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ENTREVISTA A LUIS CELLA,
EL NUEVO PRODUCTOR DEL PROGRAMA DE MARIANO GRONDONA
"Me parece que estoy sacando a flote ‘Hora Clave’"

El programa parecía tener los días contados, hasta hace un mes. La incorporación del hombre que construyó una parte del éxito de “Hola Susana” logró el milagro de duplicar el rating. Cella dice que no frivolizó “Hora clave”, sino que amplió su público para mantenerlo en el aire.

Luis Cella duplicó el rating de “Hora clave”, en momentos en que peligraba su continuidad en Azul. “No le voy a cambiar el estilo a Grondona: es básicamente un tipo que piensa y hace editoriales.”

Por Julián Gorodischer

t.gif (862 bytes) Se dice de él que es un Rey Midas de la televisión, que transforma en rating todo aquello que toca. Dando una nueva muestra de su capacidad laboral, Luis Cella logró en un mes el milagro de resucitar a “Hora clave”, cuando la competencia con Jorge Lanata lo ubicaba en un evidente segundo plano. Cella produjo los siete años más fecundos que tuvo “Hola Susana” e instaló en Azul un extraño pero exitoso experimento que se llama “Café fashion”. En su flamante puesto de productor general ha logrado lo que parecía imposible: el “Profesor de la Nación” abandonó las tizas y se convirtió en cronista, reemplazó el tono reflexivo por primicias y relegó la política para hablar de policiales y espectáculos. 
Cella confiesa que llegó a “Hora clave” (los martes y jueves a las 23) por casualidad, después de un comentario trivial en un pasillo: “Doctor, ¿no será mucho ser productor y conductor al mismo tiempo?”, le preguntó a Grondona. Y dejó, velada, una propuesta. Las primeras señales del cambio de rumbo llegaron al poco tiempo. “Hay que calentar la pantalla”, pensó. Y abrió el juego para el “ablande” en las últimas tres semanas: Grondona se reconcilió en cámara con la vedette Moria Casán, viajó a Rufino por el caso Fraticelli, visitó en Cuba a Diego Maradona y festejó junto con un grupo de actores “el boom del teatro”. El promedio de doce puntos de rating –el doble de la etapa anterior– hizo sonreír a todos, pero la tribuna de opinión política más importante de la década pasada empezaba a desdibujarse. 
–¿En el intento de alcanzar masividad e impacto no se corre el riesgo de frivolizar “Hora clave”? 
–Que quede claro, si yo trabajo sólo para los que quieren ver a Ernesto Sabato me echan. Los empresarios no compraron los canales para que la gente tenga acceso a la cultura. Los quieren para hacer negocio.
–¿Hasta dónde se puede llegar en la búsqueda de mayor repercusión?
–El límite lo impone el sentido común: nosotros no estamos casando enanos, ni tampoco lo haríamos. Me ofrecieron, hace poco, sacarlo a Guillermo Kelly pegándole a los Yoma. Sé que me hubiera dado rating, pero yo quiero mostrar coherencia. La idea es combinar lo útil y lo agradable.
–¿Por qué relegó el debate político a un segundo plano?
–No lo decidí yo: lo dice el rating. Los políticos han perdido credibilidad. Ninguno de ellos puede superar el puntaje que hicimos con Moria Casán (con picos de más de 12 puntos). A la gente, el debate político ya no le interesa. Están angustiados, deprimidos, no llegan a fin de mes. Y les vienen prometiendo cosas que nunca se cumplen. Están saturados. Al menos, Menem les decía: “Estamos mal pero vamos bien”. Hoy no se ve la salida.
–¿Cómo fue la negociación con Grondona a la hora de plantear el cambio de perfil del ciclo? 
–Esto es muy fácil: rating es igual a publicidad, y publicidad es igual a plata. Por eso, hay que ir en busca de la gente. Y no esperar que el público venga a uno. Creo que es lo que estamos haciendo. Pero además, aunque quisiéramos seguir trayendo a los políticos: son ellos mismos los que no quieren venir. Es sumamente difícil conseguirlos. Tienen miedo, no se animan. Y eso que Grondona nunca tiene nada abajo del poncho.
–¿Qué afinidad siente con la premisa: “Un espectáculo para pensar”?
–Eso, exactamente, es la televisión. Un entretenimiento que despierta un poquito la cabeza.
