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Quién mató a los muertos de la AMIA
Por Diana Malamud*

A seis años de la masacre de nuestros familiares en la calle Pasteur, nos seguimos preguntando quién mató a los muertos de la AMIA. Cada lunes por la mañana, desde hace 313 semanas, el paisaje de Buenos Aires se transforma. Cada lunes, desde hace seis largos años, Memoria Activa se convierte en voz, en plaza, en monumento, en el sonido del shofar, en un grito de justicia. Esto ocurre cada semana desde hace 313 desgarradoras semanas, desde hace 2191 angustiantes días.
Y seguimos, seis años después, en Plaza Lavalle, porque entendemos que debemos ser protagonistas en la búsqueda de la verdad. Porque exigimos la justicia que desde hace seis años se nos niega.
El 18 de julio de 1996 nos preguntábamos cómo explicarles a los sobrevivientes, a las familias de las víctimas, que todo seguía igual. Que a dos años del atentado seguíamos sin saber quién mató a los muertos de la AMIA.
El 18 de julio de 1997 recordamos a nuestros seres queridos. Cerramos los ojos y vimos desfilar ante nosotros sus vidas, sus sueños, sus esfuerzos y esperanzas; su ilusorio deseo de vivir, su irrespetuosa locura de vivir, su desafiante pensamiento de vivir. Y cuando los abrimos, encontramos la misma desolación de siempre: seguíamos sin saber quién mató a los muertos de la AMIA.
El 18 de julio de 1998 dijimos que la bomba seguía estallando cada día contra la vergonzante impunidad que nos rodeaba. La bomba estallaba en cada una de las víctimas que tenían derecho a vivir; y seguiría estallando mientras no se hiciera justicia. Cuatro años después la bomba seguía estallando, porque todavía ignorábamos quién mató a los muertos de la AMIA.
El 18 de julio de 1999 recreamos imágenes de las vidas de las víctimas en la mañana del 18 de julio del ‘94, antes de que sin saberlo y sin poder evitarlo se escaparan de nuestras vidas para siempre. Habían pasado cinco años y seguíamos sin saber quién mató a los muertos de la AMIA.
A lo largo de estos seis terribles años, cada lunes y cada aniversario denunciamos las tramas de la impunidad que rodean la causa AMIA.
–Hablamos del campo fértil que tenían los terroristas para cometer otro atentado en nuestro país, porque en dos años la Corte Suprema de Justicia no había investigado el atentado a la embajada de Israel.
–Señalamos la desatención de la Cancillería de los avisos previos al atentado, y la falta total de control en las fronteras argentinas.
–Denunciamos la negligencia en la recolección de pruebas, la falta de custodia en el edificio de la AMIA al momento del atentado, y la complicidad de las fuerzas de seguridad nacionales y provinciales en la falta de avances de la investigación: sembraron pruebas falsas, advirtieron a los procesados de su próxima detención, perdieron pruebas para siempre, prepararon testigos falsos, ocultaron información.
–Dijimos que el juzgado del Dr. Galeano no investigó todas las pistas, que desestimó arbitrariamente pruebas relevantes, que dejó prescribir la causa contra Telleldín. Señalamos la absoluta ineficacia de la investigación, tomando en cuenta que el mismo juez de la causa reconoció en la elevación a juicio oral que las acciones tendientes a obtener información pusieron en la superficie actos de corrupción pública y privada que sin lugar a dudasa son las razones mismas de la sensación de impunidad.
–Denunciamos a los fiscales de la causa que en vez de representarnos y hacer su trabajo se dedicaron según ellos a respetar los tiempos del juez.
–Hablamos de la convivencia de la dirigencia comunitaria judía con las autoridades del momento. Los dirigentes que después del acto del 18 de julio del ‘97 cruzaron la Plaza de Mayo para pedir perdón al gobierno menemista por los abucheos de la gente, son los mismos que sostienen esta causa en el estado en que se encuentra; son los que ahora solicitaron algobierno de la Alianza, y lo consiguieron, la sanción de la ley del arrepentido. Memoria Activa repudia la sanción de esta ley: a los asesinos les corresponde la cárcel.
–Denunciamos que la conexión local del atentado a la AMIA era el Estado argentino, que había articulado la manera de encubrir a los culpables para nunca llegar a la verdad.
Cinco años después del atentado estaba claro que no se trataba de un tema jurídico, sino de un tema eminentemente político.
