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BATALLAS VECINALES POR LOS TAÑIDOS
Campanadas en los oídos

En la Iglesia Santa Felicitas las campanas callaron por orden judicial. Lo denunciaron los vecinos, que no daban más. En la ciudad hay muchas guerras similares.

Calificativo: �No me querían tomar la denuncia�, se queja ahora María Teresa. �Yo tomaba pastillas para dormir y el cura nos llamaba neuróticos�.

El campanario de la Iglesia Santa Felicitas, en el barrio de Barracas.
Estuvo silencioso muchos años, hasta que lo reactivaron en diciembre.


Por Alejandra Dandan

t.gif (862 bytes) Aquí, a treinta metros de altura, tal vez un poco más, está detenido un viejo campanario. Su ciclo se cerró en marzo del 2000, un día lunes. A la 1.52 minutos. A exactos 8 minutos de la campanada horaria y, mientras una de las vecinas del barrio se disponía a taparse con orejeras y a adormecer sus sentidos con media dosis de valium. Pero todo quedó congelado. María Teresa, la vecina, dejó en su pastillero el valium sin uso y las campanas inglesas suspendieron la presión del badajo en punto muerto. Claro que no hubo en esta historia ninguna intervención divina. La torre galesa de la Iglesia Santa Felicitas de Barracas debió suspender el repique de campanas por una simple orden de la justicia contravencional. La causa: denuncia por ruidos molestos. Felicitas no es el único campanario que causa conflictos entre porteños. En varios puntos de la ciudad, mientras las campanadas suenan hay quienes bregan en Centros de Gestión y comisarías por deshacerse de la melodiosa dictadura del carillón.
Desde la torre galesa, sobre el campanario inglés, Barracas se vuelve un pueblo de casas bajas. El campanario se presta como mirador capaz de generar un puente imaginario hacia el otro lado del Plata. Desde aquí, el sonido de las campanas logra atravesar hasta los cristales de las ventanas vecinas. 
También la de María Teresa Garibay. Vive a unos diez metros del campanario, en cuesta abajo. Su casa es parte de un edificio de tres plantas, desde donde partió el primer discado al 101: Comando Radioléctrico. 
�Señor �pidió un vecino al policía que atendía del otro lado�, quiero hacer una denuncia por ruidos molestos.
A continuación, acusó:
�Dije que era contra el campanario de la Iglesia.
Oyó risas y sospechó que no lo tomaban en serio.
�No me querían tomar la denuncia�, se queja ahora María Teresa a Página/12. �Yo tomaba pastillas para dormir y el cura nos llamaba neuróticos.�
El edificio de Santa Felicitas fue levantado a fines del siglo pasado, en 1872. Un año después se fundían seis de sus siete campanas, en Londres. En los talleres John Moores and Sons, de esa misma ciudad, fue hecho el perfecto artefacto mecánico que controló los tañidos de la torre hasta hace 37 años, el momento en el que dejó de funcionar. 
Todo aquel engranaje tuvo como punto de partida a la aristocracia urbana de fines del siglo pasado. Felicitas Sánchez de Thompson había muerto y sus padres levantaron la Iglesia en su nombre y la donaron a la Municipalidad. Así lo cuenta el padre Dante Galiati, mientras recorre el parque de la capilla y va levantando la vista hacia el campanario. �Lo único que puedo decirle es que a mí �advierte� no me interesan los líos, sólo quiero que todos colaboremos.�
La historia que lo ha puesto en este relato se definió en diciembre. Una representación de Gran Bretaña le ofreció a don Galiati reparar el viejo reloj. �La embajada hizo todo un esfuerzo por arreglar la pieza porque sólo era posible hacerlo en Londres�, cuenta. Así fue que un día una grúa extrajo la pieza de la torre y llevó los 500 kilos en un avión hasta Clerkenwell. �La compañía �sigue con orgullo� es del 1600 y repara las torres y catedrales más importantes de Europa.� 
En diciembre, el 10, cuando asumía Fernando de la Rúa, Santa Felicitas recibió en su atrio y en el campanario al príncipe Carlos de Gales. El visitante subió los treinta metros de altura hasta la torre y puso en marcha por primera vez después de años de silencio, el sistema de campanas.
Cuatro meses después, tres patrulleros de la Comisaría 26ª paraban en la calle Pinzón frente a la Iglesia: ordenaban el cese de las campanas por ruidos molestos. A los días, el campanario reparado en Inglaterra se desactivaba. �No tengo por qué tolerarla �dice ahora María Teresa�, es un atropello a mis derechos de ciudadana.� Su queja no es la única que apareció en el barrio. Mirta Piraino vive en uno de los edificios laterales. Aquel 10 de diciembre cuando oyó el campanario se sorprendió: �Al principio no entendía qué pasaba: sonaba cada 15 minutos y yo pensaba que se habían olvidado de desconectarla�.
No había olvidos, acaso se trató de la recuperación de una estética donde la torre marcaba la rutina de los habitantes de Barracas. �A los 15 minutos y cuando pasaban los 45 de cada hora �comenta una vecina�, el sonido avisaba que iba a volver a sonar quince minutos después.� Es que las campanas estaban programadas para sonar cada 15 minutos durante las 24 horas del día. 
�En casa dejamos todos de dormir la siesta.� Se queja Mirta que de todos modos aclara que �son muy lindas las campanas, pero todo depende de la hora�. Fue justamente por la propagación de los sonidos nocturnos que Víctor se mudó de su cuarto al de su hija. Pero incluso aquello no resultó: �Consulté para poner vidrios doble ventana �explica�, y me dijeron que el sonido no lo parás ni con los dos vidrios�. 
El hombre fue parte del grupo que presentó la denuncia que ahora lleva adelante la fiscalía contravencional Nº 10. Desde allí partió en primer término la orden de no innovar que detuvo a las campanas. En este momento aún no se ha decidido si se las volverá a activar, esa posibilidad quedará resuelta una vez que concluya el estudio de decibeles pedido al Gobierno de la Ciudad. 
De todos modos, Víctor y el resto de la gente saben que hay más de 1000 firmas recolectadas por quienes quieren que las campanas vuelvan a sonar.
Por si ese reclamo masivo tiene resultado, Ana María dice: �El que no vive acá no sabe lo que significaba que le pongan a uno la campana en la oreja: qué prueben a ver si les gusta�.

