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AL LLEGAR A MONTEVIDEO EL JUEVES,
 JUAN GELMAN YA CONOCIA LA IDENTIDAD DE SU NIETA
“No quedan casi dudas: todos los datos coinciden” 

Hace más de dos años, partiendo de un dato tangencial, Gelman comenzó a buscar a los protagonistas de la desaparición de su nieta. Fue una larga tarea de ubicar personas y convencerlos de hablar. Su polémica de cartas abiertas con el ex presidente Sanguinetti movilizó a mucha gente, que le acercó más información. Con los últimos días de su nuera embarazada reconstruidos minuciosa y esforzadamente, llegó el viernes a Montevideo.

En el aeropuerto esperaba ansioso a Juan Gelman un enviado del presidente Jorge Batlle.
El nuevo presidente uruguayo había realizado una investigación propia y quería cotejar datos.

Gelman llegó a Uruguay con una gruesa carpeta conteniendo todos los datos necesarios para identificar a la nieta. 


Por Luis Bruschtein
Desde Montevideo

t.gif (862 bytes) “Faltan los análisis de sangre –señaló Juan Gelman a Página/12 en un hotel de Montevideo donde trata de asimilar junto a su esposa Mara La Madrid, los hechos que acaba de vivir–, pero prácticamente no quedan dudas, todos los datos coinciden...” Cuando el jueves pasado Juan Gelman puso un pie en el Uruguay, llevaba bajo el brazo una gruesa carpeta con el resultado de una titánica, minuciosa y paciente investigación. El rompecabezas había tomado forma, finalmente las piezas habían coincidido para dilucidar un secreto mezquinamente oculto por los militares que actuaron en la represión en Uruguay y en la Argentina. En las páginas de esas carpetas estaban prácticamente aclarados el paradero y la identidad de su nieta, nacida en cautiverio en Montevideo, luego de que su madre, María Claudia García Irureta Goyena de Gelman, secuestrada en la Argentina, hubiera sido trasladada en forma clandestina al Uruguay en 1976.
En el aeropuerto esperaba ansioso un enviado del presidente Jorge Batlle quien, a diferencia del presidente anterior, Julio María Sanguinetti, había realizado otra investigación con el mismo fin. Pero esta vez no se trataba de ocultar algo que, al parecer, era un secreto a voces entre las fuerzas represivas. Batlle quería cotejar el resultado de su investigación con los datos que había reunido Gelman. La reunión se realizó el viernes y los datos coincidían. Al confirmar los hechos, esa misma noche, Jorge Batlle se convirtió además en el primer mandatario latinoamericano que reconoció, de hecho, la existencia en los años ‘70 del Plan Cóndor en el Cono Sur.
Para el poeta, escritor y periodista de Página/12 había terminado una etapa marcada por la difícil reconstrucción de los últimos días de su nuera embarazada y luego por el empecinado y encubridor silencio con que quiso desanimarlo el poder político. Gelman había superado obstáculos prácticamente insalvables y, sin embargo, se disponía ayer a caminar en un terreno aún más difícil. Ya no se trata de una esperanza, de una idea o de un sueño que lo impulsó, junto con su esposa Mara La Madrid, a investigar y luchar contra el silencio oficial. Ahora estará frente a una persona de carne y hueso, una joven de 23 años, tendrá que lidiar con el dolor y la alegría para construir un vínculo escamoteado más de 20 años atrás.
Los medios uruguayos informaron ayer que Gelman se había reunido ya con la muchacha, hija de un ex jefe policial uruguayo ya fallecido. Indicaron que ese primer encuentro había sido positivo y que la muchacha había estado de acuerdo en realizarse los estudios de sangre para confirmar definitivamente su identidad. Algunos llegaron a afirmar incluso que vive en el barrio de Pocitos. Gelman se indignó con la publicación de datos que puedan afectar el proceso que está viviendo su casi segura nieta. “Para todos los que estamos afectados, éste es un proceso muy lento y difícil, que debe ir resolviéndose en privado –dijo a Página/12–, para mí, lo más importante en este momento es defender su privacidad.”
“Yo diría que hay un 99 por ciento de seguridad sobre su identidad -afirmó–, porque en Uruguay hay muy pocos casos de sustracción de bebés. Además, los datos surgieron de varias fuentes distintas que fueron coincidiendo en fechas y circunstancias. Es importante la prueba de ADN, pero yo diría que casi no hay posibilidad de equivocarnos.”
Gelman tampoco quiere hacer demasiadas precisiones sobre la investigación para no comprometer a muchos de los que aportaron datos. En julio de 1976, su nuera embarazada y su hijo Marcelo fueron secuestrados en Buenos Aires por una patota de la SIDE que comandaba Aníbal Gordon. La pareja fue llevada al centro clandestino de detención Automotores Orletti, donde también operaba un grupo de militares uruguayos que perseguía a exiliados de esa nacionalidad. “En esa época –recuerda Gelman–, el presidente norteamericano James Carter había suspendido la ayuda militar oficial a las dictaduras latinoamericanas. Yo creo que los militares uruguayos trataron de inventar una supuesta invasión guerrillera desde la Argentina para forzar la ayuda norteamericana. Entonces trasladaron a los uruguayos secuestrados en la Argentina. En octubre de ese año montaron la farsa, simularon combates y presentaron a algunos de los prisioneros. Nadie les creyó pero ya no se podían echar atrás, y los secuestrados habían sido reconocidos como presos.” 
