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UN AGENTE DE LA CIA CONTRATADO POR EL GOBIERNO PARA DAR UN SEMINARIO
Cuando la SIDE tiró la casa por la ventana

De Santibañes armó un curso de cinco días, incluyendo una evaluación. Trajo a un espía de EE.UU. Le pagó 50.000 dólares y viáticos.

Por Miguel Bonasso
t.gif (862 bytes)  Hay clima de bronca y escándalo en los sótanos del Estado: los espías de la SIDE están indignados con su jefe, Fernando de Santibañes, porque trajo a un veterano agente de la CIA para tomarles examen. Los “servicentros”, que ya le tenían bronca al banquero por la poda de mil agentes con la que inició su gestión, subrayan que al norteamericano no vaciló en pagarle 50 mil dólares, viáticos, y alojamiento en un hotel de cinco estrellas, por un seminario de dos días y tres jornadas más de evaluación. Precio excesivo para un profesor que según los agraviados no es precisamente un Sorge o un Philby.
Una de las fuentes que hablaron con Página/12 sostuvo que el profesor Brian Latell no habría dicho “más que gansadas que parecen sacadas del Manual del Alumno”. El resentimiento es tan grande que hasta provocó un inesperado ataque de dignidad nacional en un alumnado entrenado en el amor a USA. “¿Por qué la CIA tiene que evaluar a la SIDE? ¿Por qué tiene que conocer aspectos de contrainteligencia referidos a otros servicios, incluyendo la propia Compañía?”, se preguntan algunos agentes, sobrevalorando seguramente lo que guardan los cofres secretos de 25 de Mayo y soñando con una posible interpelación parlamentaria al Señor Cinco. Mientras tanto en el Congreso y en la Cancillería, adonde han llegado pormenores del grotesco episodio, se preguntan a qué se debe esta nueva torpeza del banquero y la mayoría conjetura que un De Santibañes debilitado juega a la carta “del amigo americano”.
–Hay una persona que a vos te serviría para evaluar la Secretaría –le dijo Manuel Rocha a Fernando de Santibañes en un viaje que realizaron juntos. El Señor Cinco estuvo de acuerdo y el encargado de negocios, que estuvo hasta hace poco como virtual embajador de Estados Unidos, le propuso a su compatriota y amigo Brian Latell, que estuvo 36 años como analista de la Central Intelligence Agency hasta que se retiró como National Intelligence Officer (NIO), el más alto cargo de la carrera. Como se sabe, el “retiro” en materia de inteligencia es bastante relativo: los retirados suelen mantener lazos orgánicos con el servicio e informan a sus jefes tanto sobre sus actividades individuales como acerca de temas que puedan interesar a la Agencia, en este caso “la Compañía”. Además, Latell ejerce la docencia hace 22 años en la universidad de Georgetown.
De Santibañes contrató al hombre de la CIA para que dictara un seminario en dos jornadas y permaneciera en total cinco días en la Argentina, evaluando el funcionamiento de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE). Por esa tarea le pagó cincuenta mil dólares, viáticos, pasaje en primera clase y lo alojó en el hotel de cinco estrellas LibertadorKempynski. Contratación que provocó el resentimiento de los locales y contribuyó a que Latell no fuera recibido con especial cariño. Una de las fuentes de Página/12 lo definió como “un gringo rubio, tostado, de pelo largo peinado hacia atrás con spray, que entiende y habla perfectamente en castellano, aunque con acento mitad cubano, mitad italiano. Un tipo que se jacta de saber mucho sobre Cuba pero que cuando teoriza sobre inteligencia de manera genérica larga una boludez atómica tras otra”. La misma fuente dijo que los jefes de 25 de Mayo “se llenaban de odio cuando lo veían entrar a su oficina preguntando con una sonrisa de public relations”: “Tú cómo ves esto o cómo ves aquello”.
El hombre de la CIA tampoco hizo muchos amigos durante el seminario, que se llevó a cabo los días 22 y 23 de junio por la mañana (de 9 a 11), en el palacete de la belle epoque que ocupa la Escuela Nacional de Inteligencia (ENI), en la calle Libertad entre Arenales y Juncal. El mismo palacete donde el ex represor Ricardo Alberto Dattoli (condenado ya por la Justicia) aplastó con el portón automático de acero a Sofía Fijman, quien les daba de comer a los gatos del lugar. De Santibañes no asistió a las jornadas porque estaba de viaje, pero sí lo hizo su plana mayor, entre la que hay veteranos de otras administraciones y los hombres que ha designado o piensa designar y que -evaluación de Latell mediante– serían confirmados en sus posiciones. Tal el caso, por ejemplo del virtual segundo, el general retirado Ernesto Bossi, que estuvo procesado en relación con la venta de armas a Ecuador y Perú y al que se le atribuye un intento por volver a instalar a las Fuerzas Armadas en la eventual represión de los conflictos internos. O del contraalmirante retirado Horacio