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“MEDIOS LOCOS”, UNA DE LAS MEJORES NOVEDADES DE LA TEMPORADA TELEVISIVA
“La noticia rebelde”, pero del siglo XXI

Un grupo frecuentemente desquiciado juega cada noche a hacer humor con las noticias, o a partir de ellas, en el aire frío de Canal 7.

Final: El quinteto está sonando cada vez más afinado y, jugando en vivo y sin red, se perfila como un digno sucesor de la dinastía de “La noticia rebelde”.

Mex, Gillespi, Pacheco, Castelo y Marziotta, el quinteto de medianoche.


Por Eduardo Fabregat

t.gif (862 bytes) El paralelismo es inevitable. A comienzos de los ‘80, aun en tiempos de dictadura, cuatro personajes detrás de una gran mesa comenzaron a cambiar la óptica de los magazines periodísticos. Adolfo Castelo, Raúl Becerra, Virginia Hanglin y Raúl Portal ponían entonces la cara en el raro “Semanario insólito”, por Argentina Televisora Color. Con el correr del tiempo, la idea maduró, cambiaron un par de caras y nació “La noticia rebelde”, un producto que medio mundo asocia con el regreso de la democracia. El ingreso de Jorge Guinzburg y Carlos Abrevaya por Portal –que había trabajado en prensa de la dictadura militar– y Hanglin definió un perfil periodísticamente más filoso e ideológicamente menos canalla. Así fue como “La noticia...” se convirtió en un hito. Nicolás Repetto hizo allí sus primeras armas televisivas. Veinte años después del comienzo del género, en las mismas instalaciones del canal que volvió a usar su número, un nuevo e inspirado eslabón parece revitalizarlo: “Medios locos”.
De aquel equipo queda un solo referente, pero el mismo espíritu: Castello, con el pelo tan blanco como entonces, ocupa el lugar de más experiencia en una gran mesa en la que Marcela Pacheco, Gisella Marziotta, Gillespi y Mex Urtizberea encarnan, cada uno a su manera, la actualización de aquel espíritu a los códigos televisivos de 2000. Como para continuar las relaciones, la silla de productor está ocupada por Gastón Portal, quien enfrentó las medianoches del 7 –un horario siempre fértil a las sorpresas– como un desafío especial. El desafío, hasta ahora, tiene viento a favor: “Medios locos” llega a conseguir tres puntos de rating en Capital y Gran Buenos Aires y es uno de los programas mejor planteados del nuevo 7, que hasta ahora ha encontrado los mejores resultados por el lado del humor y del periodismo. Este programa cruza estos dos mundos, de manera deliberadamente arbitraria.
En ello tiene que ver, claro, la composición de su mesa. La heterogeneidad de los personajes podría haberse traducido en falta de identidad –y hasta en un posible gallinero de voces–, pero tras las primeras emisiones el quinteto comenzó a funcionar de modo aceitado, cada uno oficiando de contrapunto o de complemento según la ocasión. Conocedora de la dinámica de noticiero, Pacheco presenta los resúmenes (“Esto es lo que hay”) con un estilo cálido y casi de barrio, alejado del tono neutro de locutora; Marziotta, dedicada al análisis político, parece afirmarse de a poco luego de un comienzo de puro nervio frente a cámara; Castelo, viejo lobo catódico, conoce a la perfección el manejo de tiempos y climas. Pero en “Medios locos” la gran diferencia con respecto a sus antecesores pasa por la incorporación de Mex y Gillespi, representantes de una clase mediática que consagró a productos como “Cha cha cha” o, en la actualidad, “Todo X 2$”. 
En ese dúo descansa el mayor grado de delirio, que aleja al programa del simple esquema de “resumen de noticias”. Fogueado en “Orsai a medianoche”, “Cara y ceca” y “Duro de acostar” (donde apareció por primera vez en cámara), el trompetista Gillespie –crédito como escritor del suplemento No– muestra ahora una soltura sea para “aconsejar” a quienes llaman para quejarse de algo al final de la emisión o para realizar “dramatizaciones” junto a Mex, que le permite dominar la situación con mirada aviesa y efectiva. El ex moderador de “For Fai”, en tanto, juega con su aparente falta de palabras y presenta cada noche alguna canción deforme relacionada con los hechos de actualidad. 
Con esa mezcla de personalidades, “Medios locos” consigue completar un abanico de lecturas de la realidad ideal para cerrar la jornada televisiva. Y lo hace con una independencia notable, impensable en los tiempos de la ATC menemista: el día del anuncio del ajuste económico, el programa emitió uno de los resúmenes más críticos de la jornada, consiguiendo a la vez el perfil independiente de un Santo Biasatti –para citar a alguien que comparte parte del horario– y una mirada ácidamente humorística que no es fácil hallar en la TV 2000. De la misma manera, el quinteto se las ha arreglado para hacer de las limitaciones del canal otro punto de disfrute, otorgándole sonoras ovaciones a cada ponchadura a tiempo o cada insert afortunado. Hasta la banda presente en el piso –único punto de colorido chillón en una ambientación y vestuario sobrios– logra brillar, aunque a veces, cuando es inesperadamente llamada a la acción por Castelo, entrega performances por lo menos discutibles.
Con música o sin ella, el quinteto de “Medios locos” está sonando cada vez más afinado y jugando en vivo y sin red, se acomoda como un más que digno sucesor de la dinastía de “La noticia rebelde”. Mejor aún: como un programa que hace honor a sus vínculos históricos, pero encontró los caminos para diferenciarse y empezar a construir su propio mito.


Relaciones no tan peligrosas

Si bien cada uno de los integrantes del elenco de “Medios locos” cultiva su espacio y su código, la diversidad lleva a un curioso y cambiante entretejido de relaciones y cruces que le agrega otro color a cada programa. Mex y Gillespi suelen ser quienes cosechan las miradas más extrañadas de sus compañeros –sobre todo de Marziotta–, pero suelen encontrar la complicidad de Castelo, responsable de interpretar junto al trompetista el llamado final “para quejarse”. Urtizberea también suele trenzarse en discusiones aparentemente sangrientas con Pacheco, que se resuelven al siguiente bloque. O cuando el hombre del pelo blanco, sin más trámite, exige: “¡¡Banda!!”.

 

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