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SE SUICIDO EL JOVEN VOLANTE DE SAN LORENZO
La muerte de Mirko

Mirko Saric se suicidó en su casa del Bajo Flores. Se ahorcó colgando una sábana de una barra de gimnasia. Se reponía de una grave lesión. Sufría depresión y estaba asistido psicológicamente.

Guillermo Franco fue el primer compañero en llegar a la casa de Mirko.
También fueron Ameli y Michelini. El plantel sufrió un duro golpe.
Retiran el cuerpo de Saric de la casa de la calle Fabre, en el Bajo Flores.
Anoche lo velaban. Una multitud acudió a la casa de servicios fúnebres.

Por Ariel Greco

t.gif (862 bytes) El volante de San Lorenzo Mirko Saric se suicidó ayer al mediodía ahorcándose con una sábana en la casa de sus padres del barrio de Flores. Si bien los motivos que lo llevaron a tomar esa decisión no están confirmados, diversos testimonios de familiares y allegados al club indican que el jugador estaba sumergido en un profundo pozo depresivo. Mirna, una de las hermanas del futbolista, aseguró que Mirko no podía soportar las presiones que significaba ser un jugador profesional. Por esa razón estaba sometido a un tratamiento psicológico que había sido recomendado por el entrenador Oscar Ruggeri. En la actualidad, el juvenil volante de 21 años estaba alejado de la actividad futbolística, ya que se encontraba recuperándose de una operación por la rotura de ligamentos cruzados de su rodilla izquierda. El cuerpo de Saric fue encontrado por su madre Ivana cerca de las 12.30 colgado de una barra que su hermana utilizaba para hacer gimnasia. Los dirigentes de San Lorenzo resolvieron suspender el viaje a Paraguay y pedir la postergación del partido con Cerro Porteño pero los paraguayos se negaron (ver recuadro). Cerca de la medianoche emitieron un comunicado en el que dijeron: “San Lorenzo perdió a un hijo”. Todos los compañeros de Saric estaban anoche en el velatorio.
De acuerdo a los testimonios de familiares y de la policía, ayer por la mañana Saric no había ido al gimnasio para seguir con su recuperación de la rodilla porque no se encontraba de ánimo. Ni siquiera aceptó bajar a desayunar con su madre y prefirió quedarse en su habitación. “En el momento en que me fui lo vi que estaba durmiendo”, contó su hermana. Cuando su madre subió a la habitación para avisarle que el desayuno estaba listo, se encontró con el cuerpo de Mirko colgado de una barra para hacer ejercicios, ahorcado por una sábana. Ivana pidió ayuda a dos vecinos y cuando llegó el personal del Servicio de Asistencia Médica de Emergencias (Same) a la casa de los Saric, en la calle Fabre 1241, encontró ya sin vida al mediocampista de San Lorenzo. Minutos después de las 16, el cadáver de Saric fue trasladado a la morgue judicial, donde se le practicó la autopsia y luego fue llevado a la casa fúnebre en la calle 33 Orientales al 1000, en la que está siendo velado hasta las 11. Hoy será sepultado en el cementerio de Flores.
En cuanto a los motivos que habrían llevado a Saric a quitarse la vida, la coincidencia entre sus allegados es que el volante sufría constantes crisis depresivas, y que éstas se habían acentuado luego de la lesión que sufriera en diciembre del año pasado en un partido de reserva ante River. “Mirko estaba deprimido y con tratamiento psicológico, porque era muy sensible”, expresó Mirna, que también comentó que su hermano “no aguantaba la presión de jugar al fútbol en primera y le molestaba hasta lo que le gritaban de la tribuna”. Sobre la operación a la que fue sometido, su hermana consideró que “fue la gota que rebasó el vaso”. Incluso, Mirna acusó al club de que nunca se ocupó de la salud de su hermano. “Mirko decía que no quería vivir más. Necesitaba medicamentos y San Lorenzo nunca lo ayudó económicamente a comprar los remedios.”
Fuentes del club dijeron ayer que a principios de este año, Ruggeri y sus colaboradores aconsejaron a la familia acudir a un psicólogo debido a que las depresiones del jugador “eran cada vez más profundas”. Además aseguran que hasta llegó a decir que “no encontraba razones para seguir viviendo”. Otros allegados al jugador le confiaron a Página/12 que hace menos de veinte días Saric le habría comentado a Ruggeri que ya no tenía ganas de seguir jugando al fútbol. 
Pese a estar bajo tratamiento, la hermana aseguró que Saric no cumplía con las recomendaciones médicas por miedo a que le pudiera afectar en su carrera futbolística o que pudiera dar positivo en un control antidoping. “El psiquiatra con el que se estaba tratando lo quería medicar, pero él no quería porque le podía hacer mal para seguir en el fútbol”, contó Mirna, quien aseguró que su hermano “no estaba de novio y tenía muchos amigos que ahora están acompañando a la familia”. Una fuente confiable le contó aeste diario que el volante habría roto una relación amorosa en los últimos meses. Además, a principios de marzo había protagonizado un accidente automovilístico a tres cuadras de su casa, sin consecuencias ni para él ni para los otros accidentados. 
Una vez conocida la trágica noticia, varios de los compañeros de San Lorenzo se acercaron hasta la casa de los Saric para acompañar a los familiares. El primero en llegar fue Guillermo Franco, uno de sus compinches desde la época de reserva. Sin embargo, algunos jugadores recién se enteraron en el momento en que llegaron al club para iniciar el entrenamiento. Tras una reunión en la que estuvieron los integrantes del plantel, del cuerpo técnico y los dirigentes, se decidió que el plantel postergara su viaje a Paraguay. Aunque a todos les quedó en el recuerdo la sonrisa pícara de Mirko.


