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Fue más que un �reality show�

La paliza policial contra un negro en Filadelfia despertó fuertes críticas al accionar corriente de la policía en EE.UU.

t.gif (862 bytes)  “Se le presta atención a la brutalidad policial cuando tenemos estos grandes casos con un video.” Esta declaración de un columnista norteamericano desnudó la principal duda que despertó la filmación el miércoles de una paliza de la policía de Filadelfia contra un sospechoso negro, Thomas Jones. Al principio, el hecho había suscitado el terror a una repetición de la intifada negra en Los Angeles que siguió a la paliza policial contra Rodney King. Ayer las autoridades norteamericanas se ocuparon de negar toda validez entre un caso y otro. Y la evidencia, en efecto, arrojaba importantes diferencias. Pero al mismo tiempo pareció revelar un patrón oculto pero corriente de violencia policial contra miembros de las minorías en Estados Unidos. Esa, ciertamente, era la opinión de los líderes de la comunidad negra.
“Creemos que fue un caso claro de uso excesivo de la fuerza”, subrayó Jerry Mondesire, dirigente de la rama de Filadelfia de la Asociación Nacional para el Progreso de Personas de Color: “Se vio como los oficiales saltaron sobre sus autos para poder patear y pisar a Jones, quien ya había sido herido múltiples veces por armas policiales”. “Ya le habían dado cinco balazos, no tenían que agredirlo”, exclamó indignada la hermana de Thomas Jones, Tracey. Elijah Cummings, un congresista demócrata por Maryland, consideró que “algunos policías que creen que su trabajo no se limita al arresto, sino que deben condenar y castigar severamente e injustamente, en el sitio del arresto, a los acusados y sospechosos”.
Para el jefe de la policía de Filadelfia, John Timoney, las comparaciones con el caso de Rodney King eran absurdamente exageradas. “A diferencia de King, que estaba caído en el suelo, Jones ofreció resistencia al arresto. Y en este caso la policía no usó sus bastones y el video muestra cuando los supervisores, con ropas civiles, intervienen para restablecer el orden.” El fiscal federal Michael Stiles, designado a urgencia por un Departamento de Justicia norteamericano a sólo meses de las elecciones de noviembre, consideró con cautela que “la cuestión es si hubo un uso intencional de la fuerza excesiva”.
Ayer se conocieron más datos sobre el incidente. Todo comenzó cuando la policía detectó un auto que había sido robado. Su conductor era Thomas Jones. Dos oficiales detuvieron al vehículo; hubo una trifulca y Jones intentó escapar pero chocó poco después. Una testigo afirmó que Jones “al principio puso las manos en alto, pero los policías corrieron y comenzaron a pegarle; él agarró entonces una de sus armas y comenzó a disparar”. El fugitivo logró subir a un auto de la policía. Un agente intentó apagar el motor pero Jones le disparó, no es claro si en la mano o en la cabeza. Hubo una persecución a alta velocidad en la que Jones fue herido cinco veces de bala en los brazos y el abdomen. Finalmente, su auto fue rodeado. Los policías, incluyendo agentes de civil, corrieron hacia él y lo golpearon por unos 30 segundos. Todo esto fue filmado por un helicóptero de la cadena ABC. Jones está ahora hospitalizado y ayer se informó que su condición era “aceptable”. La fiscalía ha acusado a Jones de al menos 20 crímenes, incluido intento de asesinato, asalto agravado, asalto simple, resistencia al arresto, robo, hurto y delitos con armas.
Había algunas salvedades. Primero, la paliza fue propinada por oficiales negros además de blancos, lo que debilita la tesis puramente racial. Segundo, Jones era un criminal con antecedentes que incluían seis condenas por robo, hurto y asaltos entre 1989 y 1992. Nada de esto alivia el hecho que ahora Filadelfia estará bajo el escrutinio que hasta el momento había monopolizado el Nueva York “tolerancia cero” de Rudy Giulani. Y todo ocurre a menos de un mes de que se celebre en Filadelfia la Convención Nacional Republicana que ungirá a George W. Bush como su candidato para las elecciones presidenciales de noviembre.

 

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