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“Si te queda poco tiempo, tratás
de evitar pasarlo en la cárcel”

Dr. John, una leyenda musical de Nueva Orléans, acaba de grabar “Duke Elegant”, un homenaje a la obra y la figura del maestro Duke Ellington.

Mac Rebennack, más conocido como Dr. John, tiene 40 años de carrera.
“He visto a muchas estrellas que después se murieron de hambre.”
 


Por Roque Casciero

t.gif (862 bytes) Aunque ha ganado premios Grammy y tocado con prácticamente todo el mundo en una carrera de más de cuarenta años, Mac Rebennack (más conocido como Dr. John) nunca fue una estrella. En cambio, su nombre está inevitablemente ligado a ese grupo de artistas de culto, seguidos con devoción por pequeños grupos de fans. Con una discografía irregular, pero con status de ícono de la música de su natal Nueva Orléans (o sea, una mezcla entre jazz, boogie, funk, blues, rock, psicodelia y R&B sobre la que sobrevuelan los espíritus del vudú), al pianista y cantante nunca le preocupó que su imagen adornara la tapa de las revistas ni que lo convocara constantemente la televisión. “Soy un músico, toco mi música y eso es lo que me importa”, dice Dr. John, con su voz gastada de tantas noches, en una entrevista telefónica con Página/12. “Mientras tenga un concierto donde tocar o un disco para hacer, estoy conforme. Además, ¿qué es una estrella? El que es una estrella para usted puede no serlo para mí. Y he visto a muchas estrellas que después se murieron de hambre.”
Cerca de cumplir 60 años, Rebennack acaba de publicar Duke Elegant, un tributo a Duke Ellington. Cuando se le pregunta el porqué del homenaje, primero contesta con un seco “porque se me presentó la oportunidad”, pero después aclara que siempre había tenido ganas de hacerlo por su admiración al compositor de “Caravan”. Una de las características del álbum del Doctor es que tanto los temas más famosos como las piezas más oscuras (“On the Wrong Side”, “I’m Gonna Go Fishing”) han pasado por su tamiz, al punto de que varios se parecen más a sus propias composiciones que a los originales: el hombre lleva el vudú sureño en la sangre. “Las canciones de Ellington han sido hechas por tanta gente que pensé que sería bueno hacerlas a mi manera, con la influencia de la música del Mississippi”, explica.
–¿Podría su mezcla de estilos haber salido de un lugar que no fuera Nueva Orleáns?
–Lo que tiene de particular Nueva Orleáns es que hay inmigrantes de diferentes lugares, que trajeron su música con ellos. Hay gente del Caribe, hay negros y hay blancos. Por eso es que hay tanta mezcla en los sonidos. Pero, al final, la música es música más allá de los géneros. Eso es lo bueno que tiene.
–Usted es considerado un ícono de Nueva Orleáns aunque ya no vive allí. ¿Va seguido?
–Sí, por supuesto. Tengo familia y nietos, entonces voy a visitarlos. Ir allí es como cargar las baterías, porque es mi hogar espiritual.
–Sin embargo, recién cuando abandonó la ciudad comenzó a asumir la personalidad artística de Dr. John The Night Tripper (El viajero nocturno, por un famoso curandero sureño).
–En realidad, la asumí cuando empecé a trabajar en la producción de mi primer álbum (Gris, 1967), pensando que sólo iba a ser por ese disco. Y aquí estoy, treinta y cinco años más tarde, todavía siendo Dr. John.
–Usted comenzó su carrera como músico de sesión, pero era guitarrista. ¿Es verdad que un accidente con un revólver lo obligó a cambiar de la guitarra al piano?
–No fue un accidente, el tipo me disparó. Ronnie Barron (un cantante en cuya banda revistaba Rebennack) estaba discutiendo con el gerente de un hotel. Yo intercedí, pero él sacó un revólver y se armó una pelea. El arma se disparó y el tiro me dio en un dedo.
–Cuando publicó su autobiografía, Under a HooDoo Moon, se supo que usted había sido adicto a la heroína durante treinta y cinco años. ¿Cómo decidió dejarla?
–Bueno, estaba volviéndome viejo y sabía que no quería ser un adicto de 50 años. Además, si te queda poco tiempo, tratás de evitar pasarlo en la cárcel. Y cuando la dejé empecé a tener menos problemas.
–Sería casi imposible hacer una lista con todos los músicos con los que trabajó: Bob Dylan, The Rolling Stones, Frank Zappa, Paul Weller, Sonny & Cher, Supergrass, Eric Clapton, Art Blakey, Rickie Lee Jones. ¿Se arrepiente de no haber tocado con alguien?
–En realidad, no me arrepiento de nada. Y en cuanto al futuro, bueno, en Nueva Orleáns hay una superstición sobre no decir lo que querés hacer, porque si lo decís seguramente no será posible.
–Si la superstición se lo permite, ¿podría adelantar si está pensando en algún nuevo álbum?
–Sí, voy a empezar otro a fin de año. Tengo material compuesto, pero también estoy buscando cosas que podrían ir a parar al disco. Todavía es muy temprano para decirlo.
–Uno de sus álbumes se llama Tango Palace. ¿Le gusta el tango?
–Bueno, en Nueva Orleáns tenemos una variante del tango que es ligeramente diferente al tango argentino, sobre todo por la percusión. Es un estilo en el que incursionó Jelly Roll Morton, por ejemplo. Y no conozco demasiado específicamente el tango argentino, aunque seguramente podría tararear muchas melodías.

 

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