El primer dato que recibieron a través de una de las sobrevivientes uruguayas fue que había indicios sólidos de que una prisionera embarazada había sido trasladada al Uruguay. Era octubre de 1997. Junto con Mara La Madrid comenzaron a mover cielo y tierra. Se trataba de algo sin antecedentes: una prisionera argentina trasladada al país vecino. Lentamente fueron reconstruyendo el calvario de María Claudia. A veces los primeros datos no coincidían, pero a medida que avanzaban, se ordenaban en una trama coherente. En mayo del ‘98 pudieron confirmar que una muchacha, prisionera en un local del Servicio de Información de la Defensa (SID), en Montevideo, había sido llevada en noviembre del ‘76 a dar a luz al Hospital Militar. Después de tantos años, muchos de los protagonistas estaban desparramados por el mundo, y algunos, todavía marcados por esa historia, no querían hablar. Hubo que ubicarlos, contactarlos, convencerlos de que hablaran. Y así, la presunción de que María Claudia había sido llevada a Uruguay, que al principio parecía tan improbable, se convirtió en certeza. 
A principios de 1999 Gelman y La Madrid viajaron a Montevideo e iniciaron los primeros contactos personales en Uruguay. En marzo, el presidente Julio María Sanguinetti aclaró públicamente que “en Uruguay nunca hubo casos de niños secuestrados, como en la Argentina”. Pero en mayo de ese año Gelman y La Madrid llegaron a la certeza de que María Claudia había dado a luz en su cautiverio en Montevideo. Decidieron entonces pedir la colaboración del mandatario uruguayo porque su investigación sólo había llegado hasta el momento en que María Claudia y su bebé eran retirados del centro clandestino de detención, escoltados por dos militares uruguayos. Pero las respuestas se limitaron a promesas de investigación. El 10 de octubre de ese año, después de ocho meses de contactos reservados y estériles, Gelman decidió publicar una carta abierta a Sanguinetti. A partir de allí el presidente uruguayo comenzó a recibir cartas de todo el mundo exigiendo respuestas: 20 mil firmas de Alemania, 115 poetas de 71 países, los Premios Nobel José Saramago, Adolfo Pérez Esquivel, Dario Fo, Rigoberta Menchú, Günter Grass, Seamus Heaney y Wole Soyinka, todos pedían lo mismo. Sanguinetti contestó algunas en tono cada vez más despectivo y malhumorado.
“Yo creo que antes de las cartas públicas se dieron cuenta de que teníamos pistas firmes –señaló Gelman– porque nos empezaron a llegar versiones oficiosas con datos falsos y algunos provenían de fuentes cercanas. Como si quisieran llevarnos a un callejón sin salida. Nos llegó, por ejemplo, que efectivamente hubo una prisionera argentina que había dado a luz en el Hospital Militar, pero que se había tratado de una equivocación y que ahora la madre y el hijo vivían tranquilamente en la Argentina. Otra versión fue que teníamos razón en todo, que había nacido una niña, que habían ‘trasladado a la madre’ y que la beba había fallecido pocos días después por una ‘infección hepática hereditaria’. Fue la primera noticia que tuve de que las infecciones son hereditarias...”
A partir de las cartas, las cosas cambiaron. “No tenía el apoyo del gobierno, pero la gente reaccionó casi inmediatamente –recordó–, comenzaron a llegarnos mensajes por mail y además comenzó a trabajar con nosotros, desde el punto de vista legal, Gonzalo Fernández, un abogadopenalista muy importante.” Las cartas abiertas de Gelman y las que siguieron provenientes de todo el mundo renovaron la memoria de ciudadanos uruguayos que habían presenciado hechos que sólo entonces pudieron explicarse después de tantos años. Esas personas dieron datos. La conclusión a la que se arribó fue avalada por una investigación por otra vía que agregó datos coincidentes con los que ya se tenía. 
En sus cartas a Sanguinetti, Gelman nombraba a los militares uruguayos que habían actuado en Orletti: Manuel Cordero, Jorge Arab, Alfredo Larry, Carlos Calcagno, Ernesto Rama, Jorge Silveira, José Gavazzo y Juan Rodríguez Buratti. Para descomprimir la presión internacional, el 28 de febrero último Sanguinetti pidió al ejército que interrogara a esos oficiales. El comandante del ejército les había ofrecido meses antes un “asado de desagravio”. La respuesta fue que nadie sabía nada.
Pero las cartas siguieron, pese a que la insistencia de Gelman parecía no tener explicación, ya que cualquier filtración podía afectar el futuro encuentro con su nieta. “En ese momento, nosotros ya habíamos confirmado prácticamente todo –subrayó Gelman–, incluso con precisiones en algunos detalles, sabíamos que nos estaba mintiendo y estábamos casi al final del camino.”
Al asumir la presidencia, Batlle dio muestras de una actitud más abierta sobre el tema de los desaparecidos uruguayos. Lo separaba de Sanguinetti un viejo antagonismo en la interna del Partido Colorado, y encomendó dos investigaciones paralelas, una a su asesor Carlos Ramela, quien se contactó con el abogado de Gelman y con dirigentes de la oposición, y otra al jefe de su Casa Militar, el general Ricardo González. A mediados de marzo se reunieron los dos grupos y comprobaron que habían llegado a los mismos resultados obtenidos por Gelman. “A partir de ahora quedo a disposición para lo que ustedes me necesiten”, le dijo Batlle a Gelman el viernes, al finalizar la reunión. “Bueno –respondió Gelman–, quisiera también recuperar los restos de mi nuera.” Batlle no esperaba el pedido, pero se repuso inmediatamente. “Tengo 23 situaciones como ésa para resolver –respondió en relación con los desaparecidos en Uruguay durante la dictadura–, y ésta será la número 24.” Juan Gelman se había convertido en el primer familiar de desaparecidos en ser recibido por un presidente uruguayo y se abría así también una esperanza para los demás familiares de desaparecidos uruguayos. 


