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Las íntimas relaciones de Domingo Cavallo con el Proceso
Cavallo, Klein, Videla y compañía

Su imagen es la de un técnico que se asoció a la dictadura en su final y no sabía de la represión. Pero la revista de la Fundación Mediterránea recuerda los negocios con el equipo de Martínez de Hoz.


Por Miguel Bonasso
t.gif (862 bytes) Domingo Cavallo colaboró con el ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz a lo largo de la etapa más represiva de la dictadura militar que comandaba el teniente general Jorge Rafael Videla. Durante años, Cavallo cultivó la imagen de un técnico que se había asociado al Proceso recién en la fase final que condujo el general Reynaldo Bignone, y que lo hizo ignorando que había miles de desaparecidos. Una somera revisión de la revista trimestral Estudios, órgano de la Fundación Mediterránea que dirigía el propio Cavallo, revela que en los años 1979 y 1980 el actual candidato a jefe de Gobierno de esta ciudad realizó una trascendente investigación sobre tarifas públicas para el número dos de “Joe” Martínez de Hoz, el entonces secretario de Estado de Coordinación y Programación Económica, doctor Guillermo Walter Klein. Un discurso de Cavallo ante Klein, reproducido por Estudios, revela también que no se limitó a lo técnico sino que compartía los lineamientos ideológicos de la doctrina de seguridad nacional que fundamentó el terrorismo de Estado aplicado por los militares: “Se trata de contribuir de manera inteligente a reducir a un mínimo las contradicciones del sistema social que los ‘enemigos’ de nuestra cultura se especializan en aprovechar conforme a su bien explicitada praxis política para destruir a las sociedades libres”. (El destacado es nuestro, el decisivo vocablo “enemigos” le pertenece plenamente a Cavallo.)
Las hemerotecas constituyen el antídoto más eficaz contra la famosa amnesia nacional. Y algunas, especialmente cuidadosas, contienen joyas, como la colección completa de la revista trimestral Estudios, editada por la Fundación Mediterránea, esa mezcla de lobby y think tank fundada por empresarios cordobeses, que tuvo como numen y conductor al joven economista Domingo Felipe Cavallo, que para esas épocas regresaba de Harvard y se hizo cargo del Instituto de Estudios Económicos sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieeral) que financiaba la Fundación y cuyo órgano oficial era Estudios. En el comité editorial figuraba, por cierto, Aldo Dadone, el hombre por quien su amigo Mingo “ponía las manos en el fuego” y a quien designó presidente del Banco de la Nación, cargo del que saldría sospechado por el affaire IBM, uno de los mayores escándalos de la era menemista.
Según Estudios, “el 13 de agosto de 1979, a las 19 horas, se celebró el Segundo Aniversario de Fundación Mediterránea, mediante un acto en cuyo transcurso se suscribió un acuerdo de investigación entre la Secretaría de Coordinación y Programación Económica del Ministerio de Economía de la Nación, representada por su titular, Dr. Guillermo Walter Klein, y Fundación Mediterránea”.
Un año más tarde, la citada investigación, referida a tarifas públicas, era entregada en acto solemne al segundo de Martínez de Hoz, Guillermo Walter Klein. En el número 15 de Estudios, correspondiente a julio/septiembre de 1980, se reproduce el discurso pronunciado por Domingo F. Cavallo, “en oportunidad de celebrarse el tercer aniversario de la Fundación Mediterránea, realizado el 29-7-80 y que contó con la presencia del Sr. Secretario de Coordinación y Programación Económica, Dr. Guillermo Walter Klein”. 
Allí, Cavallo dijo, entre otras cosas: “Dos acontecimientos muy importantes constituyen el motivo central de esta reunión. Por un lado, en este mes de julio se cumplen tres años desde el momento en que un grupo de 33 empresarios cordobeses constituyeron la Fundación Mediterránea para promover la investigación económica en nuestro medio y, por el otro, recibimos la visita del Dr. Walter Klein y sus colaboradores, quienes vienen a recibir oficialmente el informe final del estudio sobre tarifas de servicios públicos que nuestro instituto ha elaborado para la Secretaría de Coordinación y Programación Económica durante el transcursode los últimos doce meses. Una breve reflexión sobre el significado social de la investigación científica de los problemas económicos de nuestra realidad nacional servirá para destacar la trascendencia de estos dos acontecimientos”.
Tras algunas reflexiones sobre el aporte de “la economía política al perfeccionamiento del sistema social del mundo occidental”, el joven economista harvardiano que en 1998 declaró a un periodista de Clarín, que no había sido “plenamente consciente” de la represión clandestina ejercida por los militares, incursionó en el peligroso terreno de la doctrina de la seguridad nacional, al hablar de “enemigos de nuestra cultura” que pretenden “destruir a las sociedades libres” (revista Estudios, año III, número 15, página 124 y siguientes). Para esas mismas fechas, un informe oficial de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA revelaba que su estudio de campo realizado en septiembre de 1979 (justo cuando Cavallo iniciaba su análisis tarifario para Martínez de Hoz) le permitía afirmar la existencia de detenidos-desaparecidos y gravísimas violaciones a los derechos humanos que se detallaban caso por caso.
Las referencias al estudio encargado por Economía son frecuentes en el discurso de Cavallo. “La divulgación de este trabajo –dice hacia el final–, que será realizado de común acuerdo con la Secretaría de Programación y Coordinación Económica, permitirá tomar conciencia de la importancia de este aspecto de la política económica (las tarifas de los servicios públicos) y servirá, una vez más, como ejemplo del aporte que la investigación puede realizar al progreso económico, social y político del país.” En el cierre destaca con cortesía hacia el número dos de Economía: “Por otro lado está la vocación de un grupo de altos funcionarios por dilucidar la naturaleza de nuestros problemas”.
En su breve pero intensa actuación como presidente del Banco Central, durante la etapa final de la dictadura militar, Cavallo trató de marcar sus diferencias con la gestión de Martínez de Hoz, aunque en su célebre estatización de la deuda privada benefició directamente a una de las empresas de Joe, Acindar, que recibió un seguro de cambio por 630 millones de dólares. A partir de ese momento, Acindar y otras grandes empresas pasaron a colaborar con la Fundación Mediterránea. Muchos años después, evocando aquellos asesoramientos y favores, pero sobre todo como homenaje a una identidad ideológica esencial, Martínez de Hoz confesó (con cierta envidia) que la política económica de Cavallo durante el gobierno de Carlos Menem constituía la “continuidad” que él había iniciado durante la dictadura de Jorge Rafael Videla.

