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APOYO AL AJUSTE, DUDAS DEL CRECIMIENTO Y DEL CUADRO SOCIAL
Amor y sospechas de los inversores

José Luis Machinea pasó airoso el examen en Nueva York. El ajuste restableció la confianza, aunque el país deje de crecer.
Por Mónica Flores Correa
Desde Nueva York

t.gif (862 bytes)  ”Después de responder en español, ¿puede traducir lo que dijo al inglés?”, le pidió un periodista norteamericano a José Luis Machinea en la conferencia de prensa que tuvo lugar ayer en el consulado. El ministro de Economía lo miró con cierta perplejidad agobiada. “¿Además esto?”, musitó hundiendo la cabeza en los hombros con un irrefrenable gesto de cansancio. El secretario de Finanzas, Daniel Marx, se ofreció a liberarlo de la carga de hablar en dos idiomas después de un largo día de reuniones con representantes del mundo financiero internacional que aún no había terminado. “Yo me encargo”, dijo Marx que parecía bastante menos fatigado.
Por cierto, Machinea y su equipo tuvieron ayer una nueva ronda de exámenes frente a los inversores y banqueros de Wall Street, en la cual explicaron las nuevas medidas de ajuste recientemente tomadas por el gobierno de Fernando de la Rúa. “Estamos todos, ellos y nosotros, más optimistas”, afirmó Machinea.
“La actitud hacia la Argentina ha cambiado. Hace 15 días había mucha preocupación que tenía que ver con la volatilidad de los mercados (en el marco externo) y con algún ruido interno de la Argentina”, dijo, y agregó que la actitud positiva de los inversionistas obedecía a que “la Argentina ha reaccionado tomando las medidas que corresponden, no sólo frente al déficit fiscal sino también medidas estructurales. Desde este punto de vista, creo que hemos llevado tranquilidad al conjunto de inversores”, sostuvo.
El ministro comentó también que había asegurado a sus interlocutores que “el Gobierno ha asumido un compromiso de mantener la austeridad en el gasto público en los próximos 3 años”. Pero, subrayó, “también dije que no veo ninguna necesidad de volver a hacer ajustes muy fuertes en el gasto público, del nivel del que acabamos de hacer”.
Machinea y su pequeña comitiva cumplieron con una apretada agenda que incluyó un desayuno con analistas económicos, un encuentro con editores del Wall Street Journal, una reunión con compañías evaluadoras de riesgos, calificadores de bonos y bancos de inversiones, y una visita a la Reserva Federal de Nueva York. Al cierre de esta nota, Machinea, Marx y Julio Dreizzen hacían otra presentación con otro grupo de inversores en el consulado argentino de la calle 56. Posteriormente, iban a tener un encuentro con Paul Volcker, ex presidente de la Reserva Federal.
Como “bastante positiva” definió David Sekiguchi de JP Morgan la reunión que Machinea tuvo con los bancos de inversiones casi al mediodía, a la que asistieron, entre otros, representantes de Goldman Sachs, Citibank, First Boston y la calificadora de riesgo Standard & Poors. El analista comentó que la gran inquietud de los inversores se concentra en la “posibilidad de crecimiento” de la Argentina. “También hay preguntas con respecto a la intranquilidad social. Los dos temas están vinculados. Si el crecimiento tarda en llegar, también tardan los recursos para aliviar la pobreza”, opinó.
Consideró que la Argentina, pese a las dificultades, “está en mejor posición para colocar deuda y no sólo por las medidas recientemente tomadas sino porque los mercados en Estados Unidos han mejorado mucho en la última semana”. Preocupa también el tema no resuelto de la coparticipación de las provincias, explicó el analista. “De esto hablamos con el ministro bastante extensamente. Gran parte del aumento del gasto público se ha dado en las provincias, y sin embargo no se refleja en una mejora de la situación social”. Sekiguchi dijo que la presentación de Machinea había sido satisfactoria y que se percibía en los inversores “mayor tranquilidad”. “A veces, Wall Street se va un poco de mambo”, admitió Sekiguchi con una expresión argentina para definir los excesos de preocupación del mundo financiero. Carlos Janada, de Morgan Stanley, también observó que el punto crítico sigue siendo “si la economía se reactiva o no. Si la economía no crece al ritmo que dice el gobierno o el FMI, que es de 3,5 al 4 por ciento, entonces va a ser muy difícil de cumplir la meta de 4700 millones de déficit fiscal, inclusive tomando en cuenta las medidas que se han tomado, algunas de las cuales son bastantes difíciles de implementar”, dijo.
Janada consideró que la Argentina se encuentra en un dilema. “Tiene que escoger entre las medidas fiscales para cumplir con el Fondo Monetario o darle prioridad a la recuperación económica. No creo que vaya a haber otro ajuste fiscal. Lo más probable es que haya que renegociar con el Fondo las metas”, aventuró.
Dijo que la actitud en el mundo financiero, a pesar de todos los problemas del país, del no crecimiento y sus consecuencias, sigue siendo “positiva”. Agregó: “Esto lo vamos a ver más de cerca este mes, cuando la Argentina venda eurobonos y haga el canje de bonos Brady”. Reconoció, sin embargo, que en cuanto a la inversión de portafolio, la Argentina ha perdido terreno. “Los mercados atractivos son México y Brasil, por el mismo hecho que se han retirado stocks que eran atractivos como YPF y luego Telefónica. Pero en el mercado de los bonos Brady, la Argentina sigue siendo atractiva”.
Para Arturo Porzecanski, del banco de inversión ING Barings, la situación argentina ha repuntado considerablemente a los ojos del mundo inversionista. “En las últimas dos semanas ha habido un gran progreso ayudado por un mejor marco internacional en los mercados”, afirmó. “Brasil también está generando buenas noticias. La economía y el real se están recuperando y la brecha de competitividad entre Brasil y la Argentina ha comenzado a cerrarse, y esto también es una buena noticia”, dijo.
Porzecanski relativizó los eventuales problemas de intranquilidad social. “Son problemas muy puntuales como los de Salta, donde cortaron el plan Trabajar, lo que para mí fue un error. Pero son problemas más puntuales que generales. La impresión que yo tengo y que comparto con otros colegas es que el pueblo entiende las medidas de austeridad y las acepta”. El analista tampoco pareció impresionado con la convocatoria a la huelga del 9 de junio. “Las acciones del sindicalista Hugo Moyano no han sido acatadas por otros gremialistas. Vamos a ver cómo le va en la huelga”, manifestó sin ningún nerviosismo.

