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CAVALLO SE RESIGNO Y ANUNCIO QUE NO FORZARA EL BALLOTTAGE
Al fin Mingo se bajó del Cavallo 

Luego de que el lunes constatara su soledad para seguir en campaña por la segunda vuelta, el ex ministro anunció ayer que desistía de hacerlo. Pidió perdón y felicitó a los candidatos de la Alianza. La trama del renunciamiento. El papel de sus allegados.

Cavallo se retira de la conferencia de prensa, escoltado por su vocero Lisandro Varela y por Sonia.


Por Romina Calderaro

t.gif (862 bytes) Parecía un chico después de haber recibido un reto. “Pido disculpas a quienes se sintieron agredidos por mi discurso del domingo. La próxima vez voy a tratar de evitar este tipo de errores”, dijo Domingo Cavallo en la conferencia de prensa que convocó para anunciar su renuncia a la segunda vuelta. “Sería inimaginable revertir el resultado adverso que hemos tenido en los comicios”, admitió antes de reconocer el triunfo de Aníbal Ibarra y mandarle sus felicitaciones por haber obtenido el cargo que él deseaba. Y aunque intentó convencer a la gente de que la renuncia le resulta “cómoda” y no le cuesta “nada”, lo cierto es que él era el único convencido de ir a ballottage. Y que no contaba con el apoyo de uno solo de los veinte flamantes legisladores de Encuentro por la Ciudad.
Para convertirse en candidato presidencial en el 2003, Cavallo necesitaba ganarse un lugar en la interna peronista. Con la derrota del domingo, y la renuncia de ayer, quedó más que lejos de ese objetivo. No logró encolumnar al electorado peronista ni convertir a su fuerza en oposición fuerte en la Capital. Su ambición de competir con Carlos Ruckauf, Carlos Reutemann y José Manuel de la Sota es ahora un recuerdo. A lo sumo, podrá intentar ser vice en la fórmula de alguno de ellos. 
La renuncia de Cavallo fue la resolución de una crisis que empezó el mismo día de la elección. Estaban por dar las doce en Junín 202, sede de Acción por la República. El ex ministro estaba irritado por la lentitud del escrutinio provisorio, que arrojaba los resultados que después se confirmaron: 49,4 por ciento de los votos para el candidato de la Alianza, Aníbal Ibarra. Hecho una tromba, le comunicó a un grupo de gente lo que después dijo para todo el país: que sus rivales eran unos “tramposos” que estaban manipulando el recuento de votos para robarle la elección, y que aunque a Aníbal Ibarra le faltara “un solo voto” él no estaba dispuesto a tirar la toalla. Cavallo tuvo entonces una reunión privada con Beliz que no duró más de cinco minutos. Suficientes para que el líder de Nueva Dirigencia le aconsejara a su socio que no dijera las cosas por las que ayer pidió disculpas y que esperara un rato para decidir qué hacer.
Cavallo no entró en razones. Explicó que si se demoraba, los diarios iban a cerrar la edición sin incorporar su discurso, y salió. Fue ahí cuando lanzó una serie de agresiones verbales contra Ibarra a quien tildó de “partisano”, “secretario”, “lacayo” e “impotente”. También sugirió la idea de un fraude que no logró probar. O sea, agravó la difícil situación en que lo había dejado la amplia derrota electoral. Fuentes del cavallismo intentaron justificar ante este diario que el tono y el contenido del discurso que el ex ministro de Economía pronunció el domingo no se debieron al mal humor de la derrota sino “a que sentía que le estaban robando la elección”. 
El lunes se reunió con Beliz a almorzar en el restaurante La Raya. Su socio le repitió que el ballottage era un suicidio político y económico. Político, porque iban a perder por un margen mucho mayor que en la primera elección. “Amén de que no íbamos a conseguir mover de su casa a ningún fiscal”, explicó un integrante de la coalición a Página/12. Y económico, por el endeudamiento que tiene el partido de Cavallo, que tuvo que hacer una campaña “austera” y no hubiera tenido cómo “tirar” quince días más.
Cavallo respondió que iba a “pensar” si reconocía la derrota. Lo pensó rápido: un rato después, Beliz se enteró de que estaba invitado a una conferencia de prensa para anunciar que seguiría en carrera. Beliz estaba en un problema: no podía tirarse contra Cavallo –ya lo hizo una vez, cuando sostuvo que era una bulímico de poder, y todavía se arrepiente– y tampoco podía convalidar con su presencia lo que consideraba un suicidio político. ¿Qué hizo entonces? No fue. “Gustavo está retrasado por el tráfico”, improvisó Cavallo. A la noche, los ex ministros se juntaron a cenar en el Restaurant Tomo I. El resultado de esa reunión fue la renuncia de Cavallo. Ayer, casi al mediodía, Cavallo dio una conferencia de prensa. Primero les pidió disculpas “a los que se han comunicado conmigo para decirme que no abandone. Entre ellos, un chico de once años que me llamó a mi casa para alentarme”. Después, le mandó sus “felicitaciones” a Ibarra y a Cecilia Felgueras, les deseó que “hagan un muy buen gobierno” y prometió que desde su bloque legislativo va a “ayudar” a la futura administración porteña. Pero lo más llamativo, además de que desistió de presentarse en segunda vuelta porque “sería inimaginable revertir el resultado adverso que hemos tenido en los comicios”, es que pidió disculpas por su discurso del domingo. “Me equivoqué”, reconoció. Y como en una sesión de terapia, se explayó: “Mi intención no era agredir. Tengo un apasionamiento que todavía no he logrado controlar. La próxima vez voy a tratar de evitar este tipo de errores”, dijo. Acto seguido, dio su versión sobre el cambio de postura. “Pude constatar que la opinión pública en su mayoría piensa que es una pérdida de tiempo que se siga con la campaña”, explicó. Y aunque era día de capitulación, no se privó de criticar sutilmente a sus adversarios político. “Yo pensé que Ibarra, Felgueras y De la Rúa iban a aspirar a ganar con la cantidad de votos que marca la Constitución, pero no me cuesta nada bajarme, me resulta muy cómodo”, dijo. 
En el renunciamiento de Cavallo también hubo referencias personales. “Espero poder descansar. Se lo debo a mi familia porque desde 1996 estoy en una tarea muy intensa”, dijo. Sonia Abrazian, su esposa, lo miraba por televisión desde una oficina del partido. Cuando, después del discurso de Cavallo, los cronistas empezaron a hacerle preguntas incómodas, comentó: “Los periodistas nunca están conformes”. 

