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Diez años después

Fue un crimen de los que solía haber en Catamarca. Pero hubo amigas, hubo una monja y hubo unos padres que decidieron pedir justicia. El reclamo tras la muerte de María Soledad, ocurrida el 8 de setiembre de 1990, selló el fin de la dinastía Saadi. Y llevó al país una forma de protesta contra la impunidad: las Marchas del Silencio. Luque y Tula fueron condenados. Sin embargo, en la provincia muchos esperan aún el castigo al encubrimiento policial y político del asesinato. 

Ada: “Yo no sé si hay un arreglo político, qué trasfondo hay en todo esto. Un arreglo policial o judicial para que esto no se investigue ni se esclarezca”.


Por Andrés Osojnik
Desde Catamarca

t.gif (862 bytes) Las dos chicas son adolescentes, visten uniforme de colegio privado. Se abren del camino que lleva a Valle Viejo y bajan rumbo al monolito que recuerda a María Soledad Morales. Se paran frente a él, están en silencio. Una de ellas enciende un cigarrillo. Es mediodía y cumplen con el ritual de hacerle pedidos a esa otra estudiante de Catamarca a la que violaron y mataron hace ahora diez años. Toda la provincia sigue en sus rituales. Aquel silencio de las marchas en reclamo del fin de la impunidad ahora es un mutismo incómodo a la hora de responder sobre el caso. Aquellas idas y vueltas de la Justicia se prolongan hasta convertir en letra muerta la investigación por el encubrimiento policial y político del crimen. Aquellos policías que fueron acusados de entorpecer la causa siguen en carrera y algunos hasta acaban de llegar a comisario. Y Ramón Saadi, Ramoncito, aquel caudillo al que entonces destronó del poder familiar milenario el hartazgo de la gente, ahora se envalentona para pedir, él, una mayor transparencia en la Justicia.
–Eso es historia vieja –dice un taxista que lleva al cronista a la casa de la familia Morales.
–Ahora el problema es el ajuste. Diez por ciento les recortaron a los estatales –se evade un parroquiano de la confitería Richmond, donde alguien dijo haber visto a Guillermo Luque ese fin de semana trágico.
–No, las chicas no preguntan sobre eso –confiesa la responsable del Colegio de Carmen y San José, la escuela a la que iba María Soledad.
Alcira Blanco es carmelita misionera como Martha Pelloni, la monja que desde su puesto de directora fogoneó la rebelión catamarqueña. La hermana Alcira confiesa su admiración por la hermana Martha y se enorgullece porque hace poco fue elegida por las propias monjas como la superiora de la congregación para toda América latina. Pero también confiesa que en el colegio está obligada a la discreción: “Acá hay 1300 familias, hay de todo. Las chicas no preguntan y nosotros tampoco podemos estar siempre hablando del tema”.
Para el aniversario, de todos modos, no dudó en aceptar el pedido de la familia Morales: que la misa en recuerdo a María Soledad se haga en la capilla de la escuela. Será el viernes 8, el día en que se la vio por última vez. Su cuerpo apareció el 10, a unos seis kilómetros del centro de la ciudad. A la entrada del Parque Daza, el lugar del monolito. Allí, el próximo domingo habrá un acto en el que participará la hermana Martha.
En el colegio, la carga que se respiraba en la sala del 5º año de María Soledad fue exorcizada con la decisión de desactivarla como aula. Ahora funciona allí la dirección. Pero la memoria tiene su lugar en una enorme placa de bronce en homenaje a la chica.
De las docentes de aquella época, sólo quedan tres trabajando todavía allí. Fátima Ríos de Coronel es una de ellas. Fue profesora de matemática de María Soledad. “Todo eso fue muy doloroso, muy triste. Trato de no recordar demasiado”, confiesa, aunque no puede evadir esos momentos: “Esa mañana, las chicas, cuando vino Elías. Ese año fue muy duro y los siguientes también”.
Fátima tenía entonces 28 años y al ver que las compañeras de María Soledad decidieron hacerse cargo del reclamo, ella salió en su apoyo. “Uno no entendía lo que iban a hacer, pero no las iba a dejar solas”, cuenta. Lo que hicieron fue darle la oportunidad a la sociedad catamarqueña para que desahogara su hartazgo de un poder político omnipotente y corrupto, cuyos excesos ya no estaba dispuesta a tolerar.
