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LIDIA BORDA HABLA DE SU NUEVA ETAPA EN "GLORIAS PORTEÑAS"
"Soy todo lo contrario a una diva"

La cantante, que se mueve con facilidad tanto en el blues como en el tango, debuta hoy en el personaje que componía Soledad Villamil. "Es un gran desafío, porque soy una persona muy tímida", dice.


Por Fernando D'Addario
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Para Lidia Borda, interpretar un personaje en el espectáculo Glorias Porteñas no supone contradicciones con su presente artístico. Desde hace unos años, y luego de haberse internado en los terrenos del blues (tuvo una banda que se llamaba "Lidia Borda y sus Moyanos"), su vocación se inclinó irreversiblemente hacia el tango de la vieja guardia. Puede que hayan influido los recuerdos de su madre, que cantaba tangos en su pueblo, Lincoln, o la melancolía de nieta de inmigrantes que se le coló genéticamente. La regresión espiritual la llevó a comprarse un Winco en el Ejército de Salvación, sólo para poder escuchar los discos a 78 rpm con grabaciones de Ada Falcón, Azucena Maizani, Rosita Quiroga y otras muñecas bravas de aquellos tiempos. Desde hace dos meses, reemplaza en forma oficial a Soledad Villamil en Glorias Porteñas, y esta noche debutará en La Trastienda.

  --Como cantante de tango, usted tiene un estilo muy austero. ¿Cómo hizo para adaptarse al concepto de espectáculo que tiene Glorias Porteñas?

  --Fue algo muy desafiante para mí, porque soy una persona muy tímida, todo me da vergüenza y no me gusta exponerme. Tuve que ponerme a trabajar en lo que tiene que ver con la actuación, porque lo mío es el canto. No fue tan difícil porque cuando una está cantando interpreta un personaje y cuando una actúa también está poniendo mucho de sí misma. Igual, me siento muy protegida por el vestuario de época. Es una especie de escudo.

  --¿El espectáculo cambia respecto de la etapa con Soledad Villamil?

  --Cambia en tanto los personajes son distintos, y existen diferentes lugares de apoyo. Por razones obvias, lo de Soledad estaba más volcado hacia la actuación y yo me concentro mucho en el canto. Ella igual me ayudó mucho a formar mi personaje.

  --¿Cómo pasó de cantar blues a interpretar tangos de la vieja guardia?

  --Al principio cantaba tangos que me gustaban, pero no de una época determinada. Y un día me di cuenta de que me sentía igual que cuando cantaba blues en inglés: por un lado me encantaba, pero al mismo tiempo sentía que no era del todo auténtico. Necesitaba saber por qué estaba cantando. Me llamaba la atención también que me dijeran que mi voz no era para el tango, porque no canto como Susana Rinaldi o Adriana Varela. Y me empezaron a llamar la atención otras mujeres, y me di cuenta de que la historia del tango había, de algún modo, "masculinizado" la manera de cantar de las mujeres. Busqué más atrás y escuché voces distintas, la de Azucena Maizani, por ejemplo. Y a través de esa búsqueda fui encontrando una identidad interpretativa.

  --Si en algún momento las mujeres "masculinizaron" su canto para acceder al tango, ¿por qué ahora vuelven a diferenciarse buceando en las cantantes de los años '20 y '30?

  --Yo no soy socióloga para contestar eso, pero supongo que tiene que ver con los cambios que se fueron dando en la sociedad. En los '60 y '70, la militancia feminista llevó a la lucha por la igualdad de la mujer con el hombre, y a veces eso se exacerbó en otros planos. Ultimamente se aplacaron los ánimos y se redescubren otras cosas, cuestiones de sensibilidad que hacen a las mujeres y que, tanto en la vida como en el tango, le dan un perfil muy definido.

  --Rosita Quiroga y Mercedes Simone impusieron su personalidad, pero el arquetipo de la "mujer tanguera" siempre fue estigmatizado...

  --Al principio sí, pero después ocuparon lugares muy dignos. Lo que pasa es que en un momento hubo tantas mujeres que algunas "llegaron" y otras quedaron en el camino. Pero creo que supieron defender muy bien sus derechos. Lo que sí me llama la atención es que no haya habido una que pudiera reflejar su historia, su problemática, en canciones. Lo que cantaban ellas era la visión masculina de la realidad femenina.

  --Muchas veces se la ha comparado con Ada Falcón. ¿Usted cree que hay algún punto de contacto?

  --Me encanta Ada Falcón. Y me parece muy distinta de las otras mujeres del tango, que eran un poco "antidivas". Falcón era al revés, una diva total, y me fascina esa condición, como me fascina también Marlene Dietrich, o Nacha Guevara. Es ver a través de ellas una vida de fantasía, como ver figuritas. Y yo, en cambio, soy una mujer casada, tengo un marido bárbaro que me aguanta, un hijo que va a cumplir tres años, lavo la ropa, hago las compras. Soy todo lo contrario a una diva.

 

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