Hay una paradoja en Cella: es un hombre con poder, a quien Azul deja hacer a su antojo. Los altos mandos de Telefónica (ahora a cargo del canal) saben de su vocación por las dos cifras de rating, y no se entrometen demasiado. El, sin embargo, no tiene los velos y las intrigas que suelen venir con las jerarquías. En su despacho de ejecutivo, responde con franqueza cuando dice: “Mi humor, todos los días lo maneja Ibope (la única medidora de audiencia)”. No siente ningún pudor al expresar, con transparencia, esa ansiedad por los números que, casi siempre, llega a regir los contenidos.
Sin embargo, no siempre fue así. Hay un momento en el que Cella recuerda sus comienzos, en 1973, como productor de “Nuevediario”. “Todo –dice– era más artesanal.” Los programas tenían más tiempo para asentarse que en la vorágine de la tevé actual. Y un tema como “El silencio del coya” –un informe especial que le tocó producir– podía tener excelentes resultados de ráting. Después llegaron los años del terror, y la dictadura lo encontró en el equipo de “Mónica presenta” (con Mónica Cahen D’Anvers). En ese entonces, lo que no se podía decir siempre era más y más interesante que lo dicho.
–¿No es peor lo que sucede ahora: poder decir pero que ya no interese?
–Seguro, es cien veces más doloroso.
–¿No se corre el riesgo de que al masificar “Hora clave” se pierda una franja histórica de seguidores de Grondona?
–No, porque los que quieran ver a Sabato, por ejemplo, lo van a seguir haciendo. El programa siempre va a tener un espacio para el hombre vivo más lúcido de la Argentina. Yo no le voy a cambiar el estilo a Grondona: es básicamente un tipo que piensa y hace editoriales. Pero si hace un programa de una hora de reflexión no lo ve ni la mujer.
–¿Cómo se mueve Grondona en un formato más ligado a la actualidad que a la reflexión?
–Me sorprende gratamente que se haya comprometido tanto con la producción. No es lo mismo que yo lo convoque a Chacho Alvarez o que sea él quien lo llame. Grondona lo sabe y participa. Y además siempre tiene a su cargo el desempate y la decisión sobre lo que sale al aire. 
–¿Su éxito como productor está ligado al plano de las ideas o es una cuestión de eficacia en conseguir primicias y personajes?
–La esencia de la producción es saber hoy qué querrá ver la gente mañana. Hay algo que es seguro: si el lunes se entregan los Martín Fierro, y yo llamo ese día al que ganó el de Oro, no me va a atender. Tengo que llamarlo una semana antes. Yo en Rufino, por ejemplo, tengo un tipo hace treinta días que va todos los días a la casa de los Fraticelli, habla con los abogados...
–¿Con tal de conseguir al personaje del momento (como el juez Fraticelli) no resigna demasiado? ¿No planteó Grondona entrevistas demasiado complacientes con un sospechoso de asesinato?
–Es el estilo de Mariano Grondona: es un editorialista. Yo creo, sin embargo, que pregunta todo, pero en un tono más calmo. 
–¿Y con tal de generar impacto no infla demasiado fenómenos como el de “Viva el teatro” en una época de crisis y ajuste terribles?
–Es que es cierto: yo miré la cartelera y hay diez o quince figuras estelares trabajando: Graciela Alfano, Nito Artaza, Gasalla y Perciavalle, Pinti, Les Luthiers, Brujas, Soriano, Darín. Hace tiempo que no sucedía algo así.
–Son todas propuestas de tono pasatista. ¿No se puede tener buena llegada con otro tipo de producto?
–Yo no creo que Art o Brujas sean productos pasatistas.
–¿Por qué todo programa exitoso de la tevé se repite continuamente?
–Porque una vez que se llega a tener un estilo y una coherencia hay que mantenerlos. Yo no le pido a los diarios que cambien de formato todos los días.
–¿Y se puede producir al mismo tiempo dos estilos y coherencias tan diferentes como “Café fashion” y “Hora clave”?
–Lo mío es la producción, no importa el género. Además, “Café fashion” anda muy bien, casi marcha solo. Es un recreo antes de ir a dormir, y la gente lo aceptó. Yo siempre digo que hay que saber jugar en todos lospuestos. Y ganar en todos. Eso sí: se puede hacer goles con jugadas preparadas o con la mano. Siempre prefiero lo primero: cuido la estética y el contenido.
–¿Cómo definiría su sello como productor?
–Construyo una filosofía para cada programa.
–¿Al de Mariano Grondona como conductor? 
–Es el hombre más honesto y creíble de la televisión argentina.
–¿Y a la relación entre ambos?
–Está terminando nuestro primer mes de prueba. Creo que esto sigue, pero la cosa se renueva día a día.