 


 

EL FUTURO DEL EX MINISTRO SEGUN LOS ENCUESTADORES
Quería ser Menem, podrá ser Alsogaray

Por Raúl Kollmann

Algunos dicen que Domingo Cavallo será percibido como un técnico, tal vez un posible ministro, pero ya no como la cabeza política de una gran fuerza de oposición. Otros le auguran un futuro como jefe de un partido de derecha constitucional, una especie de refundación de la UceDé, en alianza con los partidos provinciales y con el acento puesto en el orden y la seguridad. Y están los que piensan que no puede ser un referente del peronismo, pero sí tal vez acompañar a alguno de los candidatos presidenciales del PJ, Carlos Reutemann, Carlos Ruckauf o José Manuel de la Sota. En lo que hay unanimidad entre algunos de los principales encuestadores a los que consultó Página/12 es en que la carrera de Cavallo hacia la Casa Rosada se cortó en lo inmediato. 
Para Marita Carballo, de Gallup Argentina, “no es poco que Cavallo y Beliz hayan conformado la segunda fuerza en la Capital Federal. Si logran mantener ese binomio, de alguna forma van a tener protagonismo en las elecciones para senador del año que viene, las de diputados y las próximas de jefe de Gobierno. Eso sí, no veo a Cavallo en la carrera presidencial ni lo veo en las encuestas con la llegada necesaria como para construir una candidatura nacional. Tal vez el tándem con Beliz deba actuar dentro del justicialismo”.
“Me parece que no hay que dramatizar –señala Manuel Mora y Araujo–; Cavallo cometió errores como el no haber reconocido la derrota o no haber tenido una actitud constructiva, algo que la gente hubiera valorado. Por eso, es muy posible que una encuesta lo muestre ahora en baja, pero eso se puede superar. Va a seguir siendo un referente político de mucha importancia en la oposición pero, indudablemente, quedó golpeado. Tal vez lo fundamental es que entre Cavallo, Reutemann, Ruckauf y De la Sota hay pocas diferencias, y lo más probable es que él juegue ahí. Su carrera presidencial sufrió un golpe, creo incluso que la perdió”.
Hugo Haime sostiene que, “si el justicialismo se recompone, incluso en la Capital tal vez con el reingreso de Beliz, lo más probable es que la figura de Cavallo entre en una situación de devaluación política. Ante la gente queda como un buen técnico, un ministro posible, pero es difícil que aparezca como un político. Obviamente que su plan era obtener un excelente resultado en la Capital para ser candidato a presidente. Eso no lo consiguió y el camino parece cerrado. Por eso insisto en que es poco claro el papel que va a jugar en la política nacional, aunque se esboza como el técnico, el ministro posible de un futuro gobierno”.
“Todo indica que en la Argentina va a surgir, tarde o temprano un partido de derecha constitucional –señala Artemio López, titular de Equis–, una fuerza similar a la UceDé, pero post Menem, ya con un país distinto. Por esa razón, veo que será un partido asociado a demandas de orden y seguridad, pero que acepta el escenario democrático formal. Por ejemplo, según nuestras encuestas, Cavallo tiene buena llegada con lo que es el electorado de Luis Patti en el territorio bonaerense. Cuando a esos ciudadanos les preguntábamos quién es su referente nacional, mencionaban a Cavallo. Estoy seguro