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el Kiosco de Página/12

Los osos
Por Rafael A. Bielsa

Escuché por primera vez �El oso�, la legendaria canción de Moris, a comienzos de los 70. El argumento se correspondía con la intermitente crueldad de entonces, y con la módica pobreza esperanzada de aquella Argentina. Había un oso a gusto con su bosque que era atrapado para trabajar en un circo, un tigre viejo asimilado al sistema que le aconsejaba sacudirse de encima la melancolía, y una escena final en la que el guardián se olvidaba de cerrar el candado de la jaula, y el oso recuperaba su amada libertad.
Todavía las veredas no habían sido expropiadas por el miedo, y sentados sobre ellas, con las espaldas contra las puertas de los garages individuales, o contra las placas de vieri que adornaban los frentes del barrio, lisiábamos una vieja guitarra con caja de madera: �Conformate, me decía un tigre viejo, / nunca el techo y la comida han de faltar; / sólo exigen que hagamos las piruetas, / y a los niños podamos alegrar�. De tanto mirar hacia adelante, ni siquiera advertíamos lo dudosamente vital que era el techo para un oso.
Sólo alguno de nosotros había comenzado a perder cosas, y como no éramos conscientes de lo que teníamos, y por lo tanto de lo que arriesgábamos, nos burlábamos de esos precursores en la derrota con una crueldad de la misma naturaleza que los años que teníamos, y que los que vivíamos, donde se mezclaban la ceguera con la posibilidad de una segunda oportunidad. Les tocábamos la cabeza a los pelados prematuros, y les valseábamos �se va, se va la barca, / se va, se va el vapor...� Era una forma de humor brusco, sin asomo de culpa, insensato. A los pocos años gritaríamos en las plazas: �se está poniendo de moda / tirar gorilas al mar; / Lanusse, que es precavido, / está aprendiendo a nadar�.
Ayer encendí la computadora, y abrí mi correo electrónico. A través de un amigo que vive en México, me llegaba un mensaje de la �Animals Asia Foundation�, que comenzaba pidiendo compasión al gobierno de China. Y seguía así: �China mantiene hoy 10.000 osos prisioneros para la extracción de bilis de la vesícula de los animales. Los osos son colocados horizontalmente en jaulas que más parecen ataúdes, ellos introducen un catéter en los animales, que queda absorbiendo constantemente el líquido de la vesícula; los osos ni siquiera pueden cambiar de posición, y en esas condiciones interminables de sufrimiento ellos pueden vivir todavía de 15 a 20 años. No podemos aceptar que esa crueldad, tortura, barbarie, continúe formando parte de la vida de esos pobres osos, ni siquiera un minuto más. Cada minuto que pasa es decisivo para ellos, entre sufrir y vivir. Con la pata atraen la comida a través de la pequeña abertura de la jaula. Para saciar la sed, los pobres tienen que estirar la lengua para lamer los barrotes de la jaula. Tienen dolores alucinantes por quedar aproximadamente 15 años en la misma postura, que les deforma los huesos (...). Para obtener la bilis se promueve el más terrible comercio. La bilis es usada para la confección de shampoos, afrodisíacos y remedios �milagrosos� (...). Los dolores del oso sobrepasan todos los límites imaginables. Brama de dolor, se mutila e intenta suicidarse. Ellos lo atan con un cuello de metal, lo colocan en la jaula con barrotes de presión y lo dopan�.
El mensaje termina diciendo que para ayudar, basta firmar pidiendo el fin de las �Haciendas de la bilis�, y enviar el mensaje a todas las personas posibles. Para mayores informes, recomienda visitar el sitio http://.geocities.com/Baja/2324/index.html.
�Han pasado 4 años de esta vida, / con el circo recorrí el mundo así...�, decía la canción de Moris. De aquella vida, en cambio, pasaron 30 años. Tengo pocas esperanzas de que las firmas en el ciberespacio sean capaces de cambiar el mundo, pero por entonces estaba seguro de que las canciones y el arte eran capaces de hacerlo. El sentido del humor es más cínico, más distante. �Mamadera:�, define un diccionario no autorizado que también navega por Internet: �dícese de la materia prima utilizada por carpinteros tartamudos�.
La pobreza perdió toda esperanza, y los excluidos por la costumbre de perder, perdieron el miedo por centenares cada día. No se toca la guitarra en las esquinas suburbanas, y la cerveza y el tetrabrik son lo que entona las gargantas. La crueldad alcanza su grado 0, o sea, expresarse en formas que exceden su propio significado.
�Ahora piso el suelo del bosque, / otra vez el verde de la libertad�, termina la canción de Moris; �estoy viejo, pero las tardes son mías, / vuelvo al bosque, estoy contento de verdad�.
Volver, acaso una de las pocas alegrías que hay en plaza.

REP

 

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