Lo que va de un presidente a otro

Todos los diarios de Uruguay titularon en sus portadas con el encuentro de la nieta de Juan Gelman y la reunión del poeta con el presidente Jorge Batlle. La mayoría coincide con que se abren las puertas para avanzar en el esclarecimiento de los desaparecidos uruguayos. También coinciden todos en el papel poco elegante del ex presidente Julio María Sanguinetti.
La investigación que efectuó Gelman, más la rapidez con que llegaron a las mismas conclusiones las averiguaciones que encomendó el actual presidente Jorge Batlle, son subrayados por los medios para poner en tela de juicio la actitud de Sanguinetti frente a un tema tan sensible. La polémica entre Gelman y el ex presidente había subido los decibeles en las últimas cartas abiertas.
El poeta había subrayado que algunos de los represores de Automotores Orletti ocupaban puestos estratégicos en la estructura de mandos del Ejército y ponía de manifiesto la falta de decisión política del mandatario para encontrar a su nieta. Por su parte, Sanguinetti usaba en sus respuestas un lenguaje de falso sentido común, dando a entender que las militares uruguayos no eran, como los argentinos, capaces de robar bebés. Al Nobel alemán de Literatura, Günter Grass, se dignó a responderle porque “sabía que, pese a todo era un hombre que actuaba de buena fe”.
Al mismo tiempo que usaba ese tono paternalista para encubrir a los represores y negarse a buscar a la nieta de Gelman, Sanguinetti sugería que el poeta estaba utilizando “una penosa situación personal con fines políticos”. Poco antes de dejar su cargo había señalado que no se reuniría con Gelman porque el poeta era “un viejo luchador contra la democracia”, y en cambio, él era un “luchador por la democracia”.
“Mucho nos alegra que el señor Gelman anuncie que ha encontrado a su nieta”, declaró el viernes Sanguinetti a través de un comunicado. “Hicimos todo lo posible para ayudarlo en su búsqueda. Dijimos que, aunque teníamos diferencias sobre el modo en que se había manejado la difusión del caso, seguiríamos ayudándolo”. Pese a todo, nadie cree en Uruguay que haya ayudado en algo. 

