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PAGINA/12 OFRECE A SUS LECTORES LA COLECCION “CUANDO ME LLEGA EL CANTO”
Don José, el hombre que mira al horizonte

La serie de cinco CD's que este diario ofrece a sus lectores a partir de mañana recorre buena parte de la carrera de José Larralde, un representante fundamental del folklore que nunca necesitó “hacer de gaucho”.

En los años de “Herencia pa’ un hijo gaucho”, que abre la serie.
Hoy, Larralde tiene un público que incluye a pibes heavy metal.

Por Esteban Pintos

t.gif (862 bytes) “Una vez mirando los bichos en el campo oservé que las abejas y las mariposas no eligen las flores más bonitas pa’ pararse arriba de ellas, y ahí aprendí que lo lindo debe estar adentro, igual que en el relincho, y si no degamé qué tal es el peludo sancochao. De mirar pa’ arriba se me endureció el pescuezo. De ahí, de ahí aprendí a mirar pa’ abajo”, recita el cantor con voz bien grave y un cierto tono dramático, desde una grabación histórica. Este es un fragmento de la que tal vez sea su obra cumbre, “Herencia pa’ un hijo gaucho”, el poema-canción que –en su primera parte– abre el primer volumen de Cuando me llega el canto, la colección de cinco CD’s que Página/12 ofrecerá a sus lectores desde mañana. Allí se puede recorrer buena parte de su carrera, y más específicamente un período que bien podría ser denominado “tradicional”. Allí donde revistan la “Herencia...” y otros clásicos de su repertorio como “Si de la rabia nomás”, “De hablarle a la soledad”, “Amontonando cansancio”, “De tanto saber tan poco” y otras perlas de su obra. 
Si la categoría “de culto” puede aplicarse a un artista de semejante estatura, Larralde debería ser considerado así. Sus discos long-plays todavía suenan en anticuados tocadiscos que presiden el living de las casas de miles de familias del interior –de la provincia de Buenos Aires, fundamentalmente– y sus CD’s se reproducen en aparatos seguramente más sofisticados, aun en el mismo paisaje familiar. Larralde canta verdades de un hombre de campo y se vale de una guitarra para acompañarse, con eso le basta. Su repertorio remite genéricamente a eso que suele denominarse “canto sureño” –surero, suele escucharse en sus pagos–, es decir un arco estilístico que va de la milonga más tradicional al recitado con minimal acompañamiento. Son reflexiones a veces amargas, a veces esperanzadas, casi siempre certeras, que se pueden encontrar en crónicas espontáneas de las vivencias de un hombre y un lugar que, aunque suene a fantasía en esta ciudad de autos 0 km, teléfonos celulares y autopistas de seis carriles, todavía existen. 
A ellos les canta Larralde, que no se necesita hacer de gaucho. Es gaucho. En sus canciones aparecen la soledad, la rabia ante la injusticia y la picaresca criolla en la metáfora. Una verba inflamada, a veces. Tierna, en otras. Todo con su voz de hombre que ha vivido para contarlo. “El que dice que soy un resentido nunca pasó hambre. Y, además, no me conoce. Lo que menos tengo es resentimiento. He sufrido amarguras, muchas, pero también tengo mujer, hijos, amigos. Dios me dio mucho más de lo que merezco”, dijo en una entrevista publicada por este diario hace ya dos años. En el último tiempo, a su público natural se sumó una llamativa cantidad de jóvenes de pelo largo, remeras negras y camperas de cuero. Son su nuevo público, el mismo que le acercó a través de sus excesos verbales el icono metálico Ricardo Iorio (ver aparte). Frente a esta realidad, que no debería llamar la atención si se profundiza un poco en el análisis, el hombre que hoy parece un patriarca de los de antes, con su pelo y larga barba completamente blancos, eligió la simpleza para reflexionar. “Me gritan cosas raras, como ‘Aguante José’. A mí me pone contento”, dijo, y extendió el razonamiento sobre cuestiones en común entre géneros aparentemente opuestos como el heavy metal y la milonga sureña. “A los dos nos vienen a ver chicos que no tienen laburo, que la pasan realmente mal, pero no sé qué es lo que me ven. Quizás intuyan una conducta.” 
Larralde es la quintaesencia del cantor de la pampa, el hombre de pocas palabras y muchos silencios que mira el horizonte y sólo puede ver eso: el horizonte. El paisaje llano y agreste de la geografía bonaerense forjó el espíritu de este hombre de 62 años, nacido en Huanguelén –un pueblo hecho y derecho, al oeste de Bahía Blanca– y actual habitante de Avellaneda. Allí, a un par de cuadras de la cancha de Racing, vive desde hace más de veinte años y sólo se mueve para llevar adelante una silenciosa pero constante rutina de recitales por el Gran Buenos Aires y el interior. 
Desde que se distanció de su histórico manager, Larralde maneja su carrera desde un pequeño departamento del barrio de San Telmo, por donde pasa cada semana para recoger los mensajes que guarda el contestador automático. Es, además, lo que en la industria discográfica se conoce como “artista vendedor de catálogo”. Esto es, un artista preferido por el público a través de los años, sin interferencias ni enviones de campañas publicitarias ni modas pasajeras. Cada disco suyo llega cómodamente al certificado de oro que se otorga por la venta de 30.000 copias y, lentamente pero sin pausa, se sigue vendiendo con el paso de los meses y los años. Algo que para la urgencia del pop, el rock e incluso este nü folklore que encarnan figuritas de moda como Los Nocheros, Los Tekis, Luciano Pereyra y Soledad puede resultar un “gran éxito”, para Larralde es apenas una confirmación de una certeza. Y no hay repercusión mediática por eso ni detrás de eso. Así es Larralde.

 

 

El más grande

Por Ricardo Iorio *
El terruño donde nos tocó encarnar el Dios vivo nos envió al más grande decidor. Su nombre es José Larralde, hombre tan grande, tan derecho y tan ejemplificador de su condicion (él dice lo que hace), que muchas personas están esperando que se muera para hacerlo lo más grande del folklore nativo (criollo, quiero decir). No tengo mucho más para decir. Sólo se me ocurre citar una frase suya como para entender de quién se trata: “Yo no soy cantor de mentas, pero canto, canto en verso, canto en prosa, canto de alma y aunque a veces digo cosas que abren llagas, que me escupan si no estoy haciendo patria”.

* Líder de Almafuerte, grupo de heavy metal nacional ubicado en los antípodas musicales de Larralde. Pero no tanto. Desde que se conocieron en 1992, Iorio y Larralde se han destinado mutuos elogios y han participado como invitados en conciertos de uno y otro.

Baden Powell está grave

El músico brasileño Baden Powell, internado en el Centro de Tratamiento Intensivo de la Clínica Sorocabana de Río de Janeiro, sufrió un deterioro en su salud: según informaron los médicos, el artista de 63 años “está respirando con ayuda de aparatos y se lo somete a hemodiálisis, debido a una falencia renal aguda”, aunque añadieron que “el aparato circulatorio está intacto y los signos vitales se mantienen”. El guitarrista y compositor, uno de los principales exponentes del movimiento musical brasileño iniciado en Brasil en los años ‘60 con el nombre “Bossa Nova”, junto con Tom Jobim, Joao Gilberto y Vinicius de Moraes, fue internado hace doce días con un cuadro de neumonía bacteriana, complicado por diabetes y otros problemas renales.

 

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