Principal RADAR NO Turismo Libros Futuro CASH Sátira


ENTREVISTA A LA PERIODISTA Y ESCRITORA ITALIANA FAUSTA LEONI
"No pienso como escritora, pienso como médium"

Hace diez años, la italiana Fausta Leoni se ubicó por meses al tope del ranking de best sellers con su libro "Karma", en el que describía su extraña experiencia por vidas anteriores. Ahora, instalada en una casa en La Lucila, la periodista que supo codearse con Federico Fellini y traducir al italiano a Ernesto Sabato revisa sus propias convicciones.


Por Andrew Graham-Yooll­
t.gif (862 bytes) 
--Tiene preparado un libro sobre la muerte, que va a publicar en Internet. Ese texto, ¿es el desarrollo de su experiencia, una anunciación del fin, un experimento literario o una descarga?­

  --Desarrollo una experiencia. El experimento literario no me interesa. A mí me intriga la experiencia humana. Pienso que somos tan transitorios que todos tendríamos que escribir, el artista, la mucama, la gente simple, todos, dejar escrito algo de nuestras vidas. Si no, uno se va y no deja nada de lo que ha visto y pensado, de lo que ha sido. Yo haría el cuaderno de vida obligatorio para todos.­ Mi nuevo libro (en realidad son tres libros en uno) es una crónica de una persona que ha influido a mucha gente por sus experiencias, relatadas en mi libro Karma. A mí me han pasado cosas. No pienso como escritora, pienso como médium. Mi especialidad es, sobre todo, sentir cosas de otras dimensiones. Como me pasó a mí, he buscado entender lo que me pasaba. En el libro Karma desarrollé una hipótesis de reencarnación para quedarme un poco tranquila, porque me daban miedo esas cosas que sentía.­

  --¿Qué es lo que ha pasado recientemente para que pase a escribir de la muerte?­

  --He podido ver situaciones como en una película, que rodaba sin que yo la pudiera cortar, así que no era imaginación.­ En el primer caso un conocido, un historiador en Palermo (Italia), insistió en pedirme ayuda. Me ofendió, no soy una vidente, soy una escritora. Me pidió por favor. Cerré los ojos. Enseguida vi como una película. Lo veía vestido en otra época, sobre el Danubio, en una casa linda, enseñando piano a una hermana enferma, que tenía tuberculosis, porque tosía. Entonces pensé: ésta es mi imaginación. Comencé a decirle lo que veía en una vida anterior. Le pregunté por qué escribía historia si en realidad quería ser músico. Aclaro que a ese hombre lo veía por primera vez. Le relaté otras cosas que resultaron ser hechos familiares. Cuando abrí los ojos, este hombre, joven, simpático, lloraba, estaba pálido. Le había relatado parte de un pasado en Viena que su inconsciente conocía.­ La segunda vez que me ocurrió algo similar fue con una lectora que, llorando, me reclamó ayuda. Eso no es inusual. Treinta años después de haberse publicado mi libro Karma, aun llega gente a mi casa todos los días, invocando haber leído el libro. Esta mujer era profesora de filosofía. Me dice que se ha separado de su marido, médico ginecólogo, porque golpeaba a las hijas. Las hijas le han dicho: nosotras o papá. Lo había dejado, había tenido una historia con otro, pero éste también la golpeaba por cuestiones de celos. Aparece una historieta vulgar en que ella estaba vestida para una cacería de zorros... como en Inglaterra... con tres amantes. Le cuento lo que he visto. Ella también se puso pálida y me dice: "No puede ser, yo tengo una hija operada de tumor al cerebro. Cuando le sacaron el tumor, me escribió del hospital un poema titulado 'La caza de zorros'. Después nos hicimos amigas. Después, la tercera es importante porque esto lo escribió ella en un libro como testimonio. Una escritora rusa me pregunta: "Usted me tiene que decir por qué todos los años siento que tengo que venir a Italia. No tengo dinero y tengo que venir a Italia". Al cerrar los ojos, la vi a ella de pequeña, en Toscana, como campesina, y la veo violada y acuchillada por un campesino. Quiero imaginármela más grande y no puedo. Entonces abro los ojos y digo: yo pienso que usted viene a Italia por esto, porque la mataron joven. Y ella me dice: "Mi maestro de yoga, en Rusia, me dijo que la chica tenía diecisiete años, es la misma historia".­ Entonces, yo me inquieto mucho y me pregunto ¿cómo hago? ¿Por qué veo esta película? Después, leyendo, leyendo, viajando al Tibet, a India, aprendí algunas explicaciones en torno al pasado, el presente y el futuro, que parecen estar al alcance de algunas personas que saben leer en una biblioteca universal.

