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RELATO DE UNA MUJER ACOSADA SEXUALMENTE QUE
 SE ANIMO A HACER LA DENUNCIA EN LA JUSTICIA
El infierno del acoso

Susana Salas fue acosada por su superior en la Reserva Ecológica porteña. Allí, las autoridades no la escucharon. Recurrió a la Justicia, pero a eso le siguió un nuevo calvario: fue trasladada, recibió amenazas y un apriete para que levantara la denuncia. Aquí, cuenta por primera vez la odisea de sufrir un acoso y buscar el castigo de su agresor.

Con Susana Salas, su acosador llegó a un intento de violación. Fue entonces cuando decidió hablar con su marido y hacer la denuncia.

Por Mariana Carbajal

t.gif (862 bytes) La vida de Susana Carlota Salas ha sido, en los últimos tres años, un verdadero infierno. Es empleada administrativa del gobierno porteño y, según denunció en la Justicia, fue víctima del acoso sexual de su superior jerárquico en la Reserva Ecológica, donde ambos se desempeñaban. �Empezó diciéndome piropos y alabándome, pero sus comentarios fueron subiendo de tono. Si llegaba triste me decía: �Se ve que anoche su marido no la cogió bien�. Si me veía contenta: �Se ve que su marido la atendió bien� y se lamentaba por no estar en el lugar de él. Me hacía comentarios sobre mi cola o mis pechos, me tocaba y me amenazaba con que perdería el trabajo si hablaba. Hasta que un día intentó violarme y no pude más guardar silencio�, relató a Página/12. La persecución que sufrió a partir de llevar el caso a los tribunales le quebró la salud. Salas entró en una profunda depresión y tuvo cuatro intentos de suicidio, el último en febrero. Hoy está bajo tratamiento psiquiátrico y por primera vez cuenta su historia.
�Yo no me daba cuenta de que me estaba enfermando. Pero cada vez que lo veía a él, sentía terror. Hasta cambié la forma de vestirme, porque pensaba que yo era la culpable, que lo provocaba, y empecé a usar túnicas que me cubrían absolutamente todo el cuerpo. Después, la psicóloga que me atendió me hizo entender que aunque fuera desnuda, él no tenía ningún derecho para acosarme�, recordó Susana. La depresión que sufre es evidente. Se le nota en los ojos, en el rostro. Parece apagada. Tiene 47 años, pero aparenta más. Actualmente está medicada con psicofármacos.
Susana está casada y tiene dos hijos, de 19 y 21 años. A pedido de ella, su marido, Ernesto Dell�Ordine, que es abogado y trabaja en la dirección de Obras y Catastro del gobierno porteño, asumió su defensa legal. En medio de su relato, la mujer muestra una foto de pocos años atrás, cuando el hostigamiento sexual todavía no era un drama en su vida, y parece otra. Cuenta que antes era alegre, positiva. Ya no.
Su cuadro no sería extraño. Informes de la ONU señalan que se ha establecido el vínculo entre este tipo de agresión en el ámbito laboral y graves problemas físicos, psicológicos y de salud. Desarreglos nutritivos, depresión, ansiedad, náusea, dolores de cabeza, insomnio, incremento en el consumo de alcohol, nicotina o estupefacientes, son algunas de las dolencias que sufren muchas víctimas. En los Estados Unidos, se estima que el acoso sexual ha costado al gobierno federal 267 millones de dólares en un período de dos años. Esa cifra representa los costos que surgen de la disminución de productividad, las licencias por enfermedad y la sustitución de empleados.
El terror
Alrededor de una docena de empleados de la Reserva Ecológica, escenario del acoso sexual denunciado por Susana Salas, ratificaron en el juzgado de primera instancia en lo Criminal Nº 29 �que lleva la causa� sus declaraciones. Estos testimonios le sirvieron al fiscal en lo Correccional Marcelo Martínez Burgos para considerar prima facie acreditado �el permanente hostigamiento, traducido en acoso sexual, emprendido por Jorge Cutule�, contra la mujer y pedir al magistrado su declaración indagatoria por los delitos de discriminación, amenazas y lesiones graves. Como esta última figura prevé una pena de hasta 6 años de prisión, el caso pasó a un fiscal de instrucción, Marcelo Munilla Lacasa. La indagatoria todavía está pendiente. Esta semana, Salas demandará a Cutule en el fuero civil por los daños y perjuicios que sufrió a raíz de las agresiones.
El acoso sexual �asegura� empezó en 1997 y fue subiendo de tono, según coinciden los testigos que declararon en la causa. Cutule era el encargado de la Reserva los sábados, domingos y feriados, los días en que Susana trabajaba allí en la atención al público. �El hostigamiento era permanente. Si yo iba al baño, me seguía e intentaba abrir la puerta. Tuveque empezar a ir con una compañera que se quedaba en la puerta. Como también me perseguía cuando caminaba por la Reserva, tuve que empezar a usar una alarma para pedir ayuda por si me hacía algo. Le empecé a tener terror, no miedo, terror. Siempre encontraba pretextos para tocarme. Eso me iba desgastando. Me producía estados de angustia y me daba mucha bronca, pero no podía decir nada, porque cada vez que abría la boca o me quería defender me amenazaba con el pase (a disponibilidad)�, siguió Salas.
