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LANZAMIENTO DE UN TRABAJO PARA EL DEBATE
Itinerario del ‘68 argentino

Acaba de aparecer “Del Di Tella a ‘Tucumán Arde’”, un libro en el que Ana Longoni y Mariano Mestman investigan de manera exhaustiva los acontecimientos de aquel año clave.

t.gif (862 bytes)  Con el subtítulo “Vanguardia artística y política en el ‘68 argentino” (Ediciones El Cielo por Asalto) el libro –producto de una investigación minuciosa que comenzó en 1992– da cuenta de lo que los autores llaman el “itinerario del ‘68”.
¿Qué queda hoy de “Tucumán Arde” y de los otros episodios que componen el itinerario del ‘68? En sus casi cuatrocientas páginas, el libro reconstruye e interpreta ese entramado a partir de documentos internos, declaraciones, volantes, gacetillas, gráfica y fotos de época, que se mezclan y muchas veces se contraponen con las versiones que la historia del arte ha ido legitimando y con los recuerdos actuales de los que fueron sus protagonistas.
Ana Longoni (1967) licenciada en Letras, y Mariano Mestman (1968) licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA), son docentes en la carrera de Comunicación e integraron el equipo editor de la revista Causas y azares, y el del libro Cultura y política en los años ‘60 (CBC-UBA, 1997). Actualmente, ambos siguen trabajando sobre cultura y política en Argentina en los años 60.
Con este libro los autores buscan definir el sentido de una experiencia que irrumpe como un desafío a los poderes artístico, cultural y político. Una experiencia que por su radicalidad, más de treinta años después, lleva a pensar nuevamente no sólo el pasado sino también las dimensiones de esta historia que actúa sobre el presente.
El trabajo, dedicado a León Ferrari, incluye una extensa antología documental y una veintena de entrevistas a los protagonistas.
El itinerario de esta investigación es el de un grupo de artistas de vanguardia porteños y rosarinos que en 1968 protagonizan una serie de acciones que ponen en escena su ruptura con las instituciones artísticas y las formas establecidas de hacer arte. Estos artistas postulaban sus realizaciones como efectivas contribuciones al proceso revolucionario que suponían en curso. En ese gesto redefinen también los modos conocidos de articular arte y política. Optan por abandonar las salas del Instituto Di Tella y promueven una serie de acciones en ámbitos ajenos al campo artístico, que culminan en “Tucumán Arde”, cuyos resultados se mostraron en la CGT de los Argentinos (la central obrera opositora a la dictadura de Onganía).
El volumen fue presentado en el Centro Cultural de la Facultad de Ciencias Sociales, donde los principales oradores fueron Jorge Rivera, Ricardo Piglia y Roberto Jacoby. Piglia habló acerca del problema de la periodización de la vanguardia y cómo se resuelve en el libro, a través de la idea de trabajar específicamente sobre un año.
“Es un libro –dijo el escritor– donde lo que se está haciendo no es construyendo desde afuera una experiencia, sino que se está haciendo participar desde el presente a aquellos que tuvieron que ver y eso me parece que le da un elemento polémico, porque muchas de las versiones que se tienen de ese hecho son contradictorias. (...) Yo recordaba una frase de Schorke, de Viena, fin de siglo, que no me parece un libro muy bueno pero tiene una idea muy buena: él asocia el surgimiento de la vanguardia en Viena con la crisis del liberalismo y establece una relación a mi juicio muy iluminadora entre lo que llama ‘crisis del contexto unificador’, crisis del liberalismo como gran marco de comprensión de ciertos fenómenos culturales y sociales (la lógica del diálogo, la lógica del consenso, la lógica del funcionamiento social y del funcionamiento del arte). Y la vanguardia corta con eso. Me parece una idea muy productiva porque en la Argentina tradicionalmente vemos la crisis del liberalismo y el surgimiento del nacionalismo, como oposición. Uno piensa en Lugones, en Gálvez, en todo lo que se ha trabajado tanto alrededor de los momentos en que la gran tradición liberal está en crisis y el nacionalismo surge como una alternativa. Pero habría que ver a la vanguardia también como una alternativa ante esa crisis. Habría que ver a Lugones, a Gálvez, pero también a Macedonio Fernández como una manera de enfrentar esa tradición, que es una tradición de consenso, de todo aquello que el arte no es. El liberalismo es todo aquello que el arte no es: una lógica del desplazamiento u ocultamiento del conflicto, mientras el arte es una lógica de construcción de diferencias. Lo que la vanguardia enseña es que el arte divide, que el arte que importa no es el que une al público, sino el que enfrenta, el que construye enemigos. Lo que decía Pound: el artista es aquel capaz de hacerse enemigos. Y la vanguardia lo primero que viene a hacer es establecer una lógica de oposiciones tajantes, que en el caso de esta experiencia se constituye –lógicamente– como una alternativa en relación con una experiencia política que está avanzando en esa misma dirección: la lógica del enemigo, que es una lógica que hoy ha sido olvidada, aunque en realidad actúa pero nadie la dice, nadie la enuncia. Si es cierta la hipótesis de Schorke, de que la vanguardia es una reacción que acorrala esa lógica liberal, es esperable imaginar que en un momento en el que el liberalismo ha conseguido establecer una suerte de consenso mundial, las vanguardias hayan sido reducidas al libro de Sebreli. Las vanguardias son el objeto persecutorio de las señoras gordas liberales: esa sería la conclusión a la que podríamos llegar. (...) El libro trae un debate, el de la vanguardia, que debe ser retomado, más allá de que se la llame o no vanguardia y también abre una cuestión en torno de qué quiere decir estudiar un fenómeno cultural, reconstruir un fenómeno cultural, sobre todo en condiciones durísimas, dificilísimas, como las que se presentan en la Argentina.”
Por su parte Jacoby –uno de los protagonistas del libro–, explicó que “aquí hay una preocupación por el acontecimiento, cuando lo que normalmente uno ve es gente que tiene el apuro por cerrar, por llegar a una conclusión. Que empieza la entrevista sabiendo qué es lo que quiere que uno le diga. Y esto no se da sólo entre los periodistas, sino entre los llamados investigadores: copiar de un paper a otro, algo que ya se dijo mil veces y se vuelve a aprovechar para otra revista. O la gente que levanta información de notas de primera plana y no la chequean y los errores van pasando de un artículo al otro. Y como además se les suelen caer las comillas... No sé si conocen ese efecto de ‘caída de comillas’, se contagian y nadie sabe de quién se contagian. Esto en historia del arte es muy común. Yo fui a varias de las sesiones del CAIA y ese fenómeno se repitió en varias ocasiones, estaba el suelo lleno de comillas. (...) Lo otro es que Longoni y Mestman se apasionaron por un período que en sí mismo es muy difícil para un historiador, porque es un momento de crisis, de emergencia, de inmolación también. Un momento en el que los actores privilegiaban mucho el momento inmediato, lo que sucedía en el instante y no había una preocupación sobre conservar algo, tomar fotos, sino más bien al revés: privilegiar el efecto inmediato, rechazar la permanencia, la materialización, como contraposición a las acciones, el cambio, la transformación, la revolución –lo que cuenta el libro–. (...) En los últimos años, mientras ellos estaban haciendo esta investigación, esta temática se fue poniendo de moda, de una manera casi imperceptible y bastante curiosa, empezó a convertirse el arte conceptual político en una especie de valor en el mundo curatorial, en el mundo de las muestras, en el mundo de la crítica, de los historiadores del arte, etc., y fue creciendo también un prestigio de ‘Tucumán Arde’ bastante acrítico, bastante confuso. En ese tiempo aparecieron otros artículos, o hubo otras actividades relacionadas con esa época, pero en general hechas a las apuradas y motivadas por un cierto oportunismo de la moda. Y también la típica invocación a la recuperación de la memoria, que es algo que a mí me irrita un poco, porque en el tiempo que se dedican a decir que hay que recuperar la memoria, me parece que deberían dedicarse a investigar. Sería mucho más práctico: no lo diga, sino hágalo. Esto es otra de las cosas importantes del trabajo de Ana y Mariano”.