Jóvenes, según Soriano

Yo tengo un gran respeto por los jugadores de fútbol porque sienten emociones muy intensas a una edad en la que la mayoría de los seres humanos no sienten. Un chico a los 20 años tiene su problemática que es de por sí muy compleja: rebeldías, broncas, la cosa con los padres, la autoridad. Y encima tiene que enfrentar una responsabilidad gigantesca con la familia, con la sociedad y con su propia carrera. Hay que ponerse un poco del otro lado y pensar cómo es un mundo en el que a los 32 años, en algunos casos menos, uno se jubila. Es inimaginable saber lo que pasa cuando uno sale a la cancha a cumplir con los deseos de otra mucha gente. Toda esta es una presión enorme y es un milgaro que no destruya más chicos de los que ha destruido.
(Parte de la exposición de Osvaldo Soriano en la mesa Literatura y Fútbol de la Feria del Libro de 1995, junto a Roberto Fontanarrosa, Juan Sasturain, Carlos Ferreira y Juan José Panno.)

Un zurdito de raíz croata

Mirko Saric nació el 6 de junio de 1978 y desde muy chico comenzó a jugar en las infantiles de San Lorenzo. Sus padres, Ante e Ivana, nacieron en Zagreb, Croacia, pero desde hace mucho están radicados en Buenos Aires. Era el tercero de cuatro hermanos, dos mujeres mayores y un varón más chico, Martín, que también realizó las inferiores en San Lorenzo y que ahora se desempeña en Sportivo Luqueño. Luego de destacarse en reserva, el 19 de febrero de 1998, Mirko debutó en un 0-1 ante Gimnasia. Apareció como una promisoria figura, pero fue muy poco tenido en cuenta. Ya con Oscar Ruggeri como entrenador, en el ‘99 surgió como uno de los jugadores más importantes del equipo y lo llegaron a tasar en 10 millones de dólares, pero volvió a tener un bajón que lo relegó al banco, además de algunos actos de indisciplina que le restaron chances. Cuando intentaba retornar a su nivel, sufrió la rotura de los ligamentos de su rodilla en un partido ante River. Nunca más volvió a pisar una cancha. Jugó 41 partidos y metió 5 goles.

El partido no se suspende

“El año pasado asesinaron al vicepresidente Luis Argaña y el partido con Corinthians se jugó igual, con el perjuicio económico y en un ambiente de zozobra”, justificó el titular de Cerro Porteño, Luis Lescano, el rechazo del pedido que efectuó San Lorenzo para postergar el encuentro por la Copa Libertadores como consecuencia de la muerte de Mirko Saric. “Hay compromisos que cumplir. Sentimos mucho lo ocurrido, pero la vida continúa”, argumentó Lescano en declaraciones a Radio Mitre. Incluso calificó como “una estrategia” la solicitud de la entidad de Boedo, en una poco feliz alusión al compromiso que San Lorenzo tiene el domingo ante Boca. La idea de San Lorenzo era postergar el encuentro ya que el plantel quedó muy afectado por la muerte de Saric. Por ese motivo, los dirigentes cancelaron el vuelo previsto para hoy a las 10.30 y suspendieron la práctica de ayer. Sin embargo, por la negativa del club paraguayo, San Lorenzo intentará volar esta noche. Si no, lo hará mañana, ocho horas antes del partido.

