Principal RADAR NO Turismo Libros Futuro CASH Sátira


CLARA APARICIO REYES explica el sentido de “Aire de las colinas”
“Que se revele el Rulfo que conocí”

El libro reúne cartas que el mexicano dirigió a su novia, y futura esposa, entre 1945 y 1950. “Yo le di una fuerza especial”, dijo la viuda.

Las cartas que escribió Rulfo a su amada revelan algunos detalles de la gestación de “Pedro Páramo”. Aparicio Reyes participó de la presentación simultánea en Buenos Aires, Madrid y México D. F.

Por Verónica Abdala

t.gif (862 bytes) Cuando en 1941 el mexicano Juan Rulfo conoció a Clara Aparicio Reyes, una muchachita de 13 años que desde el primer encuentro le recordó a su madre, muerta 15 años antes, se vio invadido de un sentimiento tan poderoso que originalmente sólo supo referirse a él como “el desequilibrio del amor”. En los años posteriores, Rulfo se extendió con cientos de miles de palabras, preciosas y precisas, en una serie de cartas que durante su vida permanecieron guardadas en la intimidad de su casa. Por aquel entonces, mientras las naciones del mundo se trenzaban en los combates iniciales de la Segunda Guerra Mundial, Rulfo sumaba escasos 24 años, soñaba con formar una familia para toda la vida –proyecto que concretaría con Clara Aparicio– e imaginaba los primeros personajes de sus ficciones, sin sospechar que el destino le tenía reservado un lugar privilegiado. Con la publicación de los cuentos de El llano en llamas y de su única novela y obra cumbre, Pedro Páramo, en 1955, el mexicano se convirtió en uno de los mayores escritores latinoamericanos del siglo, admirado tanto por sus colegas como por sus lectores. El colombiano y Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez reconoció en él a uno de sus maestros.
“Vivir para ti es una cosa hermosa, y siempre me ha gustado conservar las cosas hermosas porque son las únicas que me dan ánimos y me hacen caminar por el mundo”, le escribe Rulfo a su amada, en 1948, en una de las 81 cartas reunidas en Aire de las colinas. Cartas a Clara (editorial Sudamericana), un libro prologado y comentado por el investigador y crítico literario mexicano Alberto Vital, que se presentó ayer en simultáneo en Madrid, México y Buenos Aires. Además de revelar aspectos íntimos de la pareja, Aire de las colinas... aporta datos documentales invalorables para los lectores y, sobre todo, para los estudiosos de la obra del escritor mexicano. Las cartas, escritas entre octubre de 1945 y diciembre de 1950, testimonian, por ejemplo, que Rulfo comenzó a idear Pedro Páramo muchos años antes de publicarla. Y sirven, incluso, como una valiosa muestra de lo que fue la evolución del escritor en relación a la utilización del lenguaje: adentrarse en ellas, en este sentido, es un placer que vale por sí mismo, al margen de su utilidad documental.
“¿Por qué se decidió ahora a hacer públicas estas cartas, que tantos años resguardó de la mirada de terceros?”, fue interrogada la viuda de Rulfo, de 72 años, que participó del acto de presentación en teleconferencia desde Madrid. “Lo hice porque sentí la necesidad de que ustedes conozcan al Rulfo que yo conocí, un hombre de una inmensa dulzura y una indiscutible sabiduría”, respondió. “Para llegar a ser lo que fue y perseguir con tenacidad sus objetivos literarios, él necesitó de una fuerza especial, y esa fuerza me la pidió a mí. Yo le decía ‘Juan: tú puedes, tú puedes, sólo tienes que proponértelo’, y entonces seguía. El amor hizo el resto, y por eso llegó a concretar su gran sueño.” Evidentemente conmovida por la magnitud del acto, que en Buenos Aires presidieron Ana María Muchnik, Gloria Rodrigué y Osvaldo Quiroga, Aparicio admitió que “Juan se hubiese emocionado hasta las lágrimas de poder ver con qué pasión estamos conversando acerca de sus sentimientos y de su obra. Sin duda se hubiera sentido realizado.”
Vidal, que se ubicaba a su lado, opinó que “la materia cruda de la vida de un escritor es el impulso inicial para transformaciones verbales y anímicas que alguna vez emergerán convertidas en acontecimientos literarios. El amor que unió a Clara y al escritor es, en este marco, un eslabón ineludible de su biografía, que nos ayuda a profundizar el conocimiento, tanto del hombre como del escritor.” Y agregó que “éste libro guarda la chispa de Rulfo en sus páginas. Se puede arriesgar que, por su importancia, es el tercer libro de Rulfo. Con él descubrimos a un hombre en cierto punto desconocido.” Sobre la posibilidad de que se publiquen otros materiales inéditos del mexicano, sus editores adelantaron que es probable que se edite un volumen que reunirá una serie defotografías de edificios y otras construcciones mexicanas tomadas por el escritor, que incluía entre sus pasiones la arquitectura y la fotografía.


Palabras de amor

“Desde que te conozco, hay un eco en cada rama que repite tu nombre, en las ramas altas, lejanas, en las ramas que están junto a nosotros, se oye. Se oye como si despertáramos de un sueño en el alba. Se respira en las hojas, se mueve como se mueven las gotas del agua. Clara: corazón, rosa, amor... Junto a tu nombre el dolor es una cosa extraña. Es una cosa que nos mira y se va, como se va la sangre de una herida, como se va la muerte de la vida. Y la vida se llena con tu nombre: Clara, claridad, esclarecida. 
Yo pondría mi corazón entre tus manos sin que él se revelara. No tendría ni así de miedo, porque sabría quién lo tomaba. Y un corazón que sabe que presiente cuál es la mano amiga, manejada por otro corazón, no teme nada. ¿Y qué mejor amparo tendría él, que esas tus manos, Clara? He aprendido a decir tu nombre mientras duermo. Lo he aprendido a decir entre la noche iluminada. Lo han aprendido ya el árbol y la tarde... y el viento lo ha llevado hasta los montes y lo ha puesto en las espigas de los trigales. Y lo murmura el río... 
Clara: Hoy he sembrado un hueso de durazno en tu nombre.”
Juan. 
Guadalajara, octubre de 1944.
(de “Aire de las colinas”)

 

PRINCIPAL