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HABLA ALFREDO BAUER, EXPERTO EN NEONAZISMO EXILIADO EN LA ARGENTINA
"El próximo golpe es en Alemania"

La explosión electoral del neonazismo en Austria puede desbordar las fronteras nacionales en cualquier momento: hacia Alemania –según Alfredo Bauer, exiliado en la Argentina en 1938, cuando el Anschluss de Hitler– y hacia Italia (ver pág. 26). Aquí, tres visiones sobre el monstruo que se viene.

“Tras el derrumbe de Kohl, en Alemania se va a formar un partido grande como el FPOE de Haider.” "El poder real, los grandes monopolios, quieren expandirse al Este, y el neonazismo será su instrumento".

Por Gabriel Alejandro Uriarte

t.gif (862 bytes) ”Lo que sucede en Austria es, en esencia, nazi.” Pocos cuestionarían la autoridad de Alfredo Bauer (75) para hacer tal afirmación. Forzado a emigrar a la Argentina luego del Anschluss de Austria a Alemania en 1938, preside el Movimiento contra el Racismo, la Xenofobia y la Discriminación, fundado por iniciativa del club socialista Vorwärts, que Bauer también integra. Autor de muchos libros, en 1992 publicó uno sobre sus viajes por Austria donde ya advertía el peligro que encerraba el entonces casi desconocido político neonazi Joerg Haider. Sin embargo, aunque considera que en Austria existe una serie de factores que alientan el neonazismo, subraya que el factor esencial del fenómeno es una crisis del capitalismo espoleada por la caída del Muro de Berlín. Es especialmente en ese país con credenciales neonazis aparentemente intachables, Alemania, donde Bauer considera que se viene el próximo golpe del neonazismo.
–¿Cómo recibió la noticia de la entrada de los neonazis al gobierno austríaco?
–Para mí no es nada nuevo. Yo soy conocedor de la situación en Austria y esto viene de bastante lejos. No lo considero un fenómeno austríaco exclusivamente. Tiene que ver con la crisis del sistema capitalista que, para sorpresa de mucha gente pero no para mí, no se alivió con la caída del sistema socialista sino que se acentuó. Hay una crisis general. Te preguntan por qué en un país con un bajo nivel de desocupación ocurre el fenómeno nazi. El problema es que la crisis no es sólo económica sino que es además emocional, psicológica y cultural. Hay una crisis de identidad en Europa. Un choque entre lo llamado desarrollado y subdesarrollado que acentúa los conflictos raciales. No me sorprende entonces el ascenso de Haider.
–¿Pero por qué la primera manifestación de esta crisis se produce en Austria?
–Yo pienso con todo que el neonazismo no es propio de Austria y menos aún limitativo de ella. Para mí esto se engloba con tendencias similares en Alemania, ayudadas por el derrumbe del prestigio de Kohl. Esto es algo que va a favorecer las ideas revanchistas de los monopolios alemanes, que si bien fueron derrotados siempre tuvieron la idea de revertir el resultado de la Segunda Guerra Mundial. Ya iniciaron una nueva marcha hacia el este, con la incorporación o la conquista de la República Democrática Alemana y la proyección económico-político hacia Rusia. Esto puede tomar un carácter mucho más agresivo. El asunto es que la xenofobia, el caballito de batalla de Haider y otros grupos parecidos en Alemania y en otros países, siempre es así. También fue así bajo Hitler: la xenofobia, el llamado enemigo interno, es una escuela para la xenofobia hacia afuera. Es decir, se aprende a odiar al vecino y a marchar contra él: el judío en la Alemania hitleriana y ahora el turco. Pero la idea eventual será la proyección hacia afuera y eso se viene, me temo, muy pronto.
–¿Cuáles son estos elementos “revanchistas” en Alemania?
–Por ahora sólo están abiertamente representados en partidos neonazis muy pequeños. Obtienen unos municipios, obtienen representantes, pero todavía no se han podido expandir. En Austria ese tipo de partidos desaparecieron porque todos se cobijaron bajo el FPOE de Haider. Eso va a pasar en Alemania. Se va a formar un partido grande.
– Un partido grande...
–Neonazi, para mí sí.
