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“Chabonas”, o el humor femenino convertido en humor de vestuario


El programa fue ideado como una reivindicación del lugar de las damas en la comicidad, pero hasta aquí no logra plasmar sus propuestas.

 

Mariana Briski, Florencia Peña, Lidia Catalano y Mónica Ayos.


Por Andrés Glass
t.gif (862 bytes) Para hacer humor de mujeres no basta con negar la entrada de hombres al elenco. “Chabonas” (América, viernes a las 22) lo confirma. Al menos hasta aquí, su forma de hacer reír es heredera de la peor tradición masculina: el revisteril televisivo, con un poco de doble sentido sexual y mucho de caricatura. Su estética recuerda a la del anquilosado “programa de sketches” (que hicieron masivo desde “La tuerca” a “Matrimonios y algo más”), pero con mucho menos ingenio. Las damas, comandadas por Andrea Stivel, defraudan porque no se ríen de ellas mismas, sino de mujeres “tipo”. Su universo está compuesto por peluquerías, spas de belleza, talk shows y telenovelas, banalizados y expuestos como prueba de “la estupidez del género”. Pero consiguen el efecto exactamente opuesto al que se proponen. Por momentos, buscan heredar a “Infómanas” (también de Stivel), y el resultado es muy afín a lo que fue la propuesta de “Petardos” o “Rompeportones”.
La trama de sketches encuentra su punto más bajo en “Los maridos”. Las chabonas (Mariana Briski, Florencia Peña, Lidia Catalano, Eugenia Guerty, Jorgelina Aruzzi y Paola Barrientos) hacen reír al mejor estilo capocómico de antaño: se burlan y tratan de desnudar a la vedette del staff, Mónica Ayos. Lo suyo es generar una estrategia para lograr que se desvista, y luego “apoyarla por atrás”. Si hay parodia, queda opacada detrás del trazo demasiado grueso.
El guión de “Chabonas” (a cargo del notable Alberto Muñoz, ex “Cha Cha Cha”, y Briski) pocas veces evade lo obvio. No conviven con armonía las teatrales Briski, Aruzzi y Guerty con las menos histriónicas Ayos y Peña. El cóctel es inocuo: los personajes (mujeres chismosas, amas de casa desesperadas por conseguir un hombre joven, operadas en un spa, adolescentes tontas) se suceden sin apartarse demasiado de los estereotipos. La propia Briski, que supo aportar un color más sutil a “Videomatch”, aquí pocas veces abandona el chiste verde. Como cuando representa a una sexóloga que explica posiciones sexuales y da consejos de interés dudoso. A veces, la tevé exige una buena dosis de resignación. Actores y actrices que aceptan ponerse al servicio de un guión torpe para tener pantalla. Lo curioso es que éste es un proyecto propio, hecho por gente inteligente. Con pocos reparos, el elenco defiende el resultado.
–¿”Chabonas” no recarga las tintas sobre los peores estereotipos?
Briski: –El humor es subrayar esos lugares, acercarse a lo trágico, a lo que nadie quiere contar de sí mismo. No es moralista, es subversivo. Por ejemplo, ninguna mujer va a contar que está recaliente.
Catalano: –El humor a veces es revulsivo. Es lindo reírse y encontrar la tragedia en uno mismo. Es saludable: mi psicólogo me lo dijo.
Peña: –Los hombres se ríen todo el tiempo de las mujeres como objetos y entonces, ¿por qué nosotras mismas no podemos hacerlo?
Briski: –Intentamos hacer algo para todos. No para que lo entiendan tres tipos. 
La canción de apertura parece alertar sobre lo fallido del producto. En ella, el cuartetero cordobés Rodrigo se limita a mencionar nombres de “chabonas” homenajeadas. Desde Alfonsina Storni a Teté Coustarot, sin escalas. No hay recorte y ése quizás sea el problema. La voluntad de no limitar el público juega en contra y lo que podría ser divertido es chabacano. Si algo llegara a trascender de este ciclo, será un grupo de nuevas actrices que podría hacer mucho en un mejor contexto. Chicas de teatro como Jorgelina Aruzzi, Eugenia Guerty y Paola Barrientos copan cada vez más espacio en el programa, a fuerza de talento. Son histriónicas y disimulan las palabras que les toca decir. Siguen la tradición de Briski en otros tiempos, cuando en “Videomatch” se rebelaba al universo de”machos pesados” de Marcelo Tinelli. Ahora, sin replicar a esos rufianes, no es lo mismo. No tiene gracia.

 

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