­  --Yo estuve en India, pero no leí...­

  --Aclaro: no todos pueden "leer" estas cosas. Sin embargo, es una realidad que algunas personas pueden ver. Entonces, esto querrá decir que con estas experiencias y muchas más será que una tiene que jurar que hay reencarnación. Pero pasada una experiencia terrible de la muerte de mi amigo... no amigo, de mi amor, y de muchos amigos, ahora pienso que no me importa nada.­ Me aburre el tema. Ahora pienso que cuando uno quiere a una persona, quiere su cara, sus ojos. Y lo pierde si nos reencarnamos con otro sexo, con otra personalidad, no me consuela para nada.­ Este libro sobre la muerte viene a ser la tercera parte de un libro único, porque la primera parte habla de amor, de sentimientos, encuentros de amistad, y de amor...­

  --¿Dónde están esos libros, dónde está la primera parte?

  --"La muerte" es la tercera parte...

  --¿De una trilogía?

  --Todavía no, es un libro que no sé si publicar todo junto o por partes, aunque son también tres libros con la misma historia de la misma persona que va madurando... Los editores, y los lectores, me pidieron que escribiera otro libro después de Karma, pero yo no sabía cómo contar estos treinta años. No sé si he escrito una autobiografía o un testamento. No sabía cómo hacerlo. Después decidí dividirlo en tres libros. Primero, los encuentros de amor y de amistad. Está Federico Fellini, está Jorge Luis Borges, está Ernesto Sabato, está mucha gente que ha representado mucho para mí. También hay mucha gente simple. Amor y amistad.

  --Y con Karma, ¿qué?

  --Nada, éste es el nuevo libro. Nada que ver con Karma. Han pasado treinta años. Usted me ha preguntado cómo maduré. Cómo cambié. Cambié haciendo esto.­ La segunda parte son todos los encuentros con la cosa misteriosa, mágica y esotérica, como el caso de los filipinos sanadores... ¿Qué es la vida? ¿Qué nos abandona con la muerte?

  --Ahí vamos todos...­

  --Y la tercera parte es sobre esa persona, que soy yo, que se va de la RAI, la televisión italiana, se va del trabajo, se compra una casa en el campo y dice: basta, quiero estar sola, no depender más del amor, de las pasiones de los hombres...­ Como dicen acá, me han roto las bolas. No puedo depender del amor. ¿Cómo estará hoy, cómo me tratará...? Es un himno a la soledad. Soy libre. Se recupera el contacto con la naturaleza, con el jardín, con el gato, con el perro, hay una felicidad enorme... A mí me ha llegado la felicidad de la soledad. La pasión más fuerte de mi vida fue encontrar un hombre de 48 años que hablaba diez idiomas, era un loco completo, lindo como un Gary Cooper. El se enamoró de mí y yo de él... para verlo morir de cáncer en una desesperación que duró un año.­

­  --Ese descubrimiento del himno a la soledad, a la libertad, a la recopilación de una vida, ¿es también el reconocimiento del fin de la inmortalidad? ¿Ya no hay más inmortalidad?

  --Sí, pero las consideraciones intermedias son importantes. No es sólo el hecho de ver morir a alguien joven, lindo, lo que duele. Todo lo ligado a discursos astrofísicos, al misterio del universo, del cosmos, el misterio de la muerte, se pierde en la duda...­

  --¿No cree en la inmortalidad de la reencarnación?­

  --No creo más en Dios, y pienso que creer es una superstición. No creo que quede nada de nosotros. Es como si se rompiera una lámpara... Se rompe la lámpara pero la energía, la electricidad, queda. Pero a mí qué me importa la electricidad si no forma una persona que yo quiero.­

  --Eso parte de la desdicha, o la tristeza, del sufrimiento de encontrar una persona y perderla.