–¿Apoyado por ex democristianos desilusionados con Kohl?
–Sí, precisamente.
–¿Cómo se explica el auge explosivo de la popularidad de Haider en Austria?
–Para mí las presiones europeas fueron un serio error. Una cosa es la solidaridad con las fuerzas democráticas austríacas que buscan revertir eso. Pero otra es llamar a embajadores, presionar. Eso tienenecesariamente que desencadenar la idea de que “a nosotros nos imponen cómo tenemos que votar”. Con Waldheim fue muy parecido. Haider es muy hábil, muy inescrupuloso, y juega esa carta. Incluso el canciller Schuessel afirmó, lo que es una barbaridad, que “nosotros no somos un país tercermundista, por lo tanto nosotros no necesitamos lecciones en democracia”. De modo que aquí estamos en un país mentalmente subdesarrollado y sí necesitamos lecciones.
– Pero el crecimiento de la popularidad de Haider era un hecho aún antes de las presiones europeas.
–Bueno, la xenofobia cabalga sobre un problema existente. Pero no hay que confundir. En Austria es mentira que estos refugiados amenacen los puestos de trabajo de los austríacos, que amenacen su vivienda, los lugares en la escuela. Todo eso es mentira. Pero el hecho de que chocan culturas diferentes no es del todo fácil de manejar. Hay que tener cierto nivel para buscar la comprensión mutua entre diferentes culturas. Hay antecedentes positivos en ese sentido también. Austria fue siempre un país de inmigrantes. Incluso la nacionalidad austríaca tiene una raíz germana, eslava, latina (es decir italiana) y judía. De modo que la incorporación se producía desde hace mucho tiempo y se va a seguir produciendo, como por ejemplo cuando los checos entraban masivamente al fin del siglo pasado. Ahí donde se tocan diferentes culturas, ahí es donde el odio surge.
–Ese tipo de xenofobia no se limita a Austria. Ahora, ¿podríamos calificar directamente lo que sucede en Austria como nazi?
–Esa es la pregunta. Yo diría, viendo el asunto desde todos los ángulos, que lo que está pasando en Austria es, en esencia, nazi. Por el lenguaje, por la agresividad, la falta de un verdadero programa nacional en el sentido abarcativo, y por la potencial orientación hacia un conflicto internacional, yo lo calificaría de nazi. No a la ligera como lo hace mucha gente, porque efectivamente hay diferencias muy sustanciales. También en cuanto a la imagen histórica. Una de los elementos fundamentales del discurso de Haider es “basta de culpar a toda a la generación de la Segunda Guerra Mundial”. De este modo, justifica históricamente esa guerra. También en ese sentido es nazi.
–¿Cuáles son los sectores en la sociedad austríaca que apoyan a Haider?
–La intelectualidad, especialmente los artistas, están francamente en contra de Haider, y lamentablemente los asalariados están más a favor que el promedio de la población. Y Haider, aun cuando intenta poner una cara respetable, ataca a la cultura. La cultura es parásita. La gente trabajadora es robada por las subvenciones que le dan al arte. Yo siempre digo que es propio del fascismo transformar el natural odio del pobre contra el rico en el no natural odio del inculto contra el culto. Y eso Haider lo hace en forma muy definida.
–Usted mencionó que unos de las motivaciones de los votantes de Haider es una cierta reivindicación del pasado nazi de Austria...
–Yo diría que hay tres factores. Xenofobia por un lado. Por el otro cansancio de la repartija de puestos entre social-demócratas y conservadores. Y en tercer lugar algo como lo que usted menciona. Porque por un lado no se había hecho una seria denazificación, pero continuamente se hablaba del asunto. Hay un sentimiento de “déjennos tranquilos con lo que pasó hace 50 años”. Ese es un factor. Juntos estos tres son los factores fundamentales del ascenso de Haider. Cuando estaba en Austria yo nunca hablé con ningún partidario de Haider... ¡dado que en el ambiente intelectual no había ninguno! Pero, lamentablemente, entre la gente asalariada... Por otra parte, lo que sí encontré es esa xenofobia, incluso en amigos. Un compañero de escuela dice “tengo que ir al médico pero en mi prepaga el médico es árabe y voy a tener que esperar hasta que atienda a todos los árabes ahí. Pronto voy a tener que aprender yo medicina porque todos los médicos van a ser árabes”. Y esas personas no son los malos, son los buenos. Dicen cosas como “no puedo estacionar porque losestacionamientos están llenos de turcos”. Y le repito, ésos no son los malos, son los buenos.
