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Por Mario Wainfeld

Los dos gritos de Alvarez

La pelea con De Santibañes y el nuevo discurso del vice. Las explicaciones de la SIDE y las broncas de Chacho. Un nuevo escenario que busca cambiar las reglas de juego de la Alianza.


t.gif (862 bytes) Dos discusiones ha instalado en cuestión de días el vicepresidente Carlos “Chacho” Alvarez en el apaciguado debate político del Gobierno. No es poco, en una administración proclive al silencio o al abatimiento:
La primera, la más escandalosa, es la referida al desempeño de la SIDE con relación a una campaña periodística en su contra. 
La segunda, la más densa, es una puesta al día de la evaluación del Gobierno, incluyendo una autocrítica y el primer atisbo de un reposicionamiento del Frepaso y de su líder dentro de la coalición.

Marca férrea sobre el Cinco 

No es una hipérbole calificar como gravísimo el conflicto que enfrenta al vicepresidente con el jefe de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), Fernando de Santibañes. Ya se sabe: Chacho le endilga al señor Cinco como máximo dolo y como mínimo falta de voluntad o fenomenal negligencia en relación a una publicación periodística que buscó enlodarlo con versiones sobre su vida privada. “Es una maniobra de servicios –bramó Chacho– o la hicieron desde la SIDE o la SIDE no hizo nada para evitarla.” Desde que el vice le dijo eso –por teléfono, a los gritos– no intercambian palabra.
Nadie consiguió apaciguar a Alvarez. El presidente Fernando de la Rúa naufragó en el intento de persuadirlo de la falta de insidia de De Santibañes. Tanto él como el ministro de Trabajo Alberto Flamarique (el único frepasista que habló con el señor Cinco en estos días) procuraron transmitirle una explicación nacida en los despachos de la SIDE: la jugada fue urdida por servicios pero no del gobierno nacional, sino los de un nuevo grupo engendrado en la provincia de Buenos Aires, supuestamente conducido por el “obispo” Esteban Caselli, a esta altura virtual número dos del gobierno de Carlos Ruckauf. El grupo, que reclutaría mano de obra despedida de la SIDE por De Santibañes, se apoda Tres de Febrero, en alusión al lugar donde tendría su cuartel. La explicación no conformó a Alvarez que –por su rol institucional– exige algo más: “Que me llame, que me mande un informe, que haga una denuncia si hay un servicio de informaciones paralelo”, rezongó ante sus íntimos. También se quejó ácidamente de la falta de solidaridad de sus colegas de gabinete frente a un ataque que deroga los códigos mínimos con que se han manejado la política y la información en los últimos 17 años. “Yo salgo a pelear por el Gobierno en todos los frentes. Y no recibo apoyo cuando me agreden. Todos dicen que hay que cuidar la imagen presidencial pero nadie respalda la mía”, redondeó.
Algún prominente frepasista intentó diluir su visión por conspirativa. “Vos pensás que De Santibañes es Maquiavelo cuando en verdad es Macpato”, chanceó aludiendo tanto a la riqueza del ex banquero como a sus supuestas limitaciones para urdir intrigas palaciegas. Pero Alvarez sigue en sus trece, exigiendo alguna reparación. 
De Santibañes no parece dispuesto a dársela. Atribuye todo el episodio a una irritación personal del vice, enmarcado en el juego de la política que hace gala de desdeñar. Curtido por un par de bloopers graves cometidos apenas ayer, eludió todo contacto con periodistas salvo una gacetilla –no memorable por su sintaxis ni por su prosodia– en la que decía que nada iba a decir. Mantiene un pétreo mutismo mediático aunque –según relata uno de sus allegados más íntimos– su amigo el Presidente le pidió que saliera a hacer declaraciones.
El titular de la SIDE sólo coincidió con Alvarez cuando alguien le transmitió sus lamentos por la falta de solidaridad del gabinete. “Este es un gobierno de solidaridad cero –describió en su despacho–; a mí también me desampararon cuando salí en tapas de diarios y de revistas”, replicó igualando denuncias (algunas publicadas por Página/12) sobre el origen de su fortuna con una sobre la vida privada. De Santibañes espera que la irachachista se disipe con el tiempo. De momento, se alejará del teatro de operaciones. Irá en estos días a un encuentro del Aspen Institute en Montana, Estados Unidos, a asilarse en un terreno en el que juega de local. En el ínterin le reiteró a De la Rúa su ánimo pacifista. Aunque, como lo cortés no quita lo valiente, no se privó de deslizarle al Presidente que su amigo Larry Summers, secretario del Tesoro de EE.UU., le había hecho saber en una plática telefónica su preocupación por “ese tema que resiente al Gobierno”. Alvarez es el principal apoyo político del Presidente, De Santibañes es más que un amigo personal, casi un integrante de su familia. Es difícil imaginar cómo es posible desmontar el conflicto entre ambos –que ha llegado a un punto de no retorno– sin herir a alguno de ellos y sin mellar el poder presidencial.

