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PINOCHET HABRIA ESTADO EN EL LUGAR DEL CRIMEN
Caravana de pruebas y demandas


El juez chileno Juan Guzmán recibió testimonios clave para  probar la presencia de Pinochet en la Caravana de la Muerte, un asesinato seriado de partidarios de Allende en la dictadura.

 

Pinochet, en silla de ruedas, contento de estar en su patria


Por Pedro Vega 
Desde Santiago

t.gif (862 bytes) El ex ministro de Defensa y ex vicecomandante en jefe del Ejército, general Carlos Forestier Haensgen, sometido a proceso el jueves pasado por el ministro de fuero Juan Guzmán por los delitos de secuestros calificados de diez personas --ejecutadas en Iquique y Pisagua (al norte del país) luego del golpe militar del 11 de setiembre de 1973--, recibió en medio de dichos fusilamientos la visita a la zona del general Augusto Pinochet. El ex dictador estuvo en Iquique el 18 de octubre. Seis de las víctimas fueron fusiladas a fines de setiembre y los otros cuatro, el 29 de octubre, según se establece en el proceso. El auto de procesamiento dictado por el juez Juan Guzmán en contra de Forestier y otros dos militares en retiro se fundamenta en 14 páginas, en cuyo contenido el magistrado se cuidó de no entregar ningún antecedente de los hechos investigados que lo condujeron a encausar a uno de los hombres más cercanos del círculo de confianza del ex dictador Augusto Pinochet.

  No obstante lo anterior, en el abultado expediente que guarda celosamente Guzmán, existen diversas piezas judiciales donde se establece que el general Pinochet realizó una visita al norte del país a comienzos del régimen militar, cuando la Caravana de la Muerte se encontraba en plena misión en la zona norte. Dicha comitiva militar a cargo del general Sergio Arellano Stark, delegado oficial de Pinochet, ejecutó a más de 72 prisioneros políticos entre setiembre y octubre de 1973 en diversas ciudades del norte y sur del país. Arellano se encuentra procesado junto a otros seis altos oficiales en retiro por la ejecución y desaparición de 19 personas. Trece de estas víctimas fueron ejecutadas el 19 de octubre en Calama.

  Según se ha establecido, Pinochet habría llegado a Antofagasta el 18 de octubre, de ahí proseguido a Iquique, donde habría estado el 19 y 20 de

octubre, día en que retorna a Santiago haciendo escala en Antofagasta.

El general Joaquín Lagos, en setiembre de 1973, jefe de la I división de  Ejército, al mando en Antofagasta, confirmó en su declaración al ministro  Guzmán la visita del general Pinochet a la zona, al narrar un enfrentamiento verbal que tuvo con Arellano Stark. Lagos responsabilizó a Arellano de las ejecuciones en su jurisdicción.

  Según relató a Guzmán, Lagos, estando en la intendencia en Antofagasta,

recibió un llamado telefónico del general Arellano, quien le agradecía las  atenciones recibidas, "a lo que le repliqué que no aceptaba su

agradecimiento y que debía venir de inmediato a la intendencia a darme

explicaciones por los crímenes cometidos por su gente". Luego de no haber permitido el ingreso del coronel Sergio Arredondo --según relata Lagos--,  "ingresó Arellano solo a mi oficina. Lo increpé en forma violenta, pues no concebía la actitud innoble y cobarde con esta gente indefensa y para lo cual no existía juicio ni sentencia alguna".

  "Después de abandonar mi jurisdicción, Sergio Arellano Stark se dirigió a la ciudad de Iquique. Estando en conocimiento de que el comandante en jefe del Ejército, general Augusto Pinochet, se encontraba en la ciudad de Iquique, durante dos días y en forma muy insistente, traté de comunicarme con él a fin de informarle lo sucedido, dado la gravedad de los hechos. Pero nunca me devolvió el llamado", reveló Lagos a Guzmán.

  Cuando Pinochet visitó Iquique el 19 de octubre, la máxima autoridad de la zona era Forestier, quien reconoció en su declaración al juez Guzmán haber tenido después del golpe militar la responsabilidad del mando militar y responsabilidad integral jurisdiccional de la provincia de Tarapacá. También admitió que tenía a su mando el campo de prisioneros de Pisagua, reconoció que éste estaba bajo su mando.

  Forestier sostuvo categóricamente que su jefe superior era Augusto Pinochet y que la suerte de los presos políticos de esa zona finalmente estaba en sus manos. "Los consejos de guerra después de llegar a una conclusión proponían, o deliberaba el juez militar esa decisión, y como comandante y juez yo aprobaba, modificaba o rechazaba lo propuesto, en cada caso individual".

 

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