de que lo mismo ocurre con ciudadanos que en el terreno de su distrito respaldan a partidos provinciales. En el peronismo, en cambio, existe un componente populista insoslayable y eso no encaja con Cavallo. Tal vez se convierta en un aliado circunstancial de candidatos del PJ, pero acompañando a algún referente, no constituyéndose en un polo dentro del movimiento. Me parece que su dimensión nacional, su proyección como referente, quedó seriamente restringida”. Cualquier sondeo de estos días mostrará al ex ministro de Economía con una caída en la imagen, sobre todo por descontrol en la noche del domingo. Los encuestadores coinciden en que en algún tiempo podrá superar ese bache. Pero que ha quedado muy herido para competir en ligas mayores, por la presidencia de la nación.

 

 

Otras Voces

Fernando de la Rúa, presidente de la Nación
“(Lo de Domingo Cavallo) Es una actitud constructiva que fortalece el sistema democrático y al país”.
Carlos Alvarez, vicepresidente de la Nación 
“Esta es la actitud que esperábamos todos, que está en la línea de la sensatez. Todo lo que sea confrontativo termina aislando a los dirigentes de la sociedad argentina”.
Aníbal Ibarra, jefe de gobierno porteño electo
“Quedó claro frente a la sociedad que la Jefatura de Gobierno ya estaba decidida, lo había decidido la gente prácticamente por el 50 por ciento de los votos el domingo. Esto era una ambición personal de Cavallo, una aventura en la cual además estaba solo, porque frente a esta, casi diría, falta de sentido común, los que lo rodeaban empezaron a decir que no tenía sentido”.
Graciela Fernández Meijide, ministra de Desarrollo Social
“Hubiera tenido todo el derecho por la Constitución, pero difícilmente hubiera podido revertir la situación en el ballottage. No hubiera habido un cambio. Hubiera sido una nueva campaña, de gran virulencia, por el carácter de Cavallo, y de mucho gasto para el gobierno”.
Guillermo Francos, diputado nacional, Acción por la República
“Creo que es una decisión acertada en función del resultado de la elección, ya que la Alianza estaba casi al borde de cumplir con las exigencias constitucionales del 50 por ciento de los votos”.
José María García Arecha, senador nacional, UCR-Alianza
“Me parece que es una decisión adecuada a la realidad. En el ‘73 hubo una situación similar y Ricardo Balbín dio el ejemplo y se retiró de la elección. Evidentemente, Cavallo tomó conciencia que ésta es una Argentina que necesita del consenso y la moderación no de los exabruptos”.
Miguel Angel Toma, diputado nacional, PJ
“Es una actitud absolutamente lógica. Yo ya lo había planteado a las 6 y media el domingo cuando se veía que Aníbal Ibarra llegaría al 50 por ciento de los votos de acuerdo con los boca de urna que teníamos nosotros”.
Marcelo Stubrin, diputado nacional, UCR-Alianza
“Hubiera sido muy dañino para la ciudad y para él mismo si insistía en hacer una segunda vuelta. Es una buena decisión. Además todo su entorno estaba en contra de ir a una segunda vuelta cuyo resultado estaba cantado”.
Humberto Roggero, presidente bloque diputados del PJ
“Es la primera actitud sensata que le reconozco al señor Cavallo en una elección atípica donde la Alianza perdió 13 bancas y la mayoría de la Legislatura porteña”.