 

 

Por D. L. 

Azul, grana y sangre

El nombre de Mirko Saric se suma a la larga lista de tragedias sufridas por San Lorenzo. Desde las desgracias personales de sus jugadores hasta la historia irrepetible de la entidad en las últimas dos décadas –descenso, pérdida de la cancha, nuevo estadio– hacen del equipo azulgrana un club singular.
Los 60 explotaban con la cultura hippie, el anticonformismo, la rebeldía expuesta en melenas masculinas y en el sonido multiplicado de las guitarras eléctricas. En San Lorenzo brillaba una generación de adolescentes: Doval, Telch, Arean, Veira, Casa y algunos un poco más mayores que equilibraban el desenfado. Aquellos maravillaban con su fútbol y sorprendían con sus “locuras” fuera de la cancha. Tras los entrenamientos, la diversión era tirarle piedras a la cortina metálica del negocio de un gallego cabrón de la calle Inclán. O fugarse de las entonces novedosas concentraciones. O transformar el vestuario en una estudiantina permanente. Una tarde Victorio Casa –magnífico wing izquierdo– estacionó su auto frente a una guarnición de la Armada sin advertir que el cartel lo prohibía advirtiendo que en caso contrario “el guardia abrirá fuego”. Tan entretenido estaba Casa con la señorita que lo acompañaba que no escuchó la orden de “identifíquese”. Los balazos agujerearon el auto y le hizo perder un brazo a Casa quien, no obstante, continuó jugando al fútbol unos años más soportando que algunas veces sus compañeros le “secuestraran” el brazo ortopédico durante unos días o le dieran la pelota para sacar los laterales.
Todos los otros jugadores de esa época hicieron carrera. Héctor Veira fue quien llegó más lejos y es el único futbolista que purgó prisión por intento de violación, en el ‘92, cuando era técnico de Vélez. Al salir de Devoto el presidente Fernando Miele lo hizo entrenador de San Lorenzo y con Veira como técnico se ganó el Clausura ‘95. Narciso Doval fue suspendido cuando lo acusaron de tocarle la cola a una azafata en un viaje de San Lorenzo a Mar del Plata. La leyenda cuenta que no fueron Doval ni Veira los atrevidos sino que los hicieron pagar por el verdadero culpable, uno de los mayores del plantel y, además, casado. Doval fue vendido al Flamengo, también tuvo un paso feliz por Fluminense y se convirtió en el enfant terrible del fútbol brasileño en los 70. Extraordinario delantero, Doval amaba la playa, la noche, el vértigo y a todas las mujeres a las que podía acercarse. Murió hace unos años en Buenos Aires, de madrugada, en una disco de Palermo, por un ataque cardíaco. 
El tucumano Rafael Albrecht, ya retirado, tuvo un intento de suicidio a mediados de los 80. En 1981 murió Hugo Pena, el papá de Sebastián, en una circunstancia insólita. Estaba lesionado y para desinflamar el tobillo lo puso en una palangana con agua y sal mientras veía televisión. Si hubiera existido el control remoto no habría tenido necesidad de tocar el aparato para cambiar de canal. La descarga eléctrica fue fulminante.
Ese año San Lorenzo se fue al descenso y ya había perdido el histórico estadio de avenida La Plata. José Rubén Suñé, ídolo de Boca que también pasó por Unión y Huracán, integró aquel equipo que se fue la B tras perder 1-0 con Argentinos en cancha de Ferro. Tiempo después de abandonar el fútbol Suñé entró en una profunda crisis depresiva e intentó suicidarse arrojándose de un cuarto piso.
Pedro Coudannes había llegado al club tras sus inicios en River y un paso interesante por Estudiantes. Una noche de 1985 había recibido amigos en su casa de Belgrano y tras la cena salió a comprar cigarrillos. Frente al quiosco quisieron asaltaron, se resistió y lo balearon. Coudannes falleció dos días después. 
El jujeño José Alul tuvo un buen paso por el club pero no hizo diferencia económica como para vivir holgadamente. Retirado, compró un taxi y como tantos taxistas fue asaltado varias veces. La peor fue cuando lo balearon, aunque tuvo suerte porque puede contarla. Algo insólito le sucedió a Claudio Zacarías: una bomba de estruendo lanzada por los hinchas de Instituto explotó frente al vestuario azulgrana en el estadio de Alta Córdoba. El vidrio de una ventana se partió y uno de los pedazos se clavó en una axila. Zacarías le escapó a la muerte pero debió abandonar el fútbol, hoy es técnico de San Telmo y padece secuelas motrices. La última tragedia fue la de Alejandro Bernuncio, un juvenil seleccionado que en diciembre del ‘96 chocó su moto contra un colectivo. Quedó cuadripléjico. Murió en julio del año pasado.

