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Qué piensan en Europa sobre la nueva bestia

Las reacciones en Europa ante Joerg Haider son casi todas de condena, pero para nada unánimes. Aquí, un primer anticipo.


Manifestantes antinazis ante la embajada austríaca en Londres pedían ayer detener el avance de Haider.

Las protestas se registraron en toda Europa.
Aquí, una manifestante italiana ante la embajada de Austria.


Salman Rushdie *
Municiones para demagogos

No basta ver el triunfo de Haider simplemente como una victoria del mal sobre el bien. El éxito de los líderes extremistas está invariablemente ligado a las fallas en el sistema que tratan de suplantar o por lo menos controlar. La tiranía del sha de Irán creó la tiranía de los ayatollas. La ociosa corrupción de la vieja Argelia secular dio origen al Grupo Islámico Armado y al Frente de Salvación Islámica. Y la larga "gran coalición", con su parecido a un grupo de amigos que se intercambian favores y trabajos, terminó por desilusionar a los votantes lo suficiente como para que se volcaran hacia Haider. Los diarios europeos están llenos de historias de corrupción política en estos días y estas revelaciones son un regalo para un demagogo populista del tipo de Haider. Cuando los herederos del recientemente fallecido ex primer ministro italiano Bettino Craxi, que fue condenado por corrupción, se encogen de hombros y definen como irrelevantes las historias de las coimas recibidas por él, por el alemán Helmut Khol o por el francés François Mitterrand, no hacen más que empeorar las cosas. Cuanto más se parezca Europa a un grupo de líderes arrogantes para quienes el fin justifica los medios, más municiones tienen los Haiders.

  * Novelista angloindio, en The New York Times. Condenado a muerte en ausencia por el régimen iraní en 1990 a raíz de su novela Los versos satánicos.


Jacques Amalric *
 Un favor paradójico

 Joerg Haider, muy a pesar suyo, ¿le hizo finalmente un servicio inconmensurable a la causa de la Europa política? Por provocadora que resulte, esta pregunta es legítima: sin las ambiciones del fogoso demagogo xenófobo de Carintia, 14 dirigentes europeos (sobre 15) jamás hubieran respondido tan rápidamente a la espinosa pregunta de la incompatibilidad de ciertos discursos y comportamientos de los responsables de un Estado miembro con los valores fundadores de Europa. Tampoco hubieran tenido la ocasión de subrayar tan espectacularmente que la construcción europea supone renuncias a la soberanía y que éstas irán creciendo y no perdonarán ningún espacio, incluido el más sensible, el político.

* Editor de Libération, de Francia.


Paul Badura-Skoda *
 Austria no es fanática

 Estoy muy asombrado de que me pregunten mi opinión sobre la situación política actual de Austria. No soy un hombre político, soy un músico en busca permanente de la sabiduría y la verdad. La política divide, la música une, crea la armonía.
 
Hace cuatro meses, el ministro israelí de Relaciones Exteriores David Levy declaró sobre el resultado de las elecciones austríacas del 3 de octubre de 1999, que los ocho millones de austríacos llevarían en lo sucesivo el signo de Caín en sus frentes, es decir el signo de la xenofobia y del antisemitismo. Agregó que, en el caso de que el FPO participara en el gobierno de Austria, Israel rompería sus relaciones diplomáticas con ese país.
  En mi opinión, sería un error imponerle a Austria la política que debe llevar a cabo. Puedo asegurar al menos una cosa: los austríacos no son fanáticos.

* Pianista clásico austríaco, en Le Monde.


John Gray * 
 La Historia no terminó 

Por primera vez desde los años 30, un partido de extrema derecha está en el umbral del poder en el corazón de Europa. Al final de esta semana, el partido liberal de Joerg habrá entrado en el nuevo gobierno austríaco al lado de los conservadores. Si esta coalición ocurre, tendrá consecuencias que irán más allá de Europa central (...) Hay pocos lugares en el mundo donde la idea de que la Historia haya llegado a su fin sea más ridícula, o más perniciosa, que en Europa central. Y, sin embargo, los dirigentes europeos se ilusionaron complacientemente con la idea de que el crecimiento económico era suficiente para establecer en Europa los valores liberales. La ascensión de Haider muestra que se trata de una ilusión. Los derechos del hombre no vienen en un paquete de regalo con el aumento de las ganancias, una baja tasa de desempleo y teléfonos celulares.

* Politólogo de la London School of Economics. En The Guardian de Gran Bretaña.


Jean Daniel *
Más un Fini que un Le Pen

 Austria ya ha sido simbólicamente desterrada de Europa. Es un precedente importante. La jurisprudencia será espectacular. Hay muchas objeciones. ¿Se va a precipitar lo que se quiere evitar? ¿No se corre el riesgo de herir una sensibilidad nacional al perturbar el libre ejercicio de la democracia? ¿No deberíamos aprender lecciones de las reacciones de Argelia cuando se interrumpió una segunda vuelta que anunciaba la victoria de los integristas? ¿No hemos colaborado en el reagrupamiento de la nación serbia en torno de Milosevic? Todas estas preguntas tienen fundamentos y hacen difícil definir una regla de comportamiento. Sin embargo, si las precauciones indicadas en las advertencias europeas se respetan al pie de la letra, los riesgos son secundarios y, en todo caso, provisorios. (...) Estoy seguro de que Joerg Haider será más hábil para modificar sus propósitos y su actitud y, como ya se hace saber a su alrededor, se proclamará partidario de la línea adoptada por Gianfranco Fini en Italia más que por la de Le Pen en Francia.

* Editor de Le Nouvel Observateur.


Pietro Ingrao *
Europa se redefine

 Sólo volviendo a los recuerdos terribles del racismo se puede medir completamente el sentido de la controversia que se ha abierto, y por qué el pequeño Haider saltó al nivel de la escena mundial. Por eso sería necio de parte de Europa cumplir esa tarea sin evaluar su alcance. No sólo porque eso resguarda su posible eficacia, sino por la gravedad de los hechos que la cuestión implica, referidos explícitamente al caso austríaco. Si se contempla, como un lego y desde el llano, la primera decisión de condena de los 14 como gesto de recalificación de la identidad de la Unión Europea que --más allá de su rostro de "mercado"-- se redefine políticamente como antirracista y antifascista. Quizá éstas no son exactamente las palabras que empleó Guterres, pero al final ésta es la única motivación válida para sostener un acto que indudablemente no era indiferente. Y se entiende que en la primera fila de esta decisión hayan estado Francia y Bélgica, dos países marcados a hierro y fuego por el nazismo.

 * Ex jefe del ala izquierda del Partido Comunista Italiano.

 

 

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