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LUIS PICO ESTRADA, ASESOR DE LA SIDE
Ha llegado un asesor

Un estrecho colaborador de Massera fue nombrado por orden presidencial.


Por Susana Viau

t.gif (862 bytes) Desde hace un mes, el titular de la Secretaría de Inteligencia del Estado, Fernando de Santibañes, cuenta con un nuevo asesor. El nombramiento causó zozobra entre algunos funcionarios que saben de las muchas virtudes del flamante asesor pero temen a su talón de Aquiles: la estrecha y pública relación que Luis Pico Estrada mantuvo con el ex almirante Emilio Eduardo Massera.
Pisa casi los 70 años y es un personaje vastamente conocido entre quienes configuraban el mundillo literario de su generación. Culto, elegante, buen mozo, Luis Pico Estrada comenzó su carrera periodística en La Nación. Un vínculo que acentuó su primer casamiento con una descendiente de los Mitre, Sara Gallardo, autora, entre otras, de una larga novela llamada Los galgos, los galgos y hermana de la editora Marta Gallardo, ambas tataranietas de Miguel Cané y ambas también consideradas dos hermosas mujeres, morenas y espigadas. El matrimonio naufragó, dicen, a causa del incendio desatado por el romance que Luis Pico Estrada mantenía con una popular locutora de televisión: Lidia Satragno, alias Pinky, actual secretaria de Acción Social del Gobierno de la Ciudad. 
Con la ruptura, Sara Gallardo, que moriría muy joven, encontró refugio en el escritor Héctor A. Murena y Pico Estrada en la editorial de los Vigil, donde dirigió la revista Atlántida. Hombre de mundo, podía darse el lujo de gestos extravagantes. Así, cuentan que a poco de asumir la jefatura de la revista explicó a sus subordinados que quería que la redacción sonara como una orquesta y, para estupefacción de quienes estaban a esa hora en el edifico señorial de la calle Azopardo, se subió a una silla, tomó un palito y ordenó: “Vos dale con la Olivetti por acá”, “ahora entran los bajos por allá”. Para entonces, Pico Estrada ya había escrito su propia novela: Unos cuantos días. Era un integrante más de lo que, con disidencias, configuraba las últimas, más jóvenes, estribaciones de Sur; la derecha aristocrática y glamorosa a la que le gustaba más jugar con la inteligencia que con las vacas. 
Pico Estrada fichó más tarde para la competencia de Atlántida, la Editorial Abril –todavía poderosa en Argentina– y fue mandamás del semanario Panorama. En su carrera audiovisual, accedió a la dirección de Canal 7. No se le conocen desmarques progresistas, pero el golpe militar de 1976 mostró hasta dónde podía llegar en su adhesión incondicional a las derechas. Fue, como recuerdan muchos, “lobbysta de blancos y azules”, una empresa casi imposible teniendo en cuenta que el enfrentamiento entre Ejército y Marina había incluido momentos de alta letalidad. Pero si bien poseía una inmediata llegada a Roberto Viola y sólo le bastaba levantar el teléfono para lograr una entrevista, la lealtad de Luis Pico Estrada se concentraba en el ex almirante Emilio Massera. Fueron frecuentes sus viajes a Bahía Blanca, epicentro del imperio naval, y ocupó, gracias a ello, una importante gerencia de Canal 13 –gobernado por la Marina–. Massera era a su modo un snob; lo podían los apellidos, la fama y todo aquello que implicara un salirse de la grisura cuartelera. En su revólver había muescas de sonadas aventuras con modelos –hoy vedettes–, señoras aristocráticas y hasta escritoras. Martha Lynch (La señora Ordóñez, La alfombra roja), a la que le gustaba la proximidad del poder –se rumoreó una ligazón más que política con Arturo Frondizi, fue parte del charter que trajo al país a Juan Domingo Perón, aunque después hiciera relatos jocosos sobre la variedad del pasaje–, quedó enredada en la aporteñada y vulgar seducción de El Negro. No fue extraño, por lo tanto, que “el almirante Cero” convirtiera a Luis Pico Estrada en su analista político.
La desafortunada guerra de Malvinas liquidó de cuajo las aspiraciones presidenciales de Massera. Vendrían el Juicio, las denuncias, los testimonios del horror de esos años. Pico Estrada quedó fuera de los medios. No obstante, sobrevivió hasta no hace mucho con la edición de una newsletter destinada a políticos y empresarios. Por una buena suma, los suscriptores accedían mediante Informe Uno a información no siempre deprimera agua pero fiable, escrita con soportable ironía y en la que los giros en inglés y francés y las referencias gastronómicas permitían individualizar la mano de su director editorial, Luis Pico Estrada. En ella, el amanuense de Emilio Massera se presentaba a sí mismo como “director de revistas, canales de televisión y consultor en comunicaciones de la UNESCO”.
Un mes atrás, el dato de que Pico Estrada regresaba a ocupar un puesto de asesor en la SIDE comenzó a circular, alentado, según se asegura, por las aspas del ventilador de Hugo Anzorreguy. Página/12 confirmó la exactitud de la versión y algo más: la polémica designación estaba originada en un pedido personal del presidente Fernando de la Rúa. 

 

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