–¿Cuáles cree que serán los próximos pasos de la coalición negroparda?
–Para mí, buscará formar un bloque con las fuerzas de derecha y ultraderecha en Alemania. Me llamó mucho la atención el viaje de Schuessel y Haider a Berlín. Me llamó mucho la atención que la reacción adversa dentro de la UE fue especialmente de Francia y Bélgica pero que la defensa viniera de Alemania. Hay que entender que en Alemania el poder real, o sea los monopolios, el gran capital, está empeñado en reponerse agresivamente de la derrota que sufrió en el ‘45. Porque no sólo el nazismo sufrió la derrota sino también el imperialismo alemán. Hasta ahora, con Kohl, y sin una seria resistencia del Partido Socialdemócrata, estos monopolios estaban perfectamente bien. Kohl logró eso de tragarse a la República Democrática (ex Alemania oriental, NdlR), de proyectarse hacia el este. Pero van a necesitar un instrumento más agresivo, y eso que se formó en Austria lo veo venir en Alemania.
–¿Cree que es una posibilidad que Haider llegue pronto a ser canciller?
–Sí, sí. Ya se comporta como si lo fuera. El, ¿qué cargo tiene? Es gobernador de una provincia pero habla en nombre de Austria.
–¿Cuáles serían las políticas del canciller Haider?
–Ajuste, persecución a los extranjeros. Cuotas. En las escuelas habría proporciones máximas de estudiantes hijos de inmigrantes. Ajuste que castigará a todos y a la cultura especialmente. Para mí, va a buscar formar un bloque europeo revanchista. Eso también lo preveo.
–¿Cómo ve las sanciones impuestas por los países de la Unión Europea (UE) contra Austria luego de que Haider entró al poder?
–Se ve que a Haider no le dan ningún miedo estas sanciones. El actúa con una altanería, un engreimiento extraordinario. Se siente muy seguro. Me preguntaron recientemente si pensaba que las sanciones eran muy blandas y yo dije que sí, que yo opino que son muy blandas ¡y que Haider opina que son muy blandas! Es una de las pocas cosas en las que coincido con él.
–¿Qué podrían hacer los países de la UE que no hacen ahora?
–Las cosas de Estado a Estado no son útiles. Porque no estimula las fuerzas democráticas. Al contrario, aglutina al pueblo alrededor del gobierno y de la fuerza estatal que tiene. La reacción contra Haider debe ser a nivel popular y con absoluta claridad de que la solidaridad es para con el pueblo austríaco para revertirlo. Nosotros, con los actos que hacemos nos orientamos en ese sentido. Lo de Haider lo cambiará el pueblo austríaco, con solidaridad del mundo.
–¿Cree que esto puede ser efectivo?
–Ante todo, ha habido un desbloqueamiento político en Austria. Antes la política era prácticamente ir a elecciones cada cuatro años. Ahora hay gente en la calle, hay marchas. No me gustan los gases lacrimógenos, los escudos y los bastones de la policía, pero hay gente en la calle. Y el gobierno no pudo caminar en la calle (cuando asumió, el pasado 4 de febrero, NdlR). Los sindicatos se ponen en movimiento. Y claro, el ajuste lleva a eso. Hay continuamente masas populares en las calles.
–¿Está satisfecho con la reacción del gobierno argentino?
–Bueno, yo confío más en las entidades de derechos humanos. Nosotros hemos reaccionado inmediatamente. Yo el 7 estuve en un acto convocado por Memoria Activa, de la que nadie habló en los medios. Pero hubo la otra, de que sí hablaron, adonde fue Alfonsín, que dijo lugares comunes, nada más. Porque son muy fáciles de decir. El habló de la xenofobia, pero no habló de crisis. Pero con todo estoy contento que los pueblos reaccionen así, porque no es sólo acá que lo hacen.

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