 

 

OPINION
Por Daniel Viglietti

Sólo digo Juan Gelman

Bienvenido, compañero poeta. Bueno, qué quieren que diga. Es poeta, y uno de los más grandes de este tiempo; y es compañero, lo que no hay que explicar, ¿verdad? En este viaje en que el abuelo Juan y el poeta Gelman vienen de la mano, lo recibimos con todos los acordes y los armónicos que su palabra ha inspirado en nuestros músicos, de Paraskevaídis a Lazaroff (con ese hermoso abrazo a Artigas que es “Ríos”), de Numa a Bonaldi y a Rumbo, todo eso mucho antes de que Gelman se volviera un símbolo en la lucha por el quién, el cómo, el cuándo y el dónde de las desapariciones.
Bienvenido, compañero poeta, insisto. ¿O mejor digo que trae aire de carpintero, el hombre? Puede que la poesía tenga partes de árbol, y que por eso Juan tomó ese camino: las cortezas en que a veces se esconden las palabras, su necesidad de raíz, la copa abierta a los pajaritos de la metáfora, unas ramas de rara rima o como en los músculos del tronco, la capacidad de estructura. El poder ser, a la vez, molde para la cuna y para el duelo. Esa escritura capaz de guitarras, de canoas de equilibrio en las corrientes más locas, de la resistencia de una honda, del clavel del aire que depende. Sí, de madera esta poesía llena de riegos y de altares tan bajitos, de inmensidades tan íntimas, de diminutivos tan valientes. ¿Riegos, dije? ¿O riesgos, por su audacia de saber hacer fuego aunque se queme?
Y otras preguntas, de otra madera: ¿Cómo se puede escribir tanta grandeza con una pluma? ¿Y esa profundidad de rumiante? O esa levedad con la que Juan piensa y cisma, como los paisanos, al recordarse de mañana aprobando el sol. ¿Y ese preguntar aunque a veces nada ni nadie le responda? ¿Aprendió de hijos en lucha a parir a su madre en la letra de su poema? ¿Captó la ranura de luz que puede nacer de los sombríos duelos, en la veta? La poesía de Gelman no se dio cuenta del cambio de siglo porque ya estaba en él hacía rato. Lo hermoso cuesta trabajo, es sabido. No sé si tanto se sabe que en la búsqueda esa hay mucho que perder. Juan supo ser presidente de su conciencia –compañero, me corregiría él– cuando tanto presidente no la ha tenido –y algunos que se decían compañeros tampoco, acotaría él después, cicatrizando–.
El poeta, atravesado por tantos pamperos y corrientes, como el árbol, no crece sólo para arriba. La altura impresiona, pero el nivel del árbol son sus venas, sus oblicuas, sus savias, sus sombras, sus resolanas, sus cantos, como en la poesía de este hermano argentino. Estoy dispuesto a admitir que el paralelo del árbol y el poeta es édito, que ya se vio, si ustedes admiten que es posible que al salir podamos encontrar en una plaza a Juan Gelman ramas al viento protegiendo nidos y vuelos y semillas, árbol que se inclina todos los días a tallar un nombre en la tierra. Un nombre -escribe– que no sabe si termina en a o en o, porque la humano no tiene género.
Bienvenido sea el árbol Gelman a esta tierra nuestra, suya.

 

 

OTRAS VOCES

Nora cortiñas*

“Las Madres estamos muy muy contentas. Esto es un triunfo de la perseverancia, tanto la de Juan Gelman, que con toda su fuerza, desde todos los rincones del mundo, buscó a su nieta, como también la de la Abuela, que hasta ahora también la buscaba. Esto demuestra todo el ocultamiento que hizo la dictadura militar.” 
* Titular de la Asociación Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora.

Hebe de Bonafini* 

“Encontrar a un nieto es como lo que dijo ayer Gelman. Juan es un tipo súper inteligente. Esto es privado, Gelman no va a hacer pública la identidad de su nieta, la va a cuidar. En la privacidad y en el respeto por la nena mostró su inteligencia. Yo era muy amiga de María Eugenia Casinelli, la madre de María Claudia Irureta. Le mandamos un abrazo muy grande.”
* Titular de la Asociación Madres de Plaza de Mayo.

Asociación de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos “Deseamos compartir la inmensa alegría que sentimos ante el reencuentro de Juan Gelman y su nieta. Realizamos un llamado a respetar la intimidad de este hecho permitiendo que Gelman y su nieta puedan comenzar a reconstruir su historia.”

Líber Seregni*

“La aparición de la nieta de Gelman es una de las emociones más agradables que uno tiene en la vida. No sólo para el abuelo que durante más de veinte años buscó a su nieta, sino para el pueblo uruguayo entero. Este es un acto que reconforta al pueblo y lo llena de alegría.” 
* Ex presidente del Frente Amplio.

Nicolás Gigou*
“Esto significa un nuevo tiempo para Gelman y para Uruguay. La actitud de Jorge Batlle es promisoria y puede continuar el proceso con el resto de los desaparecidos en el Uruguay. La posición de Batlle es diferente a la del ex presidente Julio María Sanguinetti, que fue desde las negativas hasta las acusaciones a una gran personalidad de la cultura y de gran trayectoria internacional.” 
* Presidente de Amnesty International Uruguay.

 

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