La nueva Constitución fue sancionada y aprobada a través de un fraudulento plebiscito en 1980. El sistema electoral sería a partir de ahora binominal, con lo que se favorece a la derecha. Por ejemplo: si se postulan dos bancas para diputados, la mayoría debe sacar el doble de votos que la primera minoría para quedarse con las dos bancas. Si saca menos, una banca va para la mayoría y otra para la minoría. Esto es: si la Concertación saca el 60 por ciento de los votos y la derecha el 31 por ciento, ambos obtienen la misma cantidad de cargos. Las segundas minorías, esto es, las izquierdas más radicales que pudieran aparecer, quedaban completamente relegadas. Además del sistema binominal, habría un sistema de nueve senadores designados e innumerables intervenciones de las fuerzas armadas en la administración política y económica del Estado chileno.Pinochet se tomaría todavía varios años más de dictadura. En ese tiempo, las tareas políticas eran dos. La primera, tratar de llevar a la oposición política del régimen (socialistas, democristianos y comunistas) a aceptar como legítima a la nueva Constitución. Y la segunda, transformar a los jóvenes de Chacarillas en un movimiento político. Guzmán fundó en 1982 la Unión Demócrata Independiente (UDI), un proyecto de partido popular a la española, un conservadurismo popular mezclado curiosamente con la doctrina económica neoliberal aplicada por Pinochet. Chicago boys, Opus Dei y populismo: la alquimia representada por Joaquín Lavín.La oposición al régimen creció durante los años 80, y dentro del régimen militar, el ala más liberal quiso constituirse en una polea de negociaciones para transitar hacia la democracia protegida. Esa ala será luego Renovación Nacional, el segundo partido de la derecha. A pesar de las tensiones dentro del régimen (tensiones entre UDI y RN), los socialistas y democristianos terminaron aceptando �el camino constitucional�, constituyendo el primer triunfo de Guzmán. La unión socialista-democristiana fue el germen de la Concertación, que encabezará a partir del 11 de marzo su tercer gobierno consecutivo desde que ellos le ganaran la pulseada a Pinochet en 1988. En este camino, la Concertación debió aceptar que: a) Pinochet no sólo no fuera juzgado, sino que las fuerzas armadas podían hacer lo que querían; b) la derecha iba a tener mayoría en el Senado aunque sus votos no superaran el 30 por ciento; c) no se iba a aceptar ningún cambio de rumbo económico. Lo tercero no era demasiado grave, porque la Concertación terminó elogiando la última parte de la gestión de Pinochet en materia económica. En las elecciones municipales y legislativas, la derecha podía jactarse de sacar una buena porción de los puestos, pero no de ser una gran fuerza electoral. Para colmo, las diferencias entre UDI y RN eran demasiado importantes como para unirse en la defensa de la obra de la dictadura. Así, en las presidenciales, el Chile de los tercios aún no era derrotado. En 1993, Eduardo Frei ganó con el 58 por ciento de los votos. Las elecciones del domingo pasado consumaron, ahora sí, el segundo triunfo de Jaime Guzmán. La derecha perdió, pero fue unida a los comicios, sacó más del 48 por ciento de los votos y se convirtió en uno de los dos polos que él había imaginado. Las paradojas del destino: quien unió a la derecha en esta gesta heroica fue su alumno más aplicado y brillante, Joaquín Lavín Infante. El que tuvo que sufrir a Lavín fue Ricardo Lagos, que justamente, a causa del sistema electoral binominal, perdió en 1989 la senaduría para Santiago frente a Jaime Guzmán. �A fuerza de acumular tantas elecciones con un sistema binominal, es como si ahora las presidenciales se hubieran �binominalizado��, decía a Página/12 Alfredo Joignant, del Instituto de Ciencia Política de la Universidad de Chile.Jaime Guzmán, el gran ideólogo de la derecha, fue asesinado en 1992 en la capital chilena. Augusto Pinochet, el gran líder de la derecha, está a punto de volver, maltrecho y, según sus más fervientes acólitos, �traicionado� por los dirigentes de la UDI y RN. Pero no entienden que lo que está haciendo la derecha es obedecer al camino trazado de Guzmán. Si Lavín seguía defendiendo a Pinochet, iba a condenar a la derecha a permanecer en su techo del 40 por ciento de los votos. Ahora, con una Concertación sin ningún viso izquierdista, hasta es posible que la derecha se atreva a apoyar en el mediano plazo alguna reforma constitucional. Total, la �democracia� ya está bien �protegida�.El aplicador del proyecto está malherido y se siente rodeado de ingratos. El mentor del proyecto está descorchando el champagne en la tumba. La tarea parece cerca de su fin.

 

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