 


 

OTROS VECINOS SUFRIDOS EN VILLA CRESPO
�Sólo siestas de media hora�

Por A.D.

Laura está obsesionada. Hace unos domingos, en la cocina de su casa se detuvo a hacer unas anotaciones. Oyó el primer tan, y lo escribió. Sintió el segundo, y sumó una nueva línea. En minutos contó 35 tantantanes de las campanas de la parroquia de San Bernardo, en Villa Crespo. Entonces, cuenta, se calmó, tomó aire y cultivó sus principios de vida ciudadana. Cruzó su patio y fue a visitar al padre Ariel. �Cuando me quejé me dijo: `Dios te bendiga� �dice fastidiada�. Ni sabe si soy creyente.�
No es creyente pero advierte que su resistencia al tañido de las campanas no tiene connotaciones anticlericales. Le molestan. �Suenan por ejemplo las de las nueve de la mañana, pero antes de la hora toca una música tantantantan: todos los días.� Laura ha adquirido en este tiempo la metódica paciencia de un científico controlando experimentos. Sabe que si son las 12.18 le convendrá esperar hasta las y media para dormir la siesta. �De lo contrario me despierta, puedo dormir siestas de media hora y mis nenas no pueden dormir.� 
De todos modos, el campanario que tiene del otro lado de su medianera tiene alguna funcionalidad: �No necesito poner despertador: los domingos sé que me levantan a las 9�. Eso sí, cuando a la familia se le ocurre hacer uso del ocio entre sueños, sabe que mejor será pedir prestada la casa de algún amigo.
En la puja contra las campanas, Laura Adelstein y su marido fueron a visitar al padre Ariel. �Le pedí aunque sea que regulen el tañido, pero me dijeron que el programador del sonido estaba en el interior.� Con la cibernética incorporada al torreón, sólo consiguieron que el sonido se apague de noche. Para el padre Ariel, en cambio, ese campanario y la Iglesia son la identidad de un barrio con el que seguramente Laura no se siente obligada a comulgar. �La Iglesia con el campanario funcionando nació en 1896 en torno de una fábrica de calzado, por lo tanto fue lo primero que existió en el barrio�, dice el padre. Según su lógica, quien vive allí debería haber sabido que la Iglesia existía y, con ella, el campanario. 
Pero existe un problemita: esas campanas �como las de Barracas� no funcionaron durante unos cuantos años. En 1996, con el centenario de la iglesia, la curia festejó la recuperación del sonido de las campanas. Y ahí empezó el problema en la casa de Laura.

 

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