Arturo Fisher, camarada y amigo del cuñado presidencial Basilio Pertiné y encargado del área internacional. Otros asistentes importantes fueron Pablo Werning, director de la Escuela de Inteligencia, que frecuentó las universidades Di Tella y San Andrés; el ex sindicalista de ATE, Román Albornoz, cuestionado por ex compañeros suyos de Córdoba, a quien una de las fuentes de Página/12 ubica como muy amigo del marino Fisher y de un asesor de éste, el ex aviador naval Jorge Colombo. Si es confirmado, Albornoz ocuparía el cargo de jefe de Reunión en las oficinas de 25 de Mayo. Según una de las fuentes, que integra el bando de los agraviados, el 70 por ciento de los asistentes al seminario fueron convocados “para que De Santibañes pueda sostenerlos a partir del informe evaluatorio que elevará Latell y que ya se descuenta será favorable para esta gente”.
El jueves por la mañana estuvo dedicado a Cuba, país que Latell afirma conocer muy bien. El espía norteamericano comenzó excusándose por su mal castellano que, a poco de hablar, se reveló excelente. Tanto que le permitió incluso una eficaz imitación de Fidel Castro. Uno de los escasos momentos en que hubo risas y se atemperó el clima gélido que el auditorio dispensó al disertante. También se presentó como discípulo y ex colaborador de Sherman Kent, el otrora emblemático analista de la CIA. Antes de la imitación, algunos alumnos quisieron lucirse y preguntaron u opinaron en inglés. El director de la Escuela Nacional de Inteligencia, Pablo Werning, demostró que podía ser un hombre versado en matemáticas pero que los idiomas no eran lo suyo. El almirante Fisher, en cambio, lució un acento oxoniano, en el que tal vez se traduce la añeja admiración de los marinos argentinos por la Royal Navy.
Según una de las fuentes, la disertación sobre Cuba no superó los clisés de la Guerra Fría que la propia SIDE solía distribuir durante las dictaduras militares. Cuando concluyó, comenzó a recabar aportes de los presentes y se encontró con un cerrado mutismo, apenas disimulado por comentarios triviales; como el de uno de los asistentes que recordó la exaltación de Diego Armando Maradona por sus encuentros con Fidel Castro.
El día después
En la siguiente jornada, la del viernes, Latell habló del análisis en general, analizó a los analistas y según los enojados espías dijo “una sarta de trivialidades”. Explicó, por ejemplo, que la CIA se había confundido con Saddam Hussein, al considerar al líder iraquí como un político de tipo occidental cuando “se trataba de un musulmán”. Y no creyó necesario agregar que en esa confusión podía haber pesado el excelente negocio de la venta de armas a Irak durante la guerra con Irán.
Luego recordó que Richard Nixon y Henry Kissinger no sentían gran aprecio por los gurúes de la Compañía. Desconfiaban de su capacidad de análisis y “creían que la CIA estaba infiltrada por liberales contrarios a la guerra de Vietnam”. Según Latell, Kissinger formó su propio equipo de análisis en el Departamento de Estado, aunque hizo buenos tratos “con la parte operativa de la CIA”. En plan de relatar pifiadas, Latell refirió que su numen inspirador Sherman Kent se equivocó al profetizar que Nikita Kruschov nunca se animaría a plantar misiles en Cuba, lo que finalmente sucedió. Según el veterano de la CIA, eso ocurrió por lo que denominó”imaginación-espejo”: suponer que el enemigo piensa como uno y no como él mismo. Para combatir el vicio del “espejo”, el espía americano propuso incentivar a los abogados del diablo que rompen “los acuerdos grupales de todas las burocracias”.
En plan de examinador preguntó a sus aburridos alumnos cuál había sido la actuación de la SIDE durante la guerra de las Malvinas. Entonces -según una de las fuentes–, “una funcionaria que procede de Tacuara, estuvo muy cercana a (Hugo) Anzorreguy y hoy es mano derecha de De Santibañes, respondió que los análisis fueron muy previsores y muy certeros”. Latell, sorprendido, exclamó en perfecto castellano de inconfundible pronunciación centroamericana: “Entonces no los oyeron. ¿Por qué no los oyeron?” Nadie le contestó una palabra. Seguramente porque no querían o no podían decirle que la SIDE, más allá de sus tareas persecutorias, no estaba en condiciones de rectificar los planes del dictador militar Galtieri. Uno de los espías quiso saber si había leído los informes del servicio secreto británico; Latell le contestó que no los había leído y le sugirió acudir a los trabajos de algunos historiadores especializados en estudiar al MI6.
Algunos alumnos, disconformes con el seminario, decidieron hablar con legisladores de la comisión bilateral de Inteligencia, para revelarles lo que ya se sabe hace mucho tiempo: que la Argentina no guarda secretos para la Madre Patria.

 

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