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Los de bianchi vencieron a River 3 a 0 y lo sacaron de la Copa
Fiesta total, de la Boca a Palermo 

Con goles de Delgado, Riquelme –de penal– y Palermo, Boca superó a River por 3 a 0 y ahora deberá enfrentarse con Bolívar o América de México en las semifinales de la Copa Libertadores. En el partido de ida, River había ganado 2 a 1.

Palermo, que volvió con un gol festeja en los brazos de Riquelme.
El grandote tocó dos pelotas: una fue gol, el tercero de su equipo. Un golazo.

Por Juan José Panno

t.gif (862 bytes) Fiesta por el triunfo y la clasificación, más fiesta porque el que se quedó afuera fue River y fiesta completa con el gol del increíble Palermo, que entró faltando menos de 15 minutos, tocó dos pelotas y una fue golazo. Boca ganó bien, legítimamente, merecidamente, aunque el 3 a 0 suena exagerado. Pero si el balance se hace sobre los dos partidos, el del Monumental y el de ayer, habrá que convenir que el equipo de Bianchi fue levemente superior, quiso más y especuló menos. 
El partido se planteó muy parecido al último disputado en la Bombonera: Boca haciendo el gasto y River esperando, echado atrás. La diferencia, durante el primer tiempo, estuvo en que esta vez Boca llegó menos –creó pocas situaciones de gol– y River estuvo más mezquino que la otra vez: cuatro en el fondo y Lombardi “inventado” en el medio para tapar a Gustavo Barros Schelotto, mientras Zapata se dedicaba a Marchant y Berizzo iba sobre Riquelme. El resto, incluidos Aimar y Saviola, no dudaron en colaborar en la marca. El que menos bajaba –y el que provocó la oportunidad más clara ante un error de Samuel– fue Angel. En síntesis: River especulaba a partir de las limitaciones ofensivas de Boca, y le estaba yendo bien. Es que Riquelme anduvo enchufado en los primeros quince y después se cayó. Cuando volvió a la escena en el segundo período fue vital, pero en los 45’ iniciales, no. A Boca no le salía ninguna variante. Buscó con el “diez” el foul en los costados, especulando con sus posibilidades en las pelotas detenidas, pero River se cuidó de esas faltas y, además, todos los centros fueron de los defensores o de Bonano; tampoco se dio la busca de paredes Moreno-Riquelme o los enganches del centrodelantero, que las comenzó bien, pero las terminó inofensivas. Para colmo, la única clara –más allá de una escaramuza en que pareció que derribaban a Gustavo Barros Schelotto en el área– fue un mano a mano de Delgado que una vez más no pudo resolver, tapando Bonano dos veces: ante él y, en el rebote, ante Riquelme. Por el lado de River, dependió de lo que inventara Aimar o del oportunismo de Angel, que casi desnivela a los 28’ ante una falla de Samuel. Y prácticamente nada más. 
En el segundo tiempo, River mostró otra cara. El cambio obligado de Franco por Ramos en el final del primer período provocó variantes (Lombardi fue de lateral) que le dieron al visitante más presencia en el medio. El partido se hizo de ida y vuelta hasta que a los 15’ Boca encontró el gol. Apareció Riquelme, metió un centro fantástico, fallaron Bonano y Yepes, y Delgado llegó por atrás para empujarla. 
Los dos quedaron a un gol de la clasificación y River casi lo logra con un remate de Zapata. Antes, Angel no había llegado por milímetros a un centro cruzado. Cuando River empezó a caerse físicamente, cuando empezó a pensar en los penales, cuando entró Palermo, cuando salió Aimar, cuando Gallego se asustó del todo, Boca renovó las motivaciones y encontró el desnivel: dudoso penal de Trotta a Battaglia, que había reemplazado a Gustavo. Lo tiró Riquelme a la izquierda del arquero, que había buscado el otro palo. El tiro de gracia lo aplicó sobre la hora Palermo, en una jugada de varios toques sucesivos que selló con un exacto toque de zurda, contra un palo. Fue el delirio.


uno x uno

De la mano de Román

Por F. M.
Si hay que hablar de una figura de Boca, las palmas se las lleva Riquelme (7), que comenzó con mucha fuerza y gambeta, pero se fue apagando sobre el final del primero. Cambió en el segundo, volvió oxigenado y terminó siendo una pieza clave: participó en los tres goles, metió uno de penal, y hasta le hizo un caño a Yepes de espaldas con pisada y todo. Ibarra (7) estuvo siempre prolijo en los cierres, aportó en la salida del equipo. Córdoba (7) ganó siempre en el área chica, no se equivocó en los saques y tuvo dos atajadas fundamentales: la primera a Angel y la segunda a Zapata. Delgado (6) no anduvo bien en el juego y desperdició dos oportunidades clarísimas de gol. Se perdió dos mano a mano con Bonano, pero levantó su nivel sobre el final del partido. Bermúdez (6) le ganó el duelo a Angel y cumplió su trabajo con claridad, le faltó un poco de precisión al sacar la pelota. Gustavo Barros Schelotto (6) tuvo un muy buen primer tiempo, se impuso en los ataques por la izquierda, pero sobre todo recuperó bastante ayudando a Traverso. Rodolfo Arruabarrena (6) pasó constantemente al ataque superando a Lombardi, y por su carril Boca consiguió llegar varias veces al área de Bonano. Casi hace un gol, remató desde afuera y la pelota pasó muy cerca del travesaño. Walter Samuel (5) cometió varios errores defensivos. Perdió una pelota con Angel que pudo haber abierto el marcador en el primer tiempo. Después mejoró, cumplió, pero no brilló como en otras oportunidades. Cristian Traverso (5) le dio mucha fuerza al equipo en la salida y aportó en la iniciativa del equipo. En la recuperación jugó siempre al borde de la falta y Aimar se le escapó seguido. Marchant (5) no lució como en el primer Superclásico de la serie de tres. Al principio le costó ubicarse, pero después trató de soltarse para recibir y hacer jugar a Moreno y a Delgado. En cuanto a la recuperación, el saldo no fue positivo. El que no anduvo bien fue el juvenil Moreno (4). Los primeros diez minutos se retrasó y con eso desorientó un poco a los defensores de River, pero su actuación fue decayendo. No generó peligro en el área de River y protestó mucho contra los fallos del árbitro Angel Sánchez. Sebastián Battaglia entró como segundo volante central (por Barros Schelotto), pero terminó jugando por izquierda casi siempre en ataque. Martín Palermo (por Moreno) tocó dos pelotas, la última fue el tercer gol de Boca.


