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ADRIANA CALVO TESTIMONIO EN EL JUICIO A LA VERDAD DE LA PLATA
“Lo más parecido a un campo nazi”

En la primera audiencia del año del Juicio a la Verdad, la ex detenida desaparecida Adriana Calvo de Laborde narró su calvario durante el paso por cuatro centros clandestinos de detención.

En su declaración Adriana Calvo de Laborde detalló las torturas y traslados que sufrió.
“Al espiar por una mirilla vi los cuerpos apilados y lastimados que despedían olor a miedo.”


Por Victoria Ginzberg

t.gif (862 bytes) Se asomó por la mirilla de la puerta del baño. Le habían dicho que desde allí se podía ver la celda de los hombres y quería hablar con su esposo. Lo que observó, según dijo, era “lo más parecido a un campo de concentración nazi: cuerpos apilados y lastimados que despedían olor a miedo”. Adriana Calvo, quien tuvo a su hija mientras la policía la trasladaba hacia el Pozo de Bánfield, narró su estadía en cuatro centros clandestinos de la provincia de Buenos Aires ante la Cámara Federal de La Plata. Calvo también aportó, en la primera audiencia del año del juicio en el que se intenta averiguar lo ocurrido con más de dos mil desaparecidos, datos recopilados por la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos.
En 1977 Calvo era docente e investigadora de la Facultad de Ciencias Exactas de La Plata y militaba en el gremio, que funcionaba en la semiclandestinidad. Fue secuestrada el 4 de febrero de ese año. Estaba embarazada de seis meses y medio.
Calvo relató ante los camaristas Leopoldo Schiffrin, Julio Revoredo, Alberto Durán, Carlos Nogueira y Antonio Pacilio su “recorrida” por el circuito represivo a cargo del COT (Comando de Operaciones Tácticas). Según pudo establecer Calvo posteriormente, la Brigada de Investigaciones de La Plata era la “central” del grupo de tareas conocido como “La Patota”. De allí se derivaban a los prisioneros. Este hecho fue corroborado por Graciela Liliana Mercioni, otra ex detenida, que declaró después.
Calvo fue conducida al destacamento de Arana, que funcionaba como un centro destinado a la tortura. Permaneció en ese lugar durante siete días y nunca le dieron de comer. Allí fue interrogada por un militar que aparentaba mucha autoridad. Calvo sólo pudo percibir su intenso perfume y vio, por debajo de la venda que tenía en los ojos, sus pantalones con estampado príncipe de Gales y sus zapatos prolijamente lustrados. El le dio datos de su familia que la estaba buscando y se había podido conectar con el comisario Alberto Rousse a través del relator deportivo José María Muñoz.
El siguiente destino de la mujer fue la Comisaría 5ª de La Plata. Allí estuvo en una celda en la que podía tener los ojos descubiertos. La habitación estaba separada del patio por una chapa que tenía pequeños agujeros por los que las prisioneras se asomaban cautelosamente. En esa comisaría Calvo estuvo con Elena de la Cuadra, que estaba embarazada de cinco meses, y supo que Inés Ortega dio a luz un varón. Allí también escuchó por primera vez la voz de Jorge Antonio Bergés. “Lo llamaron los guardias porque Inés tenía contracciones. Yo me tapaba la panza con las manos, pero el ojo clínico de Bergés me vio. Nos llevaron escaleras arriba a los empujones. Bergés nos tiró en el piso y nos hizo una revisión ginecológica.” Pocos días después, Ortega tuvo un varón al que llamó Leonardo. El parto fue en la cocina, mientras la mujer tenía las manos atadas a la mesada. Al otro día los guardias se llevaron al bebé. El y su madre están desaparecidos. La Comisaría 5ª estaba a cargo del comisario Osvaldo Sertorio, quien ya fue llamado por el tribunal pero se negó a declarar.
A mediados de abril, Calvo todavía estaba detenida aunque le habían anticipado que sería liberada. “Mi bebé no se movía. Yo hacía como que no estaba embarazada. Pero empezó el trabajo de parto. Los guardias hablaron por teléfono y se escuchó ‘dicen que la lleven para allá’”, manifestó. Allá era el Pozo de Bánfield. Los policías subieron a Calvo a un patrullero y Teresa nació en el viaje. “Estaba con las manos atadas y no la podía agarrar. No me habían cortado el cordón y en un pozo Teresa se cayó entre los asientos”, relató la testigo.
En Bánfield estaba el centro de operaciones de Bergés, quien le ordenó a Calvo que desnuda limpiara su placenta y el lugar donde luego la había “asistido” mientras él y otros policías se burlaban. “Era como estar en el infierno. Pero lo que más recuerdo fue la ayuda y la solidaridad de mis compañeros”, afirmó Calvo. La mujer estuvo en la celda con su hija recién nacida.
Un día los guardias decidieron desinfectar la celda con pastillas de gamexane. Un carcelero, entonces le pidió a Calvo que le entregara su bebé. Ella se negó; había visto varios casos en los que los niños no volvían. “Me puse en un rincón de la celda con Teresa y mis compañeras formaron una muralla humana para protegerme y empezaron a gritar. Y Teresa se quedó conmigo”, relató emocionada Calvo, cuando ya llevaba más de dos horas de hablar sin parar ante el Tribunal. El 28 de abril de 1977 fue liberada. “Esta es la verdad. La conocemos hace mucho y la dijimos muchas veces. Lo que necesitamos ahora es que se haga justicia”, finalizó.

