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Las villas, las modelos y los modelos de sociedad

Al igual que Mari Anne Erize, muchos jóvenes, famosos o no, modelos o no, realizaban trabajo social en las villas durante los 70�. Ayer y hoy.

Chunchuna Villafañe también era modelo, también militó en villas.
La idea de Chunchuna o Mari Anne Erize resulta ahora perturbadora.


Por Luis Bruschtein

t.gif (862 bytes) El otro día, los inquilinos de una casa tomada se pelearon a cuchillo y dejaron un herido sangrando en la puerta de la casa de un amigo. Mi amigo no ve la hora de que saquen ese inquilinato de su cuadra. Hace bastante, en vez de pedir desalojos, mi amigo hacía trabajo social en una villa que estaba a pocas cuadras de donde vivía. Para esa misma época, Mari Anne Erize hacía trabajo social también en una villa que quedaba a pocas cuadras de su casa.
Mi amigo es feo como la noche y trabaja como vendedor de seguros. Mari Anne era una diosa que aparecía en la tapa de Gente y con ese apellido y esa imagen cualquiera podía equivocarse y pensar que era una nena rica con un hueco en la cabeza. Mi amigo antes coincidía más con Mari Anne y ahora me parece que coincide más con Valeria Maza. Uno debería pensar que si mi amigo es mi amigo, las que cambiaron �evidentemente� son las modelos. O sea que vivimos un cambio de modelo.
La idea de Mari Anne en una villa resulta ahora tan llamativa o perturbadora como su belleza delicada y expresiva. No es que en aquella época no llamara la atención también. Pero de otra forma, porque no era la única. Chunchuna Villafañe o Marilina Ross también lo hicieron, al igual que mi amigo. Era una transgresión a la norma, no era lo más común, pero la idea de transgresión formaba parte de las ideas. Uno podía rebelarse del mandato que deparaba el origen social o las condiciones económicas. O sea: si a alguien se le ocurría estar en un lugar donde no debería, podía ser muy criticado, pero lo hacía. Ahora, simplemente, a nadie se le ocurre hacerlo.
Hacer valoraciones desde el pasado hacia el presente, o al revés, es tramposo porque se retacea el contexto histórico. Pero lo cierto es que la sociedad argentina de los años �70 tenía una movilidad de la que carece en la actualidad y el trabajo social tenía un sentido político, es decir que no era sólo un acto de caridad sino que apuntaba a un cambio de raíz en las condiciones estructurales que generaban la miseria.
La idea de exclusión no estaba instalada como modelo. La comunidad villera tenía reglas de juego que eran respetadas por sus integrantes que, por lo general, eran trabajadores humildes. Los curas y los jóvenes que en la actualidad han retomado este trabajo solidario afrontan una realidad más dura donde la mayoría de los vecinos no tiene trabajo o lo tiene en forma precaria y donde la droga, cuyo consumo se ha extendido en toda la sociedad, en las barriadas humildes afecta de lleno esas reglas de juego cuyo cumplimiento depende del autorrespeto. Ahora hay asaltos dentro de la villa. El deterioro de los lazos de solidaridad, que también afecta a la sociedad en su conjunto, en la villa resulta letal porque en la unión solidaria radica su fuerza principal de sobrevivencia.
Esa imagen de Mari Anne simboliza a una generación. Una mirada desde el presente podría hacer pensar que fue un terrible sacrificio para ella abandonar el mundo de luces, éxito y fama del modelaje. Pero ella, al igual que muchos jóvenes, había encontrado una forma de felicidad más real, profunda e integradora que la que había conseguido como modelo. A principios del siglo XXI, esa vida de fama y éxito es el paradigma de la realización personal, algo a lo que sólo pueden acceder muy pocos. Pero para la juventud de aquella época la felicidad más completa estaba en la posibilidad de integrarse a su comunidad, hermanados, sin diferencias de religión, de clase, de cultura o del color de piel. Ese tipo de felicidad no tiene exclusiones: cualquiera puede sentirse hermano del prójimo y no su carnicero. Aunque eso cuesta, porque hay otra gente dispuesta a impedirlo.

 

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