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CARLOS MARTINI, ANALISTA MILITAR Y POLITICO PARAGUAYO
�Esto es una cleptocracia�

El sociólogo paraguayo Carlos Martini cree en la versión oficial del extraño intento golpista de la semana pasada en su país. Sin embargo, para Martini el problema no es ni el golpismo ni su líder, Oviedo, sino �una clase política completamente inepta sin ningún proyecto de país�. 

La Policía rodea la empresa estatal de electricidad. Las protestas por los proyectos de privatización continuarán.

La vigilancia en las calles de Asunción es cada vez más pesada desde el intento golpista del jueves 19.


Por Pablo Rodríguez

t.gif (862 bytes) Carlos Martini tiene varias profesiones: se recibió de sociólogo, tiene un alto cargo académico en la Universidad Católica de Asunción, es presentador de uno de los principales noticieros de la televisión paraguaya y, además, llegó a especializarse en temas militares. Dice conocer el pensamiento de varios oficiales de las Fuerzas Armadas y se atreve a asegurar que no hay condiciones para otro intento golpista en Paraguay. Pero al mismo tiempo traza un semblante patético, macabro, del futuro político, económico y social de su país. Un semblante que va desde el universo de los cuentos de Franz Kafka hasta el eterno retorno de Friedrich Nietzsche, aunque en realidad, para ser justos con el filósofo alemán, se trata más bien de un círculo vicioso. En esta pintura que le trazó a Página/12, que no haya golpes militares en el futuro (o que sólo sean turbulencias militares) no invita a festejar nada. Martini cree hay pasos alentadores pero, cuando se le pregunta un poco más, dispara: �Esta es una democracia vacía donde el Estado es una asociación ilícita para delinquir�.
�¿Qué pasó aquel jueves? ¿Fue un intento golpista, una opereta de sublevación o un autogolpe?
�Bueno, estaba en marcha una conspiración militar desde hace tiempo, y que involucraba a varios sectores de las Fuerzas Armadas en actividad, muchos más de los que fueron apresados. Mi hipótesis es que esto fue vigilado y monitoreado por fuerzas de inteligencia del exterior, especialmente de Brasil. Dejaron avanzar la intentona mientras se aseguraba que los altos mandos permanecerían leales al gobierno. A mí me consta que el ministro del Interior y el ministro de Defensa sabían que todo esto estaba en marcha. Pero la comunidad internacional intervino nuevamente, como en marzo del año pasado, para aislar a los golpistas. 
�Sin embargo, el presidente del Congreso, Juan Carlos Galaverna, aseguró que el gobierno no sabía a qué atenerse y que las Fuerzas Armadas en realidad esperaron a ver qué pasaba para pronunciarse.
�Es que, evidentemente, el complot abarcaba a más militares que los que fueron detenidos, pero la presión internacional, a nivel de embajadas incluso, fue decisiva. Además, le voy a decir una cosa. Yo tengo contacto con muchos oficiales y, aunque se pueda desconfiar de la voluntad democrática de las Fuerzas Armadas, se dieron cuenta en abril de 1996, con el primer acuartelamiento de Oviedo, de que había otro libreto: el de la globalización. Se dieron cuenta de que Paraguay es el país de Latinoamérica más monitoreado y vigilado desde el exterior y que ya no hay espacio para aventuras golpistas. Que está bajo la tutela directa de Washington y Brasilia. El libreto de la globalización, más aún el del Mercosur, dice �democracia�. Esto es lo que Oviedo no entiende y por eso siempre se equivoca en la evaluación de las relaciones de fuerzas. Como todo líder mesiánico, hace rato que perdió el contacto con la realidad.
�¿Pero es creíble que algunos militares oviedistas creyeran que podían hacer un golpe con seis tanquetas? 
�Creo que la inteligencia de Oviedo y sus seguidores está sobreestimada. No logró nada con el acuartelamiento de abril de 1996 y no logró nada el año pasado cuando quiso hacer un golpe en medio de la confusión luego de la muerte de Argaña. Oviedo no es gran cosa: pudo crecer por una terrible situación social y por una clase política incapaz de llevar adelante un proyecto de país, pero en cuanto a estrategia de acumulación de poder, Oviedo siempre fue un fracaso. ¿Por qué, por ejemplo, Oviedo obligó al ex presidente Raúl Cubas a liberarlo cuatro días después de asumir cuando podía salir en seis meses y en forma negociada con la oposición? Oviedo es menos inteligente de lo que se cree. 