 

“Fue una decisión por cuestión
de sentido común y realismo”

 

Gustavo Beliz no lo acepta en público, pero fue él quien dio la puntada final para romper el empecinamiento de Cavallo. Ahora, sin ningún cargo formal, Beliz evalúa dónde quedó parado y cómo seguir haciendo política.

Gustavo Beliz cree que se están conformando dos polos que regirán la política argentina.

Por Sergio Moreno y Romina Calderaro

Gustavo Beliz cerró ayer un ciclo más de su vida. Había logrado convencer al inconvencible Domingo Cavallo de que su empecinamiento para forzar una segunda vuelta era una locura. Logró, luego de un día entero de negociaciones, que ese hombre poco acostumbrado a escuchar a los demás entrase en razón. Contó, para ello, con los resultados electorales, y con la opinión casi unánime de los dirigentes de su coalición. Beliz no lo acepta públicamente, pero fue él quien terminó el asunto. Ahora, después de un larguísimo año que culminó con la conferencia de prensa de ayer, se detiene a pensar. A pensar en dónde lo dejó parado el torbellino de la política argentina. Y cómo seguir.
–¿Se siente como San Jorge después de vencer al dragón?
–(Sonríe.) Nos sentimos con la satisfacción de haber hecho una buena elección.
–Me refería al hecho de haber convencido a Cavallo de que desista del ballottage.
–Fue una decisión conjunta, muy dialogada, con respeto mutuo y por una cuestión de sentido común y de realismo. Y sobre todo valorizando lo que hemos logrado, que de ninguna manera puede pasar desapercibido.
–¿Estos fueron los argumentos que usó para convencerlo? Porque Cavallo hasta el lunes a la noche estaba empecinado en seguir la batalla.
–La decisión debía ser mutua, quienes íbamos a competir en la segunda vuelta éramos los dos. Pero lo más importante es que los datos que teníamos de nuestros fiscales eran distintos a los que estaban dando, lo que generaba una enorme incertidumbre sobre el resultado. Y esto agigantó el error de un escrutinio provisorio que no tiene antecedentes en la ciudad. Creo que el lentísimo escrutinio fue importante para configurar ese escenario de conflicto del domingo a la noche.
–¿Usted está diciendo que el cambio de actitud de Cavallo respondió a que recibió los datos finales de sus propios fiscales?
–No. Para todos fue importante el clima de opinión que se había generado, y aquí el realismo indicaba que la diferencia (con la Alianza) era grande.
–¿Por qué entonces Cavallo dijo que aunque le faltase un solo voto a la Alianza para ganar en primera vuelta iría igualmente al ballottage?
–Por esa incertidumbre y por un elemento que creo humanamente complejo: Cavallo fue sometido a una campaña estigmatizante. No recuerdo una campaña negativa tan sistemática y direccionada como ésta. Me refiero a los spots televisivos, con caricaturas, con muñecos que se dan vuelta. Fue una fuerte campaña negativa y eso, creo, también creó tensión y un nerviosismo entendible.
–Usted una vez definió a Cavallo en Página/12 como un bulímico de poder. ¿Ahora lo definiría como un anoréxico de poder?
–(Sonríe.) No. Pienso que ahora tenemos que consolidar el trabajo legislativo, aportar ideas, trabajar para que las cosas salgan bien en el país y en la ciudad.
–¿Cuándo se dio cuenta usted de que no debían ir al ballottage?
–La diferencia con la Alianza era muy grande y ellos estaban muy cerca.
–¿Por qué el lunes no dijo públicamente que debían bajarse?
–No estaba definido el escrutinio. Veníamos de un análisis que era necesariamente íntimo, privado y debía ser respetuoso.
–¿Cuándo le transmitió Cavallo su decisión de no presentarse?
–Tuvimos comunicación durante todo el día (por el lunes) y hoy a la mañana (por ayer) se decidió llamar a la conferencia de prensa.
