Principal RADAR NO Turismo Libros Futuro CASH Sátira


DINA ROT PRESENTA UN recital SOBRE
 TEXTOS contemporaneos en lengua sefardi
“Sufrí mucho pero mi voz no se silenció”

El espectáculo que la madre de Cecilia Roth mostrará esta semana y la próxima, con auspicio de Página/12, incluye textos de “Una manu tomó l’otra”, su notable disco de 1997. “Lo sefardí produce un clima especial, porque se trata de un material que se conservó cientos de años”, dice.

Sensación: “Las cosas de verdad permanecen presentes siempre. Escucho música africana y me subyuga, leo a Armando Tejada Gómez y me emociona”.

Rot actuará este jueves y viernes, y los próximos, en el Club del Vino.


Por Fernando D’Addario

t.gif (862 bytes) La vida artística de Dina Rot, atada a la paradoja de ser tan irregular como coherente, tiene a Juan Gelman como testigo –a veces involuntario, o no– de acontecimientos clave: su primer espectáculo grande, en el teatro Payró en 1969, se denominó Llamamiento, nombre que aludía a un poema de Gelman. Seis años más tarde fue censurada en televisión por haber cantado “Condecoraciones” (aquel que se preguntaba cuándo las condecoraciones irían para los poetas y no para los militares), un preaviso de las amenazas que desembocarían en su exilio español. Y en 1997 musicalizó para el CD Una manu tomó l’otra textos que el poeta radicado en México y la bosnio-francesa Clarisse Nicoidsky habían escrito en sefardí. 
Entre los dos últimos encuentros, sólo medió un silencio de 21 años. 
“Tu silenzu/ disparta/ lus gritus/ dil mundu” (Tu silencio/ despierta/ los gritos/ del mundo) escribió Gelman en idioma ladino, para su poema “Dizis avlas cun árvulis”. Ya no hubo lugar para silencios en la vida de Dina Rot, y el dolor volvió a ser exorcizado a través del canto. Mañana y pasado, y el jueves y viernes de la semana que viene, presentará su particular repertorio de bellísimas canciones sefardíes en el Club del Vino. España, Argentina, México, Bosnia (la tierra de origen de Nicoidsky), Israel (el país de Margalit Matitiau, escritora musicalizada por Dina), puntos desparramados por el mapa sin aparente lógica geográfica, confluyen en historias comunes, sin tiempo. Expulsados por los Reyes Católicos, los judíos españoles tuvieron su propia diáspora, y diseminaron por el mundo su única garantía de supervivencia: la lengua. Rot, Gelman, Nicoidsky generaron poesía y canto fuera de su tierra y utilizaron, ajenos a cualquier pacto artístico, el idioma de sus ancestros. Gelman y Nicoidsky no llegaron a conocerse. Clarisse murió tres meses antes de que saliera el disco.
“Pensé bastante para hacer este espectáculo”, dice Dina en la entrevista concedida a Página/12. “Revisé mi repertorio sefardí, cosas que pertenecían a un repertorio potencial, y encontré algo sólido, algo que tenía una coherencia a través de su raíz, que es la lengua, y en cuya base estaban los poetas. Así como en su momento traté de ser coherente con mi elección de cantar a poetas españoles y latinoamericanos, en este momento de mi vida necesito seguir musicalizando a poetas sefardíes actuales. En las canciones que venía haciendo se veía reflejada la vida cotidiana de un pueblo, historias de aliento y desaliento, melancolías, ilusiones. Porque hay dos maneras de escribir en ladino. Una es escribir con la melancolía de nuestros mayores, que vivieron en Esmirna, Estambul, Marruecos, y crear en función de esas callecitas históricas, de esos paisajes míticos. Y hay otros poetas que se identifican con la problemática actual, las cosas que nos pasan en esta época. Esa es mi búsqueda actual”.
El idioma ladino opera en la memoria y en el oído con una resonancia onírica, como si pudiera transportarse con liviandad por el tiempo y el espacio. Acredita la particularidad de diluir y endulzar recuerdos dolorosos, envolviéndolos con sonidos que llegan del Mediterráneo, o de los Balcanes, o del Marrakesh. Por eso –y en esto radica, acaso, uno de los pocos puntos de contactos con el deliberadamente alegre klezmer, el ritmo más popular de los judíos ashkenazi– no se vislumbra resentimiento alguno ni en las creaciones del Medioevo (previo a la Inquisición) ni en las del exilio: “Los que tuvieron que irse lo hicieron con un profundo desgarro. Se llevaron la lengua y las costumbres, pero muchísimos años después, las generaciones que los sucedieron recuerdan ese lugar de origen con muchísimo amor, sin odios ni rencores. Dolor, sí, pero también amor”.
–En su caso particular, ¿el exilio en España, más allá del desarraigo, despertó su búsqueda de las raíces sefardíes?
–Tengo necesidad de buscar dentro de la verdad muchas cosas que fueron positivas aun en el exilio. Sufrí mucho, y mi voz no se silenció: lo quese silenció fue la voz pública. Dejé de cantar y me dediqué a mi profesión, la musicoterapia y las clases de canto. Nunca pensé que el canto pudiese pagar un precio tan alto. Con los poemas de Juan y de Clarisse sentí que el silencio constituía una raíz de alguna manera peligrosa, que no me provocaba nostalgia sino una especie de desesperación por sacármelo, por salir y expresar todo lo que tenía adentro. Hoy siento que no quiero más el dolor. Prefiero pensar que el exilio nos permitió empezar una nueva vida, e hizo que nos reinventáramos los cuatro (N de la R: se refiere a su hija Cecilia Roth, a su hijo Ariel Roth, músico de rock, y Abrasha Rotenberg, su marido, ex gerente del diario La Opinión).
–En Europa y los Estados Unidos hay una revalorización tanto de la música klezmer como de los cantos sefardíes, inclusive fuera de la comunidad judía. ¿Usted cree que se trata sólo de una afinidad musical o de una identificación con un pueblo castigado y perseguido? 
–Las cosas de verdad permanecen presentes siempre. Escucho música africana y me subyuga, leo a Armando Tejada Gómez y me emociona. Sólo hay que darles un toquecito para que salgan a la superficie. Y escuchar sin prejuicios. Quizás con lo sefardí se produzca un clima especial, por el hecho de que se trata de un material que se ha conservado durante cientos de años, y eso fascina a mucha gente.
–Hay quienes recuerdan sus interpretaciones de poemas de Vallejo, García Lorca, María Elena Walsh, González Tuñón. ¿Es una etapa superada? 
–Hago esto y asumo la responsabilidad y la posibilidad de que algunos se enojen y digan: “pucha, ¿todo sefardí?”. Es lo que necesito hacer ahora, para ser honesta conmigo misma. 
–Investigar tanto una cultura tan específica, ¿también ayuda a la integración con otras expresiones?
–Siempre, ir a las raíces ayuda a darte la mano con los demás. 


