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La licencia de papá Blair es una cuestión de Estado 

Mientras los británicos se entregan a la “Leomanía”, Blair  anunció que se toma la muy debatida licencia de 15 días para
estar con su hijo. ¿Dedicación paterna u operación de imagen?



Por Marcelo Justo 
Desde Londres
t.gif (862 bytes) La presentación de Leo Blair al mundo fue a tono con la fiebre mediática que desató su nacimiento en la madrugada del sábado. Las fotos que recorrieron el planeta no las tomó alguien de la familia, sino una “celebridad”, Mary Mc Cartney, hija del ex beatle Paul. No se las mostraron a familiares y amigos, sino a la anónima pantalla del sitio de Internet de la oficina de gobierno y a los ávidos ojos de la prensa mundial que consumió con igual fervor voyeurístico la otra noticia de la jornada: la virtual licencia por paternidad que tomará el primer ministro.
A pesar de que hasta el mismo domingo se insistió en que Tony Blair seguiría al frente del país, su oficina de prensa indicó ayer que el primer ministro “canceló todas sus apariciones públicas” y que se trasladará a la casa de campo oficial a mediados de semana con su familia. Blair asistirá a la reunión semanal que tiene mañana con la reina Isabel II, seguirá firmando los documentos que le lleguen a su lugar de descanso y dejará en manos de su viceprimer ministro, John Prescott, el manejo de la reunión de gabinete de los jueves y de las preguntas al primer ministro, en las que se bate a duelo verbal con el líder de la oposición en la Cámara de los Comunes bajo la omnisciente vigilancia de las pantallas televisivas. 
Según su oficina de prensa, el primer ministro desea recuperar su privacidad y la de su familia, algo que sólo logrará alejándose de su residencia oficial en 10 Downing Street, donde la prensa montó guardia desde que internaron a su esposa Cherie el viernes por la tarde. Una clara indicación del interés de la prensa por el bebé es que los Blair recibieron y rechazaron ofertas de hasta 100 mil libras (unos 150 mil dólares) de revistas tipo Hola para sacarles un retrato de familia. La oficina del primer ministro presenta este hecho como una prueba fehaciente de la sinceridad de Blair, que siempre ha defendido públicamente su derecho a la privacidad. En declaraciones al dominical The Observer, un funcionario de la oficina se quejó amargamente. “Hagamos lo que hagamos perdemos. Si no damos fotos, los tabloides lo toman como una provocación. Si damos las fotos con la familia sonriente, dicen que queremos sacar ventaja política del asunto”, dijo el funcionario. 
La otra gran consecuencia del nacimiento de Leo, la virtual licencia por paternidad de Blair, fue uno de los grandes temas de debate durante el embarazo: en el caso del primer ministro, ¿priman los deberes parentales o los de la nación? La misma Cherie Blair, una de las más brillantes abogadas del país, instó públicamente a su marido a que diese el ejemplo y el martes pasado, a sólo tres días del parto, criticó ante la Alta Corte de Justicia la política gubernamental que, amparándose en un tecnicismo, niega a muchos padres de niños menores de cinco años el derecho a tomar las hasta 13 semanas de licencia sin goce de sueldo que estipula la ley.
En realidad, el pasado 15 de diciembre entró en vigor en Gran Bretaña una directiva de la Unión Europea que otorga ese derecho, pero bajo presión de las centrales empresarias, el gobierno laborista decidió que sólo sería aplicable a los padres de niños nacidos después de esa fecha. Según Cherie Blair esta medida es ilegal, impide que casi tres millones de padres se acojan a sus beneficios y generan un serio desequilibrio en la relación familia-trabajo. 
La sospecha de los escépticos es que en la decisión de Tony Blair de tomar una virtual licencia podrían contar tanto las presiones de las primeras 48 horas de su hijo Leo como las encuestas que desde hace una semana indican que los conservadores están achicando la diferencia que los separa de los laboristas. Un primer ministro acariciado por el rostro humano de la paternidad puede ser un baluarte a la hora de recuperar unosíndices de popularidad que empiezan a mostrar señales de deterioro tras tres años de gobierno. 

 

DOS ASESINOS, ONCE ACTORES Y UN SECRETO
Un turbulento árbol genealógico

Por M. J.
El recién nacido Leo Blair desciende de dos asesinos, una familia de esclavistas, cinco alcohólicos, 11 actores de dudosa reputación y un secreto de familia por el que debería apellidarse Parsons y no Blair. Según el diario The Times, la mayoría de las escabrosas ramificaciones del árbol genealógico de Leo pertenecen a la familia materna, los Booth. El más notorio de todos, al que la historia tocó más de cerca, es John Wilkes Booth, hermano del tatarabuelo del tatarabuelo de Leo, un esclavista que asesinó al presidente abolicionista y victorioso de la guerra civil estadounidense Abraham Lincoln (nada más y nada menos) en un teatro en 1865. John Wilkes Booth era un alcohólico donjuanesco que se dedicó a las tablas, como buena parte de la línea materna de Leo, empezando por el padre de Cherie, Tony Booth, famoso por las mismas características que John Wilkes, aunque a diferencia de éste no se dedica al asesinato de cruciales figuras políticas. El padre de John Wilkes tenía el temible nombre de Junius Brutus y tuvo 11 hijos, todos esclavistas. En 1912 su sobrino, Junius Brutus Booth III, deprimido por su fracaso actoral, asesinó a su esposa y se suicidó, constituyéndose en el segundo asesino del que la familia tiene conocimiento. No toda la línea sanguínea materna tiene esos turbulentos antecedentes. Claramente opuestos a la violencia son el abuelo del bisabuelo de Leo, Sidney Booth, encarcelado por pacifista durante la Primera Guerra Mundial y el tatarabuelo de la madre de Cherie Blair, Robert Thompson, quien desertó del conflicto. En comparación, la línea paterna es una aparente letanía de vidas apacibles, con un solo hecho oscuro que concierne directamente al primer ministro Tony Blair y a uno de los blasones de toda genealogía: el apellido. El padre de Tony Blair, Leo, en cuyo honor se acaba de nombrar al nuevo hijo, fue adoptado en 1925 por el escocés James Blair, un aparejador de barcos, y su esposa Mary. Los padres biológicos de Leo Blair eran dos artistas itinerantes de los teatros de variedades, Charles Parsons y Celia Ridgeway, quienes intentaron recuperar a Leo pero que debieron desistir ante la firme negativa de Mary Blair, quien había tenido dos pérdidas de embarazo, amenazó con suicidarse, y finalmente, durante la Segunda Guerra Mundial, les escribió que había desaparecido en combate. 

 

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