–¿Va a seguir trabajando con Cavallo?
–Sí, por supuesto. Tenemos un bloque de 20 diputados.
–Usted una vez se escaldó con Cavallo. ¿Va a poner alguna condición o tomar algún recaudo para que eso no vuelva a pasar?
–Con la palabra me basta...
–¿Va a poner la otra mejilla? 
–No es poner la otra mejilla. Confío en la buena fe, en el trabajo conjunto y en el compromiso que asumimos ante más de medio millón de porteños.
–¿Y quién va a conducir políticamente al bloque de legisladores? ¿Usted o Cavallo?
–Vamos a hacer una conducción de conjunto. Vamos a tomar decisiones sensatas, razonables y consensuadas.
–¿No teme que los legisladores peronistas que fueron electos por su coalición terminen formando un bloque justicialista aparte?
–Creo que este espacio está consolidado. Cada candidato ha firmado un compromiso. Creo que acá se han formado dos grandes polos: uno el de la Alianza, que es el que está gobernando; el otro polo se está conformando y es el del justicialismo más otras expresiones: lo que ha hecho Ruckauf, Reutemann, nosotros en la Capital.
–Un polo con Cavallo, con Ruckauf es un sector conservador, tipo Partido Republicano de Estados Unidos.
–Ese tipo de concepto es caprichoso y está para discutirse. En esta campaña no se pudo discutir, pero sostengo que nuestra propuesta en la Ciudad de Buenos Aires era totalmente progresista, de avanzada.
–La figura de Cavallo no remite al progresismo...
–Puede haber elementos más simbólicos...
–Cavallo no es un símbolo. Está su historia y todos las medidas que ejecutó desde los distintos gobiernos de los que formó parte. Son hechos.
–Sí, pero hay que preguntarse qué ha hecho este gobierno between brackets progresista. Cuando me dicen que éste es un gobierno progresista y veo la conformación del gabinete, las políticas que llevan adelante, el voto contra Cuba, las decisiones con respecto a la Justicia militar, me pregunto dónde está el progresismo. En esta elección hubo un once por ciento de los votos que se llevó la izquierda y tiene que ver con el comienzo de una fractura incipiente en el polo que expresa la Alianza.
–¿Sigue pensando en jugar algún papel en la renovación del PJ porteño?
–Pienso aportar a la creación de este polo. Me siento ideológicamente peronista pero no tengo ningún paso definido; además no está claro el panorama. No tengo ganas de meterme en un proceso de confrontación, de fichas, de estructuras y esas cosas. Y creo que me debo un tiempo de tranquilidad. Pero no creo que la construcción de este polo se agote en las fronteras del peronismo. 
–¿De haberse presentado solo no le hubiese ido mejor que con Cavallo?
–Yo sentía que había llegado a un momento de unir y construir no sólo en base a la fichita personal. Sentí que teníamos que abrir un espacio. Y no me equivoqué porque avanzamos y logramos cierta síntesis.
–¿Qué hizo mal? ¿Que haría distinto de tener la posibilidad?
–Uno siempre comete errores. A lo mejor el manejo de los tiempos fue un error mío, no percibir que el proceso de renovación del peronismo no tenía condiciones de manifestarse en una instancia que estaba todavía muy impregnada por el menemismo. Tuve una cierta candidez que no me permitió ver que las condiciones no estaban dadas. 
–¿Va a ser candidato a senador en el 2001?
–En este momento, hablar de una candidatura o un cargo es otra galaxia. Tuve un gran objetivo que era gobernar esta ciudad y para eso puse todas mis fichas. Tras ese objetivo dejé de lado muchos cargos, muchos ofrecimientos que me hicieron desde 1995 en adelante. 
–O sea que va a intentar ser jefe de Gobierno en el 2003.
–(Ríe.) Para eso faltan siglos.

 

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