La mujer afirma que puso en conocimiento de sus padecimientos al director de la Reserva Ecológica, Sergio Recio. �Tampoco hizo nada. Siempre lo encubrió. Incluso se lo planteé al delegado gremial que habló con Recio, pero él siguió sin protegerme�, agregó. Su situación era delicada. Como director de Higiene Ambiental, su esposo denunció en 1995 a funcionarios de la entonces Municipalidad de Buenos Aires, al detectar siete toneladas de DDT �una sustancia que se utilizaba como plaguicida y después se prohibió por ser cancerígeno� mal acopiado en un depósito. A partir de esa presentación, Dell�Ordine fue sumariado. �Me amenazaban con la cesantía de mi marido y yo me callé, hasta que el 5 de abril de 1998 (Cutule) intentó violarme�.
Las amenazas
Ese día �relató� llegó a la Reserva a las 8. �No había nadie más que él. Me dijo que me estaba esperando con facturas y mate. Yo temblaba porque si gritaba, en ese lugar tan solitario no me iban a escuchar ni los pájaros. Me invitó a la cocina y cuando entré me preguntó por qué yo no lo quería y mientras tanto se me iba acercando. Me llegó a poner sus manos en los pechos y no sé cómo hice, pero pude zafarme. Salí corriendo, gritando y llorando. En mi desesperación me llevé por delante al médico del SAME que atendía allí (él también declaró en el expediente). Le conté lo sucedido. Me dio un sedante y le recomendó a él (Cutule) que me fuera a descansar a mi casa. Pero me amenazó que si no me quedaba me iba a acusar de hacer abandono del trabajo. Tuve que quedarme toda dopada, sentada ahí todo el día�, continuó Salas.
Después de ese episodio, Susana rompió el silencio y le contó todo a su marido, que hasta ese momento desconocía los hechos. Se había resistido a ponerlo al tanto porque no sabía cómo iba a reaccionar. Temía que él pensara que era ella la que estaba provocando al acosador (ver aparte). Ante la falta de respuesta dentro de la Reserva Ecológica, el matrimonio decidió recurrir a la Defensoría del Pueblo. Fue el entonces ombudsman, Antonio Cartañá, quien el 12 de mayo de 1998 llevó el caso a la Justicia, ante la imposibilidad de Salas de hacer la denuncia por su cuenta: por un decreto del ex jefe de Gobierno Fernando de la Rúa, los agentes porteños no pueden iniciar demandas en tribunales contra funcionarios del Ejecutivo local: deben canalizarlas administrativamente. Además de Cutule, fue acusado el actual director de la Reserva, Sergio Recio, por incumplimiento de los deberes de funcionario público, por no haber actuado para impedir el acoso. Página/12 intentó hablar con ambos. Recio no contestó a ninguno de los llamados y Cutule no pudo ser localizado. Desde la Defensoría se notificó del caso al secretario de Planeamiento Urbano y Medio Ambiente, Enrique García Espil, de quien dependía la Reserva Ecológica, pero Salas nunca fue citada para contar qué le pasaba.
Las pastillas
�Como veía que nadie se hacía eco de mis planteos, que nadie me protegía, tomé pastillas tratando de eliminarme�, recordó Susana. La presión vivida le desencadenó un estado de depresión, según le diagnosticaron. �Me quedaba en casa, a oscuras, no quería comer ni hablar con nadie. Tuve dos intentos de suicidio más y me internaron�. Después de la presunta tentativa de violación, la Dirección General de RecursosHumanos le otorgó una licencia especial que se extendió desde el 23 de mayo de 1998 hasta el 27 de noviembre último.
Al reintegrarse al trabajo, se encontró que había sido trasladada. La asignaron al Servicio de Guardianes, adonde también fue reubicado su presunto acosador. A ella la asignaron al Parque Indoamericano; a él, al Parque General Paz, ambos en el sur de la ciudad. �Objeté el cambio: primero porque el Indoamericano es un lugar muy solitario y además, porque, siendo la víctima, me degradaron al pasarme de administrativa a guardiana�, señaló Susana.
La mujer pidió una entrevista con el secretario de Medio Ambiente, Norberto La Porta, de quien depende ahora el área. Todavía no recibió respuesta. En diálogo con este diario, el funcionario se comprometió a recibirla y analizar su problema.
El último capítulo de esta historia se escribió el 19 de febrero: �Mientras caminaba por el parque con una compañera, se nos acercó un hombre trotando. Preguntó quién era Susana y cuando respondí, me dijo: �Te dejás de joder con las denuncias y los juicios porque la vas a pasar muy mal. Esta es una advertencia�. Me arrancó la blusa y me arañó los pechos. Es evidente que alguien me señaló�, consideró. El extraño episodio fue denunciado en la comisaría 36ª, donde quedó la ropa dañada. �Me agarró un shock nervioso, me volvieron a dar medicación. Mi vida es un infierno. Quisiera que los funcionarios tomen de una vez cartas en el asunto, que me devuelvan mi dignidad�, suplicó.