Las Marchas del Silencio fueron una forma de protesta contra la impunidad que se extendería a todo el país. En Catamarca lograron desterrar del gobierno a quien se había convertido en símbolo de esa impunidad, Ramón Saadi, heredero de la dinastía creada por Vicente. Era la época en que a Carlos Menem se le hacía insoportable seguir sosteniendo asu amigo. Era la época en que Ramoncito, furioso por la intervención, pedía una rinoscopia para todos los ministros de Menem.
Ahora, diez años después, Saadi sigue siendo fiel a sí mismo. Sigue siendo el jefe del justicialismo local y pese a perder todas las elecciones desde entonces sigue aspirando a la revancha. Ya sueña con la próxima oportunidad: las elecciones del año próximo para el Senado nacional, adonde ya una vez le cerraron las puertas los propios senadores.
Por el momento, se conforma con reclamar la intervención del Poder Judicial, en este momento envuelto en una de sus interminables polémicas. La de ahora tiene como epicentro a un famoso delincuente local, Edgardo “Tom Jones” Figueroa que, como buen personaje catamarqueño, fue ligado tangencialmente al caso María Soledad y hasta declaró como testigo en el juicio. “Tom Jones” fue apresado en marzo y su captura fue ampliamente publicitada por el gobierno del Frente Cívico y Social. Pero días atrás fue liberado por la Justicia. Todo derivó en un escándalo que tiene a la Corte Suprema a punto de renunciar y a “Tom Jones” convertido en el eje de la escena política. Al hombre hasta le hacen entrevistas por radio: “Al lado de los políticos, yo soy un ladrón de gallinas”, llegó a decir.
En esa sucesión de crisis que se perpetúan, las causas conexas por María Soledad siguen esperando mejor suerte. “No sabemos si hay algún arreglo, pero nosotros todavía seguimos esperando que se haga justicia”, reclaman Ada Rizzardo y Elías Morales, los padres de María Soledad. Para ellos, la condena a Guillermo Luque y a Luis Tula sólo son una parte de la justicia reclamada. La sentencia que los llevó a prisión también ordenó investigar el encubrimiento policial y político, y mandó a la Justicia a 33 testigos por falso testimonio.
Ninguno de ellos fue citado por ese tema. La causa por encubrimiento sigue igual derrotero que todo el caso. Ya pasó por tres jueces, pero hasta ahora no hubo avances. En ese expediente debía investigarse la participación de policías y funcionarios de la era saadista en el impresionante operativo que incluyó el borrado de pruebas, la desfiguración del cadáver de María Soledad, la desaparición de fojas del expediente, los golpes y torturas a testigos e inculpados, los intentos de sobornos, las presiones a testigos, a jueces, a policías.
Además de Saadi y Angel Luque, el padre de Guillermo, en la lista que el tribunal mandó investigar dos años y medio atrás figuran casi veinte policías, varios de ellos aún en actividad. Para estos últimos, las acusaciones por el caso Morales no fueron obstáculo para sus carreras. En los últimos meses, incluso, llegaron al cargo de comisario cinco de ellos, incluido Arturo Arroyo, el policía sobre el que se sospecha que arrojó el cuerpo de María Soledad donde luego fue encontrado.
Entre quienes impulsaron en aquel momento la protesta, quienes salieron a la calle, quienes soportaron presiones y amenazas, los diez años se cumplen con desazón. “Nosotros creíamos que, una vez caído Saadi, esto iba a ser la panacea. Pasó el tiempo y empezamos a pensar que tal vez fuimos demasiados ilusos en pensar que esto iba a cambiar rápidamente”, confiesa Juan García, que en ese momento tenía a sus dos hijas en el Colegio del Carmen y formaba parte de la Comisión de Padres, encargada de la organización de las marchas.
–Uno hasta tiene la sensación de que ha luchado en vano –dice.
La adolescente que fuma frente al monolito no llega a la edad que tenía María Soledad cuando fue asesinada. Tiene menos de 18. Ella y su amiga sólo conocen la historia que le contaron. La de una chica por cuya muerte cayó una dinastía provincial. Ellas sólo pasan frente al monolito para cumplir el ritual. Le piden suerte en el examen que tendrán en breve, apagan el cigarrillo y siguen camino.