  --Puede ser que pase el shock. Pero soy una persona muy enfadada en este momento...­

  --Enfadada, como enojada...­

  --Mucho más que enojada... furiosa. Como ha dicho Vittorio Gassman: "Esta cosa repugnante que es la muerte". La muerte es repugnante, y Dios, si está, es un artista que ha querido hacer una obra y le ha salido mal... la vida le ha salido mal, el mundo le ha salido mal. No puede ser, si él está, ha perdido la batalla, venció el diablo, venció el mal, porque la vida es demasiado dura, demasiado injusta, demasiado dolorosa. Este es el trayecto que yo hice.­ Mi libro anterior era optimista en el sentido de que digo existe el Karma, todo es justo. Estamos pagando cosas que hemos hecho. Ahora no lo pienso más, no pienso más que sea una cosa justa.­

  --¿Significa eso renegar de todo lo que puso en Karma?­

  --No reniego de nada. Digo que no me consuelo del dolor de la muerte, ni de la mía ni la de los demás. No es escepticismo, es sentirme sin consuelo. Pienso en la madurez de la vida, cuando se empiezan a morir todas las personas que uno quiere. Uno da un paso más, sin negar la evidencia hallada. Yo creo que el mineral se transforma en vegetal, que se transforma en animal, que se transforma en hombre, que se transforma en Cristo. Es evidente para mí que hay esta evolución. Fuimos con una actriz y quince periodistas a hacer una nota con un Lama en Tibet. El Lama me dijo, "duro tu Karma". "¿Por qué?", le pregunté yo. "Porque estás en la última vida terrenal y no podés tener una vida privada, ni hijos, ni pareja teniendo que cerrar con todos los karmas precedentes."

  --¿No es demasiada presunción de su parte decir que usted tiene esa enorme responsabilidad?­

  --No, yo estoy acá para aprender, hago simplemente una hipótesis.

  --Frente a su muerte, ¿cómo está?

  --Me da asco. Cuando pienso en ese muchacho con el cual tuve esa intensa historia de amor, y lo veo, son dos centímetros de cenizas dentro de la urna. Pensar, sigo pensando, pero sentir, siento que no hay nada. Eso me desespera.­

  --¿Tenemos que andar obsesionados, desesperados, por eso que es inevitable?­

  --Para mí las personas conscientes tendrían que estar desesperadas, o juntos preguntarse cómo resolvemos este misterio, este enigma, que es el último tabú de estos tiempos. De la muerte no se habla. Ni las personas que han vivido treinta o cuarenta años juntos saben si su pareja piensa que la muerte es un hecho definitivo o no. No se habla de esto. Como si sólo los otros murieran, nosotros no. Nos salvaremos porque somos más vivos. Es increíble.­ Una película de Wim Wenders sobre la muerte es el único documento que se ha hecho, serio, de cada día de un hombre, el famoso director de cine Nicolás Rey, que se moría de cáncer. Wim Wenders lo filmó todo, hasta la última palabra, y esto se tendría que hacer un poco más a menudo. Todos tenemos derecho a vivir la muerte. La muerte, como el amor, son experiencias rarísimas y únicas. Esto lo tengo bastante claro. Para mí hay un contacto triple cuando nos enamoramos: cerebro, sentimientos y sexo. Y nunca coinciden los tres con los de la otra persona. Por eso traicionamos. Nos traicionan. Siempre falta algo. Uno anda bien de pasión, pero no anda bien de cabeza. O anda bien de sexo, pero no anda bien de sentimiento. Cuando estos tres puntos importantes están de acuerdo es para desmayarse de felicidad.­

  --Usted dijo que había escrito ahora sobre sus relaciones, las amistades y las relaciones amorosas... Pero también habló de la relación con Borges, Sabato...

­  --Amistad, admiración... con Federico Fellini, amistad.­

  --¿Con Gillo Pontecorvo...?­

  --Amor, pero me parece ridículo hablar de eso. Me enamoré de Pontecorvo (el director de La batalla de Argel), hicimos documentales juntos. Es un documentalista genial. Conocí a Giangiacomo Feltrinelli porque traduje Sobre héroes y tumbas de Ernesto Sabato para Feltrinelli. Después me estaba por publicar Karma, pero Valerio Rivas me pidió cortes que no quise hacer, y publiqué con otro. Feltrinelli me impresionó mucho porque era muy cerrado. Sólo leí los comentarios sobre el libro Senior Service de su hijo Carlo, pero creo que debe ser un libro muy serio.­ Yo escribí sobre personas famosas y de otras no famosas, sobre los encuentros que más me han cambiado, porque se han dicho cosas interesantes, pero eso no implica obsesión ni relación. Me preguntan acerca de Fellini, que era y es un mito, pero yo los frecuentaba como algo normal, íbamos a comer, nunca tratábamos asuntos serios, estábamos siempre de broma. Yo estaba todos los días cuando filmaba Ocho y medio. Nuestra conversación era un juego. Cuando se murió Fellini, los periodistas italianos, también amigos, me pidieron que dijera algo de él. No dije nada. En mi casa se juntan mis amigos, los que yo quiero que me rodeen, no quiero mitos ni fama. Entre los que se conocieron así, algunos se han casado. El año pasado ocho personas se casaron. Mi destino es éste: cambiar la vida de los demás. La mía no la cambio.