Empieza Cannes

La 53ª edición del Festival Internacional de Cannes comienza hoy con un drama histórico que gira en torno al cocinero del rey Luis XIV. Vatel, dirigido por Roland Joffe y protagonizado por Gerard Depardieu y Uma Thurman, inaugurará fuera de competencia el prestigioso festival de la Costa Azul francesa. Hasta el domingo 21 de mayo, 23 películas de todo el mundo competirán por la codiciada Palma de Oro. La única representante latinoamericana en la selección oficial es la brasileña Estorvo, de Ruy Guerra. Con nueve películas, las producciones asiáticas y del Cercano y Medio Oriente se convirtieron en la presencia más fuerte de esta edición: Estados Unidos y Francia concurren con cuatro largometrajes cada uno, mientras que Italia y España no figuran en la selección oficial. En esta edición, el jurado será presidido por el realizador francés Luc Besson, e integrado por la actriz británica Kristin Scott-Thomas, la alemana Barbara Sukowa, la actriz y directora francesa Nicole García y la actriz española Aitana Sánchez Gijón. También están presentes el actor británico Jeremy Irons, el director estadounidense Jonathan Demme y su colega italiano Mario Martone. Los invitados de honor del festival, en tanto, serán Gregory Peck, Sean Penn y Philippe Noiret. 

 

PRINCIPAL