 

 

opinion
Por Diego Zerba y María Massa *

La pesadilla del pibe

Toda la vida es sueño, decía Calderón de la Barca; sin embargo, algo le había quedado en el tintero: el despertar.A siglos de distancia,la decisión tomada ayer por Mirko Saric nos muestra una forma posible de ese despertar: el suicidio. 
Vivimos en una sociedad hipnótica, en la que nuestra materia hecha de los sueños, como decía otro dramaturgo: W. Shakespeare, ha quedado a expensas de un gesto que nos captura a una pantalla.Siguiendo los vaivenes de ese gesto nuestro sueño está siempre desvelado y pronto a convertirse en pesadilla. Es así como el sueño del pibe dejugar al fútbol enPrimera se ha convertido en la pesadilla de la fama. Ayer Saric despertó para siempre. Una seria lesión de ligamentos cruzados lo había alejado de la pantalla de Torneos y Competencias. Ni siquiera se había permitido tomar los antidepresivos recetados, por temor a que un antidoping positivo lo alejara aún más de la pantalla. En la época de Calderónde la Barca, y también de Sanfilippo, había tiempo para el sueño. Uno puede decir que para el joven futbolista el sueño del pibe se le había convertido en una pesadilla que ayer decidió terminar. Su frase: “solo quiero estar tranquilo y jugar al fútbol” lo testimonia.

* Psicólogos.

 

 

opinion
Por Liliana Grabin *

El fútbol no es culpable

Aunque no conozco a fondo el caso de Mirko Saric, puedo imaginarme el dolor de su familia y de sus amigos, pero también me imagino la soledad del colega que estuvo atendiéndolo. No quisiera estar en la piel del profesional que atendía al chico Saric porque el suicidio de un paciente es tremendo. En este caso la presión del fútbol no tiene nada que ver en la situación límite del suicidio. En realidad habría que hablar de la coacción que recibe un deportista de alto rendimiento. Ninguna situación deportiva lleva al suicidio. Habría que ver si el perfil de personalidad le daba para soportar el profesionalismo. Nosotros hablamos del “hombre en situación deportiva” que es el deportista profesional y hablamos del “paciente en situación deportiva” y a partir de eso se trabaja. Cuando advertimos una problemática severa en un deportista lo derivamos para tratarlo como paciente y allí ya se interviene con el médico deportólogo, el psicólogo clínico y el psicólogo deportólogo y si es necesario el psiquiatra. Pero sucede que esta metodología, la atención al deportista no es soportada por las estructuras del fútbol. Mirko no se mató por saturación de entrenamiento y competencia. Tenía instalada una depresión aguda y eso no hace falta comprobarlo.
* Presidenta de la Sociedad Sudamericana de Psicología del Deporte, profesora adjunta de la cátedra universitaria y especialista en suicidio.

 

AUMENTARON LOS SUICIDIOS JUVENILES
Las cifras del espanto

La muerte de Mirko Saric hace más desmedida aún la estadística argentina de suicidios adolescentes. En la última década se registró un crecimiento del 200 por ciento en la franja etaria de entre los 15 y los 24 años, según datos de la Asociación Argentina de Prevención del Suicidio. “En la Argentina la cifra de suicidios se ha mantenido en los mismos niveles, un 6,7 por cien mil cada año. Pero ha cambiado la composición interna: se matan mucho más los mayores de sesenta y los jóvenes –le dijo a Página/12 el presidente de la organización, el psicólogo Carlos Martínez–. Esa tendencia se hace mayor aún si se tienen en cuentas los accidentes que en realidad ocultan suicidios: incluyéndolos, el suicidio adolescentes llega al 18 por ciento”. 
Las explicaciones que los especialistas le dan a ese cambio son por ahora sólo hipótesis. Martínez señala que “en los canales de inserción social de los jóvenes hubo cambios acelerados y un reblandecimiento de valores, un marco más exigente y excluyente que subraya y profundiza la vulnerabilidad estructural en lo individual”. Para el psicólogo en “las organizaciones, equipos de trabajo, las empresas o clubes” que están alrededor de las personas presionadas por condiciones mucho más exigentes que las habituales, “existe poca sensibilidad a estas cuestiones, poca capacidad para detectar factores de riesgo psicológico, o situaciones de quiebre”.

 

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