 


 

LA MEMORIA DE LAS COMPAÑERAS DE MARIA SOLEDAD
“Si nos quedamos, vuelve Saadi”

Por A.O.

“Pensándolo ahora, no lo hubiéramos hecho.” La confesión suena a recuerdo de un desborde adolescente. La pronuncia Estela Andrade, una de las compañeras de María Soledad Morales. Ellas motorizaron las marchas que terminaron en la caída del clan Saadi. “La impunidad era mucha, era pelear contra el mundo”, acepta también Mónica Barrios, otra de las chicas del curso. Ahora tienen casi 28. Una y otra admiten que la pelea que dieron tenía algo de inconsciente. Pero no se arrepienten. “Ese crimen fue un golpe bajo. Creíamos vivir en una sociedad donde todo era diez, pero de golpe nos encontramos con la realidad. Y nos hicimos cargo”, recuerdan.
El grupo de la promoción 1990 del Colegio del Carmen se reúne todos los 23 de diciembre. “Pero nunca tocamos el tema del caso”, admite Estela. Y no por desinterés: la carga que llevan las chicas que diez años atrás se lanzaron contra décadas de impunidad a veces es demasiada. El novio de Estela lo reconoce: “Estoy saliendo con parte de la historia”, dice.
Varias de aquellas chicas visitan aún hoy a los Morales. Estela y Mónica lo hicieron la semana pasada para conversar sobre los actos del aniversario. “Es necesario mantener la memoria. Acá falta hacer mucho todavía. Acá se hizo justicia a medias. Y hay mucha gente aún impune”, advierte Mónica. Estela le pone nombre a los temores:
–No hay que quedarse. Si nos quedamos, tengo miedo de que pueda volver Saadi –dice.

 


 

“La justicia sólo llegó en parte”