 


Inauguran en la semana

Alejandra Seeber, “Seeberhood”, pinturas, hoy, en Diana Lowenstein, Avenida Alvear 1595.
Joaquín Molina, hoy, en Rubbers, Suipacha 1175.
Hernán Salamanco, Wili Peloche y Elisa Strada, “QWERTY”; pintura, impresión inkjet y dibujos, hoy, en Duplus, Bustamante 750, 1º2.
Evangelina Popolizios, pinturas, mañana, en Galería del Dragón, Pueyrredón 2393, 6º34.
Mathew McCaslin, artista norteamericano, mañana, en un nueva galería de arte que se inaugura con esta muestra: “C/C”, en Suipacha 868.
Max Werner, mañana, en Espacio Río, Alicia Moreau de Justo 1848, PB 13.
“Animarte”, muestra participativa para chicos, tercera edición de “Permitido tocar”, sobre la obra de artistas argentinos, el jueves 15, en el Palais de Glace, Posadas 1725.
Luis Seoane, pinturas, dibujos y grabados, el jueves, en el MAM, San Juan 350.
Inés Díaz Saubidet, el jueves, en la galería de Mario Brodersohn y Jacques Martínez, Viamonte 625.
Ugo Attardi, obras 1947-2000, el jueves, en el Centro Borges, Viamonte y San Martín.
Obras premiadas en el Salón de Pequeño Formato, el jueves, en la Alianza Francesa de Bilinghurst 1926.
Febe Defelipe, Gaba Sans Sweet y Alejandro Ongay, Hate me love, muestra de perspectiva sadomasoquista; pinturas, esculturas, fotos y video, el viernes 16, en Adriana Budich, Coronel Díaz 1933.
Leopoldo Torres Agüero, pinturas y Monique Rozañes, esculturas, el sábado 17, en el Museo Municipal de Bellas Artes, Pasaje Dardo Rocha, 7 esquina 49, La Plata.

Plásticos con Chico

El jueves 15 se inaugura en el Centro Borges (Viamonte esquina San Martín) la muestra “La imagen del sonido de Chico Buarque”, organizada por la Fundación Centro de Estudios Brasileños (FCEB). La muestra consiste en que ochenta canciones de Chico son interpretadas visualmente por ochenta artistas brasileños de primera línea, entre ellos: Adriana Varejao, Rosangela Renno, Mario Cravo Neto, Cildo Meireles y Tunga. En el marco de la muestra se presentará la cantante Miúcha, hermana de Chico Buarque, para interpretar las canciones del compositor. La exposición –que se extenderá hasta el 30 de julio– tendrá doble sede y podrá ser visitada, una parte, en el Borges y la otra en la FCEB, en Esmeralda 965.

 

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