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Pagina/12 recogio cuatro opiniones sobre la crisis en el senado
Qué es lo que debe hacer el Gobierno

El debate sobre la corrupción en el financiamiento de la política es ya un dato insoslayable: ¿quiénes son los hombres que denuncian y quiénes los denunciados?; ¿quiénes los que sobornan y quiénes los sobornados? ¿Cómo se rescata a las instituciones de la democracia de la sospecha? ¿De qué manera se soluciona la crisis que está en boca de todo el país?

Alfredo Bravo *

Que renuncien los senadores

El Gobierno debe seguir el camino que ha expuesto públicamente: llevar la investigación hasta las últimas consecuencias, aunque sea una verdad de Perogrullo, y aplicar verdaderamente la pena que corresponde a todos aquellos que desvirtuaron las banderas de honestidad y transparencia, que fueron las que llevó adelante la Alianza. Pero también tiene que dejar de lado las peticiones del establishment y de banqueros y financistas extranjeros; pensar en cómo se desenvuelve el mercado interno de la sociedad argentina y responder a los requerimientos del pueblo, que son trabajo, ocupación, régimen social equitativo y protección y amparo ante los avances desmedidos que ha tenido el grupo económico sobre los derechos de los trabajadores.
Si en la investigación resultan implicados funcionarios del Gobierno, o si de las áreas de gobierno han salido gestiones para que esto se concretara, todos esos funcionarios deberían estar renunciando. Si no lo hacen, habría que pedirles la renuncia. Yo soy maestro, no jurista, pero para mí la mejor solución sería que cada uno de los integrantes del Senado renuncie definitivamente, porque si no, volverán a los parlamentos de cada una de las provincias, que los confirmarán en sus cargos. Y ya se debería aplicar lo que vamos a aplicar en el 2001: la elección directa de los senadores. Esta solución sería sólo anticiparse un poco a lo que prevé la Constitución Nacional. Este asunto ya ha sido demasiado manoseado: hubo demasiadas rectificaciones y ratificaciones. Por eso, hay que esperar la voz de la Justicia, aunque esté desprestigiada.

* Diputado nacional Alianza-Frepaso.


Atilio Boron *

Un pacto de la Alianza y el PJ

Me parece que estas crisis pueden servir para depurar y purgar el sistema democrático, de manera que lo peor que se puede hacer es caer en un alarmismo infundado que solamente serviría para garantizar la impunidad de los corruptos. Por eso, hay que rechazar el discurso que dice “Cuidado con la democracia y no agitemos demasiado este tema”. Creo, por el contrario, que una democracia se fortalece si este tema se encara y se resuelve de una manera terminante. En segundo lugar, ¿qué habría que hacer? Fundamentalmente, dos cosas. Por una parte, que la Justicia investigue en profundidad la denuncia para identificar a los culpables y a los responsables. En este sentido, la iniciativa que tomó el juez de investigar los movimientos de todas las cuentas bancarias de los senadores es un primer paso importante, pero que deberá ser profundizado. Por otra parte, creo que se hace necesario acelerar la depuración moral del Senado. Una medida conveniente sería un pacto entre la Alianza y el Partido Justicialista, mediante el cual estas dos fuerzas mayoritarias acuerden en producir la renuncia de sus senadores a las bancas, acelerando de este modo el llamado a una nueva elección sobre la base del nuevo ordenamiento constitucional para la elección directa de los senadores. Es una medida contundente, que demostraría la seriedad con que la dirigencia política piensa encarar este tema. El problema es que todo el Senado está bajo sospecha, aun cuando sea injusto ignorar que a algunos senadores no les cabe la presunción de corrupción. Pero el problema es demasiado grave y se requiere depurar ese cuerpo lo antes posible.
En relación con los funcionarios del Ejecutivo, cabe lo que dije para los senadores al principio. Porque la corrupción tiene dos partes: uno que corrompe y otro que acepta ser corrompido. Y el Gobierno, lo que debería hacer es facilitar la actuación de la Justicia para investigar a sus propios funcionarios y convocar a sus propios senadores a los efectos de que renuncien anticipadamente en función de ese pacto mencionado más arriba. Este pacto, debe ser público, transparente y de efecto inmediato.

* Profesor de Ciencia Política UBA.


