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Una Carpa Negra como base de la protesta campesina

La carpa está en Santiago del Estero. Allí llegó León Gieco a cantar y a adherirse al reclamo por la tierra de los habitantes de La Simona.

La Carpa Negra se instaló cuando llegaron las topadoras a sacar a los campesinos.
“Es una lucha que en Latinoamérica tiene más de 500 años”, dijo Gieco.

Por Myriam Mohaded
Desde Santiago del Estero

t.gif (862 bytes) Un cerco de lonas de arpillera rodea a una carpa de plástico negro, sostenida por tirantes de quebracho colorado. Ese es el lugar en el que el Movimiento de Campesinos de Santiago del Estero (Mocase) decidió instalarse el 27 de octubre de 1998, cuando las topadoras y la policía llegaron para sacarlos de las tierras que habitaban. La Carpa Negra se convirtió desde ese momento en un símbolo de la defensa de los derechos de los campesinos y recibe cada vez más adhesiones. La que más sorprendió a sus habitantes fue la de León Gieco, que se presentó a cantar allí, en La Simona, a 290 kilómetros de la capital santiagueña, ante la mirada asombrada de sus pobladores. “Un poco de alegría nos viene bien –reflexionó uno de ellos–, ayuda a secar las amarguras.”
La zona fue productora de algodón pero se dejó de cultivar “por su baja rentabilidad”. Los pobladores subsisten con el trabajo agrícola-ganadero en pequeñas parcelas. En La Simona no hay servicios de luz ni agua potable, no hay posta ni agentes sanitarios. El centro de salud más cercano se encuentra en el Hospital Los Juríes, a unos 30 kilómetros que en épocas de lluvias resultan intransitables. “La existencia de una carpa negra habla de que no hay solución para estos problemas. La nuestra es una lucha para garantizar que nuestros hijos mañana sean libres y puedan trabajar sus tierras”, dice Roque Acuña, presidente de la Comisión de la Carpa Negra.
A Gieco el viaje lo hizo retroceder en el tiempo. “Me hizo acordar a la época de los bandidos rurales y de La Forestal, a ese tipo de lucha que en realidad se viene haciendo en Latinoamérica desde hace más de quinientos años –contó el músico–. El caso de La Simona ayuda a ver las diferentes luchas de un país. No creo que se pueda hablar de una Argentina, sino de cuarenta o cincuenta pedazos de Argentinas que conforman un país. La del Mocase es una lucha respaldada de una forma u otra, porque la palabra ‘sin tierra’ viene recorriendo Latinoamérica, desde el movimiento chiapense a los Sin Tierra de Brasil. Soy hijo de campesinos y conozco la problemática de la gente que trabaja en el campo. No la perdí por vivir en Buenos Aires.” 
En toda la provincia actualmente existen unos 500 juicios de familias campesinas en riesgo de perder sus tierras, según cuenta el abogado Luis Santucho, asesor legal del Mocase. En La Simona son 33. Allí el conflicto se inició cuando entre los años ‘95 y ‘96 la familia Mazzoni, con títulos sobre las tierras que ocupan los campesinos, intentó acuerdos individuales con los pobladores. “Algunos aceptaron las escrituras y a quienes no lo hicieron se los hostigó con denuncias penales –dice Santucho–. Por entonces la organización comenzó a sugerirles que no aceptaran las escrituras de donación que implicaban el reconocimiento de titularidad de dominio que la empresa nunca tuvo.” 
Eran antes tierras fiscales. “Esto surge como consecuencia del manejo de las tierras públicas de los distintos gobiernos –sigue Santucho–. Casi todas las ventas de las tierras se hacen en Buenos Aires, pero en general en Santiago este tema está en manos de particulares y empresas privadas. La gente de La Simona estaba instalada desde cuando fue la gran explotación forestal de los bosques de Santiago. Muchos de los que viven allí son descendientes directos de hacheros de los obrajes santiagueños. La lucha de La Simona es importante porque los acuerdos que de alguna manera se obligaron fueron realizados con la presencia de Mazzoni, el juez de paz, la policía, sus letrados, mientras que el campesino no tenía ni siquiera un abogado.” 
Cuando el conflicto de La Simona tomó estado público empezó un período de mediación entre campesinos y la empresa Los Mimbres S.A.C.I., donde el Supremo Tribunal de Justicia llamó a una audiencia. Se designaron los mediadores y se firmó un acuerdo de procedimiento para respetar plazos, pautas y determinar pericias. Pero en agosto del ’99, el acuerdo fracasó yse iniciaron los juicios. “El reclamo es el reconocimiento de la ocupación efectiva del campesino, la posesión en todas sus dimensiones –dice el abogado–. Implica que el juez reconozca mediante una sentencia que un campesino ocupa una cantidad determinada de hectáreas. Nosotros invocamos la prescripción adquisitiva, porque el campesino tiene la tierra desde hace más de 20 años y negamos entidad legal suficiente al título, porque consideramos que una escritura no sólo tiene que tener tradición sino a su vez posesión. Y la posesión siempre la tuvieron los campesinos.” Ahora las causas están a cargo del juez Carlos García, de Añatuya. Y los campesinos siguen en la Carpa Negra.
De todo eso se olvidaron por un rato los habitantes de La Simona cuando sonaron los acordes de “Cachito campeón” y el baile se alargó hasta el anochecer. 


“Es doloroso ser desterrado”

El Mocase (Movimiento Campesino de Santiago del Estero) es una entidad gremial que se fundó en agosto de 1990, por los conflictos en torno de la tenencia de las tierras. Lo integran unas siete mil familias. “Primeramente los campesinos estuvimos muy aislados. Nosotros no pensamos en cómo viven en otra zonas rurales. Hoy compartimos no sólo una misma causa por el problema de la tierra, sino también la defensa ante el uso irracional del suelo que las grandes empresas realizan –dice Mauro Aranda, de Pozo del Tobo–. El campesino muchas veces se siente desamparado. Nosotros, a través del Mocase, intentamos apoyar y llegar a otros, porque para quien ha vivido muchos años en un lugar es doloroso que sea desterrado.”
Durante el 26 y el 27 de noviembre último se realizó el primer congreso de campesinos y campesinas de Santiago. Adhirieron el Movimiento de los Sin Tierra de Brasil, Greenpeace, la Mesa Nacional de Productores Familiares y el Movimiento Agrario Misionero.

 

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