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ESTRENAN “¡JETTATORE!”, CON DIRECCION DE JAVIER PORTALES
Guarda con ese, que es mufa

La obra, que sube hoy a escena en el teatro Regio, es un clásico del teatro argentino, que cuenta la historia de un supuesto yeta.

Dato: El autor compartió durante la primera década del siglo XX la “época de oro” del teatro nacional junto a Florencio Sánchez y Roberto J. Payró.

A Portales le cuesta reconocer un costado optimista en la obra.
“Me interesó el juego que tiene de situaciones y personajes.”


Por Cecilia Hopkins

t.gif (862 bytes) La última de las propuestas del ciclo Verano a todo teatro, previsto por la Organización Teatral Presidente Alvear para esta temporada, se estrenará esta noche en el Teatro Regio (Av. Córdoba 6056). Se trata de uno de los grandes clásicos argentinos, el vodevil satírico ¡Jettatore!, de Gregorio de Laferrère que, por otra parte, es la segunda experiencia como director del actor Javier Portales. El elenco está integrado por Alfonso De Grazia en el rol de don Lucas Gómez (el personaje a quien se le endilga la condición de mufa), Alfredo Iglesias, Dora Prince y Carlos Scornik, acompañados por Silvina Acosta, Adrián Azaceta y Max Berliner, entre otros. La música original es obra de Jorge Valcarcel y la escenografía y el vestuario corresponden a Alberto Bellatti.
Hijo de un hacendado de origen francés, Gregorio de Laferrère ocupaba en 1904 una banca como diputado nacional por Buenos Aires, haciendo causa común con el radicalismo que se oponía al gobierno de Julio A. Roca, pero desde su propio Partido Nacional Independiente. Luego de un fugaz paso por el periodismo, ese mismo año debutó como dramaturgo con ¡Jettatore!, inspirado, como sus obras posteriores, en “la práctica política tradicional de comité y el espíritu burlón del Círculo de Armas”, según apunta el especialista Marcos Mayer.
El novel autor, que por entonces contaba con 36 años, era uno de los habitués de aquel aristocrático club en la misma época en que atendía personalmente su propio comité (la Asociación Popular, que funcionaba en la vereda de enfrente), donde intentaba satisfacer las demandas de las familias humildes que se acercaban al local. Quienes lo conocieron afirmaron que su porte de hombre de mundo y su “elegancia británica” no tenían igual en la clase política argentina. La actriz Blanca Podestá (quien interpretó el rol de Leonor en esta misma obra cuando fue estrenada en el antiguo Teatro de la Comedia por la compañía de Jerónimo Podestá) lo recordaba invariablemente de punta en blanco y “siempre con guantes, que los tenía para las cuatro estaciones”.
De Laferrère, que compartió durante la primera década del siglo XX la llamada “época de oro” del teatro junto a Florencio Sánchez y Roberto J. Payró, concibió a don Lucas inspirado en un personaje de una novela del francés Teófilo Gautier, un hombre tan mufa que “tuvo que arrancarse los ojos porque estaba matando a la novia a fuerza de mirarla”. Laferrère solamente se ocupó del teatro porque lo divertía. “Un día me hizo gracia el teatro: eso fue todo”, escribió el autor de otras obras históricas como Locos de verano y Las de Barranco. “No pretendo, pues, estar contribuyendo a echar los cimientos de nuestro teatro, pero seguiré haciendo teatro cuantas veces se me ocurra, sin preocuparme de otra cosa que de mi propia satisfacción”.
Portales, quien ya suma casi medio siglo en la actividad (se inició en la actuación y en la radio en forma simultánea, en Rosario hacia 1950), tiene en su haber al menos cuarenta estrenos teatrales, mientras que son setenta las películas en las que participó desde 1956. No obstante, fue la televisión el medio que lo popularizó masivamente, con sus recordadas intervenciones junto a Alberto Olmedo, su compañero de los años juveniles en Rosario, en programas como “Operación Ja Ja” y “No toca botón”. Amable y parco a un tiempo, en su diálogo con Página/12 Portales cuenta que ante todo añora del pasado sentirse bien físicamente. Mucho más flaco de lo que el público recuerda (bajó unos treinta kilos), Portales fue sometido a cuatro operaciones desde que una caída le dañó la espina dorsal, hace siete años. El novel director se muestra sorprendido al enterarse de que en tiempos de su estreno los críticos elogiaron el carácter optimista de ¡Jettatore!
–¿Qué le interesó de la obra? –Espero que el público vaya a recibir muy bien esta pieza, aunque me cuesta encontrarle el costado optimista. A mí me interesó el juego que tiene: es muy rica en situaciones y personajes. Está el tema de cómo se puede convertir a alguien en algo que no es. Cómo cuesta sacarse de encima la fama que le hacen a una persona que, como en el caso de esta obra, no está marcada por la “jettatura”. Eso ocurre a menudo en el ambiente del teatro: se dice que alguien es mufa y al que le toca le cuesta horrores sacarse el sambenito. No creo que el autor haya pensado que esta comedia podría contribuir a ningún cambio de costumbres o social.
- No es su debut como director...
–No, debuté el año pasado cuando puse en esta misma sala La importancia de ser ladrón, de Guastavino, que anduvo muy bien. Espero haber reunido más experiencia para este nuevo proyecto. Aunque en realidad, no tenía demasiados temores ninguna de las dos veces: tengo muchos años de trabajo como actor, y creo que haber estado arriba del escenario ayuda mucho. Además, yo dirigí mucho teatro para televisión, e incluso hice un ciclo durante dos años que se llamó “Teatro para sonreír”. No es lo mismo, pero se parece bastante.

 

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