 

 

Por juicios de verdad

“La ausencia de Justicia continúa siendo el sustento de la pérdida de derechos laborales, económicos y sociales. Mientras tanto la Verdad de la lucha por los desaparecidos permanece oculta tras la arquitectura jurídico/política construida con las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final y los Indultos, por la claudicación y la complicidad ante las presiones golpistas de los asesinos y los poderosos”, dice la gacetilla que los organismos de derechos humanos repartieron antes de que comenzara la primera audiencia del año del “juicio por la Verdad” en La Plata. El comunicado llevaba la firma de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo de la Plata, de Familiares de Desaparecidos de La Plata, de la Asociación de Ex Detenidos, de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de La Plata y Neuquén y de la Comisión por la verdad y la Justicia de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA). Pidieron que “los fiscales, jueces y cámaras decididos a investigar transformen los juicios por la Verdad en juicios de verdad”.

 

EL CONSEJO DE LA MAGISTRATURA Y LA DESTITUCION
Brusa, en la puerta de salida

El suspendido juez federal de Santa Fe, Víctor Brusa, podría ser el primer magistrado destituido por el Consejo de la Magistratura: el Jury de Enjuiciamiento lo someterá a un proceso oral y público a partir del próximo 2 de marzo. El magistrado fue acusado de avalar torturas y desapariciones de personas durante la última dictadura, pero su destitución se deberá a que atropelló con su lancha a un bañista y no le prestó auxilio.
Brusa fue suspendido por “mal desempeño de sus funciones” por el plenario del Consejo de la Magistratura el 19 de octubre del año pasado, luego de que seis ex detenidos de la provincia de Santa Fe atestiguaran que el juez les había tomado “declaraciones” y los había amenazado mientras estaban detenidos ilegalmente. Todos coincidieron en que el entonces secretario de un juzgado sabía y respaldaba los malos tratos de los militares.
La complicidad de Brusa con la dictadura no fue, sin embargo, la causa de su suspensión, ya que los senadores que avalaron su nombramiento conocían estos hechos y no los tomaron en cuenta. El Consejo no tenía competencia para anular esa decisión. Pero estas circunstancias, así como una causa por una cuantiosa regulación de honorarios a favor de abogados, agravó su situación, ya que se consideraron parte del “desprestigio” que impediría a Brusa –acusado ante el juez español Baltasar Garzón– impartir justicia.
Los encargados de juzgar a Brusa serán el ministro de la Corte Suprema Eduardo Moliné O’Connor; los jueces Gabriel Chausovsky y Horacio Billoch Caride; los legisladores Angel Pardo, Jorge Agundez y Carlos Soria; y en representación de los abogados, los doctores Guillermo Nano, Oscar Ameal y Juan César Penchansky.
Si Brusa es destituido deberá afrontar una causa por el episodio de la laguna que tiene abierta su colega Mario Candiotti. Hasta ahora sus fueros impedían condenarlo. El atropello a un bañista y no prestarle atención, intentando además desvincularse luego de la cuestión, podría encerrar el delito de abandono de persona y lesiones culposas, entre otros.

 

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