Por A.O.
Desde Catamarca

Ada Rizzardo y Elías Morales se sientan en el patio de su casa de Valle Viejo, siempre de tierra, siempre con las gallinas dando vueltas. La casa siempre a medio construir, los perros siempre a punto de hacer caer a cualquiera. Ada Rizzardo y Elías Morales se sientan siempre a la sombra de los tres paraísos y cuentan que en Catamarca siempre la justicia tarda en llegar. Que la causa por encubrimiento no avanza. Que los policías acusados por ese delito fueron “premiados” con ascensos. Que sospechan que Luque sale de la prisión porque “el director es amigo de la familia”. Ada Rizzardo y Elías Morales siempre esperan. Hasta diez años después del crimen de su hija: “Ahora esperamos que el caso se esclarezca totalmente, porque sólo está esclarecida una parte. Falta el castigo a los otros que participaron y falta el castigo a todos los que encubrieron y mintieron”.
–Ustedes se han convertido en referentes del reclamo contra la impunidad. ¿Cómo lo viven a diez años de iniciada la pelea?
A.R.: –Somos conscientes de ello, pero si el pueblo de Catamarca no nos hubiera apoyado y la hermana Martha Pelloni, que fueron los primeros que estuvieron al lado de nosotros, no se hubiera llegado adonde se llegó.
E.M.: –Y las compañeras de María Soledad. Los jóvenes argentinos deben tomar como ejemplo a las compañeras de María Soledad.
–¿Hasta donde se llegó realmente?
A.R.: –Con la condena de Tula y Luque, nada más. La justicia sólo llegó en parte. Faltan los demás partícipes de la violación y el asesinato, falta el tema del encubrimiento. Ha quedado demostrado en los dos juicios la responsabilidad y el encubrimiento por parte de la policía. Mi hija estuvo en ese centro asistencial, también impune, igual que el encubrimiento político de aquel momento. Nosotros esperamos que eso también salga a la luz y que tenga su castigo, pues son tan responsables como los violadores y asesinos de Sole.
–La causa por el encubrimiento quedó estancada.
–Estaba la doctora Olmi como jueza, la sacaron y ahora la designaron a la doctora Milagros Vega, que dejó mucho que desear porque era la secretaria del doctor Ventimiglia, que también encubrió. Pero sabemos que se inhibió y pasaría a manos del doctor Porfirio Acuña, íntimo amigo de los abogados defensores de Luque. Entonces ¿qué seguridad tenemos nosotros de que esto llegue a una condena a todos los que participaron en el encubrimiento? Todo eso está en la impunidad.
–¿Por qué cree que sigue en la impunidad?
–Yo no sé si hay un arreglo político, qué trasfondo hay en todo esto. O los jueces mismos son amigos de los que estuvieron anteriormente y encubrieron el crimen, o hay un arreglo policial o judicial para que esto no se investigue ni se esclarezca.
–¿Un arreglo en beneficio de quién?
–Hay policías como Ferreyra (ex jefe de Policía de Saadi) al que le han dictado el sobreseimiento, cuando todo el país sabe que es el encubridor número 1. Los mismos policías en el juicio lo han declarado. Ascendieron a comisario a Julio Roberto Sosa, cuando él era el que presionaba, cambiaba los lugares, los días, para que el crimen de Sole no se aclarara nunca. A Arturo Arroyo, que es el que estuvo arrojando el cuerpo, le dictaron el sobreseimiento y lo ascendieron, como a Oscar Quiroga, Valentín Rodríguez y la bioquímica Martha Vera de Albornoz. Y otros ya retirados con excelentes sueldos, en complicidad con el actual jefe de la Policía, como Rolando Leiva, José Antonio Leguizamón, Rafael Miranda, Medardo Ponde, Assim Assad, Miguel Angel Ferreyra, Dardo Ferreyra.
E.M.: –Es totalmente distinto el caso de José Luis Cabezas, en el que a los policías los pasaron a disponibilidad hasta que se dictó sentencia. Y ahí quedó comprobada la participación de la policía.
A.R.: –Todos fueron premiados. Nunca les hicieron sumario administrativo por la causa María Soledad.
E.M.: –Pareciera que el jefe de Policía y el ministro de Gobierno que tiene la provincia no estuvieron en Catamarca. No sé en qué país vivieron. Hay cosas que no entiendo. Realmente sigue como lo hacía Ferreyra, dañando las instituciones. No es gente con la transparencia que un ciudadano necesita para tranquilidad de moverse con seguridad. No da ninguna seguridad tampoco el ministro de Gobierno. Ha nombrado en la cárcel a alguien que es muy amigo de los Luque. ¿Qué seguridad nos da de que Luque está permanente en la cárcel cumpliendo su condena? Guillermo Jara no me da ninguna garantía.
–¿Tienen temor de que Luque esté saliendo?
–Sí. Pero en esto quiero ser bien coherente. Cuando tenga algún dato con precisión lo daré a conocer. Y además hay privilegios en la cárcel.
–¿Luque tiene privilegios?
–No es tratado de la misma forma. Con Tula son presos privilegiados. Acá se premia al delincuente, al asesino, al que está fuera de la ley se lo premia. Lamentablemente al día de hoy debemos decir eso.
–¿Qué cambió en la provincia en estos diez años?
A.R.: –Hay paz, tranquilidad, han cambiado muchas cosas. Pero el cambio fundamental va a ser cuando los personajes estos sean condenados por el encubrimiento y vamos a poder decir, bueno, por fin se hizo justicia.
E.M.: –Nosotros dijimos que el 27 de febrero de 1998 (cuando se dictó la sentencia contra Luque y Tula) era el nacimiento de una nueva justicia, decíamos que el tren se pone en marcha para que en el país no haya más casos impunes. Lamentablemente los hombres de nuestro país tienen precio.
–¿A qué se refiere?
–Los jueces no trabajan en este país para nada. Yo quiero vivir con la seguridad de que mis hijos caminen tranquilos. Pero para eso los hombres de la Justicia tienen que cambiar, los hombres que manejan el destino de este país tienen que cambiar.
–¿Cree que el caso María Soledad se va a esclarecer totalmente?
A.R.: –Si los jueces son imparciales y no se dejan presionar, se va a completar. Si tienen precio o aceptan ese compromiso de callar, va a quedar ahí. Ya son dos años que el tribunal pidió el tema del encubrimiento, la investigación al poder político. Si sigue así, quedará todo como antes.

 

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