�Sin embargo, convengamos que el intento golpista favoreció al gobierno y perjudicó a Oviedo. Esto de por sí genera dudas. 
�Es verdad y también es verdad que gracias a este intento golpista el gobierno hizo por decreto lo que no podía sacar por ley: una reformamilitar completa, que les quitara poder a las Fuerzas Armadas. Pero si hubiera sido un autogolpe, esto mismo debería contar con la aprobación de los países que �vigilan� a Paraguay. Y eso es muy improbable que ocurra. Además, los protagonistas fueron militares oviedistas de la primera hora y es difícil que se hayan prestado conscientemente al juego. Para mí, fue una encerrona. 
�Si el gobierno afectó la estructura de las Fuerzas Armadas, ¿no puede haber otras intentonas de simple defensa de cuerpo, al margen de oviedismo o no oviedismo?
�Sí, pero los oficiales saben que ya no tienen margen para un golpe. Protestarán, habrá malestar, incluso movimientos, pero no un golpe.
�¿El oviedismo ha muerto?
�Recibió un golpe fuertísimo, y van, pero en Paraguay siempre es aventurado hablar de cadáveres políticos. 
�Hay algo curioso. ¿Por qué un gobierno compuesto por la pata civil de la dictadura de Stroessner se dedica ahora de desarmar a unas Fuerzas Armadas que fueron y son la base de su poder?
�Porque no le queda otro remedio. Las exigencias internacionales son: liquidar el comercio ilegal de Ciudad del Este, privatizar las empresas del Estado y construir unas Fuerzas Armadas modernas. Los mismos hombres fuertes de la dictadura ya no tienen el margen de acción de aquella época. El Partido Colorado, el que había hecho una alianza con el Estado (todos los empleados estatales deben afiliarse al partido) y con las Fuerzas Armadas tiene que ver ahora cómo va a sobrevivir. Algo parecido a lo que le pasa al PRI mexicano.
�Lo lógico sería, entonces, que en esta crisis pasara al frente la oposición. 
�No. La oposición es inepta. Ni los liberales ni los encuentristas tienen ni un proyecto claro ni un liderazgo atractivo. Además, estas reformas son muy pero muy tenues. Supongamos que sigue adelante la privatización de las empresas públicas. Sólo afecta al 0,5 por ciento del funcionariado. El Estado base del Partido Colorado está lejos de ser tocado. 
�El gobierno actual presenta debilidades y fracturas. ¿Será por eso que no puede hacer una reforma mayor?
�Seguro. Este es un presidente incapaz de ejercer algún atisbo, siquiera, de liderazgo político. Y lo peor de todo es que estamos en un país en descomposición: 16 por ciento de desempleo, uno de cada tres paraguayos debajo de la línea de pobreza, 17 por ciento de desnutrición crónica infantil, y a la vez tenemos la represa más grande del mundo, Itaipú. Esto es como Venezuela: grandes oportunidades, pero nada más. El Estado está dominado por una cleptocracia: es directamente una asociación ilícita para delinquir. Si llega a haber cambios en Paraguay, será a pesar del gobierno y porque es una democracia tutelada que hace lo que le dictan. 
�Esto parece lo mismo que decir que no hay salida.
�Mire, Paraguay es como El castillo de Franz Kafka. El señor K, agrimensor contratado por el Castillo, nunca pudo llegar a él. Hay un párrafo de la novela que dice: �Y yo me acercaba al Castillo en un camino que aparentemente lo acercaba, pero luego daba una vuelta y finalmente fui a un camino que conducía a ninguna parte�. Paraguay es un relato kafkiano. Va de oportunidad en oportunidad. Una colega mía dijo que �éste es el país de los 15 días�. Dentro de 15 días, ya nadie se acuerda de lo que pasó. En el fondo, el oviedismo no es el problema, sino esta clase política que no tiene la menor idea de lo que hace. Las condiciones que permitieron que el oviedismo creciera están intactas. Entonces, no sigamos diciendo que el problema es Oviedo. El autoritarismo mesiánico y populista está a la orden del día. Hay estadísticas que indican que el 39 por ciento de los paraguayos se inclina por un gobierno autoritario. Estamos en una transición inconclusa a una democracia vacía, política, económica ysocialmente. Esto parece el eterno retorno de Nietzsche. ¿Viste alguna manifestación de alegría por el fracaso de la intentona? ¿Quién puede salir a defender a González Macchi?

 

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