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Sushi con agua sin gas

Pasado el tiempo de la grande de muzzarella con champán, a la nueva era parece que le corresponde un nuevo menú y un nuevo romance en la familia presidencial. En este caso, entre una reina del pop latino y un De la Rúa mediático.


Por Sandra Russo

t.gif (862 bytes) Casi olvidados ya los tiempos en que la metáfora gastronómico-política que dominaba la escena nacional aludía a una de muzzarella con champán �una manera de simbolizar aquella vulgaridad pretenciosa que no es necesario explicar�, estamos ahora en plena etapa de sushi con agua sin gas. A cada nueva etapa le corresponde, de acuerdo a la lógica de las revistas de actualidad, un romance. Y el que busca encuentra. ¿Qué pasto más nutritivo podían encontrar que ése que les dieron en la boca �la reina del pop latino� y �el soltero más codiciado del país� dejándose fotografiar juntos en una aerosilla de Bariloche? 
Si efectivamente Shakira y Antonio de la Rúa fueron víctimas de un flechazo mutuo que los llevó a compartir algunos días en el sur, el relato pormenorizado de esos días que hicieron las revistas esta semana no deja entrever demasiado fuego, sino alguno que otro piquito y una sucesión de actividades frenéticas en grupo �para colmo, en grupo familiar�: con los padres y los hermanos de ella deambulándoles alrededor, con los custodios de ella y los de él, con partidos de tenis en el hotel Llao Llao, con tours al cerro Campanario, con visitas guiadas a la estancia del jefe de la SIDE en San Martín de los Andes, no hay fuego que resista. 
Sin embargo, tanto el perfil de la cantante colombiana como el del hijo del Presidente se adaptan de maravilla a ese frenesí imparable en el que las metas están ubicadas por sobre los deseos. Los dos encarnan modelos de jóvenes que no se distraen de sus intereses, a diferencia de la década pasada, en la que remolonear, salir de shopping, cambiar de carrera cada dos años y no entender nada de política era un must. En la etapa del sushi con agua sin gas hay valores que recién ahora se están cristalizando, y que Shakira y Antonio representan cada uno a su manera. Las palabras ambición y realismo deberían ser marcadas con resaltador.
Ella tiene apenas 23 años y lleva vendidas 16 millones de placas entre sus cuatro discos. Cuenta la leyenda que la chica es hipersegura y que tiene una voluntad a prueba de entrevistas: llegó a dar cuarenta en un mismo día. Hasta se desmaya de cansancio recién cuando puede, es decir, cuando se alejaron los flashes. Es más que una típica cantante latina al estilo Thalía o Jennifer López, que hacen de sus curvas y sus mohínes el eje de sus carreras. Shakira tiene otros ingredientes. El primero que se dio cuenta, en Colombia, su país, fue Gabriel García Márquez, que le dedicó cuatro páginas de su autoría en su revista Cambio y la pintó allí como una niña de prodigiosa tenacidad y carisma que a todas luces lo tenía fascinado. La describió, además, como un animal escénico de pura cepa: �La mayoría de los cantantes se hace poner las luces de frente para no enfrentarse al fantasma de las muchedumbres. Shakira eligió lo contrario. Instruyó a sus técnicos para que no instalen las luces fuertes contra su cara, sino que las vuelvan hacia el público para que ella pueda verlo y vivirlo mientras canta�, escribió el escritor que recién después de rendirse a sus pies se convirtió en ídolo de Shakira. Hasta entonces, ella prefería a Oliverio Girondo.
Shakira, como todas esas extrañas y alienadas criaturas paridas por el show business, parece amar todo lo que le sirve. Mientras tanto, escribe sus propias canciones, es siempre comparada con la canadiense Alanis Morissete, declara que �para los poperos siempre seré una rockera, y para los rockeros, una popera�, y sigue vendiendo discos a destajo.
Antonio, por su parte, cultiva un perfil alto que sólo parece bajo gracias a su especialidad, el marketing y la comunicación. A sus 26 años, reciente abogado, tiene en su haber varias campañas políticas exitosas y un status de hijo del Presidente que todavía está descorchando, o destapando, mejor dicho, porque lo suyo es el agua sin gas: un estilo neutro, básico, sobrio, de muchacho �informal�, como se les dice a los formales cuando el viento los despeina. Es eficiente, es ambicioso, es astuto, y sabe rodearse. Del �dicen que soy aburrido� que le hizo pronunciar a su padre en la campaña presidencial y que constituye su mayor logro, puede decirse que constituyó �con David Ratto y Ramiro Agulla atrás, claro� una apuesta riesgosa en la que él creyó y en la que puso sus fichas. Desde entonces se han tejido sobre él varias hipótesis. La principal es que es el hijo desconfiado de un hombre desconfiado y que alienta a De la Rúa padre a tejer alianzas con tropa propia y joven, tropa que come sushi y bebe agua sin gas, porque está integrada por jóvenes que se levantan muy temprano para ocupar sus sillas.
Si Shakira y Antonio la pasaron bomba en Bariloche, es una suerte para los dos, que son lindos, tienen plata, frecuentan celebridades y pueden darse el lujo de hacer cerrar el restaurante de un hotel para poder mirarse a los ojos tranquilos. Pero como siempre que se rozan la farándula y el poder, la farándula cosecha pura ganancia, y el poder pone en riesgo su recato. ¿Sería mucho pedir que los hijos de los presidentes no abusaran tanto de los vips, que no corrieran, chapa en mano, a los camarines de cuanto artista les caiga simpático? Sobre todo cuando el sushi es para tan pocos, y el agua sin gas para la mayoría y, si tienen suerte, es la de la canilla.

 

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