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LA HERENCIA QUE DEJO GOSTANIAN EN LA CASA DE MONEDA
“No quedan ni las monedas del museo”

Préstamos irrecuperables al caído Banco de La Rioja, un museo numismático saqueado y deudas de organismos públicos que no se pagan. El nuevo titular propuso imprimir nuevas estampillas de cigarrillos “para evitar la falsificación”.

Armando Gostanian, ex titular de la Casa de la Moneda.
Prestó dinero al quebrado Nuevo Banco de La Rioja SA.


Por Raúl Dellatorre

t.gif (862 bytes) El flamante presidente de la Casa de la Moneda, Nelson López del Carril, lanzó ayer munición gruesa contra la gestión de su antecesor, Armando Gostanian, en su primera aparición pública desde que asumió el cargo. Hasta pocos días antes de su cierre, el Nuevo Banco de la Rioja (que el gobierno menemista de esa provincia había adjudicado al empresario Elías Sahad, un íntimo del ex presidente Carlos Menem) se benefició de “préstamos de la Casa de la Moneda que alcanzaron a 13 millones de dólares, cuando se sabía por su situación que iban a ser difícilmente recuperables”. También denunció que del museo numismático que pertenece a la entidad “ha desaparecido gran parte de los valores que había” y anticipó que trabaja en la impresión de nuevas estampillas para los atados de cigarrillos “que evite la falsificación”. Este anuncio provocó la inmediata reacción de las dos empresas tabacaleras, que se consideraron agraviadas por la supuesta acusación. “Yo no las denuncié, no dije que eran evasoras, pero que cada una se cuelgue el sayo que le corresponda”, amplió luego López del Carril en diálogo con Página/12. 
En una suerte de balance de situación sobre el estado en que recibió la Casa de Moneda, Nelson López del Carril pormenorizó varias de las irregularidades con las que se encontró veinte días atrás, cuando asumió el cargo. Entre las que mencionó, la que se destaca por su gravedad es el préstamo al Banco de La Rioja, ya que 9 millones del monto total depositado en la entidad se habrían colocado apenas tres días antes de su cierre y cuando ya había tomado estado público su inminente caída. “Usualmente, la Casa de Moneda cuenta con ahorros que surgen de su circuito operativo, ya que vende sus productos a diversas empresas”, describió el funcionario a este diario. “Estos ahorros se colocan en bancos de primera línea, como el Nación o el Ciudad, pero al hacerme cargo me encontré que habíamos puesto dinero, durante la anterior gestión, en los bancos de La Rioja y Tucumán, que no tenían precisamente una situación floreciente”. 
López del Carril también habló de las deudas de distintos organismos con la Casa de Moneda. “Nuestro principal deudor es la AFIP, por un monto de 8 millones de pesos”, señaló. “Incluso, existe un convenio para el pago de 700 mil pesos mensuales por la deuda, pero sólo están pagando 500 mil, y de lo nuevo, nada”, agregó. “Yo entiendo que cada organismo depende de un presupuesto ajustado, y es lógico que nosotros no los vayamos a ejecutar, entonces por ahí no estamos entre los compromisos prioritarios”, dijo finalmente con tono de resignación el funcionario.
La cuestión de la evasión en la comercialización de cigarrillos dio lugar a un duro cruce de acusaciones y reproches a lo largo de la tarde. La primera versión, surgida de una entrevista que publicó a primera hora de la tarde la agencia Télam, señalaba que López del Carril había afirmado: “Le puedo asegurar que por cada cigarrillo legal hay tres ilegales” en el mercado, comprobación que surgiría de comparar “cuántos cigarrillos fabrican por año las dos tabacaleras y cuántas estampillas les vendo”, siempre de acuerdo a lo publicado por la agencia oficial de noticias.
Pero en diálogo con Página/12, luego de la reacción de las tabacaleras en su autodefensa y hasta un amague de iniciarle juicio por calumnias al funcionario, López del Carril dio una versión distinta. “Lo único que dije es que se había realizado un estudio para evitar la falsificación de las estampillas, a través de un sistema absolutamente inviolable, lo cual podría reducir un perjuicio al fisco que hoy alcanza a los 300 o 360 millones de pesos, que es una cifra que no inventé yo sino que la han señalado en el Poder Ejecutivo, en la AFIP y en diversos medios repetidas veces. Lo hablé con Carlos Silvani a la mañana y estuvo de acuerdo, lo conversé con el vicepresidente de una de las tabacaleras, que estaba muy indignado porque se sentían acusados de evasores. Yo no los acusé, es función de la AFIP y no mía determinar si hay evasión o circulancigarrillos con estampillas falsas. Pero si las empresas se sienten aludidas, que cada uno se cuelgue el sayo que le corresponde”, remató. 
“Cuando no se tiene dinero para adquirir tecnología de punta, hay que buscar la forma de hacer lo mismo sin dinero, y es lo que vamos a hacer, porque en el mundo hay bastante maquinaria disponible que se puede obtener mediante acuerdos con las empresas para fabricar estampillas mucho más seguras”, señaló, finalmente, a este diario Nelson López del Carril, quien está dispuesto a “cambiarle la facha a esta entidad, después del período del que venimos y con funcionarios de los que prefiero no hablar”. 