 

DISPUTAS PREVIAS A LA DESREGULACION TELEFONICA
Los nuevos operadores vs. los viejos

A partir del 9 de noviembre comenzará la completa desregulación del mercado telefónico, pero la pelea por la introducción de restricciones a la competencia, vía altos costos de interconexión o subsidios, comenzó hace tiempo. Las nuevas competidoras con licencia para ocupar un lugar en la línea de largada difundieron ayer un duro documento contra Telefónica y Telecom. “La continuidad de las prácticas prebendarias” que pretenden “barreras de entrada a los nuevos competidores” fue la acusación central. La amenaza, aunque ambigua, fue el peligro que pesaría sobre los “6000 millones” de dólares de inversión en trámite o proyectada.
Los dardos de la conferencia, de la que participaron diez de las empresas más representativas del sector –Movicom, CTI Móvil, Iplan Network y MetroRed, entre otras– estuvieron destinados a los argumentos de las herederas de la ex Entel sobre la baja rentabilidad que deberán afrontar en zonas determinadas y el posible pedido de subsidios compensatorios. Las futuras operadoras criticaron duramente el argumento de las telefónicas. “Durante una década, Telefónica y Telecom obtuvieron enormes beneficios monopólicos, que debieron destinarse para montar una red pública nacional de primer nivel, que fuera la base del sistema competitivo”, leyó uno de los oradores. Pero “las telefónicas sostienen que en breve perderán dinero en ciertos lugares, llegando al extremo de pedir subsidios por cientos de millones de dólares cada una, para no cortar los servicios” en esas áreas especiales, continuó.
De acuerdo a Roberto Pérez, de Movicom, las actuales licenciatarias reclaman un subsidio del 3 por ciento de la facturación de los nuevos competidores para cubrir el “supuesto déficit” de las áreas menos rentables. “¿Por qué un subsidio?”, se preguntó. “Primero hay que probar su necesidad y, para ello, demostrar que efectivamente tienen pérdidas”, consideró. Al respecto, Armando Silverman, de IPlan Networks, recordó que desde marzo del ‘98 se demanda, infructuosamente, “conocer la estructura de costos de las telefónicas”. Sin embargo, a pesar del tono, las futuras competidoras no solicitaron licencias para operar, precisamente, esas áreas. “Estamos dispuestos a financiar el futuro, no el pasado”, reclamó el delegado de Movicom, porque “ese pasado ya fue solventado por las ganancias extraordinarias obtenidas durante una década de monopolio. Hemos tenido que soportar un marco anticompetitivo desde que nos iniciamos”. Según los representantes de las futuras competidoras, los mecanismos que transferirían ganancias hacia Telefónica y Telecom serían el “alto costo de interconexión” –el peaje que deberán pagar por el uso de la infraestructura de las antiguas telefónicas–, y el pago de un subsidio, por la cobertura del servicio en áreas no rentables o para grupos de facturación preferencial –jubilados, escuelas y bibliotecas, entre otros–, el que llegaría a los 800 millones de pesos por año. En cuanto al costo de interconexión, las empresas destacaron que supera los dos centavos el minuto, cuando “tales cargos debieran ubicarse en torno a un centavo el minuto para la conexión local”, reclamaron.
Pero, en concreto, la demanda del grupo de empresas no pretendió cambios ni reclamó medidas, sino que insistió en el mantenimiento del marco regulatorio ya consensuado. Maximiliano von Kesselstatt, de CTI Móvil, consideró la necesidad de “una autoridad regulatoria fuerte, que exija el cumplimiento de las normas actuales, porque las mejores normas no sirven si no se cumplen”.

 

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