Hablemos un poco

Casi simultáneamente con el estallido público del escándalo ya reseñado, Alvarez lanzó –en un reportaje publicado en este diario– una serie de definiciones que implican un giro en su discurso desde que está gobernando. Sin agotar la nómina, vale la pena acudir al recurso del textual para dar una muestra del viraje que es –para Alvarez y para el Frepaso también– un esbozo de un regreso a las fuentes tan interesante como difícil de sostener:
“Lo malo es cuando se convoca a una sociedad a hacer sacrificios sin una visión estratégica de país, que es lo que puede estar pasando cuando se habla de malhumor de la sociedad (...) se confunde lo coyuntural –que es el malhumor– con la falta de expectativas”.
“No podemos decir que es malo operar a los jueces cuando lo hacen los adversarios y que es bueno cuando lo hacemos nosotros”.
“Hay cosas que no están influidas por la globalización. El sistema institucional lo construye una dirigencia. Hay cosas que depende de nosotros cambiar. (...). Si desde la legislatura de la provincia de Buenos Aires se financia la política espúriamente, no se puede desde ahí poner reglas a quien tiene un arma y siente que tiene poder”.
“Si fuera verdad (la denuncia sobre coimas por el voto peronista a la reforma laboral), sería un elemento de decadencia terminal”.
No hace falta leer entre líneas, apenas leer bien para encontrar un embate contra las políticas del Gobierno, contra muchas prácticas del radicalismo... y aún contra unos cuantos legisladores del Frepaso bonaerense. Hay integrantes del Gobierno que creen que el nuevo discurso es apenas un subproducto excesivo de la bronca vicepresidencial. Alvarez les explicó a varios frepasistas de primer nivel que hay más: un cambio político galvanizado por la soledad en que se sintió frente a una agresión que juzga inmoral pero no ajena a la competencia política. “Ningún medio se lanza a una operación de esa naturaleza sin un apoyo del poder”, se enfurece. 
El vicepresidente está seguro de haber quebrado muchas lanzas por el Gobierno, defendiendo sus medidas más impopulares y resiente de haber sido mal retribuido. “Tal vez sobreapoyé todas las decisiones. No me arrepiento, pero no estoy dispuesto a dilapidar mi patrimonio, que es mi credibilidad”, musitó en la intimidad. Y añadió “no es cierto que el poder te obligue a cambiar todo. Someterse a todas las lógicas del poder es pereza, falta de convicción o conveniencia. Una traición a la gente porque no hay capitalismo mejor sin mejor calidad institucional”. En ámbitos de su confianza desplegó críticas no más certeras aunque sí más detalladas que las que publicó Página/12 sobre los mecanismos de financiación de la política, la relación del Gobierno con los lobbies, las demasiado buenas relaciones entre legisladores del Gobierno y de la oposición en el Parlamento nacional y en el bonaerense. Casi una remake de las críticas que prodigaba el Frepaso a peronistas y radicales cuando embestía contrael bipartidismo. Pero ahora la situación es diferente, el partido de Alvarez gobierna junto a la UCR. Y lo que replantea no es una polémica con el “ala derecha-economicista del Gobierno”, sino una controversia sobre la forma en que entiende la política buena parte del radicalismo. Y a esta altura unos cuantos frepasistas. 
¿Es posible sostener esas críticas “desde adentro” sin llevar a la Alianza a una fractura o sin tener que morderse la lengua en un tiempito? Alvarez está convencido de que sí, aunque también deja en claro que no es factible –en política– dar todos los pasos contando desde el vamos con un sistema de alianzas que los torne seguros. Pero apuesta a su proverbial capacidad de interpelar a algunos sectores de la sociedad.

Escenarios sin telón 

De la Rúa hizo dos gestos disímiles de cara a los planteos de su vice:
La respuesta a su interrogación sobre lo ocurrido en el Senado fue una reunión en Olivos, que culminó en un mensaje explícito de espaldarazo, con un puñado de senadores del PJ, precisamente con los más desprestigiados. 
En compensación, acudió al Congreso a buscarlo para entrar juntos a la Rosada dando señales y testimonio de buenas ondas recíprocas. Quienes conocen a ambos describen que su relación sigue siendo cordial y que los dos asumen que su alianza es estratégica.
Lo que está ocurriendo es que Alvarez ha resuelto –sin romper ni atacar al Presidente– recuperar el perfil propio tras meses desgastantes de gestión en los que, entre otros precios, se distanció de los dos ministros frepasistas. Con Graciela Fernández Meijide casi no intercambia sílabas desde hace meses. Su frialdad con Flamarique es más reciente (aunque Página/12 ya la adelantó hace un par de semanas) y se agravó en los últimos días, aunque ninguno de los dos suelte prenda sobre el tópico. Pero hay quien dice que Alvarez tildó de “preocupante” el modo de hacer política del ministro de Trabajo. Una expresión que en sus labios frisa con lo lapidario.
La emergencia de Aníbal Ibarra en el Ejecutivo del más importante, visible y gobernable distrito del país abre un nuevo escenario en el interior de la Alianza y el Frepaso. Un escenario de por sí rico que se complejiza porque –sin patear el tablero– el líder frepasista pegó dos gritos resonantes en un gobierno proclive a los medios tonos.

 

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