El gobierno menemista nos acusó, entre otras cosas, de ser un grupo político opositor. El gobierno aliancista nos dice a través de sus ministros que ser críticos de la investigación es estar a favor de los policías imputados. Hoy se aproxima el juicio oral, que juzgará sólo una mínima porción de esta causa. Muchos trabajan para que con este juicio oral se termine el tema AMIA de una vez por todas. Intentarán cerrar la causa AMIA y encontrar a los culpables que quieren encontrar. Intentarán cerrar el círculo de encubrimiento y de la complicidad. Intentarán ahogar la búsqueda de la verdad y de la justicia.
Los gobiernos se sucedieron. Los dos crearon inútiles fuerzas de elite formadas siempre por los mismos uniformados y no uniformados a los que habría que investigar. Los dos hicieron promesas que nunca cumplieron.
El gobierno menemista demostró, y el actual viene demostrando la falta de voluntad política para esclarecer el atentado.
En estos seis años vimos repetirse a nuestro alrededor demasiados crímenes, demasiados muertos, demasiados familiares reclamando justicia por sus muertos: los crímenes del gatillo fácil, de periodistas, la embajada, la AMIA, todos ellos impunes.
Se debe terminar esta impunidad. Acabar con la impunidad, entre otras cosas, significaría: que la voladura de la AMIA no sea una causa perdida, justificada por el tan conocido “se hizo todo lo posible”, porque todavía no se hizo casi nada, y que se investigue y castigue a todos los funcionarios, políticos y dirigentes que permitieron que esto ocurra.
Acabar con la impunidad, entre otras cosas, significaría: que el Estado nos garantice seguridad, nos brinde la posibilidad de vivir en un país donde la justicia actúe de manera independiente.
Que los políticos empiecen a hacer su trabajo para el cual fueron elegidos, y que se dejen de negociar con nuestro futuro.
El día que empecemos a ver voluntad política de que alguna de estas cosas ocurran, vamos a empezar a confiar.
El día en que algún gobierno decida sacar los barriles de cemento de las puertas de todas las instituciones judías, va a ser el día en que demuestren que tienen la decisión de cuidar a su gente, y no al revés, porque si no una parte de la sociedad tendrá que empezar a amurallarse y después otra, y otra, hasta que todos quedemos encerrados.
No somos nosotros los que debemos vivir en estas cárceles de cemento, son los asesinos, los encubridores, los cómplices, los complacientes, los que no investigan, los que no nos cuidan.
A nosotros nos gusta el aire libre y por eso elegimos esta plaza, porque no estamos dispuestos a vivir encerrados.
En estos seis años seguimos sin respuesta a la pregunta fundamental quién mató a los muertos de la AMIA. Por eso, seis años después, siguen vigentes las palabras que pronunciamos en nuestro primer acto en Pasteur, a cuatro meses del atentado:
Hoy estamos aquí, en la última esquina de sus vidas, en la primera esquina del largo camino que nos toca transitar reclamando justicia. Porque hace seis años se apagaron sus risas, nuestras risas y todas las risas compartidas que ya no serán. Porque se esfumaron sus sueños, nuestros sueños y el sinfín de sueños compartidos en nubes de explosivos y horror. Y porque esa mañana salieron de sus casas como todas las mañanas y no volvieron. Merecen justicia. Y porque no olvidaremos. Exigimos justicia. Y porque la ley de la vida dice que los padres no entierran a sus hijos. Reclamamos justicia. Y por todos los que ya no verán crecer a sus hijos. Pedimos justicia. Y por todos los que no se harán viejos junto a los suyos. Exigimos justicia. Y porque nos amaron. Gritamos justicia. Y porque los amamos. Demandamos justicia. Y porque sus voces reclaman desde el centro mismo de la tierra. Exigimos justicia. Y porque repudiamos al terrorismo en cualquiera de sus manifestaciones, la violencia, el odio entre los pueblos y la discriminación. Luchamos por justicia.
Y merecen justicia, porque del lugar del universo en donde estén, o desde adentro nuestro, sólo después de hacer justicia nuestros muertos podrán descansar en paz. Sólo será justicia cuando sepamos de verdad ¿quién mató a los muertos de la AMIA?

* Texto del discurso pronunciado en el acto de Memoria Activa a seis años del atentado.

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