Cómo juntar las pruebas

El acoso sexual se diferencia claramente de un flirteo o una situación de seducción porque no es deseado por quien lo recibe ni recíproco. Según define un folleto del Ministerio de Trabajo, para encuadrar una conducta como acoso sexual son necesarias tres circunstancias:
1. La existencia de cualquier tipo de acercamiento o presión de naturaleza sexual, física o verbal, explícita o implícita.
2. Que esa conducta no sea deseada por la víctima. El acoso es impuesto, no solicitado desde el punto de vista de quien la padece.
3. Que emane de la relación de empleo. Es decir, que la víctima sea empleada y tenga contacto con el acosador por ser éste un superior, supervisor, compañero de trabajo o cliente.
�Es importante para llevar adelante una denuncia por acoso sexual, que la persona afectada le comunique la situación que vive a sus compañeras de trabajo, que le diga al acosador delante de testigos que no la moleste más, y fundamentalmente que recolecte pruebas que reflejen lo que está padeciendo: grabaciones, cartas, regalos, intimaciones escritas para que cese el acoso�, aconsejó la abogada Carmen González.

 

POR EL TEMOR A PERDER EL TRABAJO
Terror a denunciar

Por M.C.

�Las mujeres tienen terror de denunciar el acoso sexual por miedo a que las echen. Vienen al sindicato, cuentan, lloran, pero no se atreven a hacer la denuncia por escrito�, señaló a Página/12 Zunilda Valenciano, secretaria de la Mujer de la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN). Lo mismo sucede en la administración pública porteña. �Formalmente no llega casi ninguna denuncia�, confirmó una fuente del Sindicato de Empleados Municipales. Una encuesta de UPCN entre 302 de empleadas del Estado reveló que el 47,4 por ciento de ellas fue hostigada sexualmente alguna vez. Pero desde 1993, cuando entró en vigencia un decreto que sanciona el acoso sexual en la administración nacional, sólo tres acosadores fueron castigados con la pena máxima de la exoneración.
El acoso sexual no es un tema menor en la Argentina. El país figura entre los que tiene mayor índice de este tipo de agresión laboral, según un relevamiento de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), realizado entre 156 naciones. El 16,6 por ciento de las empleadas entrevistadas aquí denunció haber sufrido agresiones de carácter sexual en el último año. En Francia, que encabeza el lamentable ranking, el índice fue del 20 por ciento.
�La inestabilidad laboral conspira contra la denuncia por acoso sexual�, indicó la socióloga Ana Lía Kornblit, coautora del libro El acoso sexual en el escenario laboral. El temor a perder el trabajo puede ser tan fuerte que prefieren tolerar el hostigamiento antes que buscar algún tipo de sanciones para el agresor. En el caso de la ciudad de Buenos Aires hay otros aspectos que dificultan que el acoso sexual sea castigado. �En primer lugar, aunque el estatuto del empleado público lo contempla y prevé sanciones que llegan a la exoneración, la figura no está claramente definida, lo que genera en la práctica que rara vez se aplique; por otra parte, no tiene alcance sobre el personal jerárquico y tampoco establece cómo es la responsabilidad hacia arriba, es decir, hacia el superior que no actúa para frenar la situación de acoso�, explicó a este diario la abogada Marcela Rodríguez, especializada en temas vinculados con la violencia contra la mujer.
Por estos días, Rodríguez está asesorando a la Defensoría del Pueblo porteña en la elaboración de un proyecto de ley que �prohíbe, regula y sanciona el acoso sexual como una práctica discriminatoria por razón de sexo que atenta contra los principios constitucionales de la inviolabilidad de la libertad de trabajo, la igualdad real de oportunidades y de trato, la salud, la integridad y la dignidad de la persona�, detalló Rodríguez.