Aguantar y poco más

Por A. G.
En River no hubo grandes figuras para destacar. Bonano (6) había sostenido el empate, en especial con un mano a mano a Delgado, pero dejó dudas en la salida en el primer gol de Boca. Otro que pintaba para tener una actuación destacada fue Aimar (6). El juvenil se cargó el equipo al hombro, aunque la soledad a que lo condenó el planteo táctico lo dejó siempre en inferioridad frente a los volantes rivales. Igual las peleó todas y ganó muchas. El único que intentó asociarse con Aimar fue Zapata (6). Si bien estuvo demasiado contenido (como todo River) en la primera parte, en la segunda se transformó en una pieza clave con su subida por izquierda. Córdoba le tapó un zurdazo que podría haber cambiado la historia. Saviola (6) insinuó mucho más de lo que concretó, aunque cada vez que tomaba la pelota daba una sensación de electricidad que no consigue ningún otro jugador. En su favor hay que decir que le llegaron muy pocas pelotas limpias como para que se pudiera lucir. La limpieza que había exhibido Yepes (5) en el primer partido quedó en el olvido en la revancha. Ya no tuvo tanta solvencia y tampoco se mostró certero en la salida con la pelota. Sí se mostró sólido en el juego aéreo. Se comió un caño histórico de Riquelme. Berizzo (5) también lo sufrió a Román en el arranque del partido, ya que le costó encontrar su posición en la cancha. Pero con el correr de los minutos lo controló mejor y ya no pasó grandes sobresaltos. Otro que tampoco tuvo demasiado lucimiento fue Placente (5). Si bien no lo complicaron demasiado por su sector, casi nunca se sumó en función de ataque y su trabajo quedó confinado a cuidar su zona. Fue otro de los que se limitó a cumplir y nada más. Uno que sintió demasiado el trámite del partido fue Angel (5). Por características, el colombiano necesita que sus compañeros se acerquen para juntarse, y ayer eso nunca ocurrió. Su aporte estuvo dado en función de luchar con Bermúdez y Samuel los pelotazos frontales que le tiraban desde el fondo y, por más que se las rebuscó, ese no es su fuerte. Ramos (4) y Lombardi (4) no justificaron su presencia en el partido. Se confundieron los roles y se superpusieron. Ninguno de los dos dio seguridad. Trotta (3) se cansó de tirar pelotazos a las tribunas. Para colmo falló en la jugada del segundo gol y cometió el penal. La entrada de Franco (6) le sirvió a River, ya que cuidó más la pelota y se asoció con Aimar.

 

 
Tres

1-0 14 del segundo tiempo: Juan Román Riquelme maniobró por izquierda y se hamacó a la altura del costado del borde del área grande, juntando a Berizzo y compañía, mientras esperaba encontrar el hueco. Finalmente, sacó un derechazo largo con comba hacia adentro que voló por encima de todos -de Yepes incluido, el último de la fila– y fue a parar al pie derecho de Delgado que venía por detrás, saltando para conectar ante la salida desesperada de Bonano, al bulto y tarde. La pelota entró débil, pidiendo permiso y por el medio.
2-0 39 del segundo: rechazo defectuoso de Trotta en el fondo de la defensa de River, a dos metros de la línea, tirado a la derecha. Deja el despeje de rastrón en el borde del área y la recibe Battaglia, que se manda y adelanta la pelota mientras el defensor sale a cruzarlo y, sin tocar la pelota, se lo lleva puesto. La ejecución de Riquelme es toda autoridad: con el interior del pie derecho a media altura al palo izquierdo de Bonano, que se juega al otro lado.
3-0 en el descuento: Riquelme la entretiene, con River muy cansado, cerca del rincón del corner, a la derecha de la defensa rival. Toca paralelo a la raya de fondo, corto al vacío para Battaglia que avanza cerrándose y hace el centro atrás para Palermo, descuidado en el centro del área. El nueve –tercera pelota que tocó– la paró de espaldas al arco, se acomodó, amagó e inhibió a Zapata para tocar, eligiendo el rincón derecho de Bonano.

 

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