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UNA ENCUESTA MUESTRA UN ALTO NIVEL DE CRITICA AL GOBIERNO EN LA CIUDAD
Buenos Aires, capital nacional del malhumor

De la Rúa mantiene en alto su imagen personal, pero más de la mitad de los encuestados piensa que su gobierno erró el rumbo. Aníbal Ibarra ya había perdido 17 puntos de imagen positiva antes de asumir. Una mayoría absoluta ve como negativas e “iguales a las de Menem” a casi todas las políticas oficiales.

Ibarra sigue siendo bien visto, aunque perdió posiciones.


Por Raúl Kollmann

t.gif (862 bytes) La Capital Federal, dicen, siempre fue un territorio ingobernable para el peronismo. Ahora, parece también un hueso muy duro de roer para la propia Alianza, que supuestamente juega de local en el distrito. El malhumor nacional ha hecho, por ejemplo, que el jefe de gobierno Aníbal Ibarra haya perdido 17 puntos de imagen positiva, aún antes de ascender. Y el territorio que encuentra no es sencillo: más de la mitad de la gente piensa que el rumbo del gobierno nacional es equivocado, cuatro de cada diez porteños creen que la política económica de Fernando de la Rúa es igual a la de Carlos Menem y las opiniones mayoritarias señalan que son negativas casi todas las políticas implementadas por el Poder Ejecutivo, empezando por la educación, la seguridad o la lucha contra la corrupción, pero sobre todo cuestionando con dureza lo que se considera una ausencia total de políticas de empleo. El cuadro le deja a Aníbal Ibarra un interrogante clave: ¿debe o no diferenciarse del gobierno nacional?
Las conclusiones surgen de la última encuesta realizada por la consultora Graciela Römer y Asociados. Se entrevistaron en total 600 personas en toda la Capital Federal, respetando las proporciones por edad, sexo y nivel económico-social. Las encuestas se realizaron en los domicilios de los consultados.
“Muchos dicen que el Gobierno padece el síndrome del quietismo, de la lentitud”, analizó Römer. “Para mí, el problema mayor no es ése, sino el síndrome del continuismo. Es muy serio que casi la mitad de los porteños piense que el plan económico de De la Rúa es igual al de Menem. Es evidente que el Poder Ejecutivo debe explicar en forma urgente las diferencias sustanciales entre su proyecto y su estrategia, y la de Menem.”
Para Römer uno de los riesgos más grandes que corre el Gobierno está en la creciente desesperanza de los porteños: “La gente no ve señales de cambio de rumbo. Ese cambio fue el eje principal del apoyo a la Alianza en las elecciones y fue la base del triunfo de De la Rúa. El programa de ajuste, por ejemplo, impactó negativamente, como impacta toda política de ajuste. El problema es compensar esas medidas duras con políticas que puedan crear expectativas positivas en la población. Cerca de un 60 por ciento de la población cree que dentro de un año las cosas estarán igual o peor que ahora”.
Es en este marco que asume Aníbal Ibarra. En principio hay que decir que se encuentra con una ciudadanía muy enojada y que en este momento no hay nada que le venga bien a los porteños. Lo único que registra niveles aceptables es la imagen personal del Presidente. Casi la mitad de los consultados opina bien de De la Rúa. Pero una cosa es la imagen del Presidente y otra es la opinión sobre su gestión de gobierno:
u En tres meses los que aprueban al Poder Ejecutivo bajaron del 58 al 37 por ciento, en tanto que los que lo desaprueban aumentaron brutalmente del 20 al 47 por ciento. 
u Cuando a la gente se le pregunta si el ajuste servirá para beneficiar al conjunto de la población, apenas el 15 por ciento contesta que sí. La gran mayoría, dice que sólo va a beneficiar a unos pocos. Además, piensan que no va a derivar en la creación de fuentes de trabajo.
u De todas las políticas que ha puesto sobre el tapete el Gobierno, con la única que la gente manifiesta acuerdo es con la desregulación de las obras sociales.
u Hay rechazo a la gestión en materia de educación, lucha contra la corrupción, control de la evasión, reforma laboral o funcionamiento de la Justicia. Hay un 60 por ciento fuertemente crítico por la política en materia de creación de empleo. En una palabra, la Ciudad de Buenos Aires parece la capital de la desesperanza.
“El gran desafío de Aníbal Ibarra –señaló Graciela Römer– es crear un gobierno de la ciudad con espíritu propio. Tiene que marcar diferencias. Desde la gestión municipal necesita recrear expectativas, mostrar nítidamente hacia dónde va. Es difícil, porque en la Capital la gente se mueve mucho por criterios nacionales, en tanto que los aspectos municipales importan menos. Tiene a favor la buena imagen de De la Rúa, pero es cierto que él mismo sufre al mismo tiempo una caída en la aprobación justamente por influencia del malhumor nacional. Necesita marcar que su gobierno es distinto y, obviamente distinto de la administración menemista”.
Es verdad que el distrito porteño ha sido el más favorable a la Alianza. Pero también es cierto que es el más crítico y el que más rápidamente suele perder la paciencia.

 

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