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La creatividad de las alianzas y la penuria de las propuestas

El discurso presidencial, una movida publicitaria. Las coincidencias entre De la Rúa y Ruckauf. La historia y las claves de una interna única en el mundo.


opinion
Por Mario Wainfeld

t.gif (862 bytes) �Maldita cocaína�, dijo el presidente Fernando de la Rúa, haciendo suyo un slogan efectista y banal sobre un tema por demás denso. �Maldita cocaína�, repitió un día después el gobernador Carlos Ruckauf. Jorge Asís �quien como tantos políticos es mucho más atinado en sus diagnósticos sobre sus congéneres que en sus movidas concretas� suele decir que la diferencia entre la actual primera línea del peronismo y la Alianza es la que media entre dos pautas publicitarias. En este caso, tentaría decir que su ironía se queda corta.
Pero, a decir verdad, suele ser precisa. Por ejemplo, el discurso que pronunció De la Rúa ante el Parlamento fue concebido y leído como un anuncio de campaña. Su finalidad ostensible fue reforzar la imagen presidencial privilegiando una cerrada defensa de las impopulares medidas que, con rapidez y eficacia, concretó el actual Gobierno. Lo hizo dejando constancia �de modo personalista y enfadado� del disgusto que le causan al presidente algunas injusticias e ilegalidades a las que �como por arte de magia� desvincula causalmente del modelo y del plan económico que son el norte de la brújula de la Alianza.
Para peor, las resonancias de las amenazas del Presidente a los evasores se esfumaron dos días después como el humo de un cigarrillo en el aire. Fue cuando un supuesto evasor de aquéllos, Omar Fassi Lavalle, recuperaba la libertad. La bronca tronaba en los pasillos de la Rosada y voces de primer nivel hacían arder el teléfono del ministro de Justicia, Ricardo Gil Lavedra, pidiéndole explicaciones. El Gobierno omitía escrupulosamente ver la viga en el ojo propio. La excarcelación de Fassi Lavalle tiene mucho que ver con la incompetencia y la lentitud exasperante de la AFIP, cuyo comando De la Rúa dejó en manos continuistas: las del funcionario menemista Carlos Silvani. Continuismo que le dobló la muñeca a firmes resistencias en el gabinete y que se decidió sin ninguna explicación pública. Hubiera sido incómodo hacerlo, pues alude a eso de lo que no se habla, al menos cuando el Presidente mira a las cámaras: la bolilla negra que el establishment y los mercados conservan respecto de los funcionarios vinculados con el área económica. Un dato soslayado en el mensaje del miércoles, un escollo fenomenal a las nobles intenciones que �con frases cortas, pausas tras cada punto y aparte, y hasta gestos �a lo Grondona�, como el de sacarse los lentes para mirar a la cámara haciendo gala de franqueza� prodigó el paternal presidente a la sufrida comunidad.

Malditos asaltantes

Pero, ya se sabe, si algo difumina a las imágenes inteligentemente editadas no son sus contradicciones sino la aparición de imágenes más atractivas. Fue el asalto con rehenes del jueves el que ahuyentó a la oratoria presidencial de todas las retinas y de casi todas las memorias.
El final a sangre y fuego, con un rehén gravemente herido, fue festejado unánimemente por la dirigencia política. A su cabeza, tanto De la Rúa como Ruckauf se deshicieron en plácemes respecto de un resultado y un modus operandi que privilegia un penoso principio de autoridad a la integridad física de las víctimas. Así como Ruckauf se esmera por no dejarle a De la Rúa el monopolio de la imagen democrática, el Presidente recela de cederle al bonaerense el de la �mano dura�. Sus mensajes sobre el �por decir lo mínimo� discutible y sujeto a investigación desempeño policial se parecieron como dos gotas de agua. Un tributo no irrisorio de ambos al ya mencionado epigrama de Asís.

