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Fassbinder, como caído del cielo

Un film de François Ozon, basado en una obra teatral del fallecido cineasta alemán, se constituyó en una de las sorpresas de la Berlinale

"Gotas de lluvia sobre piedras ardientes", un film que arrancó aplausos del público y la crítica.


Por Luciano Monteagudo 
Desde Berlín

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Tuvo que regresar a Berlín el fantasma de Rainer Werner Fassbinder para que la competencia del festival internacional de cine encontrara, por fin --cuando la muestra ya va promediando--, la primera película capaz de provocar sorpresa y entusiasmo en la platea del Berlinale Palast. El cine de Fassbinder siempre tuvo un lugar de privilegio en el festival, al punto que La nostalgia de Veronika Voss se llevó el Oso de Oro a la mejor película en la Berlinale 1982. Ahora, cuando la muestra oficial parece cada vez más y más dominada por la presencia de las grandes producciones norteamericanas (ayer también pasó por el festival El talentoso señor Ripley, de Anthony Minghella, con Matt Damon y Gwyneth Paltrow), tuvo que venir el nuevo enfant terrible del cine francés, François Ozon, a recordarle a los alemanes el poder subversivo de la obra de Fassbinder.

Goutes d'eau sur pierres brulantes (Gotas de lluvia sobre piedras ardientes) es una adaptación de Ozon de una pieza teatral de la adolescencia de Fassbinder, allá por los revulsivos años '60, cuando junto con Hanna Schygulla y otros amigos formaron el grupo Action Theater, el laboratorio sobre el cual el director alemán construiría luego todo su cine. La obra había quedado inédita, en forma de borrador, y el propio Fassbinder --tan prolífico que era incapaz de mirar siquiera una vez hacia atrás-- nunca llegó a ponerla en escena o a utilizarla para alguno de sus films. Exactamente eso es lo que acaba de hacer Ozon, respetando no sólo la época en que la obra fue concebida sino también la esencia teatral del texto, que transcurre íntegramente dentro de un departamento, a la manera de los films más claustrofóbicos de Fassbinder.

  Como siempre en el autor alemán, la trama es mínima. Un muchacho joven e ingenuo llamado Franz (Malick Zidi) cae bajo la seducción de Leopold (Bernard Giraudeau), un burgués bien instalado y bastante mayor que él. Lo que importa a partir del primer encuentro son los juegos de poder y humillación que se establecen entre los personajes, la forma en que el integrante más débil de la pareja va perdiendo su lugar en manos de aquel que hace valer su autoridad, como sucedía en La ley del más fuerte (1974), uno de los grandes clásicos de Fassbinder.

  La situación adquiere un giro inesperado cuando entran en escena primero la novia de Franz y luego Vera, un viejo amor de Leopold, que es --como en Un año de trece lunas (1978), otros de los títulos esenciales de RWF-- un hombre que se cambió de sexo para intentar, como mujer, recuperar a aquél que lo abandonó y a quien no puede dejar de amar. La homosexualidad, sin embargo, no es el tema. Lo que le importaba al autor alemán era poner en evidencia la reiteración de los códigos más reaccionarios de la conducta burguesa, aun en las relaciones más atípicas. Lo mismo plantea ahora Gotas de lluvia sobre piedras calientes, un film increíblemente fiel a Fassbinder, pero que al mismo tiempo es capaz de tomar una sutil distancia y hasta ostentar incluso un sello propio.

  Revelación de la Semana de la Crítica del Festival de Cannes 1998, con su opera prima Sitcom, Ozon --egresado de la Femis, la escuela nacional de cine de Francia-- estuvo en septiembre pasado en la Mostra de Venezia con Les amants criminels, participa ahora de la competencia de la Berlinale y ya tiene en producción su próxima película, Sous le sable, todo a un ritmo que también parece heredado de Fassbinder. "Hacía tiempo que quería hacer una película sobre una pareja, sobre la dificultad de convivir y sobrellevar la rutina cotidiana", declaró Ozon en la conferencia de prensa que siguió a la proyección. "Al descubrir la obra de Fassbinder, me di cuenta de que no necesitaba escribir un guión original, que la obra decía exactamente lo que yo quería decir, que era graciosa y conmovedora al mismo tiempo."

  Ozon reconoce haber utilizado como modelo de puesta en escena --cámara de frente a los personajes, un solo escenario, nada de exteriores-- la adaptación que hizo Fassbinder de Las lágrimas amargas de Petra von Kant (1972), a partir de su propia obra teatral. El toque distintivo del realizador francés, sin embargo, se nota en el humor con el que acentúa ciertas situaciones que en Fassbinder podrían haber sido decididamente dramáticas y que aquí adquieren cierto distanciamiento, como cuando los cuatro personajes se ponen a bailar un viejo tema alemán de la época, una escena que hizo estallar en aplausos a la platea del festival. Lo mismo sucedió cuando el joven Franz, en un momento gracioso y a la vez infinitamente melancólico, recita un poema de Heinrich Heine que dice: "No sé por qué/ mi corazón está tan triste/ una vieja historia/ siempre viene a mí/ la brisa me hace temblar/ cae la noche/ y el Rhin corre silencioso...". Por aquí, en cambio, se diría que el Spree --que atraviesa serpenteante todo Berlín-- comenzó finalmente a vibrar con las Gotas de lluvia... de Fassbinder.

 

 

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