  --Bueno, vamos redondeando... Usted se crió en Acasusso, su adolescencia la pasó aquí en Buenos Aires en la posguerra...­

  --Sí, en Acasusso... En esos tiempos también estaba Franca Beer (su anfitriona). Fue el período más divertido de nuestras vidas. Era un período mágico porque éramos todos jóvenes. En 1947, siendo adolescente, decidí irme de Italia y venir a la Argentina. Yo, cuando puedo, hablo de Acasusso. Alberto Ongaro toda la vida ha escrito libros sobre Acasusso. Eramos todos jóvenes, todos escritores, todos enamorados, todos borrachos. Andábamos siempre tocando música. Estábamos en la casa de uno y la gente entraba y se iba y volvía con una libertad total. Hugo Pratt, el genio de Corto Maltés, era el centro del grupo.­

­  --Y ahora está pensando seriamente en hacer su casa entre Roma y Buenos Aires, está volviendo a esos comienzos.­

  --Puede ser. Hay muchas cosas de acá que me molestan. Por ejemplo, fui a ver la película Belleza americana y la gente se reía en los puntos más dramáticos. ¿No entienden nada? Hay cosas que me revientan de los argentinos. La superficialidad total. Pero esa superficialidad tiene también una parte de ingenuidad que me encanta. Porque en Europa, en Italia, hemos llegado a un muro en los confines del Universo. Más allá nadie ha podido ver. Me parece que los italianos somos un poco excesivos. Hemos llegado a entender lo poco que se puede entender de esta vida. Y todo lo demás es obvio. Acá todavía existe la pareja, que en Italia no existe más. Existe todavía el amor, que en Italia no. Existe todavía gente que hace niños, en Italia no. Hemos pasado la barrera. ¡Es terrible! Porque es como deslizarse en la muerte. Todo ha sido dicho, todo está hecho. Acá la gente todavía está inmersa en la vida. Una vida muchas veces banal, es cierto, si se escucha el lenguaje excesivo (todo es divino, regio y lugares comunes varios). En Italia ese muro da miedo, porque sabés que más allá no hay nada que se conozca.­

­  --¿Qué edad tiene usted?­

  --No me pregunte eso... me suicido si me entero.­

  --No quisiera ser responsable de eso.­

 

El claroscuro de un "karma"

Por Andrew Graham-Yooll­

En Página/12 del 23 de noviembre de 1990, Claudio Zeiger escribió una divertida nota titulada "Reencarnación y farándula", sobre la presentación del libro Karma de Fausta Leoni. La nota daba cuenta de la presencia de Susana Giménez y luminarias similares, pero dejaba un trasfondo de mayor profundidad acerca de la autora, traductora de Ernesto Sabato al italiano.­

  Hace treinta años, la periodista italiana Fausta Leoni decidió narrar en un libro la extraña búsqueda de una vida anterior. Ella tenía la firme sensación de haber reencarnado. Luego de mucho andar, de pasar por un período de severa y aparentemente incurable enfermedad en Brasil, y de vivir el extraño suicidio de un conocido, llegó a Perú, donde encontró la posible explicación de sus desvelos en la sacrificada vida de una joven inca y su amante secreto. El libro Karma se publicó en Italia primero, tuvo 23 reediciones y se tradujo al castellano en 1990. En la Argentina vendió 75 mil ejemplares en poco tiempo (y la autora se pregunta desde entonces qué sucedió con las ediciones posteriores). Fue sin duda un best seller que atrajo a un enorme público en varios países. El debate sobre vidas anteriores al nacimiento y posterior a la muerte tiene a muchos concentrados desde siempre.­

  Los comienzos de Fausta Leoni como periodista, en la posguerra, tuvieron lugar en Buenos Aires como cronista del periódico de la colectividad italiana. Ahora ha vuelto a la Argentina para visitar familiares, para pasar el verano y debatir continuamente si regresar a vivir aquí o quedarse en la casa de su barrio cerrado en Roma. Esta descendiente de la aristocracia italiana trabajó en la televisión italiana, produjo documentales, escribió un par de novelas y ganó premios en periodismo.­

  En este verano porteño leí Karma, por primera vez. Parecía hora de averiguar qué sentía la autora por el tema treinta años después. El resultado es mejor describirlo como un claroscuro.­

 

PRINCIPAL