 


 

METODO DE CONTROL ALGO PRECARIO
La estampilla fue

El procedimiento mediante el cual Impositiva controla los 1800 millones de atados que se fuman anualmente los argentinos parece un tanto precario. Consiste en recibir las declaraciones juradas de las dos grandes tabacaleras, cobrándoles de acuerdo a los montos allí consignados, y en mantener en sus plantas sendos inspectores que autorizan el guillotinado de unas grandes planchas, impresas con 120 estampillas cada una, y anotan meticulosamente las cantidades empleadas. En realidad, esos sellos ya no reciben el nombre de estampillas sino el más pretencioso de Instrumentos Fiscales de Control (IFC), pero aun así nadie les ve gran utilidad.
Ocurre que el régimen cambió en 1990. Hasta entonces, las tabacaleras retiraban planchas de estampillas, en cada una de las cuales figuraba el precio del atado al que estaban destinadas. Las compañías tenían un plazo de 60 días para pagar los impuestos correspondientes, sin importar que hubiesen vendido los paquetes o no. El principio era que se tributaba sobre las estampillas, de modo que las manufacturas de tabaco las retiraban con estricta sujeción a sus previsiones de producción y ventas.
A partir de 1990 las estampillas fueron sustituidas por los mencionados IFC, que deben ser sobreimpresos por las mismas compañías, que periódicamente retiran paquetes de mil planchas que la Casa de Moneda entrega gratuitamente. Cuando la fábrica decide utilizar una plancha, estampa sobre cada “instrumento” la fecha de elaboración de los cigarrillos, el CUIT y el código de precio, al cual, según las listas que posee la AFIP, corresponde una marquilla, una presentación y un valor de venta.
Todo este proceso es auditado por personal de la sección Valores de Impositiva, que debe autorizar, como se indicó, cada corte de plancha. Después que los atados emergen de las máquinas cigarrilleras, que lanzan hasta 700 por minuto, las cuponeras les adhieren los IFC. En los paquetes blandos, éstos sirven al menos para cerrarlos, pero en las cajitas (box) no tienen ni siquiera esa utilidad. Fiscalmente, las tabacaleras pagarán sobre las cantidades que declaren haber vendido y no sobre los IFC.
Hoy la tributación representa el 72,7 por ciento del precio de cada atado, que promedia actualmente alrededor de $1,50. Esa presión incluye Internos, IVA, Ingresos Brutos, el Fondo Especial del Tabaco y el Fondo de Asistencia Social. Semejante batería de gravámenes debería extraer de los cigarrillos una recaudación cercana a los 2000 millones de pesos anuales. 

 


 

GOSTANIAN, SOLDADO DE MENEM
“¿Cree que soy boludo?”

No fue la propiedad de Fabín SA, fábrica de las conocidas camisas Rigar’s, lo que hizo famoso a Armando Gostanian, titular de la Casa de la Moneda hasta hace sólo un mes. Más bien, fue su verba chabacana y la serie de osadías con las que probó su férrea fidelidad a Carlos Menem lo que lo catapultó a la fama. Ni siquiera el apodo de “Gordo Bolú” con el que lo distinguió el ex presidente disminuyó la admiración que el empresario le profesa desde que lo conoció, a principios de la década del 70.
“Nombrar a Menem en forma vitalicia sería lo ideal”, declaró, cuando la pelea por la re-reelección encendía la interna del Partido Justicialista, antes de los últimos comicios presidenciales. En 1995 ya había escandalizado al país con la impresión en papel de seguridad de billetes proselitistas con la estampa de Carlos Menem, los célebres menemtruchos con los que propagandeó la reelección. El año pasado reiteró la travesura, para celebrar la década de gobierno. “Muestra de capacidad” rezaban los segundos billetes apócrifos, esta vez, impresos en papel común. 
–¿Qué va a hacer usted sin Menem en el gobierno?, le preguntó un periodista de este diario meses antes de las últimas elecciones presidenciales.
–Debería irme del país. Qué sé yo. Se me van a tirar encima. Pero no me importa. Tengo todo en regla.
La promesa de Gostanian ya estaba relativizada por varias denuncias en su contra. Una de ellas por los cargos de administración fraudulenta por la costosa refacción del edificio público que habitó durante la década menemista. Otra, por haber falseado los balances de la Casa de la Moneda, detallando una utilidad de 15 millones de pesos, cuando ese beneficio no superaba los 10 millones. “Lo hicimos para ver cómo funcionan los controles”, fue la insólita justificación que ensayó entonces.
Fue hallado culpable de calumnias y condenado a prisión en suspenso por haber acusado al ex diputado ucedeísta, Federico Zamora, de retirar y nunca restituir 53 millones de australes de un comité de su partido. Y alimentó sospechas de acumular fondos de origen dudoso por la apertura de una cuenta en Suiza. Tanto como por el hecho de realizar inversiones en apariencia tan costosas como poco productivas. Valgan de ejemplo los restaurantes que en los últimos años inauguró en privilegiados lugares de Punta del Este, comenzando por el célebre Yabrud.
Salvo algún lapidario informe de la Auditoría General de la Nación objetándole violar procedimientos contables, no se conocen hasta ahora denuncias contra su gestión frente a la Casa de la Moneda, que lo descubran como responsable de un fraude de la magnitud que su sucesor sugirió ayer. La mayor notoriedad de este cordobés, ex instructor de defensa personal de la Policía Federal, fue ganada por su vocabulario soez. “¿Usted se cree que soy boludo?”, es su defensa más frecuente.

 

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