Malditos locutorios

Con todo, el mayor sarpullido de la semana que le brotó al Gobierno no fue la inocuidad del discurso del miércoles ni la superposición con Ruckauf del viernes sino la reconciliación del domingo entre ídem Cavallo y Gustavo Beliz. �Fue Mingo el que levantó el teléfono�, se ufanan losbelizistas. �Los sacamos del pulmotor�, se jactan los cavallistas. Y ambos tienen razón. Aparentemente condenados al segundo y tercer puesto, los dos ex ministros de Carlos Menem olvidaron sus rencillas y volvieron a juntar sus pilchas.
La iniciativa partió del que iba segundo detrás de Aníbal Ibarra, quien más ambiciones tiene y quien más arriesga: el ex de Economía. Al fin y al cabo, como reconocen en voz muy queda en Nueva Dirigencia, una derrota honrosa en la interna no sería un baldón para Beliz: le dejaría aún chances de buscar su lugar en el mundo, �la candidatura natural del peronismo�. En cambio, para Cavallo sucumbir por medio voto en la interna significaría el fin de sus ambiciones nacionales.
La propuesta llegó como maná a Beliz en un momento de extrema debilidad, que sus allegados atribuyen en buena medida a la mano negra de la Alianza. �Nos hicieron la política del Pac Man forzando las deserciones de Jorge Telerman y Patricia Pierángeli. Nos quisieron sacar de la pista y terminaron forzando la coalición...�
La ingeniería, brotada de la necesidad mutua, fue pactada por Beliz y Cavallo sin consultar ni avisar ni aun a sus manos derechas. El cavallismo estaba, al despuntar el fin de semana pasado, entretenido en la puja entre Alberto Iribarne y Marta Oyhanarte por la candidatura a vicejefe de gobierno. El belizismo destinaba ingentes energías a despotricar contra el personalismo de �Gustavo�, su falta de muñeca política y dividido entre quienes propugnaban dejar sin efecto el principio partidario de no reelección de legisladores y quienes proponían hacer un par de excepciones sobre el temita. La noticia del pacto llegó como una bomba, cambió el escenario y �de momento� silenció a ambas huestes, encolumnándolas tras sus casquivanos y personalistas líderes. Desde luego, la operación dejó heridos, pero las eventuales facturas se difieren a futuro, subordinadas a los resultados que no sólo gobiernan al fútbol.
Cavallo llevó bajo su brazo la propuesta de una interna informática gerenciada por la empresa española Indra que dispone de una parafernalia técnica que incluye grupos electrógenos para el caso de corte de luz. Pero dificultades operativas imposibilitaron el portento. Los españoles no podían garantizar poner on line velozmente a todos los centros de cómputos para verificar que no hubiera doble voto. La dificultad podía ser subsanada pero recién después del domingo 12 de marzo: ocurre que en esa fecha hay elecciones en España e Indra tiene muchas fichas y logística puestas allí. Pero, ya para entonces, de nada servirían sus recursos a Encuentro por la Ciudad.
Entonces, Cavallo propuso el método finalmente consensuado: una votación telefónica, gerenciada por otra empresa española, que se prolongará viernes, sábado y domingo �hasta antes del fútbol�. El insólito método que Cavallo, haciendo gala de una muy discreta pronunciación en inglés, gusta denominar �e democracy�, es una innovación mundial. La rareza motivó una discusión novedosa: la posibilidad de que �aparte del titular del teléfono� pudiera votar otra persona. Beliz, en principio, aceptó pero luego cambió de parecer: sus allegados lo convencieron de que eso aumentaba las posibilidades de fraude o manipulación. Al cierre de esta nota �sábado a la tarde� prevalecía la posición de Beliz. Para mañana se espera que se firme el contrato con Telefónica, que embolsará alrededor de 500 mil dólares.
Ambos bandos prometen la victoria. Los belizistas creen que su jefe tiene mayor arrastre que Cavallo sobre el voto peronista que, todo lo indica, será central para dirimir la contienda. Se precian de tener militancia territorial más numerosa que sus antagonistas y consideran crucial el aporte que puede realizar el secretario general del sindicato de porteros, José Santamaría, conscientes de que los encargados, como Dios, atienden en todas partes. Y que los hay en las 28 circunscripcioneselectorales de la Capital, muchas de las cuales son terra ignota para el cavallismo.
Pero los cavallistas replican que ellos tienen su propia milicia territorial justicialista, desplegada aún en los distritos porteños menos paquetes y más afiatada que la de Santamaría: la comandada por Jorge Argüello e Iribarne. Además confían sotto voce en que la votación telefónica le otorga un cierto handicap a priori, ya que su líder tiene más receptividad en ciudadanos con mayores recursos, por ende con acceso a teléfonos propios, ni qué decir celulares. Eso, sumado a la ostensible ventaja que tenía Cavallo sobre Beliz en las encuestas previas, les hace suponer que Mingo vencerá.
Ambos bandos coinciden en fascinarse con la perspectiva de una votación masiva. �Más de cien mil� prometen aunque, en voz más queda, se conforman con la mitad. Explican que el método elegido es más cómodo para el votante que ir hasta una escuela. Recuerdan excitados cuánto crecieron Carlos Menem, José Octavio Bordón o Fernando de la Rúa después de ganar primarias multitudinarias.
Están seguros de haber acortado drásticamente la diferencia con la Alianza y de haber impedido que la elección se definiera en la primera vuelta. También de que tendrán primacía mediática durante esta semana, opacando la presentación de Cecilia Felgueras como compañera de fórmula de Aníbal Ibarra. Y organizan para el domingo no ya la tradicional felicitación del perdedor al ganador sino un acto grande, tal vez en el Luna Park.

Maldito epílogo

Los aliancistas aseguran no estar nerviosos, profetizan que las idas y venidas mellarán la credibilidad y el electorado de los opositores �muy especialmente el de Beliz� y que la polarización acrecienta la posibilidad de Ibarra de ganar en una vuelta.
Como fuera, la jugada opositora sacudió la modorra de la elección porteña y le añadió suspenso. Bastó para eso la creatividad de Cavallo puesto a proponer ingenierías electorales, generosamente mechada con la escasez de escrúpulos para desdecirse de los dos ex socios y ex enemigos.
Una creatividad pródiga en amnesia que le da emoción al juego de la política. Que sobra a la hora de armar listas y de producir pases de dirigentes y que escasea a la hora de proponer medidas de gobierno que vayan más allá de la cartilla económica de los organismos financieros internacionales.
Una creatividad que tuvo la Alianza en su momento cuando plasmó su propia ingeniería política y que brilló por su ausencia en el discurso olvidable y ya olvidado que pronunció De la Rúa, hace tanto, tanto tiempo, antes de la toma de los rehenes.

 

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