En el ámbito privado no hay ninguna ley específica que sancione el acoso sexual. Se han presentado diversos proyectos en el Congreso, pero ninguno prosperó. En 1996 uno llegó a tener media sanción de Diputados y murió en el Senado por falta de tratamiento. No ocurre lo mismo en otras latitudes. Alrededor de 40 países han adoptado en los últimos años normativas específicas. En Canadá y Estados Unidos, por ejemplo, se encuadró como una forma de discriminación por sexo; la Comunidad Europea la entiende como una condición de trabajo asimilable a las peligrosas e insalubres, y en otras naciones se la considera como violencia contra las mujeres.
Sin legislación específica, en la Argentina los abogados buscan los caminos alternativos para encuadrar los casos de acoso sexual. No es común que la denuncia se tramite en el fuero penal como hizo el abogado de Susana Salas (ver nota central). �En el Derecho laboral existe la figura de injuria laboral. El empleador debe cuidar el ámbito laboral, debe proveer la seguridad y el bienestar del trabajador y, si no lo hace, está incurriendo en una injuria laboral y la persona afectada puede reclamar una indemnización. El acoso sexual puede encuadrarse en esa figura�, explicó la abogada Carmen González, titular de la Comisión de la Mujer de la Asociación de Abogados de Buenos Aires.

 


 

EL TESTIMONIO DEL MARIDO Y ABOGADO DE LA ACOSADA
�Al principio pensé, por algo fue�

Por M.C.
�A mí me resultó muy difícil entender el acoso sexual. Cuando ella me lo contó pensé como todo hombre: por algo fue�, admite sin pudor, Ernesto Dell�Ordine, en su doble papel de marido y representante legal de Susana Salas. Le costó un tiempo comprender lo que su esposa sufría. �Porque los hombres consideramos que somos vivos cuando hacemos insinuaciones o gestos atrevidos a una mujer. Creemos que es parte de nuestro machismo y no nos damos cuenta del daño que podemos causar. Pero no es un juego de seducción: es un juego de abuso de poder�, dice, ahora, con total convencimiento.
Dell�Ordine lleva 26 años de matrimonio con Susana Salas. Asumió la defensa de su esposa por expreso pedido de ella, aunque el acoso sexual no era su especialidad legal. Para empaparse en el tema y entender los efectos que puede llegar a tener sobre una mujer el hostigamiento sexual, consultó a especialistas. Uno de sus asesores fue el abogado Elpidio González, docente de Derecho Procesal y Penal de la UBA y autor del libro Acoso sexual (Ediciones Depalma, 1996).
�¿Cuál fue su reacción cuando Susana le contó lo que estaba viviendo en su trabajo? �le preguntó este diario a Dell�Ordine.
�En principio no lo entendí. Pensé como todo hombre: �Por algo fue�.
�¿Se enojó con ella?
�No tanto, pero pude llegar a dudar de ella. Cuando retomamos la tranquilidad, hablamos con profesionales, empecé a entender la situación. Decidimos poner hombro con hombro, espalda con espalda, y salir adelante.
En realidad, los testimonios de los compañeros de trabajo de Salas ayudaron a Dell�Ordine a entender las palabras de su esposa.
�¿Alguna vez había sido testigo de casos de acoso sexual?
�Sí, he visto acoso sexual, pero no lo entendía como tal �continuó el abogado�. Yo antes festejaba los chistes que mis compañeros de oficina hacían a las mujeres. Hoy mi visión es otra. La mujer muchas veces tiene que mantener silencio para cuidar su trabajo, que es un bien escaso y los funcionarios se aprovechan de esa situación. Susana ya lo pasó. Lo importante es que no lo pase a nadie más.

 

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