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UNO DE CADA TRES OCUPADOS BUSCA OTRO EMPLEO
Tienen uno, van por el segundo

En el Gran Buenos Aires, hay 1,4 millones de personas que, aunque tienen empleo, buscan otro, por el que compiten con los desocupados. Así, hay 2,2 millones de personas �más del 45 por ciento de la población activa� a la caza de trabajo.

La inestabilidad ocupacional es una de las causas que lleva a buscar otro trabajo.
La otra es la insuficiencia de ingresos y la necesidad de garantizar el consumo familiar. 


Por Maximiliano Montenegro

t.gif (862 bytes) Las estadísticas del INDEC difundidas en las últimas semanas por el Gobierno se concentraron en los desocupados, es decir, aquellas personas que no tienen trabajo y manifiestan estar buscándolo activamente. Sólo en el Gran Buenos Aires (Capital más partidos) hay 860 mil desocupados. Sin embargo, ésa es apenas una parte del drama que se vive en el mercado laboral. Porque en la misma área metropolitana, hay casi 1,4 millones de personas que, aunque tienen empleo, buscan activamente otro, ya sea por miedo a quedarse en la calle o por la necesidad de reforzar el magro ingreso familiar. Así, uno de cada tres ocupados compite por los escasos puestos que se abren con los desocupados. Si se suman ambos grupos se tiene que, en la región, todas las semanas se movilizan 2,2 millones de personas �más del 45 por ciento de la población activa� a la caza de trabajo. En el último año, creció fuertemente la proporción de mujeres jefas de hogar que, estando empleadas, salieron a buscar otro conchabo para asegurar el sustento familiar. 
Los datos del INDEC sobre los ocupados, condición a la que aspira el ejército de más de 2 millones de desocupados en todo el país, revelan una situación casi tan desesperante como la que viven los excluidos del mercado laboral. De la encuesta permanente de hogares de mayo pasado, surge la siguiente información:
El 29,6 por ciento de los que tienen la fortuna de estar empleados en el GBA, buscan otro trabajo. Hace un año, el 29 por ciento revistaba en esa situación. Y en octubre del �91, sólo el 11,5 por ciento de los empleados perseguía otro trabajo. 
Hoy están en esta situación 1.345.885 personas, casi el triple que nueve años atrás. 
En el último año pegó un salto la cantidad de mujeres a cargo del hogar que teniendo trabajo debieron salir a conseguir otro. En mayo del año pasado, estaban en esta situación el 29,1 por ciento de las jefas de hogar ocupadas, mientras que en mayo último la propoción aumentó al 38 por ciento. Así: en el área metropolitana hay más de 165 mil mujeres que son el principal sostén económico del hogar y que, al mismo tiempo, procuran otra fuente de ingreso. 
Según los expertos, que semejante cantidad de personas no sólo no estén conforme con su trabajo sino que manifiesten estar buscando activamente otro responde fundamentalmente a dos motivos:
La �vulnerabilidad� que experimentan en sus empleos actuales, ya sea porque tienen contratos en negro, formales pero transitorios, o bien porque evalúan precaria su situación dentro de la empresa, o de la propia actividad en la que se desempeñan. Esa percepción de inestabilidad ocupacional es lo que llevaría a empezar la búsqueda a �algo más seguro�, por temor a quedar desempleados. 
La insuficiencia de ingresos que hace necesario hallar un complemento para garantizar un consumo familiar mínimo. Este sería el caso típico de las jefas de hogar, quienes tienen un nivel de ingresos más bajo que los jefes hombres, y por lo tanto están a cargo de familias con niveles de consumo muy disminuidos. 
La contracara de las cifras anteriores son las dos situaciones extremas que viven quienes están empleados: 
Por un lado, los sobreocupados, es decir, aquellos que trabajan más de 45 horas semanales. En mayo, en el área metropolitana, más del 40 por ciento de los ocupados estaban en esta situación, esto es, más de 1,8 millones de personas. Entre los varones, el porcentaje de sobreocupación llega al 49,9 por ciento o, lo que es lo mismo, uno de cada dos trabajaban más allá de la jornada legal de ocho horas (ver recuadro, �los explotados�).
Por otro lado, están los subocupados, es decir, quienes trabajan menos de 35 horas semanales y desearían trabajar más. En GBA, la subocupacióninvolucró al 18,1 por ciento de los empleados. Y alcanzó un record de casi el 25 por ciento entre las mujeres. Si alguien hizo alguna changa de pocas horas, vendió garrapiñadas en la calle o limpió vidrios en un semáforo en la semana en que el INDEC realizó la encuesta, entonces la estadística oficial lo encasilla dentro de la categoría de �subocupado�. Así, muchas veces esta etiqueta no hace más que reflejar situaciones de desempleo encubiertas. 
Por eso, la proporción de �ocupados plenos�, aquellos que trabajan las horas que desean, se redujo abruptamente en los últimos años (ver cuadro). Si se suman subocupados y sobreocupados se tiene que más del 60 por ciento de los empleados, casi 2,8 millones de personas en el Gran Buenos Aires, no están conformes con sus trabajos. 

 

 

CLAVES:

Los datos del INDEC sobre los ocupados revelan una situación casi tan desesperante como la que viven los excluidos del mercado laboral.
El 29,6 por ciento de los que tienen la fortuna de estar empleados en el GBA, buscan otro trabajo. En 1991, eran sólo el 11,5 por ciento.
Entre las mujeres jefas de hogar, el porcentaje de las que están en esa situación pasó en el último año del 29,1 por ciento al 38 por ciento. 
Así: en el área metropolitana hay más de 165 mil mujeres que son el principal sostén económico del hogar y que, al mismo tiempo, procuran otra fuente de ingreso.
Más del 60 por ciento de los ocupados no está conforme con sus trabajos.

Exprimidos por sus trabajos

Paradojas del mercado laboral argentino. En el último año aumentó la �intensidad� de la desocupación: el 46,2 por ciento de los desempleados pasan más de 3 meses buscando trabajo sin suerte. En el otro extremo, sólo en el Gran Buenos Aires, hay 623 mil personas que trabajan más de 62 horas semanales. Esto es, más de 10 horas diarias durante seis días a la semana. Como demostraron distintos informes del Ministerio de Trabajo, la mayor parte de las �horas extra� trabajadas en Argentina no son remuneradas. Así, es lógico suponer que, en conjunto, varios cientos de miles de personas en el área metropolitana trabajan gratis millones de horas al mes. En esta categoría de �explotados� sobresalen los hombres: el 18 por ciento de los ocupados varones (uno de cada cinco) está en esta situación. Son 486 mil hombres que trabajan bajo regímenes horarios que envidiarían las economías del sudeste asiáticos, famosas por exprimir a sus empleados. 

 

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