Marcelo Stubrin *

Mostrar acciones decididas

La realidad suele ser más colorida y frondosa que la ficción. Así se desenvuelve la crisis política provocada por las denuncias de sobornos en el Senado, una de las cámaras del Congreso que dentro de un año cambiará por completo a raíz de la reforma constitucional del ‘94. En efecto, dentro de pocos meses comenzará la campaña electoral para votar tres senadores por cada provincia, dos para la mayoría y uno para la minoría. Será la primera vez que las Legislaturas provinciales ceden a los ciudadanos el derecho a elegir los integrantes de la Cámara que está destinada a representar a las provincias de manera independiente a su tamaño.
El crédito popular otorgado a la existencia de estas maniobras es tan grande como el escepticismo sobre el pleno esclarecimiento de los hechos. Esto es lo más grave: la debilidad de los procedimientos aceptados y legítimos para absolver o condenar con la autoridad que emana del prestigio de instituciones o personas.
En un Estado con bicameralismo perfecto y cronograma electoral estipulado, el Senado tiene poco margen para actuar. En efecto, las propuestas sobre renuncias masivas o cesación de mandatos con convocatoria a nuevas elecciones tienen el defecto de amontonar a todos en la complicidad. El juez, que el jueves a la mañana se encontraba en “una pieza oscura”, el viernes comprobó la existencia del delito y la semiplena prueba de la culpabilidad de seis senadores.
Por fin, el Gobierno está demandado para ofrecer rápidamente al Coliseo como chivos expiatorios a algunos funcionarios, lo que agregaría confusión y revelaría la solapada intención de cerrar apresuradamente este capítulo.
Sin embargo, aunque parezca pueril o algo ingenuo, es necesario repetir que la salud del sistema democrático requiere acciones decididas destinadas a conocer la verdad, pues ésta es la única herramienta de recuperación de la política como herramienta de la transformación social.
Dichas acciones, en una sociedad abierta, corresponden a todos los actores: jueces, gobernantes, parlamentarios, periodistas, líderes sociales, todos debemos sumarnos a la empresa de eliminar las sospechas mediante el conocimiento de la verdad. Es necesario adoptar actitudes serias, investigar a fondo en las instancias que corresponden, abandonando la perversa lógica de las llamadas operaciones políticas, del sensacionalismo y de las soluciones fáciles que harán un titular mañana y pasado serán demolidas por un pueblo que no acepta ser manoseado por quienes aspiran a representarlo en las máximas funciones del Estado.

* Diputado nacional Alianza-UCR.


Enrique Zuleta Puceiro *

Borrón y cuenta nueva

En el supuesto más benigno de que las investigaciones judiciales concluyan sin un juicio definitivo acerca de lo que efectivamente ocurrió en el Senado de la Nación, el veredicto público es ya definitivo y sus consecuencias acompañarán al gobierno de Fernando de la Rúa hasta el final de su mandato. La acción combinada de la opinión pública y los medios de comunicación eludió todas las trampas y subterfugios de la vieja política y destrozó ese delicado mecanismo de supuestos y presunciones que regula la formación y mantenimiento de la confianza social en las instituciones y los dirigentes.
De aquí en más, al Gobierno no le queda otro camino que mirar hacia delante, en búsqueda de ese rumbo que tanto parece costarle todavía encontrar. El principal atributo de De la Rúa y Alvarez es sin duda su formidable olfato y talento para traducir crisis en oportunidades. Aun así, el momento es difícil. Desde un punto de vista político e institucional, es sin duda el peor por el que haya atravesado un gobierno democrático, al menos desde los comienzos de la transición.
El intento de algunos protagonistas de atemorizar una vez más con presuntos riesgos de desestabilización del sistema democrático resulta esta vez patético, a la luz sobre todo de la claridad y consistencia de un reclamo social exento de cualquier connotación antisistema. La indignación moral de la opinión pública surge de una conciencia clara y definitiva de que los problemas de la democracia sólo se arreglan, hoy más que nunca, con más y mejor democracia.
Mirar hacia adelante implica para el Gobierno algo tan simple como recuperar la promesa de la Alianza. Es decir, la propuesta de una fuerza política renovadora, capaz de activar procesos indispensables de incorporación política, inclusión social y nuevos consensos institucionales. Su misión no es otra que la de llevar a la política el aire fresco de la revolución de valores, ideas y expectativas que la sociedad argentina vive desde hace tiempo, a pesar de la miopía y sordera de una dirigencia empeñada en tropezar una y otra vez con las mismas piedras.
La crisis del Senado cancela el ciclo inicial de un gobierno socialmente aislado, anclado en prejuicios y barreras mentales, obsesionado por los fantasmas de la “herencia recibida” y atenazado por el temor de no ser capaz de acreditar las credenciales que le impone la presión extorsiva de los poderes “fácticos”. El crédito personal de De la Rúa, Alvarez y la mayor parte de sus colaboradores está intacto. Sobrevivirán a la crisis. Lo que nadie les perdonará es cualquier síntoma de debilidad a la hora de entender y poner en práctica el nuevo mandato recibido. Coherencia y transparencia. Compromiso y acción. De nuevo y por última vez: borrón y cuenta nueva.

* Presidente de la consultora Ibope OPSM.

 

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