El mundo según “Café fashion”

La escena de “Café fashion” es compleja, por momentos delirante, y siempre de buen rating, en un horario complicado, el de la medianoche. Un grupo de humoristas (Carlos Sánchez, Esteban Mellino, entre otros, que incluso han ido cambiando) cuenta chistes en una barra de bebidas, coordinados por la vedette Beatriz Salomón y el actor Fernando Siro. Pero lo extraño, casi surrealista, sucede detrás, en un segundo plano que es casi teatral. Hay paredes en colores flúo, luces de neón, bailarinas semidesnudas que coquetean con muchachos. El lugar podría ser un bar o una discoteca fashion (con chicas y chicos bailando sobre los parlantes), pero también se impone la sordidez de un cabaret junto con el contoneo de las strippers. Ignorando ese bullicio y esa fauna, los humoristas siguen con su maratón de chistes, uno tras otro y con una carga sexual cada vez más fuerte. El marco almodovariano convive, entonces, con la picardía de los cordobeses. El efecto que se genera es atractivo pero extraño: una suerte de incompatibilidad que resiste a pesar de todo, una cruza que de tan incoherente se vuelve divertida. 

Veintisiete años en televisión

Luis Cella empezó a trabajar en televisión en 1973, como productor del noticiero “Nuevediario”, del mismo canal donde ahora trabajo. Fueron, recuerda, muchos años de correr tras la nota en forma artesanal, sin la tecnología con la que hoy cuenta. Sin embargo, se ilumina cuando piensa en esa pantalla más calmada, sin las presiones por el rating en forma permanente. Durante la dictadura, trabajó en “Mónica presenta”, y su recurso para seguir haciendo un producto creíble fue apelar a los viajes al exterior: contar lo que pasaba afuera como alternativa al silencio interno. Luego llegaron, en los 80, ciclos como “El espejo”, “El candidato”, “Siglo XX Cambalache” y “Canal 13 informa”. Sólo puede mencionar un par de fracasos de audiencia, entre ellos “Graciela y Andrés”, un magazine que salió por ATC. Pero sin duda, su nombre quedó atado al de Susana Giménez después de producir “Hola Susana” durante siete temporadas, las de más éxito. Cuando se fue del equipo, el rating del programa se deterioró. Pero Cella lo justifica: “Fue una campaña de los medios contra ella. Llegó a tener 18 tapas de diarios en contra. No bajó porque yo me haya ido”. Por estos días, se reparte entre su niño mimado, “Café fashion”, y “Hora clave”. Su nombre es uno de los pesos pesados de Azul Televisión y lo seguirá siendo mientras el rating lo avale. En televisión, en definitiva, casi todo es una cuestión de números.

 

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