Una peculiar manera de descalificar al Indec
“¿No sabés que son subversivos?”

Por M.B.
Domingo Cavallo enrojeció de furia, tapó el auricular con la mano y le gruñó al licenciado Héctor Valle, a la sazón director del Indec (Instituto Nacional de Estadística y Censos):
–Che, ¿qué pasa con estos datos sobre servicios que están tan altos? Me parece que el Indec está macaneando. Y yo sé por qué lo hacen y vos también: ¿o me vas a decir que no sabés que el Indec está lleno de subversivos montoneros? Hace muchos años que está infiltrado por esa gente. ¿Qué control podés tener vos sobre ellos?
La curiosa escena ocurrió en el despacho ministerial de Economía, en 1991, cuando Cavallo comenzaba su labor como superministro del gobierno menemista y quería demostrar que estaba logrando la estabilización de los precios. Los técnicos del Indec insistían en registrar altos niveles en el rubro servicios, que no sólo afeaban las estadísticas antiinflacionarias del ministro sino que favorecían la presión de los colegios privados a favor de tarifas más altas. 
Uno de los testigos de la escena era el actual ministro de Educación, Juan Llach; otro, el ex responsable del Conicet, Juan Carlos Del Bello; el tercero un viejo amigo de Cavallo de los tiempos del integralismo católico en Córdoba, Juan Schiaretti. A quien, curiosamente, le hubiera podido tocar el sayo de “subversivo” que su amigo Mingo le endilgaba a los estadígrafos del Indec, por su participación en el Cordobazo y, luego, en el Peronismo de Base, vinculado con las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP).
Valle escuchó con una sonrisa irónica la “macarteada” del ministro y recordó que, efectivamente, en tiempos en que José Gelbard ejercía el Ministerio de Economía, al Indec habían ingresado muchos estudiantes y jóvenes graduados que militaban en la Juventud Peronista. 
Ese ingreso de militantes le había costado muy caro a Juan Carlos Noriega, el economista que había conducido el Indec hasta 1976. En 1975, cuando se hizo cargo de Economía Celestino Rodrigo (el autor del célebre “rodrigazo”), puso como jefe de asesores al actual presidente del Banco Central, Pedro Pou, que hostigó y persiguió a Noriega y a sus colaboradores en el Indec.
A comienzos de los ‘80, la dictadura militar secuestró a Noriega en Pinamar, donde estaba veraneando. Unos hombres de civil, pertenecientes a la Armada Argentina, se acercaron a Noriega y le pidieron que los acompañara para aclarar algunas cosas. Como la esposa se aterrorizó, uno de los marinos le dijo caballerescamente: “No se preocupe, señora, esto no tiene ninguna importancia. En pocos minutos se lo devolvemos”. Pasaron veinte años y Noriega sigue integrando la lista de desaparecidos. El ministro Cavallo, que fue subsecretario del Ministerio del Interior en 1981, sabía muy bien de lo que estaba hablando.

 

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